This file was last updated on Septeember 20, 1998

 
VETURIA:       (¡Ay, Libia, bien temí yo   Aparte
               ser mi dicha devaneo.)
CORIOLANO:     (¡Ay, fortuna!  Bien temí   Aparte
               que era mi ventura sueño.)
AURELIO:       Yo, aborrecido hijo... (Mal
               dije; que en deshonor puesto,
               no debe llamarte hijo
               ni aun el aborrecimiento)
               yo, Coriolano, te puse
               el laurel, que en otro riesgo
               te quité, por darte vida,
               y ahora a quitártele vuelvo
               porque me mate el dolor;

Quítasele
que para mi sentimiento más que verte degradado dél, verte quisiera muerto. LELIO: Mi padre te dio el estoque que osado contra su pecho esgrimiste; y aunque a mí quitártele toca, quiero trocarle al bastón, porque no se piense que es a afecto de dejarte desarmado para mi venganza, puesto que, dondequiera que fueres, seguirte y matarte tengo.
Quítasele
ENIO: Yo, Coriolano, la espada, por la obligación del puesto, te quito;
Quítasela
pero entendido ten que con ella me quedo para emplearla en tu favor, siempre que se ofrezca hacerlo. CORIOLANO: ¡Cielos! ¿Qué dolor que iguale a mi dolor habrá? VETURIA: ¡Cielos! ¿Qué tormento habrá que pueda medirse con mi tormento? RELATOR: Ahora, escuadras, que nombradas estáis para el cumplimiento de la justicia, pues yo, como fiscal, os le entrego desposeído del trono y las insignias depuesto...
Tocan cajas destempladas y sordinas
... al son, como antes os dije, de fúnebres instrumentos, llevadle, hasta quedar fuera de todos los lindes nuestros. Y para seguridad de que no conmueva al pueblo, sobre afianzadas prisiones, llevadle el rostro cubierto; que, para saber quién es, basta que vais repitiendo: RELATOR y TODOS: ¡Viva Senado que sabe unir castigos y premios.
Cajas
MUJER 1: ¡Qué lástima!
Vase
MUJER 2: ¡Qué desdicha!
Vase
MUJER 3: ¡Qué pena!
Vase
MUJER 4: ¡Qué desconsuelo!
Vase
LELIO: Retírome; no se entienda que en su castigo me vengo.
Vase
ENIO: ¡Quién, por no oírlo, ensordeciera! AURELIO: ¡Quién cegara, por no verlo!
Vanse los senadores
SOLDADO: Ven, y a lo que ejecutamos disculpe el que obedecemos.
Vuelven a tocar las sordinas y cajas
CORIOLANO: En fin, hijo aborrecido, patria, ¿me arroja tu centro, como bruto, a las montañas, como fiera, a los desiertos? Pues teme que, como fiera rabiosa, que, como fiero bruto irritado, algún día me vuelva contra mi dueño.
Cúbrenle el rostro y llévanle
TODOS: ¡Viva Senado que sabe unir castigos y premios!
Vanse
VETURIA: ¡Oíd, esperad! LIBIA: No, señora, des con segundo despeño a toda Roma segundo escándalo. VETURIA: ¿Cómo puedo dejar de darle, cumplido el número al sufrimiento? Déjame, Libia, que vaya a morir con él. LIBIA: Todo eso es querer que contra ti vuelva el rigor. VETURIA: ¿Qué más vuelto, si, perdido Coriolano, esposo, alma y vida pierdo? ¡Oh Júpiter! ¿Para cuándo, ya que me asustan los truenos desas cajas y esas trompas, guardan tus rayos su incendio? O ¿para cuándo, fortuna, es el igualar los tiempos? ¿Siempre a más la edad del llanto? ¿Siempre la del gozo a menos? Dígalo yo, pues apenas vi brujuleado el contento, cuando vi patente el daño, uno instante y otro eterno; pues siempre durará en mí de su ausencia el desconsuelo, de su desdoro el dolor y de su patria el desprecio; si ya no es que, cuando sepa dónde haya tomado puerto su derrotada fortuna, mi amor en su seguimiento vaya a quebrarla los ojos, porque, aunque sé que son ciegos, si no sintiere su falta, sentirá mi sentimiento, cuando, a pesar de su ira y a oposición de su ceño, oiga que sin ella pude labrarme mi dicha, siendo mi suma felicidad sólo el ver que a verle vuelvo. Y hasta entonces, altos dioses, sol, luna, estrellas, luceros, planetas, signos y nubes, aire, agua, tierra y fuego, aves, peces, brutos, fieras, montes, troncos, golfos, puertos, con lástima suya y mía, repetid con mis lamentos: ¡Cielos, o dadle venganza, o dadme paciencia, cielos!
Vase
LIBIA: Oye, aguarda, escucha, espera. Tras ella iré, por si puedo excusar su precipicio.
Vase. Múdase el teatro en bosque, y salen ASTREA y SABIN[I]O
SABINIO: ¿Dónde, Astrea, vas? ASTREA: Siguiendo tus huellas voy. SABINIO: Pues aquí me espera; que al punto vuelvo. ASTREA: Detente, que no has de dar paso sin mí; que no quiero que me suceda otra vez el accidente o el riesgo de hallarme sin ti en poder de los que apenas me vieron ir precipitada, cuando desesperados volvieron a que pasase la voz de dejarme en un desierto, perdida de vista. Y pues, a no permitir el cielo que hubiera dado en las manos del romano caballero que te conté, prisionera, no hubiera a tus ojos vuelto, no será justo que tanto de la fortuna fïemos que otra vez nos dividamos, sino que en cualquier suceso corramos una los dos. Y así, donde fueres, tengo de ir contigo. SABINIO: Ese fracaso que tantas veces habemos conferido, y cada vez se vuelve a quedar entero, fue el desmán que ocasionó caer tan pavoroso hielo en todos los corazones que, desmayados, volvieron a abandonar lo ganado, descaecidos los alientos; y, siendo así que, cobrados hoy, alojados los tengo por todos esos villajes, hasta incorporar con ellos las nuevas reclutas que de toda Sabinia espero, para acabar de una vez, o bien victorioso o muerto, con aquese Coriolano que, de la estrella heredero de Rómulo, sobre mí tiene dominante imperio; ¿qué mucho que, arrebatado, Astrea, en este pensamiento, espía yo de mí mismo, mandase a los que vinieron conmigo que me dejasen solo, porque entre lo espeso más disimulado pueda reconocer el terreno, por donde logre mejor cobrar el perdido encuentro? ASTREA: Sí; mas haberte avanzado hasta tocar los extremos que dividen vasallaje entre el romano y el nuestro no deja de ser arrojo más temerario que cuerdo. Yo no he de dejarte en él; y así elige, porque tengo de llevarte o ir contigo. SABINIO: En rara duda me has puesto; que irte conmigo es peligro, e ir yo contigo es recelo. Y así no sé qué te diga, sino es que en decir resuelvo...
Dentro
VOZ: Ya que fuera de la raya, que es el orden que traemos, queda, ¡a retirar, soldados! Que estamos en mucho riesgo, si en su término nos sienten los sabinos.
Ruido de cadenas
CORIOLANO: ¡Piedad, cielos! UNO: Ellos te amparen, pues ves que nosotros no podemos. SABINIO: ¿Has oído unas lejanas voces que la mía impidieron? ASTREA: No tan sólo las he oído, mal pronunciadas del eco, mas del ruido acompañadas como de arrastrados hierros de prisión. SABINIO: Vuelve a escuchar, por si algo entender podemos. CORIOLANO: ¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo que a la fortuna representa el tiempo! SABINIO: Quédate aquí, por tu vida, mientras voy a ver qué es esto. ASTREA: No soy tan poco curiosa que también no quiera verlo. SABINIO: Un hombre, mejor dijera un horror, hacia allí veo que, mal esforzado, ya tropezando y ya cayendo, cubierto el rostro, ligadas las manos y los pies presos, baja torpe.
Sale CORIOLANO
ASTREA: ¿Qué esperamos, que no le reconocemos? Hombre infelice, ¿quién eres? CORIOLANO: Soy el aborrecimiento, la ira, la saña, el rencor, la ojeriza, el odio, el ceño de aquel réprobo destino que hizo verdad el concepto que "teatro del hombre" al hombre llamó, pues en m[i] supuesto midió las distancias que hay de lo próspero a lo adverso. ¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo, que a la fortuna representa el tiempo! ASTREA: ¿Qué aguardo a quitarle al rostro la venda? ¡Cielos, qué veo! CORIOLANO: ¡Cielos, qué miro! ASTREA: ¿Si es ilusión? CORIOLANO: ¿Si es devaneo? SABINIO: ¿Quién eres, hombre, me di, sin retóricos rodeos? CORIOLANO: ¿Cómo he de decir quién soy, si aun de quién fui no me acuerdo? ASTREA: (O es él o naturaleza Aparte dél lo copió.) CORIOLANO: (Sí, ella es.) Aparte ASTREA: (Pero Aparte ¿cómo es posible ser él, de tal fausto en tal desprecio?) CORIOLANO: (Mas no haberme conocido, Aparte según estoy, será cierto.) SABINIO: En vano te excusas. Di, ¿quién eres?
