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Vanse. Múdase el teatro en sala de tribunal, con sitial y dosel, y salen AURELIO y un RELATOR, viejo venerable
AURELIO: ¿Está todo prevenido? RELATOR: Sí, señor; y acompañado de la nobleza ha llegado Lelio ya. AURELIO: (Pierdo el sentido Aparte al ver que la posesión he de dar contra mi hijo a quien tan claro colijo ser justa su indignación. Pero ¿qué puedo yo hacer, cuando corre tan deshecha la suerte que a mi sospecha es fácil de convencer? Con que no hay razón que impida ser su juez, cuando advierto que, si él es hijo del muerto, yo padre del homicida. Y es tan grande del Senado la autoridad y el honor que el que eligió a Senador no puede ser recusado; dando a entender que ha de ser tan recto en la ejecución que interés, sangre o pasión no ha de poderle vencer. Ya llega; forzoso es que, a costa del ansia mía, obre ahora la cortesía y la fortuna después.)
Sale LELIO vestido de luto, y gente de acompañamiento
AURELIO: Vos seáis muy bien venido, señor, a suplir la ausencia, con vuestra heroica presencia, del que hemos todos perdido. Y digo todos, porqué padre de la patria era, cuya desdicha, si fuera capaz de tenerse, en fe de ser vos quien la suplís, sólo afianzara el consuelo. LELIO: Aurelio, guárdeos el cielo. AURELIO: Sentaos, pues a eso venís. No es ése vuestro lugar, estotro es el que se os debe; que el tribuno de la plebe el izquierdo ha de ocupar.-- Llamadle. RELATOR: Ya viene allí.
Sale ENIO por otro lado con gente de acompañamiento
ENIO: Perdonadme, si he tardado; que en vuestro servicio he estado. AURELIO: ¿Queda bien seguro? ENIO: Sí. (Y tanto que no quisiera Aparte yo que lo quedara tanto.)
Siéntanse los tres en tres sillas, y en un taburete el RELATOR
AURELIO: (¡Quién disimulara el llanto!) Aparte La ceremonia primera es que un pleito sentenciéis, porque con vuestro decreto la posesión y su efeto consisten.
Al RELATOR
-- ¿Cuáles tenéis más vistos o más a mano? RELATOR: El que más visto, después de ser el más grave, es, señor, el de Coriolano. AURELIO: Leed sus cargos. (Fuerza es esto.) Aparte RELATOR: "Habiéndose publicado un edicto del Senado, a derogarle dispuesto, dijo que él publicaría otra en contra, en que mandase que ninguno le observase; dando a entender que podía leyes quitar y poner; a cuyo efecto movió la milicia, en que mostró, no sin ambición, querer, el día que su furor contra el Senado armas toma, levantándose con Roma, coronarse emperador. Testigo hay que afirma ser suya, y de otro alguno no, la espada que a Flavio hirió." AURELIO: ¿Qué alega en descargo? RELATOR: "Haber siempre constante y leal servido a la patria; que, siguiendo a Rómulo, fue el cabo más principal; que a los Etruscos venció, muerto su rey a sus manos; que a los labinios y albanos al imperio sujetó; que al sabino fue su brío el que resistió valiente el paso una vez del puente, y otra el esguazo del río, sin la tercera, en que entró triunfante en Roma. Esto alega; y en cuanto a ser suya, niega, la espada, que a Flavio hirió; concluyendo con que osado no se opuso su fortuna al Senado, sino a una no justa ley del Senado." AURELIO: Ya, nobleza y plebe, habéis el cargo y descargo oído. Para votar siempre ha sido estilo que despejéis, mientras nuestro sentimiento, desavenido en nosotros, no apele para vosotros en general parlamento. UNOS: Así es, y nuestra esperanza... OTROS: Lo que dijiste te advierte. AURELIO: ¿Qué dije yo? TODOS: Que su muerte sería ejemplo, y no venganza. [RELATOR: Retiraos.]
Vase el pueblo
AURELIO: (¿Que su muerte sería ejemplo, y no venganza? .....................[-anza] .....................[-erte] Yo lo dije. ¿Habrá quien crea que una voz, que a darle vida fue allá causa, repetida aquí, a darle muerte sea? ¿Ni quién creerá en mi quebranto que, siendo lo más veloz una pluma y una voz, voz y pluma pesen tanto que en vano su gravedad sustentarla solicito? Darle perdón es delito; darle castigo es crueldad. Aquí, a pesar de mi fama, me está llamando el amor; aquí, a pesar del dolor, la justicia es quien me llama. A un tiempo sin mí y conmigo balanzas mis manos son; en ésta pongo el perdón, en ésta pongo el castigo. Ya no puede haber malicia en el peso que dispuse, pues donde la pluma puse ha cargado la justicia. A mi dolor esta vez no habrá consuelo que cuadre, pues más que la voz de padre pesó la pluma de juez.
Escribe
¿Qué mucho, si en el crüel dolor de mi sentimiento centro es de la voz el viento, y de la pluma el papel? La hoja al voto he de volver; no haga el ejemplar mi pena; que, si un padre le condena, un contrario, ¿qué ha de hacer?) Ahora votad [vos]. LELIO: (Que añada Aparte dolor a dolor es suma fuerza, y que empuñe la pluma, cuando debiera la espada. Entre cólera y templanza yo me enfreno y yo me irrito; que vengarme por escrito venganza es, mas ruin venganza. Y será acción mal distinta, aunque Roma sea mi madre, que vierta sangre mi padre, y yo la lave con tinta. Y así perdone esta vez, que entre juez y caballero para conmigo, primero fui caballero que juez.)
Escribe
Ya firmé y volví la hoja. AURELIO: Votad vos ahora, Enio. ENIO: (¡Qué poco tendrá mi ingenio Aparte que pensar en tal congoja! Pues si ausentarle consigo con mi voto, es cierto que como juez conseguiré lo que intenté como amigo.)
Escribe
También yo he firmado. AURELIO: Pues por si alguno se mejora, conferido, leed ahora los votos de todos tres. RELATOR: "Habiendo considerado de Coriolano la fiera culpa, mi voto es que muera. Aurelio, por el Senado." "Atento a la gran proeza de Coriolano, y su altiva fama, mi voto que viva es. Lelio, por la nobleza." "Porque pague lo que a él debe la patria, y no perdonado quede, della desterrado salga. Enio, por la plebe." Los tres habéis discordado. LELIO: Mi voto no hay que confiera en que viva. AURELIO: Yo en que muera. ENIO: Yo en que vaya desterrado.
Levántanse
LELIO: Que muera es mucho rigor. AURELIO: Que viva es mucha piedad. ENIO: Luego entre amor y crueldad no será crueldad ni amor el destierro. LELIO: Sí hará tal; que mejor, a cuantos ven, será perdonarle bien que no castigarle mal. Un destierro a tal delito ni es castigo ni es perdón. RELATOR: Yo cumplo mi obligación, si los tres votos remito al general estamento de la nobleza y la plebe, que es el que, en discordia, debe dar al uno el cumplimiento.
Vase
AURELIO: (Mi esperanza en eso estriba; Aparte que al ver tan sin ejemplar mi voto, es fuerza ganar afectos para que viva.)
Vase
LELIO: (No mal de su juicio espera Aparte mi voto lograrse, pues sabrá la nobleza que es que viva para que muera.)
Vase
ENIO: (El pueblo sabrá, informado Aparte de mí, que para cumplir con no morir ni vivir, elegí el ir desterrado. Con que después iré a dar cuenta a Veturia de que, ya que lo uno no logré, lo otro dispuse.)
Vase. Salen VETURIA y LIBIA disfrazadas y con velos en el rostro
VETURIA: El pesar de un amante corazón, que de los hados se queja, pocas veces, Libia, deja quietar la imaginación. Una grave diligencia a Enio encargué; no he sabido el efecto que ha tenido; y como es de la paciencia cualquier tardanza enemiga, me he atrevido disfrazada, y deste velo tapada, a buscarle y que me diga, ya que sus ocupaciones lugar quizá no le han dado, lo que della ha resultado. LIBIA: A poco riesgo te pones de ser conocida, pues en ese traje y tapada, no tienes que temer nada. Y para hallarle ésta es la mejor hora, supuesto que es la que sale el Senado, en que es fuerza que haya estado.
Tocan dentro chirimías y atabalillos
VETURIA: Espera. ¿Qué será esto de hacer salva y concurrir tanta gente a sus umbrales? LIBIA: De gran novedad señales son. No me atrevo a inferir qué será. Pero allí viene Pasquín, y él me lo dirá. VETURIA: Tente; que por ti podrá conocerme, y no conviene que sepa quién soy. LIBIA: Diré que eres una amiga mía que viene en mi compañía en busca suya; con que, no hablando tú, ¿cómo puede conocerte? VETURIA: Dices bien.
Vuelven a tocar, y sale PASQUÍN
PASQUÍN: Gracias al gran Baco den mis ansias, pues me concede no ser guarda, a cuyo fin visitarle solicita mi sed, en cualquier hermita que encuentre suya. LIBIA: ¡Pasquín! PASQUÍN: Libia, por quien cierto hombre dijo, en frase no muy vana, "Libia, que ya de liviana tienes la mitad del nombre", ¿qué es aquesto? LIBIA: ¿Qué ha de ser? Que, viendo que no me vías en tantísimos de días, de ti procuré saber. Y, diciéndome esa amiga que te había visto aquí, que viniese la pedí conmigo. PASQUÍN: No sé si diga que mientes; porque es en vano persuadirme a que ignoraba nadie que nombrado estaba por guarda de Coriolano. LIBIA: ¿De Coriolano? PASQUÍN: Sí. LIBIA: Pues ¿cómo la guarda has dejado? PASQUÍN: Como, habiéndole sacado de la prisión, fuerza es que sobren las guardas. VETURIA: (¡Cielos! Aparte ¿Qué oigo? ¿Sacado le han de la prisión? Que serán --¿quién lo duda?-- mis desvelos; pues sacarle a él de prisión y no verme Enio, su fiel amigo, de irse con él bastantes indicios son Sin duda él la diligencia hizo.)
A LIBIA
Pregúntale más. LIBIA: Ya que disculpa me das de faltar de mi presencia, dime ¿cómo lo han sacado, cuándo, quién, cómo, y qué fiesta, porque a él le saquen, es ésta que hoy hace todo el Senado? PASQUÍN: ¿Qué fiesta, quién, cómo y cuándo preguntas, sin reparar que ése es mucho preguntar? Y más para mí, que ando, con la falta del dormir, muy frágil hoy de memoria, y es muy larga aquesa historia. LIBIA: Tente; que no te has de ir sin que a las cuatro razones cuenta des. PASQUÍN: ¿Es fuerza? LIBIA: Sí. PASQUÍN: Señores, ¿quién me hizo a mí contador de relaciones? Desde el parlamento alto, Libia, al bajo parlamento, como si fuera bayeta, bajó remitido el pleito. Lo que allá se confirió no lo sé muy por extenso; mas sé que fue su resulta que, de donde estaba preso, a Coriolano sacasen, y al son de los instrumentos le restituyesen cuantos honoríficos aprestos prevenidos le tenían para su recibimiento el día que en Roma entró coronado de trofeos. ¿Quién le sacó? Fue la guarda. ¿Cuándo? En el instante mesmo. ¿Cómo? De laurel ceñido. ¿Dónde? Al trono más excelso. De modo que de la misma suerte que le recibieron triunfante se vuelve a ver de la prisión libre, en medio del senador propietario y el sustituto del muerto, haciendo hoy las ceremonias que entonces se hubieran hecho, si aquella mala mujer de Veturia con extremos tan duelistas no le hubiera en tanta desdicha puesto. Hasta aquí sé; desde aquí busca a otro majadero que te diga lo demás, si no te basta oír al pueblo.
Vase. Chirimías y atabalillos [y dicen dentro]
TODOS: ¡Viva Senado que sabe dar a las victorias premio! VETURIA: ¿Quién creerá que hay caso en que oír baldones agradezco? Libia, dime, si es verdad lo que escucho y lo que veo; porque ser dicha y ser mía, ser gozo y no ser ajeno, implica contradicción. ¿Libre Coriolano, cielos? ¿Libre y con nuevos honores restituido a sus puestos? Desengáñame tú, dime si es cierto, Libia. LIBIA: Y tan cierto que, sin ser la enamorada yo, desde aquí lo estoy viendo; pues para que lo vean todos, el Capitolio han abierto. Sosiégate; que no es bien te descubran tus afectos. Y más cuando todo el vulgo, con el general contento de su perdón, trae en tropas mujeres y hombres diciendo: TODOS: ¡Viva Senado que sabe dar a las victorias premio!
Con esta repetición y las chirimías y atabalillos, salen todas las mujeres y hombres, abriéndose todo el foro, y en un trono CORIOLANO, con laurel, manto y bastón, y a sus lados AURELIO, LELIO, ENIO, y el RELATOR
CORIOLANO: (Fortuna, si por asunto Aparte de tus variados sucesos me ha elegido lo inconstante de tu condición, a efecto de que se acrisole en mí ser verdad aquel proverbio de que es un sueño la vida, pasándome tus extremos a preso de victorioso, y a victorioso de preso: suspéndete en este engaño, siquiera por un momento, y conténtate con darme al partido de que sueño la felicidad, con que a verme triunfante vuelvo. AURELIO: Publicad, para que conste a toda Roma, el decreto que en su remisión ha dado el general estamento. VETURIA: Oye, Libia, por si oírlo añade gozos al verlo. RELATOR: Sepa Roma, y sepa el orbe que plebe y nobleza, atento a que no es justo que queden tantos señalados hechos como debe a Coriolano la república sin premio, principalmente en la rota del último vencimiento del sabino, cuyo triunfo entonces quedó suspenso; sepa Roma, y sepa el orbe que plebe y nobleza, habiendo recusado el primer voto, le dan por libre y absuelto de la pena capital de muerte; y añaden luego que prosiga el adquirido triunfo, con que satisfecho ya una vez en lo que toca a cuanto es merecimiento, convienen con el segundo voto de que viva; pero que no viva despenado tanto como en el tercero el destierro le permite; porque ha de ser el destierro con circunstancias de que sirvan a otros de escarmiento, no dejando sin castigo el osado atrevimiento de haber alterado a Roma, de haberse al Senado opuesto, convocado la milicia y, sobre un senador muerto, despertado las sospechas de quererla hacer imperio. Y así determinan que suceda al triunfo el destierro, arrojándole de sí, de los honores depuesto, pues si mereció ganarlos, ya le ha pagado con ellos, y debe cobrarlos, pues también mereció perderlos; con que, emancipado hijo de la patria, y de sus fueros hoy desnaturalizado, establecen que al momento que vea el pueblo que a deberle nada le queda a su acuerdo, degradado del laurel, bengala y estoque, siendo el pregón de sus delitos los pavorosos acentos de destempladas sordinas y roncos parches funestos, le saquen de los distritos de toda Roma; y expuesto al arbitrio de los hados, le dejen en los desiertos montes fuera de su raya. Y para que en todo tiempo, por donde quiera que fuere, lleve las señas de reo, los hierros de la prisión sean testigos de sus yerros, diciendo premio y castigo, sin venganza y con ejemplo, pena de ser sospechoso el que no diga con ellos: RELATOR y TODOS: ¡Viva Senado que sabe unir castigos y premios!

Las armas de la hermosura part 6

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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