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LAS ARMAS DE LA HERMOSURA


Personas que hablan en ella:


JORNADA PRIMERA


Córrese la cortina, y vense todos los bastidores del teatro trasmutados en aparadores de piezas de plata, y en medio una mesa llena de vasos y viandas, y sentados a ella hombres y mujeres, y en su principal asiento CORIOLANO y VETURIA, y los músicos detrás, arrimados al foro, y PASQUÍN y otros criados sirviendo a la mesa

CORO 1: "No puede amor hacer mi dicha mayor. CORO 2: Ni mi deseo pasar del bien que [poseo?]."

CORIOLANO: Sin duda, Veturia bella, esta canción se escribió por mí, pues solo fui yo feliz influjo de aquella de Venus brillante estrella; pues benigna en mi favor... LOS DOS COROS: "No puede amor hacer mi dicha mayor." VETURIA: Mejor debo yo entender su benévolo influir; pues, dándome que sentir, me deja que agradecer; y más el día que a ser llegue la ventura mía tu esposa, pues ese día no podrán mi fe, mi empleo... VETURIA Y CORO 2: "Ni mi deseo pasar del bien que poseo." HOMBRE 1: A tanta solemnidad desde ahora será bien que todos en parabién brindemos. HOMBRE 2: A que su edad viva eterna. HOMBRE 3: Y su beldad en fecunda sucesión a Roma ilustre. PASQUÍN: Éstos son convidados que me placen, que a un tiempo la razón hacen y deshacen la razón. MÚSICOS: "No puede amor hacer mi dicha mayor, ni mi deseo pasar del bien que poseo." MUJER 1: Todas, ya que la fortuna trocó el pesar en placer, esa salva hemos de hacer. LIBIA: ¿Cómo se podrá ninguna excusar, si cada una, de cuantas hoy Roma encierra, feliz el susto destierra de aquel pasado temor? MUJER 1 y MÚSICOS: "Y no puede amor hacer su dicha..."

Dentro
VOCES: ¡Arma, guerra!
Cajas y trompetas dentro, y alborótanse todos
HOMBRE: ¡Qué asombro! MUJER 1: ¡Qué confusión! CORIOLANO: ¿Qué novedad será ésta, que dentro de Roma forman voces, cajas y trompetas? TODOS: ¿Quién causa este estruendo?
Salen AURELIO y ENIO de soldado
AURELIO: Yo. CORIOLANO: ¿Tú, señor? AURELIO: Sí. CORIOLANO: Pues ¿qué intentas? AURELIO: Despertar tu torpe olvido, porque, al ver que en mi hijo empieza la reprehensión, sepan todos que, anticipada la queja, antes que a mí su pregunta, llegó a ellos mi respuesta. Quitad, romped, arrojad aparadores y mesas, nocivos faustos de Flora y Baco, cuando es bien sean pompas de Marte y Belona.
Ocúltanse los aparadores y mesas
Y porque la causa sepan, Enio, dile a Coriolano y a cuantos con él celebran, bastardos hijos del ocio, cultos al Amor, las nuevas que traes de Sabinia... VETURIA: (¡Cielos! Aparte ¿Qué nuevas pueden ser éstas?) LIBIA: (Oye y disimula.) Aparte AURELIO: ...en tanto que a toda Roma las cuentan públicos edictos que, para freno y para rienda de tan locos devaneos, dispone el Senado. ENIO: Fuerza, como a primer senador, es, señor, que te obedezca, y fuerza también que haya, para que mejor se atiendan, de enlazar con su principio el nuevo motivo. AURELIO: Sea, no como quien le refiere, sino como quien le acuerda. ENIO: Sabinio, rey de Sabinia, mal ofendido de aquella fingida amistad con que Rómulo, atento a que fuera eterna la población de su gran fábrica inmensa que, émula a Jerusalén, también en montes se asienta, y que no pudiera serlo, sin que de su descendencia la sucesión se propague, viendo cuánto para ella buscar consortes debía, convidó para unas fiestas los comarcanos sabinos con sus familias, en muestra de firmar con ellos paces. AURELIO: Si lo fueron o no, deja al silencio esas memorias, pues nadie hay que no las sepa, según en su gran teatro al mundo las representan el tiempo en veloces plumas, la fama en no tardas lenguas; y así, dejando asentada aquella parte primera del robo de las sabinas, ve a la segunda. VETURIA: (¡Oh inmensas Aparte deidades! ¿Qué nuevas pueden ser que de pesar no sean?) ENIO: Sabinio, rey de Sabinia, mal ofendido de aquella fingida amistad, trató hacer a Rómulo guerra, y Rómulo resistirla, careando injuria y ofensa, el uno por castigarla, y el otro por mantenerla; persuadido el uno a que satisface el que se venga y el otro a que nunca tuvo lo no bien hecho otra enmienda del arrojo que lo obró, que el valor que lo sustenta. Dos veces, pues, el sabino a Roma asaltó, y en ella dos veces le obligó a que, rechazada su soberbia, levantase el sitio, dando a la dominante estrella de Rómulo por vencida de la suya la influencia. En este intermedio Roma, ufana, alegre y contenta, vencedora de sus armas, vencida de sus bellezas, procurando reducir a cariño la violencia, toda era festines, toda agasajos y finezas, bien como toda Sabinia llantos, suspiros y quejas; que entre ofensor y ofendido tan neutral vive la ofensa que a uno el gozo se la olvida y a otro el dolor se la acuerda. En esta desigualdad, ambas fortunas suspensas, viendo Sabinio que, muerto Rómulo, la suya adversa sin dominante enemigo quedaba y que a Numa, que era a quien nombrado dejó por su sucesor, resuelta en ser república Roma, no sólo le dio obediencia, pero echándole de sí, eligió en plebe y nobleza senadores y tribunos, que en libertad la mantengan. Sabinio, pues --porque el hilo en la digresión no pierda--, procurando aprovechar aquella vulgar sentencia de ser sin cabeza un pueblo monstruo de muchas cabezas, en una parte y en otra viendo también cuán ajena Roma de sus altos triunfos deleitosamente deja de ser campaña de Marte por ser de Cupido selva, a repetidas instancias de la soberana Astrea --que, celtíbera española, desde el día que, deshechas sus gentes, volvió su esposo, ni él ni nadie llegó a verla o sin lágrimas los ojos o el semblante sin tristeza--, secretas levas dispuso; pero como esto de levas es mina que por el más breve resquicio revienta, al Senado sus vislumbres llegaron en humo envueltas; de suerte que, al inquirirse, si eran ciertas o no ciertas, a mí, que por más servicios nombró en la elección primera del pueblo primer tribuno, me dio orden de que füera a informarme, disfrazado en nombre, en traje y en lengua, del estado y del designio; con que a poca diligencia pudo informarme mejor la vista que la cautela; que enmudecen los ardides donde hablan las evidencias. A toda Sabinia hallé, sin recato de que sea contra Roma la jornada, no tan sólo en arma puesta, pero en marcha; a cuyo efecto estaban pasando muestra de militares pertrechos todas las campañas llenas. Numerosas huestes son las que alistadas se asientan, según supe, voluntarias; porque --como dije-- Astrea, que adquirir de vengadora de las mujeres intenta el alto nombre, en persona las conduce y las alienta con tan gran jactancia, que sus tremoladas banderas, jeroglíficos del aire, componen en cuatro letras el vanaglorioso enigma de ser su victoria cierta. Una S, una P, una Q y una R son, cuya empresa descifrada decir quiere --según todos la interpretan--: "Al Sabino Pueblo ¿Quién Resistirá?" Y con tal priesa a lento paso la marcha disponen, que me fue fuerza, según su vecina línea confinante es de la nuestra, por llegar antes, valerme de toda la diligencia que pude. Pero por más que lo intenté, la sospecha o nota de desmandado me detuvo; y así llegan a ser de mis voces ecos sus cajas y sus trompetas, cuando lejanos repiten al viento, que se las lleva, y al eco, que nos las trae:
Cajas y voces [dentro] a lo lejos
VOCES: ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! VETURIA: (Bien temí que había de ser Aparte segunda desdicha nuestra.) AURELIO: Mira, con estas noticias, si ha sido prevención cuerda que otras trompetas y cajas despertador tuyo sean, y de cuantos hoy en Roma divertidos no se acuerdan de aquellos primeros héroes, que de apagadas pavesas fueron incendio de Europa, hasta coronarla reina del orbe. Y, dejando aparte abandonadas proezas, que en Africa y en España Rómulo dejó dispuestas, y hoy yacen en el infame sepulcro de la pereza ¿a qué más puede llegar el baldón de la honra nuestra que a pensar el enemigo que ya Roma no es la que era, pues se promete en sus timbres que no ha de hallar resistencia? Demás desto, ¿es bien que yo a un noble ofendido tenga y no tenga mira a que es desproporción muy ciega que él desvelado maquine y yo descuidado duerma, mayormente al blando sueño de tan contrarias sirenas que, si otras cantando matan, ellas llorando deleitan? ¡Oh, nunca hubierais...! CORIOLANO: Perdona, señor, y dame licencia para suplicarte que, no enojado las ofendas, ni a ellas ni a cuantos conmigo a mi ruego las festejan; y más en este jardín, donde Veturia se alberga, noble matrona, a quien todas reconocen preeminencia por su real sangre; que no es culpa suya ni nuestra el que en ellas sea agasajo lo que en nosotros es deuda. La culpa fue del primero que robadas las violenta, no de los que, ya robadas, procuran que estén contentas; que, para tenerlas tristes, mejor fuera no tenerlas. Si hacerlas nuestras quisimos, ¿cómo habían de ser nuestras si, en nuestro poder quejosas, siempre quedaban ajenas? Que desde el odio al cariño no es fácil de hallar la senda si no es que la facilite la caricia, la fineza, el obsequio, el rendimiento, la atención y la asistencia, que son las que sólo saben hacer voluntad la fuerza. Decir que esto del valor nos ha olvidado, es propuesta tan vana, que el mismo Marte el primero es que la niega, puesto que, amante de Venus, al mundo puso en sospecha de que él y Cupido habían trocado dardos y flechas; viendo cuánto ventajoso, porque su dama lo sepa, pelea el soldado que con armas de amor pelea, juzgando que son de Marte. Y para que mejor veas que ser galán en la paz no es ser cobarde en la guerra, el primero seré yo que, de la patria en defensa, al opósito le salga. Y así, para disponerla, iré por plazas y calles, diciendo en voces diversas:
Dentro
UNOS: ¡Viva Coriolano! OTROS: ¡Viva! AURELIO: Oye, hasta averiguar éstas.
Salen FLAVIO, LELIO y SOLDADOS
FLAVIO: Yo lo diré, que en tu busca vengo, para que lo sepas. Proponiéndole al tumulto de la plebe y la nobleza cuánto conviene salir a impedir el paso desa no impensada invasión, antes que pise la línea nuestra, ocupando los estrechos pasos y las eminencias, a fin de que, ya que entren, entren peleando, en que es fuerza que pierdan gente, y quizá que gente y jactancia pierdan, dije que presto el Senado nombraría a quien convenga que vaya por general; a que dieron por respuesta, reduciéndose a una voz, de varias voces compuesta:...
Dentro
UNOS: ¡Viva Coriolano! OTROS: ¡Viva! FLAVIO: De suerte que, antes que sea consulta, la aclamación común quiere que cabeza suya sea Coriolano, de que vengo a darte cuenta, por si acepta o no. AURELIO: ¿Qué es dudar si acepta o no acepta, siendo mi hijo?--- Coriolano, ya ves en lo que te empeña la común aclamación del pueblo. CORIOLANO: La vida hubiera dado en albricias, señor, a no importar mantenerla para que, en servicio suyo, en mejor trance la pierda; en cuyo agradecimiento a Flavio las plantas besa mi humildad y a Lelio da los brazos, bien como prendas de quien se obliga a pagar, reconocida la deuda. LELIO: El mérito es quien te adquiere este honor. (¡Que también sea Aparte hijo yo de senador, y de mi.... ¡Oh envidia, deja de afligirme!) Y el primero seré que irá a tu obediencia por soldado tuyo. ENIO: Yo no te doy la enhorabuena, porque me la he dado a mí, en fe de lo que interesa en tus honores mi honor. CORIOLANO: A entrambos os lo agradezca mi amistad; que con los dos, tú, Lelio, de la nobleza cabo; tú, Enio, de la plebe, ¿qué riesgo habrá que no emprenda? TODOS: ¿Ni quién que a ti no te siga? PASQUÍN: (Yo, porque allí Libia señas Aparte me hace de que allá no vaya.) AURELIO: Pues porque tiempo no pierda, retiraos todas vosotras, cada una a su vivienda, de donde ninguna salga, mientras se pasa la muestra de la gente que se aliste; porque, si acaso la pesa el ver ir contra su patria, no impida al que complacerla intente. VETURIA: Ninguna habrá tan livianamente necia que ya no desee que Roma contra los sabinos venza; que las materias de honor son tan vidriosas materias que con el más leve soplo se empañan, si no se quiebran. Y, siendo así que estuvimos todas a morir resueltas, antes de admitir a quien con fe y palabra no fuera de esposo, con todo eso el empacho y la vergüenza de no volver a ser propias de quien ya fuimos ajenas nos obligara a que todas, si nos diérades licencia, saliéramos a campaña; y yo fuera la primera que el arnés trenzado, el fresno blandido en la mano diestra, en la siniestra el escudo, y con el tiento en la rienda, montado el corcel bridón, la diera a entender a Astrea cómo ya de su venganza no necesita la nuestra. CORIOLANO: ¿Quién pudo desempeñarse ni más noble ni más cuerda? TODAS: Lo mismo todas decimos. AURELIO: No es la resolución ésa que queremos de vosotras. FLAVIO: No; que otra habrá, en que se vea que las mujeres no son tan dueños nuestros que puedan en descrédito poner de Roma el valor. AURELIO: Ni ésa tampoco es para aquí.
A CORIOLANO
Ahora ven, pues, adonde te ofrezca, con pública aclamación, de todo el pueblo en presencia, el Senado la bengala, estoque, toga y diadema de general de sus armas. CORIOLANO: Más me ha de dar. AURELIO y FLAVIO: ¿Qué es? CORIOLANO: Licencia de que responda a Sabinio, y al mote de sus banderas, poniendo yo en las de Roma el mismo. TODOS: ¿De qué manera? CORIOLANO: S, P, Q, y R son cuatro letras que interpretan: "¿Al Sabino Pueblo Quién Resistirá?" Y con las mesmas a su arrogante pregunta han de responder las nuestras, para que conozca el mundo cuán en un caso concuerdan gramáticas militares, la pregunta y la respuesta: pues si S, P, Q y R "¿Quién piensa hacer resistencia al sabino pueblo?" dicen, también dirán a quien lea en nuestro favor el mote de sus mismas cuatro letras: "Senado y Pueblo Romano es Quien resistirle piensa." FLAVIO: Bien lo has pensado.
Dentro cajas y voces a lo lejos
UNOS: ¡Arma, arma! FLAVIO: Y pues se oyen de más cerca ya sus cajas, responded a su salva. OTROS: ¡Guerra, guerra! AURELIO: Y por si acaso llegaron, según a mi oído suenan, acá sus voces, diciendo... UNOS: ¿Quién ha de hacer resistencia al sabino pueblo? AURELIO: Digan al mismo compás las nuestras... TODOS: Senado y pueblo romano. UNOS: ¡Vivan Sabinio y Astrea! TODOS: ¡Coriolano y Roma vivan! CORIOLANO: Perdona, Veturia bella, que, si voy contra tu patria, también voy en tu defensa.
Vase
TODOS: ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!

Vanse todos

Las armas de la hermosura part 2

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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