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AURELIO: Bárbaro, que ya ha faltado
a mi paciencia valor,
¿dónde está tu antiguo honor
destas canas heredado?
CORIOLANO: ¿Qué sé yo? Dél despojado
Roma, madrastra crüel,
me envió. Si, patricio fiel,
quieres saber dónde está
mi honor, ella lo dirá,
pues que se quedó con él.
AURELIO: Quedóse con la querella,
que tendrá de ti mi honor,
con la nota de traidor,
tomando armas contra ella.
CORIOLANO: Fácil es satisfacella.
AURELIO: ¿Habrá razón que convenga
a quien sin honor se venga?
CORIOLANO: Sí; pues me la facilita...
AURELIO: ¿Qué?
CORIOLANO: ...que si ella me le quita,
¿cómo quiere que la tenga?
Fuera de que el que he ganado
me basta a mí para honor.
AURELIO: ¿Quién te dio tanto rigor?
CORIOLANO: El padre que me ha engendrado.
Padre y juez en un estrado
tal vez fue juez, padre no.
¿Qué mucho, pues, si él faltó
a ser padre, por ser juez,
siendo juez y hijo esta vez,
que falte a ser hijo yo?
AURELIO: Él procedió cuerdo y sabio,
pues ejerció la justicia,
castigando una malicia.
CORIOLANO: Yo castigando un agravio.
AURELIO: Él, con la pluma y el labio,
que lavó una afrenta piensa.
CORIOLANO: Yo lavo una infamia inmensa.
AURELIO: Él con el extremo que hizo
una culpa satisfizo.
CORIOLANO: Yo satisfago una ofensa.
AURELIO: ¿Quién te ha dicho que es valor
el ser uno vengativo?
CORIOLANO: Yo; que, hasta cobrarle, vivo
sin aquel perdido honor.
AURELIO: Si te arrojó por traidor
Roma, y vengarte apeteces,
doblada infamia padeces,
de que el mismo honor es juez;
pues por lograrle una vez
le habrás perdido dos veces.
CORIOLANO: Del real manto despojado,
el estoque desceñido,
seco el laurel adquirido
y roto el bastón ganado,
todo, romano, lo he hallado
en quien sobre Roma está;
luego la infamia será,
en quien honor solicita,
por dársela a quien la quita,
quitársela a quien la da.
Por la luz, campaña pura,
que a cargo mi causa toma,
que hoy ha de ser la gran Roma
de sus hijos sepultura.
No ha de haber piedra segura
en sus altos muros, no.
Y en viendo que ya acabó
su fábrica peregrina,
por no quedarme otra ruina,
lloraré su ruina yo.
AURELIO: Duélete de sus noblezas.
CORIOLANO: Nada mi agravio les debe.
AURELIO: Pues duélete de la plebe.
CORIOLANO: No se movió a mis tristezas.
AURELIO: Duélete de sus bellezas.
CORIOLANO: A ellas mayor parte alcanza
de que logre mi alabanza.
Y en fin, pues que todos fueron
los que mi desdicha vieron,
lloren todos mi venganza.
AURELIO: ¿Que no hay piedad?
CORIOLANO: No la esperes.
AURELIO: Mira que es Roma tu madre;
mira que yo soy tu padre.
CORIOLANO: Tú has dicho que no lo eres.
Si te creo, ¿qué me quieres?
AURELIO: ¿No hay remedio?
CORIOLANO: No se aguarde.
AURELIO: Aunque te aconseje tarde,
mira, oh joven imprudente,
que ser con ira valiente
no es dejar de ser cobarde.
Vase
PASQUÍN: ¡Muy bien despachado va
el romano senador!
Salen SABINIO y ASTREA
SABINIO: Jamás vi tanto valor.
Envidia a mis hechos da
ver que una facción, que está
con visos de vengativa,
gloriosa a los siglos viva.
ASTREA: Es digna de que inmortal
en láminas de metal
del tiempo el buril la escriba.
CORIOLANO: No te admire, o Palas nueva,
no te admire, o nuevo Marte,
que, estando yo de tu parte,
a lástima no me mueva;
sin que a perdonar me atreva
de Roma la tiranía,
más por vuestra que por mía.
¡Vive el cielo, que ha de ver
Roma su inmenso poder!
Dentro hacen ruido, y dice ENIO [dentro]
ENIO: ¡Hado, ampara al que se fía
de ti!
SABINIO: A otra gran novedad
les obliga la congoja.
ASTREA: Un soldado es que se arroja
del muro de la ciudad.
CORIOLANO: ¡Extraña temeridad!
Sin duda de otro castigo
huye.
Sale ENIO
ENIO: ¡El cielo sea conmigo!
¿Está Coriolano aquí?
CORIOLANO: Sí.
ENIO: Pues oye a un tiempo en mí
a un amigo y enemigo.
Amigo, pues supe apenas
de las nuevas que tu padre
llevó de ti, que Sabinio
contigo su imperio parte,
cuando, con el alborozo
de verte honrado y triunfante,
apelé a que la respuesta
del Senado nos llevase,
para hablarte y para verte,
facilitadas las paces.
Pero viendo que no sólo
tu enojo las embarace,
sino que en segunda instancia
quiere Roma que las trate
la nobleza, como quien
no tuvo en tu ruina parte;
viendo yo que nuestras vistas
con aquesto se dilaten,
no me sufrió el corazón
el que a su respuesta aguarde;
y así, porque la sospecha
de que a verte me adelante
no se vuelva contra mí,
y el ser tu amigo me dañe
a alguna ocasión que pueda
servirnos para adelante,
quise salir por el muro,
sin que lo supiese nadie.
Hasta aquí hablé como amigo;
y pues sólo el verte baste
para complacencia, ahora
que como enemigo hable
será forzoso, supuesto
que de tus felicidades
resulta el dolor de que
Roma esté en último trance,
o por instantes viviendo
o muriendo por instantes,
¿cómo es posible...?
CORIOLANO: Detente;
no, no pases adelante;
que ni como amigo puedo
las gracias que debo darte,
ni como a enemigo oírte;
porque estando el rey delante,
el que hablemos como amigos
en la urbanidad no cabe,
ni como enemigos; pues
si estuve severo o grave
con el Senado, fue a causa
de que pude con sus reales
insignias y en nombre suyo
despedirle o perdonarle;
pero presente, no puedo,
que para nada soy parte;
que, en la presencia del sol,
luz ninguna estrella esparce.
ENIO: Tu Majestad me perdone
el no haber llegado antes
a sus pies; que la ignorancia
la culpa es más disculpable.
Arrodíllase
SABINIO: Alzad del suelo. --Y tú puedes,
Coriolano, a oírle quedarte;
y pues soy sol y tú estrella,
con quien parto mis celajes,
usa tú de sus reflejos,
o ya alumbres, o ya abrases.
Vase
ASTREA: Yo nada te digo; sólo
te acuerdo que, a convoyarme,
de orden tuya vino Enio
conmigo; y pues hizo iguales
tu obediencia y mi servicio,
es justo que se lo pagues.
Vase
PASQUÍN: (Sin duda que desta vez Aparte
Roma ha de quedar triunfante.)
Vase
CORIOLANO: Dame mil veces los brazos,
Enio, pues tú solo sabes
ser amigo en las desdichas.
ENIO: Tente, no a los brazos pases,
sin que sepa yo primero
si tú en las felicidades
lo eres, y compadecido.
CORIOLANO: Tan presto deso no trates;
que, si amigo y enemigo
vienes, no es justo que, antes
que a las amistades, demos
paso a las enemistades.
Tratémonos como amigos;
tiempo nos queda bastante
a tu queja y mi disculpa.
Y así, acudiendo a la parte
principal del alma, dime:
¿cómo está Veturia? ¿Qué hace?
ENIO: ¿Qué quieres que haga? Ni ¿cómo
quieres que esté con pesares
tan grandes, sino sintiendo
comunes penalidades?
CORIOLANO: ¿Sabes si sabe de mí?
ENIO: No lo sé; pero es constante,
que habrá corrido la voz.
Sólo sé que pudo hablarme
tal vez, y me dijo...
Clarín. Sale PASQUÍN
PASQUÍN: Otra
llamada del muro hacen.
CORIOLANO: Y en él la blanca bandera;
la puerta en fe suya abre[n].
ENIO: Si no me engaña la vista,
Lelio es el que della sale.
Adiós, adiós, que no es bien
ni que contigo me halle
ni que me echen allá menos,
cuando la entrada me es fácil,
estando la puerta abierta,
pues nadie ha de averiguarme
por dónde salí, ni a qué.
CORIOLANO: Pues ¿cómo quieres dejarme
sin saber lo que te dijo
Veturia?
ENIO: Más importante
es no hacerme sospechoso
en verme aquí y que allá falte.
Adiós; que yo volveré,
y quizá... Mas esto baste.
Vase
CORIOLANO: Oye.
PASQUÍN: Mira que ya llega.
CORIOLANO: ¡Que se fuese sin contarme
lo que le dijo Veturia!
PASQUÍN: ¿Posible es que no lo sabes?
CORIOLANO: ¿Cómo puedo yo saberlo?
PASQUÍN: Como no lo ignora nadie.
CORIOLANO: Pues ¿qué fue lo que [le] dijo?
PASQUÍN: Que estaba hecha...
CORIOLANO: Di adelante.
PASQUÍN: ...dama de hijo de vecino,
mal vestida y muerta de hambre.
CORIOLANO: ¡Maldígate el cielo, amén!
Sale LELIO
LELIO: Con bien, Coriolano, te halle.
CORIOLANO: Seas, Lelio, bien venido.
(Retírate a aquella parte,
Pasquín, y avisa si vieres
que viene hacia aquésta alguien.)
Retírase PASQUÍN
Ya estamos solos; la espada
saca, pues que no hay que aguardes.
LELIO: No es eso a lo que he venido.
CORIOLANO: ¿Cómo es posible que falte
a la palabra que tiene
dada un hombre de tu sangre?
¿No dijiste que, en sabiendo
de mí, habías de buscarme
para darme muerte?
LELIO: Sí.
CORIOLANO: Pues ¿qué esperas, si lo sabes?
LELIO: Hay precisas ocasiones
en que conviene que atrase,
por los ajenos, un noble
sus propios particulares.
Por la nobleza de Roma...
CORIOLANO: ¿En Roma hay nobleza?
LELIO: Y grande.
CORIOLANO: Sí será, si es que entre todos
la que yo dejé reparten.
LELIO: Por la nobleza de Roma...
CORIOLANO: Antes que adelante pases,
dejando aparte que empieces
un duelo sin que otro acabes,
lo que vienes a decirme
te he de agradecer con darte
un consejo que te excuse
de un desaire.
LELIO: ¿Qué desaire?
CORIOLANO: Avergonzarte a pedirme
lo que sé que no he de darte.
Vuelve, pues, sin más respuesta,
a la embajada que traes,
que decir a Roma que
ni aun oírla quise.
LELIO: Arrogante
estás.
CORIOLANO: Harto estuve humilde,
aherrojado en una cárcel
y arrojado en un desierto.
Y si desto ofensa haces,
véngala; pues para eso
la espada que me dejaste
troqué a otra.
LELIO: No es a eso,
como ya te dije antes,
a lo que hoy vengo.
CORIOLANO: También
dije yo que no te canses,
que pedir lo que no tengo
de conceder es en balde.
LELIO: Del enemigo el primero
consejo, que ha de tomarse
dice el proverbio. Y así
quédate a Dios.
CORIOLANO: Él te guarde.
Vase LELIO
PASQUÍN: Bien despachado va Lelio,
pues que, por mal que despache
uno, mal y presto es
aun mejor que bien y tarde.
Dentro [voces]
VOCES: Salgamos todos a ver
qué respuesta Lelio trae.
CORIOLANO: Oye, por si algo entendemos
de una confusión tan grande.
Dentro [AURELIO, VETURIA, ENIO, Y otros]
LELIO: Mejor será no saberla,
pues no hay piedad que se aguarde.
AURELIO: Aquí ya no hay más remedio
de que todo el pueblo clame:
TODOS: ¡Vaya Enio en nombre suyo!
ENIO: Sí haré, como él me acompañe;
que la voz de un pueblo junto
es la que mejor persuade.
VETURIA: Matronas de Roma, hagamos
nosotras los ejemplares.
TODAS: Guía, Veturia; que todas
seguiremos tu dictamen.
CORIOLANO: De tanto confuso estruendo,
¿qué has entendido?
PASQUÍN: No es fácil
entender vulgo que todo
es voces y disparates;
pero lo que es fácil es
ver que un gran tumulto sale
de la ciudad.
CORIOLANO: ¿Si es salida
que desesperados hacen?
PASQUÍN: No; que también de mujeres
se compone.
ENIO: En esta parte,
hasta saber dónde está,
espera a que yo te llame.
Sale ENIO
CORIOLANO: Si soy a quien buscas, Enio,
poco tardará el hallarme.
ENIO: ¿A quién puedo buscar yo
sino a ti, aunque con distantes
motivos? Que si antes vine
como amigo a consolarme
con verte, y como enemigo
a reprehender tus crueldades,
como tribuno ahora vengo
de la plebe, a que...
CORIOLANO: No pases
a esa plática, hasta que
la que pendiente dejaste
en lo que dijo Veturia,
el día que en mí la hablaste,
prosigas.
ENIO: Ya sabía que ésa
había de ser la que amante
preferir habías; y así,
porque nos desembarace
para esotra, traje a quien
aun mejor que yo lo sabe.
CORIOLANO: ¿Mejor que tú?
ENIO: Sí.
CORIOLANO: ¿Quién puede?
ENIO: Quien conmigo viene a darte
--pues por sólo ella introduje
el que el pueblo me acompañe--
parabién de tu venida.--
Veturia, ¿qué fue lo que antes
a mí me dijiste?
Sale VETURIA
VETURIA: Que
apenas sabría en qué parte
de su deshecha fortuna
había tomado su ultraje
puerto cuando, peregrina,
pobre y sola iría en su alcance
a padecerlas con él,
si fuese donde el sol arde,
o donde el sol hiela, siendo
a sus rayos desiguales
libia en tostadas arenas,
belga en tupidos cristales,
o toda hoguera sus montes
o carámbanos sus mares.
Y, puesto que a menos costa
quiere el cielo que te halle
quien te buscara en desdichas,
lleno de felicidades
¿qué albricias te podrá dar?
CORIOLANO: Sólo las del verte basten,
pues ningunas haber puede
que a tanto mérito igualen.
ENIO: Pues ya que yo, Coriolano,
he satisfecho la parte
que quedó pendiente tuya,
veamos cómo satisfaces
tú la que también pendiente
quedó mía. Roma yace,
o por instantes viviendo
o muriendo por instantes.
Aquí quedamos.
CORIOLANO: También
quedamos en que no me hables
en los convenios de Roma,
materia tan intratable
y aborrecible a mi oído;
y más hoy que tú me añades
nueva razón para que
aquesa plática ataje.
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