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El DEMONIO en el dragón
DEMONIO: Vivo bajel de las ondas que yo abrasé y encendí, pues de las tribulaciones sulcas el mar --siendo en ti, velas las alas, los pies remos, proa la cerviz, timón la cola y el pecho buque--, quebrando el viril en que, pirata del mar, ya la presa descubrí --pues eres bajel de fuego, y tan de fuego que vi que, para abrasar a otros, primero empiezas por ti--, aborda, aborda, y tus llamas batan el rudo confín de aquel escollo, llevando al puerto de quien salí, por despojos de la empresa que pretendo conseguir, robado al monte su mayo, hurtado al valle su abril. ANDRÓMEDA: ¡Ya se acerca! ¡Piedad, cielos! DEMONIO: No, no tienes que acudir al llanto; ¿puede haber ya quien te dé socorro?
PERSEO sale en lo alto en un caballo
PERSEO: Sí, que hay quien, por que viva ella, sabrá exponerse a morir. DEMONIO: ¿Quién eres, que ya otra vez en otra ocasión te vi? PERSEO: También dije en otra yo que soy quien obra por sí. El divino Perseo soy, que hasta agora discurrí, embozado, cuantos rumbos mira el sol --desde el cenit, en cuya abrasada cuna nace encendido rubí, hasta donde, en urna helada del contrapuesto nadir, muere, pálido topacio--, sólo al generoso fin de satisfacer agravios de quien se vale de mí. Vagando, pues, de una en otra esfera, la voz oí de Andrómeda bella, a cuyo llanto me compadecí; porque su hermosura amé desde el punto que la vi con tanto afecto, que yo puedo con verdad decir lo de vida y alma, pues la alma y la vida la di. A ponerla en libertad vengo, y lo he de conseguir, pues ya vencida la culpa de esa Medusa, a quien di la muerte... DEMONIO: ¿Muerta en Medusa la culpa has dejado? PERSEO: Sí, que, en llegándola a llorar, llega la culpa a morir. DEMONIO: Poco importa que a ella venzas si no me has vencido a mí, que soy la segunda muerte, a quien el último fin le dio el nombre de Fineo. Embiste, pues, que si a ti triunfante te vio Ezequiel en ese caballo, a mí triunfante también me vio, no menos fuerte adalid, Juan en este dragón. PERSEO: Pues, ¿qué aguardas para embestir? ANDRÓMEDA: ¡Cielos, virtud y pecado batalla se dan por mí! DEMONIO: ¡Vuelve, vuelve a la batalla, que en esta mística lid o he de morir o vencer! PERSEO: Yo he de vencer y morir; pues aun herido de muerte te he de postrar. DEMONIO: ¿Cómo? PERSEO: Así: enarbolando esta lanza contra tu vida. DEMONIO: ¡Ay de mí, que a visos de ciento en ciento, que a rayos de mil en mil, deslumbrado a tanta luz, me fuerza el temor a huir! ¡Viento, dadme vuestras alas! ¡Mares, vuestro abismo abrid!
Vase
PERSEO: Ya, Andrómeda, libre estás; que al que te venció, vencí. ANDRÓMEDA: A la lima de tu voz y de tu acento al buril, de mi prisión las cadenas, rotas, me permiten ir para arrojarme a tus plantas. PERSEO: Si el socorro que te di quieres pagarme, de esposa palabra me da. ANDRÓMEDA: Una y mil, no de esposa, mas de esclava te doy; mas si en esta lid herido de muerte estás, ¿cómo la podré cumplir? PERSEO: Como yo solo, a la misma muerte, muriendo vencí. Y así, pues muriendo puedo vencer, triunfar y vivir, prevente para las bodas, que yo bajaré por ti en otra forma a la tierra.
Vase
ANDRÓMEDA: ¡Mortales, venid, venid a ver la mayor victoria que ha podido repetir, ni de los tiempos la voz ni de la fama el clarín! Centro, Elementos, Virtudes, acudid, pues, acudid, ya que a mi primero estado me vuelve a restituir quien pecado, culpa y muerte, muriendo, venció por mí.
Salen TODOS
VIRTUDES: A todas nos da los brazos. ANDRÓMEDA: Una y mil veces feliz, quien vuelve a cobraros. ELEMENTOS: Todos te volvemos a servir y a obedecer. ANDRÓMEDA: Pues los cielos hacen fiesta al convertir de un pecador, celebrad su victoria; prevenid bailes, músicas y fiestas, y vamos a recibir al esposo que me ha dado vida y libertad; cubrid de flores el suelo; haced guirnaldas para ceñir sus sienes, tejiendo en ellas lirio, azucena y jazmín. CENTRO: ¿No nos dirás quién ha sido este vencedor feliz del monstruo del mar? ANDRÓMEDA: Perseo. ALBEDRÍO: ¿Perseo no es el que a mí me dio libertad? Pues tengo hoy de pagárselo aquí con cantar y con bailar. Todos conmigo decid...
Cantan
"¡Viva el divino Perseo, viva el segundo David! TODOS: ¡Viva sin fin! ALBEDRÍO: Pues mató en tierra y en mar la fiera y el filistín. TODOS: ¡Viva sin fin! ALBEDRÍO: Y ciñan su frente los rayos de Ofir, las flores de mayo y las rosas de abril. TODOS: ¡Viva sin fin!" CENTRO: ¿Adónde, que no le vemos, tu esposo está? ANDRÓMEDA: Proseguid la música, que él vendrá, pues que quedó de venir.
Cantan
ALBEDRÍO: "¡Viva el segundo Sansón, que en la más sangrienta lid venció al ciego gentilismo y al idólatra gentil! TODOS: ¡Viva sin fin!" CENTRO: Aún no se ve. ANDRÓMEDA: Su palabra fuerza es que se ha de cumplir. Yo con esta fe le llamo: ¿dónde estás, esposo?
Ábrese un carro en que se verá un altar, y en él una custodia, con ángeles que la tengan; y PERSEO, y al pie del altar MEDUSA y el DEMONIO a sus pies
PERSEO: Aquí, que a las voces de la fe me verás siempre acudir. Aquestas especies, frutos de la espiga y de la vid, siendo mi carne y mi sangre, son en los que he de vivir contigo: antídoto de otro que hizo tu estado infeliz. Los despojos de la guerra traigo conmigo; y ansí, ante aqueste sacramento, miráis postrar y rendir pecado y muerte, ligados con las cadenas que a ti te quité. DEMONIO: ¿Qué mucho es que yo esté rendido aquí, si ante aquese sacramento el más puro serafín se postra también? MEDUSA: ¿Qué mucho que esté triunfando de mí, si soy la muerte, ese árbol que es de la vida? PERSEO: ¡Venid! ANDRÓMEDA: Venid todos, prosiguiendo el religioso festín.
Dos COROS. Cantan
MÚSICA y TODOS: "Viva sin fin y coronen su frente los rayos de Ofir las flores de mayo y las rosas de abril." CENTRO: Miel en boca del león. CIENCIA: Jeroglífico feliz de dulzura y fortaleza. GRACIA: Cristal puro en Rafidín. VOLUNTAD: Rocío en cándida piel. IGNOCIENCIA: Socorro de Abigaíl. AGUA: Agua endulzada en Amara. FUEGO: Rayo encendido en Setín. AIRE: Llovido maná en Horeb. TIERRA: Fértil palma en Efraín. ALEBEDRÍO: Pan que nunca se encarece, aunque no llueva en abril. ANDRÓMEDA: Todos ante ti se postran; todos se rinden a ti.
Cantan
TODOS: "Viva sin fin y coronen tus sienes los rayos de Ofir." MEDUSA: ¿Esto consentís, rencores? DEMONIO: Infiernos, ¿esto sufrís? PERSEO: Éste es el manjar que yo he de dar y prevenir al banquete de mis bodas. ALBEDRÍO: Pues demos al auto fin, pidiendo perdón, volviendo a decir...
Cantan
TODOS: "Que viva sin fin y coronen su frente los rayos de Ofir."

FIN DEL AUTO

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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