Salen EMILIO y PASQUÍN
EMILIO: Llega. SABINIO: ¿Qué es eso? PASQUÍN: Estarme moliendo a coces. EMILIO: Que hallado en el monte habemos desmandado del camino este hombre, y te le traemos, por si es espía. PASQUÍN: Te engañan en que desmandado vengo, porque antes vengo mandado. Y es el caso... SABINIO: Di. PASQUÍN: ...que habiendo dejado aquí a Coriolano... SABINIO: (¡Qué oigo!) Aparte ASTREA: (¡Qué escucho!) Aparte PASQUÍN: ...temiendo, como vendado quedó, que no dé en algún despeño, me mandaron que volviese yo a desviarle, hasta que puesto en real camino o segura senda quede. Si esto es cierto, dígalo él; que, al verle ya entre gente y descubierto, sin riesgo de despeñarse, paso entre paso me vuelvo. EMILIO: Tente; que no te has de ir. PASQUÍN: A mí me estará bien eso, si, apóstata de soldado sin nota de tornillero, entre vustedes, mogrollo de Corïolano quedo. SABINIO: ¿Tú eres Coriolano? CORIOLANO: Sí; que uno es que calle el silencio y otro que mienta la voz. ASTREA: ¿Qué dudo? Pierda el recelo de si es o no; que bien cabe en los humanos sucesos el dejarle allá triunfando y hallarle aquí padeciendo. SABINIO: (Aquí hay traición.) Aparte ¿Quién, si eres Coriolano, di, te ha puesto en tal desdicha? CORIOLANO: Es tan noble mi delito que no quiero dejar a la presunción la sospecha de no serlo. Una dama fue mi ruina; que el verla con sentimiento bastó para que en favor suyo hiciese tal empeño que dio ocasión a que dél, unos a otros sucediendo, tantos resultasen como mirarme por ella preso, por ella desposeído de mis insignias, depuesto de mis honores, echado de mi patria y, como ajeno hijo emancipado suyo, negado a sus privilegios, enviándome desterrado, con viles señas de reo, hasta sacarme de todos sus distritos. ASTREA: (¿Qué oigo, cielos? Aparte ¿Por una dama? Sin duda, que, quién era yo sabiendo, no haberme hecho prisionera son los cargos que le han hecho.) SABINIO: Bien pensarás que yo he estado escuchándote suspenso, en orden a que me habrán compadecido sucesos tan extraños. Pues no; que antes me han ofendido, creyendo que todo aquesto es traición. (Válgome deste pretexto Aparte para acabar con él, pues no tiene otro eficaz medio vencer una opuesta estrella que destruirla el objeto.) Y así, antes que la logres, si introducirte es a intento de darme muerte, a mis manos morirás. ASTREA: ¡Tente! SABINIO: ¿Qué es esto? ¿Tú a mi enemigo defiendes, Astrea? ASTREA: Yo le defiendo, Sabinio, porque es a quien libertad y vida debo. Sea Coriolano o no, el romano caballero es que a mi nombre le tuvo tan decoroso respeto que a mí misma me envió a mí misma. Y si por esto padece, como lo muestra claro su castigo, puesto que donde él me envió a mí libre, es donde a él me le envían preso, mira si en obligación de defenderle estoy. SABINIO: Siendo tuyo el respeto, mal puede ser ya mío el sentimiento.-- ¿Qué esperáis? Llegad, quitadle las prisiones. CORIOLANO: (Ya no debo Aparte quejarme de ti, fortuna; pues si una mujer me ha muerto, otra me ha dado la vida.) A tus pies... SABINIO: Alza del suelo, y ofrécele a Astrea, pues es suyo el agradecimiento. CORIOLANO: Si al nombre de la deidad postrado rendí el obsequio, ¿qué haré a la deidad, el día que obra milagro tan nuevo como hacer de un desdichado un dichoso, si no puedo hacer más que haber traído las cadenas a su templo? ASTREA: Que el tiempo me diría el tuyo también dije yo, añadiendo que fíes de mí; y pues ya cumplió su palabra el tiempo, también sabré yo cumplir la mía, restituyendo los puestos y los honores de que ingrata te ha depuesto tu patria. CORIOLANO: Con sólo uno, señora, si le merezco, no habré menester tener más honores ni más puestos. ASTREA: ¿Qué es? Que yo, en fe de su amor, por Sabinio te lo ofrezco. SABINIO: Yo por ti. ¿Qué es? CORIOLANO: Que me admitas por tu soldado a tu sueldo; y esto por pensar que es más servicio tuyo que premio mío; pues si yo una vez, a mi venganza resuelto, tomo, Sabinio, las armas contra Roma, me prometo --bien como ladrón de casa, que sé lo que incluye dentro-- ponerla a tus plantas, sólo con que sepas que es intento vano querer por aproche rendir sus muros soberbios, pues sólo pueden rendirla más, domado el ardimiento, que las iras del asalto las paciencias del asedio. Contra ti defendí el puente, que es llave de su comercio, el día que a tus soldados les fue undoso monumento el ciego esguace del Tíber; y si hoy, al contrario, intento invadirle en tu favor, cortados los bastimientos, es fuerza darse a partidos. SABINIO: Si es admitido proverbio que el bueno para enemigo será para amigo bueno, no dudo con tu valor el verme de Roma dueño. CORIOLANO: Pues ¡al arma! SABINIO: Pues ¡al arma! CORIOLANO: Vea el mundo... SABINIO: Admire el cielo... CORIOLANO: ...y llore Roma en sus ruinas mi injusto aborrecimiento, cuando de un instante a otro, si antes dije en mis lamentos: "¡Ay de quien nace para ser ejemplo que la fortuna representa al tiempo..." SABINIO: Todos contigo diremos... TODOS: "¡Feliz quien vino a ser glorioso empleo de su venganza y del aplauso nuestro!"

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

Las armas de la hermosura part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu