This file was last updated on September 20, 1998
JORNADA SEGUNDA
Salen VETURIA y ENIO ENIO: Apenas, Veturia bella, en Roma puse las plantas cuando, llamado de ti, vengo a saber qué me mandas. VETURIA: En cerrando aquesta puerta, porque ni aun una crïada pueda oírnos, sabrás que hacer de ti confïanza, que de otro ninguno hiciera, en fe de estar informada de cuán fino amigo eres de Coriolano. ENIO: Aunque es tanta de su persona a la mía la no medida distancia, con ese nombre me honró su benignidad, a causa de habernos visto servir en aquellas dos pasadas invasiones de Sabinio; y en ésta aun con más instancia, por ocupar mayor puesto; con que a ninguno le alcanza mayor parte en las deshechas fortunas en que hoy le halla la corta ausencia de haber ido en convoy de una dama, de orden suya, hasta ponerla en salvo en su misma patria. VETURIA: Según eso ¿no sabrás por extenso lo que pasa? ENIO: Sé el decreto del Senado, sé que, ofendida y airada, diste en público la queja, sé que tomó la demanda en favor de las mujeres. Desde aquí, señora, hasta hallarle preso, no sé de cierto las circunstancias, porque nuevas de camino siempre se cuentan tan varias, que el deseo de saberlas se hace razón de dudarlas. VETURIA: Pues si hasta aquí sabes, oye desde aquí lo que te falta. Resuelto, pues, Coriolano en volver por nuestra fama, toda la milicia suya tomó la voz, empeñada en que igual ley el Senado había de revocarla. Él, empeñado también en que, una vez promulgada, había de mantener inviolable su observancia, dando nombre de traidor motín a la repugnancia, echó bando de que, pena de serlo, ninguno osara a seguir a Coriolano, dejando desamparada de favor a la justicia; con que la nota de infamia, arrastrando tras sí al pueblo, puso a toda Roma en arma. En vano será decirte que no hubo calle ni plaza que no fuese lastimoso teatro de mortales ansias. Entre todas la mayor --que hay desgracia de desgracias-- fue que, en el ciego, el confuso tumulto, una desmandada punta --áspid debió de ser quizá aborto de mi rabia-- el pecho de Flavio hirió con tan venenosa saña que no hubo tiempo entre herirle el cuerpo y faltarle el alma. Muerto el senador, el pueblo con el pavor y a la instancia de su hijo en vengar su muerte, tanto el número adelanta que, embestido Coriolano de tan superior ventaja, fuera fuerza que matando muriera, si no llegara, intrépidamente osado, sobre el furor de las armas su padre a arrojarse en medio, repitiendo en voces altas: "Muera, que no es hijo mío quien es traidor a su patria, pero muera," prosiguió, "de suerte que satisfaga su muerte al cielo y al mundo, siendo ejemplo, y no venganza. Esta causa es del Senado; a mí me toca esta causa, como a primer senador; que el ser padre no embaraza al ser juez; porque, aunque son dos acciones tan contrarias, mi sangre y mi obligación sabrán cumplir con entrambas." Dijo, y llegando a su hijo, que al verle se echó a sus plantas, le arrancó el laurel con una mano y con otra la espada. Con que el furor suspendido --ya al valor de su constancia, ya al decoro de su puesto, ya al respeto de sus canas-- quedó, mayormente al ver que, entregado a dos escuadras de la nobleza y la plebe, llevarle a la torre manda del alto homenaje, donde, sin ver del sol la luz clara, preso le tiene, cargado de cadenas y de guardas. ¡Oh, quién aquí hacer pudiera exclamación de cuán varia la fortuna en un instante tan de extremo a extremo pasa, como del triunfo a la ruina y del alborozo al ansia! La culpa tuve, y así, solicitando enmendarla, oye lo que ignoras, ya que sabes lo que ignorabas. Temiendo yo que su vida a todo trance restada está, no tanto porque su padre, por la jactancia, más que de padre, de juez, tan grandes extremos haga, cuanto porque lo restante del Senado es fuerza que haya de tomar satisfacción, y dar a Lelio venganza, discurriendo en varios medios, modos, ardides y trazas de ponerle en libertad, precios ofrecí, fïada en que la llave del oro maestra es de todas guardas. Un bandido a mí ha venido --¿quién duda que ella le traiga?-- diciéndome cómo él sabe que el cubo de la muralla de la torre, entre otras rejas, conserva una que, limada a otro fin, no surtió efecto; y así quedó, no sin maña, desmentido lo limado con no sé qué negra pasta; que él la abrirá, y él pondrá de noche en ella una escala, y al pie della una cuadrilla, que le guarde las espaldas hasta sacarle de Roma; pero que es fuerza que haya quien de la parte de adentro de aquesto le avise, para cuyo efecto este papel, lo primero, le señala la reja, luego hora, noche y seña con que le aguarda. A que en su mano le pongas y con él esta acerada sorda lima a sus prisiones es para lo que se ampara de ti mi amor; y pues tienes, por tribuno, puerta franca a la prisión, sin sospecha de que en ella entres y salgas, dale uno y otro, y ¡adiós!, que no quiero mi tardanza despierte alguna malicia, ni que tú me des las gracias de lo que en esto me debes, puesto que no sé que haya, para un espíritu altivo de quien se hace confïanza, ocasión más generosa, más airosa, más bizarra, más heroica, más ilustre, más noble ni más hidalga, que dar la vida a un amigo en servicio de una dama.Vase ENIO: ¡Espera, escucha!--La puerta cerró, entrándose a otra cuadra, donde no puedo seguirla. Preciso es que desta salga cuanto antes, para no dar cuenta a crïado o crïada, si preguntan a quién busco.Entra por una puerta y sale por otra Ya deste empeño me saca hallarme en la calle. ¡Cielos! ¿Quién se ha visto en más extraña confusión? Ministro soy, por tribuno, en la real sala de justicia; por amigo lo soy con vida y con alma de Coriolano; obligado de Veturia me hallo, a causa de haberse de mí valido. ¿Quién vio fiel de tres balanzas tan iguales como cargo, amistad y confïanza? Divertido en lo que hacer debo, he llegado al alcázar del homenaje, en que está Coriolano. Antes que haga entero juicio, he de verle; quizá alguna circunstancia me advertirá lo mejor; aunque, a mi ver, mucho carga la de dar vida a un amigo en servicio de su dama.Sale PASQUÍN PASQUÍN: ¿Quién viene allá? ENIO: ¿Qué es aquesto, Pasquín? PASQUÍN: Ser guarda, y no guarda- infante, ni guardapolvo, guardapiés, ni guardadamas, sino guardadiablo, pues guardo a Coriolano. ENIO: Basta de locura, y dime ¿cuál es de su prisión la estancia? PASQUÍN: Aqueste obscuro retrete. ENIO: Abre, ya que están cerradas, de sus troneras alguna. PASQUÍN: Eso es decir que me abra la cabeza; que aquí no hay más tronera que mi calva.Abre una puerta, vese CORIOLANO sentado, con cadena al pie ENIO: Salte allá fuera; que importa que, como ministro, haga con él una diligencia; y avisa si alguno trata de entrar o salir. PASQUÍN: Sí haré.Vase CORIOLANO: Gente he sentido. ¿Quién anda aquí? ENIO: Quien por verte viene y, por no verte, trocara la amistad con que te busca al dolor con que te halla. CORIOLANO: ¿Enio? ENIO: Sí. CORIOLANO: Si como juez vienes a hacer en mi causa algún instrumento, di cuál es; que nada me espanta. ENIO: (Perdone el puesto, que añade Aparte mucho peso a su balanza, con la lástima de verle, amistad y confïanza.) Tan otro es a lo que vengo, que es de parte de una dama. CORIOLANO: ¿La que convoyaste? ENIO: No; que ésa ya quedó en su raya segura. CORIOLANO: ¿Qué dama puede ser la que a verme te traiga de parte suya? ENIO: Veturia. CORIOLANO: ¿De mí se acuerda? ENIO: Y con tanta fineza... CORIOLANO: Di. ENIO: ...que es en orden a que desta prisión salgas. CORIOLANO: ¿Qué dices? ¡Oh quién pudiera darte en albricias mil almas, más porque fina se acuerda que porque preso me valga! Vuelve, pues, vuelve a decirme si es verdad, que ella, obligada de lo que paso por ella, te envía, y cómo, Enio, traza mi libertad. ENIO: Como hay quien una desas rejas abra, quien ponga una escala en ella, y te guarde las espaldas, hasta sacarte de Roma. CORIOLANO: Si eso es verdad... ENIO: Esta carta y esta lima te lo digan; bien que para leerla falta la luz, porque viene en ella el que estéis conformes, para saber la noche, y abrir la reja, y poner la escala. CORIOLANO: Muestra, que no falta luz; que esta cadena se alarga hasta aquella puerta que tiene enfrente una ventana que, aunque participa poca, lo que es para leerla basta.Lee "Señor y dueño mío; quien estima vuestra vida más que la suya ha solicitado medios para que salgáis de esa prisión. La reja que hallaréis abierta y la que tendrá puesta la escala es la primera del cubo de la torre. Avisad en teniendo limadas las prisiones, para que esa noche os espere quien ha de acompañaros, que quien lleva éste traerá la respuesta. Dios os guarde." Deja que una y muchas veces, no a los brazos, a las plantas te pague el porte de aquesta ventura que no esperaba. ENIO: Pues sin esperarla viene, no hay que esperar a lograrla; que yo he de ser el primero que acompañándote vaya. ¿Qué noche vendrán? CORIOLANO: Acciones que tocan en temerarias no hay que pensarlas; que sólo se arriesgan en lo que tardan. Y pues solamente aquí limar las prisiones falta, de aquí a la noche habrá tiempo. ENIO: Según eso, ésta señalas. CORIOLANO: Sí. ENIO: Adiós, pues. CORIOLANO: Adiós.Sale PASQUÍN PASQUÍN: Tu padre viene entrando hacia esta sala. ENIO: No digas que yo le he visto.-- Tú, retírate a tu estancia; que de hallarme aquí yo tengo disculpa que dar. CORIOLANO: Tirana Fortuna, duélete un día siquiera de mis desgracias.Vase CORIOLANO, cerrando la prisión. Sale AURELIO AURELIO: Bien dijo quien dijo que era en las pasiones humanas muchos cuidados un hijo. Dígalo yo, a quien arrastran, con ley de juez que acrimina, dolor de padre que ama. Y así, entre las dos pasiones, haciendo una sola de ambas, le prendo y le guardo a un tiempo, porque preso satisfaga a la justicia, y también porque preso asegurada su persona esté; que es cierto que, a no estarlo, le mataran Lelio y sus deudos; de suerte que, justiciera la maña, para todos le castiga cuando para mí le guarda. Y así a ver vengo... ¿Enio aquí? ENIO: Llegando de la campaña e informándome, señor, de cuanto en mi ausencia pasa, cumpliendo mi obligación y considerando cuánta de Coriolano es la culpa, quise saber con qué guardas y prisiones su persona está; que nunca yo entrara a verle preso, si no fuera para asegurarla. AURELIO: De ti lo creo. (¡Al caído, Aparte oh amistad, qué presto faltas!)[Habla CORIOLANO] al paño CORIOLANO: Entreabriendo aquesta puerta, puedo escuchar lo que hablan. AURELIO: A lo mismo venía yo; y pues que tu vigilancia debe, por su obligación, aliviarme de la carga de cuidar que su persona segura esté, que es el ansia que más me aflige, respecto de que es preciso que caiga, si él faltase, sobre mí la sospecha, que me valga de ti es preciso también, pues de nadie con más causa fiarme puedo, que de quien le toca lo que le encargan. Y así, pues que desde aquí mi desvelo en ti descansa, por el Senado te nombro guarda mayor de sus guardas. Tú le has de dar cuenta dél; y desde hoy con más instancia, porque, queriendo con Lelio de su padre la desgracia en parte suplir, en él se ha proveído la plaza de segundo senador, de que hoy tomará en la sala de justicia posesión. Mira si habrá quien te haga, el día que te le fío, el cargo a ti de su falta. Vesle ahí; que no quiero verle yo. (Lástima es, que no saña.) Aparte Entrégate dél, y teme que el cuchillo que amenaza su garganta no ejecute los filos en tu garganta.Vase. Sale CORIOLANO ENIO: ¿Haslo oído? CORIOLANO: Sí. ENIO: Pues oye también que no me acobarda su despecho para que libre esta noche no salgas. En ella te espero. Adiós. CORIOLANO: Oye. Y ¿será buena paga que vengas tú a darme vida y yo a darte muerte vaya? ENIO: Un medio término puede medir esas dos distancias. CORIOLANO: ¿Qué medio término? ENIO: Yo, hasta salir de la raya, contigo he de ir. Con quedarme contigo, y en buena o mala fortuna seguir la tuya, resguardado, te resguardas. CORIOLANO: Eso es, porque no se pierda uno, perderse dos. Basta que a mí, como delincuente, por forajido la patria me dé, sin que por traidor, yendo contra lo que manda, te dé a ti; mira el desdoro que hay de una fuga a una infamia. ENIO: Eso salva el dar la vida a un amigo. CORIOLANO: Mas no salva al amigo que le pone en que pierda honor y fama. ENIO: Yo cumplo con esperar. CORIOLANO: Yo con no salir. ENIO: Repara. CORIOLANO: No hay que reparar. ENIO: Advierte. CORIOLANO: No hay que advertir. ENIO: Mira. CORIOLANO: Nada he de mirar. Y porque tan desconfïado vayas, que no esperes mi salida, daré al aire tu esperanza.Arroja hacia dentro la lima ENIO: ¿Qué has hecho? CORIOLANO: Arrojar la lima; que si ella es la llave falsa de mis prisiones, sin ella verás que en vano me aguardas. ENIO: Eso es desesperación. CORIOLANO: Esto es honra. ENIO: Es temeraria resolución. CORIOLANO: Es piadosa. ENIO: Es cruel despecho. CORIOLANO: Es constancia. ENIO: Es furor. CORIOLANO: Es honor. ENIO: Es ira. CORIOLANO: Es valor. ENIO: Es ingrata fe con Veturia. CORIOLANO: Veturia me querrá --que es noble dama-- más con alabanza muerto que vivo sin alabanza. ENIO: No quiero apurar ahora despeños a tu arrogancia. Mañana quizá estarás de otro parecer, si pasa noche por éste. CORIOLANO: Aunque pasen siglos, no habrá en mi mudanza. ENIO: Con todo, mañana espero ver qué valen mis instancias. CORIOLANO: Pues, hasta mañana, adiós. ENIO: Pues adiós, hasta mañana.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu