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ANDRÓMEDA: ¡Oye, espera! ¿Dónde vas?
Mira que no puedo, no,
pasar adelante yo,
quedándose el viento atrás.
Mucho que dudar me das,
viéndote en ación tan rara.
La cara encubres. Repara
en que el que hace mal es quien
la esconde; que el que hace bien,
siempre lo hace cara a cara.
No con tanta ligereza
huyas, que nunca fue indicio
la fuga del beneficio,
ni el temor de la fineza.
Vuelve, y no a mi sutileza
ocasiones a dudar;
no me des qué sospechar,
pues me das qué agradecer;
que no es hacerme un placer
dejarme con un pesar.
Más veloz que el mismo viento
vuela. En vano voces doy.
ALBEDRÍO: Libre y sano y bueno estoy.
Salto y brinco de contento.
CIENCIA: Pues, ¿de qué es el sentimiento,
señora, con que has quedado?
ANDRÓMEDA: No sé qué pena me ha dado
acá en la imaginación.
Salen la MUERTE y el DEMONIO, vestido de
jardinero
MUERTE: Aquesta es buena ocasión,
pues que vienes disfrazado,
para entablar tu deseo.
ALBEDRÍO: ¡Ay! ¿Quién anda por allí?
GRACIA: ¿Qué es eso, Albedrío?
ALBEDRÍO: Hacia aquí,
no sé qué bultos me veo.
ANDRÓMEDA: No temas. ¿Quién es?
DEMONIO: Fineo,
un jardinero, señora,
que en estos cuadros ahora
ocioso tiene el afán,
porque sus flores están
vanas con tan bella aurora;
de suerte que será en vano
labrarlas.
ANDRÓMEDA: ¿Por qué?
DEMONIO: Porque
puliéndola vuestro pie,
¿qué tiene que hacer mi mano?
ANDRÓMEDA: Jardinero, cortesano
sois.
DEMONIO: No os espante oír
a un labrador discurrir
tal vez, porque puede ser
que sirva por merecer,
si es merecer el servir.
ANDRÓMEDA: ¿De dónde sois?
DEMONIO: De otra esfera,
más alta, rica y mejor.
ANDRÓMEDA: ¿Qué erais allá?
DEMONIO: Labrador
soy aquí. Lo que allá era
no lo sé, que no quisiera
ponerme en obligación
de deciros mi pasión,
por no decir, ¡ay de mí!,
que sois vos por quien perdí
patria, estado y opinión.
ANDRÓMEDA: Basta, que tampoco quiero
ponerme yo --¡qué pesar!--
en ocasión de escuchar
tan discreto jardinero.
DEMONIO: Sólo serviros espero.
ANDRÓMEDA: Pues hablemos de otra cosa.
¿Qué labráis?
DEMONIO: Esta vistosa
fruta.
ANDRÓMEDA: Es en extremo bella.
DEMONIO: Pues hay más misterio en ella
que ser en extremo hermosa.
ANDRÓMEDA: ¿Cómo?
DEMONIO: La tierra que fue
la que la fructificó
lo sabe.
ANDRÓMEDA: Ella el ser me dio;
yo se lo preguntaré.
MUNDO: Tierra soy; yo lo diré,
pues tierra por mí serás.
DEMONIO: Llega; de ella lo sabrás.
ANDRÓMEDA: Madre tierra, ¿cuál ha sido
este misterio escondido?
MUNDO: Come y como Dios serás.
ANDRÓMEDA: ¿Que como Dios seré?
INOCIENCIA: Advierte
que es ése el inficionado
árbol que te han señalado;
no sea esta voz de la muerte.
Retíranse y pónense las tres como han de ir representando:
la INOCIENCIA la detiene y el ALBEDRÍO tira de ella y pasa
ALBEDRÍO: Llega y mejora tu suerte.
ANDRÓMEDA: Quita, que es impertinencia
negarme a tanta excelencia.
DEMONIO: Ya de mi engaño confío,
pues siguiendo al Albedrío
atropella la Inociencia.
CIENCIA: No llegues, pues del mortal
veneno estás avisada.
Lo mismo
ALBEDRÍO: Llega, que es fruta extremada.
ANDRÓMEDA: Si puedo hacerme inmortal,
Ciencia, Ciencia natural,
¿por qué tu voz me aconseja
que no llegue?
CIENCIA: Por la queja
que tendrás del saber mío.
Pasa
DEMONIO: Ya siguiendo al Albedrío,
la natural Ciencia deja.
GRACIA: Mira bien adónde vas.
ANDRÓMEDA: ¿Qué he de mirar? Voy a ser
inmortal; voy a saber
si es que puedo saber más.
GRACIA: ¿Pasos a mi pesar das?
ANDRÓMEDA: Sí.
GRACIA: Mira.
ANDRÓMEDA: Nada acuerde tu temor.
ALBEDRÍO: Su pompa ver he desnuda.
ANDRÓMEDA: De ti me fío.
DEMONIO: Ya siguiendo al Albedrío
su natural Gracia pierde.
ANDRÓMEDA: Árbol que fructificó
la madre tierra, de ti
he de gustar.
Toma la fruta y cómela
¡Ay de mí!
¿Quién vista y luz me [quitó]
vida, alma y sentido?
DEMONIO: Yo.
ANDRÓMEDA: Grave pena, dolor fuerte,
¿adónde iré por no verte?
Huyendo de él tropieza y, al caer hacia donde está
la MUERTE, ella le tiene en los brazos
MUERTE: Quien ya ha podido pecar,
¿adónde ha de ir si no a dar
en los brazos de la muerte?
ANDRÓMEDA: ¡Ay, infelice de mí! Faltóme el día.
DEMONIO: Mi triunfo empiece, pues su día acaba.
CIENCIA: ¡Qué de cosas ignoro que sabía!
INOCIENCIA: (¡Oh, qué de cosas sé que yo ignoraba!) Aparte
...............................[-ía]
..............................[-aba].
ALBEDRÍO: En todos hay mudanza; en el ser mío
no, que siempre fue libre el Albedrío.
DEMONIO: Corone de laureles mi arrogancia
la altiva frente de su heroica ciencia.
...............................[-ancia]
...............................[-encia]
...............................[-ancia]
...............................[-encia]
[Voces dentro]
VOCES: ¡Muera Andrómeda!
OTROS: ¡[Andrómeda] muera,
siendo entregada a la marina fiera!
MUERTE: Ven adonde tu voz el cristalino
orbe penetre, para que entregada
Andrómeda al feroz monstruo marino
se vea al escollo de la muerte atada.
DEMONIO: No dudes que el oráculo divino
del verdadero Apolo, pronunciada
su sentencia, en voz diga repetida:
"quien la gracia perdió, perdió la vida."
Vanse los dos
ANDRÓMEDA: ¡Qué sentencia, ay de mí, tan rigurosa,
ésta que contra mí pronuncia el viento!
¡Oh, madre tierra, cuánto temerosa
la planta ya sobre tu esfera asiento!
Tú, que me diste el ser; tú, que la hermosa
fruta me diste para mi sustento,
me das ya sólo espinas, sólo abrojos;
sí, que heredera soy de tus enojos.
Las aves que domésticas me estaban,
las fieras que obedientes me asistían,
los peces que en la orilla me esperaban,
todos se me rebelan y desvían;
todos son contra mí, ¡desdicha grave!:
la flor, la fuente, el pez, la fiera, el ave.
La luz me falta, el día se obscurece,
el cielo titubea, el sol delira,
el labio tiembla, el pecho se estremece,
huye el aliento, el pecho se retira,
palpita el corazón, la luz fallece,
todo es mal, todo es pena, todo es ira,
la tierra hiere y el aire me traspasa,
el mar me anega, el resplandor me abrasa.
Tú, Ciencia, tú, supuesto que informada
de todo estás, ¿habrá dónde me ampare?
Llorando [CIENCIA]
CIENCIA: Yo nada sé; no me preguntes nada,
pues ya sólo sabré lo que estudiare.
ANDRÓMEDA: Inociencia, ¿qué haré? .......[-ada]
..............................[-are]
..............................
..............................
Pues tú sólo, Albedrío -- ¡ay de mí!-- eres
en quien mudanza no hay, en ti confío.
ALBEDRÍO: Toma un consejo y haz lo que quisieres,
que éste siempre será parecer mío,
pues para el bien o el mal que tú eligieres
dispuesto me hallarás, que el Albedrío
no tiene acción.
ANDRÓMEDA: Si todos huís, ¿qué mucho
que diga aquella voz que triste escucho...?
Dentro voces
VOCES: "¡Muera Andrómeda, muera!"
OTROS: "siendo entregada a la marina fiera."
Sale el MUNDO alborotado
MUNDO: ¿Qué voz, Andrómeda, es ésta
que en tierra y mar se publica,
y todo el mundo la tiembla?
ANDRÓMEDA: Sólo sé que, por no oírla,
quisiera volverme al centro
de la tierra y que las mismas
entrañas de quien nací
me sepultaran en vida.
MUNDO: Ciencia, ¿qué es esto?
CIENCIA: No sé.
MUNDO: ¿Tú ignoras?
CIENCIA: ¿De qué te admiras?
MUNDO: Gracia, ¿qué es esto?
GRACIA: Una culpa.
MUNDO: ¿Culpa?
GRACIA: Sí.
MUNDO: ¿Tú fiscalizas?
¿Inociencia?
INOCIENCIA: Que no es nada.
¡Ay!, que fue cierta niñería
sobre cosas de comer
que no importan.
MUNDO: ¿Tú, malicia?
Trocados os hallo a todos.
ALBEDRÍO: A mí no.
MUNDO: ¿No hay quien me diga
qué ha sido esto?
Sale MERCURIO con alas y el caduceo en la mano,
hecho en una espada
MERCURIO: Sí.
MUNDO: ¿Quién?
MERCURIO: Yo,
que soy la sabiduría
del Júpiter soberano;
y así, en mí la imagen miras
de Mercurio, que es la ciencia.
Talares y alas lo digan
y ese caduceo que hoy
es vara de su justicia.
Andrómeda desdichada,
y en triste punto nacida,
pues naces para escarmiento
de otros, ¿qué mayor desdicha?
La Tierra, tu madre, viendo
las flores que la matizan,
los árboles que la adornan,
plantas que la fructifican,
frutos que la desvanecen
y animales que la habitan,
oponerse al cielo quiso,
presumiendo que compita,
no sin ventaja, su verde
pompa aquella cristalina
azul fábrica en que tiene
el gran Júpiter su silla;
a cuyo efecto, creyendo
que ella eternizar podría
sus hijos y, como el cielo,
darles la gracia y la vida,
engendró la venenosa
planta que, fiera y nociva,
tocaste, sin reparar
en que del daño te avisa
la segunda voz de quien
el Albedrío te libra.
El Júpiter verdadero,
que es el que los rayos libra
--de quien yo ministro soy--,
por aquesto te castiga;
siendo la de esta sentencia,
que contra ti se publica,
que atada a un escollo mueras
Tiembla
--porque con esto confirma
que es la culpa de los padres
la que nos ata y nos liga
con la más fuerte cadena--,
entregándote a las iras
de aquesa marina foca
que hoy el mundo atemoriza.
Sal de los jardines; deja
Extremécese
el palacio donde habitas.
Y pues aquesta sentencia,
según presente justicia,
a todos toca escucharla,
a todos toca el cumplirla.
Vase [MERCURIO]
ANDRÓMEDA: ¡Yo, sí! Como hablar no puedo,
y pues de aliento me privan
mis penas, el corazón,
ya que no pronuncie, gima.
MUNDO: Andrómeda, yo no puedo
oponerme a las divinas
sentencias; el Mundo soy
y estoy esperando un día
que una llama me consuma
o que un diluvio me rinda;
y así, Andrómeda, heredero
he de ser de tus desdichas.
ANDRÓMEDA: ¡Padre, señor!
MUNDO: Esto es fuerza.
El oro, las joyas ricas
de que te adorné, me vuelve.
Cuantas fueron de mí unidas,
vuelvan a mí.
Quítaselas
ANDRÓMEDA: Ved, mortales,
que el mundo, cuanto da, quita;
y son sus bienes prestados.
ALBEDRÍO: ¿Que haya mujeres que pidan
viendo que el mundo que corre
es tan ruin que, a cualquier riña,
hay lo de "vengan mis joyas?"
MUNDO: Las tres, con esta acción misma,
la id despojando de todas
las galas que en ella brillan.
GRACIA: La hermosura que te di,
siendo original justicia,
pues que soy Gracia, me vuelve.
En este cristal te mira.
Pónele un espejo, pintada la muerte
ANDRÓMEDA: No me le pongas delante,
que el mirar me atemoriza,
trocados tantos claveles
y tantas rosas marchitas.
Cadáver es mi hermosura;
ya la veo. ¡Quita, quita!
Y pues falta el edificio,
no me hagas llorar la ruina.
ALBEDRÍO: Lo mismo ve aquella vieja
cuando al espejo se mira,
y no hace esos aspavientos
por lo mejor que se pinta.
CIENCIA: Deja esas plumas que fueron
de tu vanidad altiva,
supuesto que el aire ya
las aja mas no las riza.
Quítaselas
ANDRÓMEDA: Toma, Ignorancia, y pues fuiste
Ciencia, esas plumas aplica;
que ellas quizá te darán
lo que ellas quizá te quitan.
ALBEDRÍO: Conforme las emplease,
que si las da a la Poesía
sólo tendrá bueno...
CIENCIA: ¿Qué?
ALBEDRÍO: ...que no morirá de ahita.
INOCIENCIA: Las galas de la Ignociencia
ya es justo que no te sirvan.
Quítala el manto y, si pudiere, el vaquero,
y queda en cotilla y enaguas negras
ANDRÓMEDA: Al verme desnuda, tengo
vergüenza yo de mí misma.
ALBEDRÍO: Tened desvergüenza, pues
con ella hay mil que se vistan.
MUNDO: Desnuda naciste al mundo;
y pues que desnuda espiras,
así es razón [que] te entregue
al ministro que me envía
a ejecutar la sentencia.
ANDRÓMEDA: ¿Quién es?
Sale la MUERTE y, huyendo de ella, ANDRÓMEDA
se va hacia el peñasco, que siempre ha de haber estado
descubierto
MUERTE: Yo.
ANDRÓMEDA: ¡Terrible vista!
Huyendo de ti, este monte
me tengo de echar encima.
MUERTE: Cuanto más huyas de mí,
más te acercas; pues caminas
al escollo que ha de ser
sepulcro de tus cenizas;
por que vean los mortales
que en vano de mí se libran,
pues pisan hacia la muerte
cualquiera paso que pisan.
Átala a una cadena que ha de tener el
escollo y adviértase que no se ha de atar las manos
atrás sino en unas argollas, la una levantada y la otra
baja
Aquí quedarás atada
con las cadenas impías
de tu culpa hasta que llegue
la voraz bestia marina
a quien en sangrientas aras
la Muerte te sacrifica;
que yo no acabo contigo,
porque, en esta alegoría,
no soy la muerte del cuerpo
sino la del alma misma.
MUNDO: ¡Qué pena!
CIENCIA: ¡Qué compasión!
GRACIA: ¡Qué lástima!
INOCIENCIA: ¡Qué desdicha!
ANDRÓMEDA: ¡Padre, señor, no me dejes!
MUNDO: ¿No reconoces, no miras
que todo el mundo no basta
a quien ya llegó a su línea?
Vase [MUNDO]
ANDRÓMEDA: ¡Gracia!
GRACIA: Si lo fuera yo,
¡qué cierta fuera tu dicha!
Vase [GRACIA]
ANDRÓMEDA: ¡Inociencia!
INOCIENCIA: No lo soy.
[Vase INOCIENCIA]
ANDRÓMEDA: ¡Ciencia!
CIENCIA: Aunque como solía
lo fuera, verás que no hay
ciencia que al morir resista.
[Vase CIENCIA]
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