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Córtale [a MEDUSA] la cabeza y salta por el tablado
BATO: Eso, yo también lo hiciera a saber que era tan fácil. Salte hacia otra parte usted, seora cabeza, y no salte hacia mí, se lo suplico. LIDORO: Al ver acción semejante, la admiración y el silencio sólo es justo que te alaben. Dame los brazos y piensa qué premio habrá con que pague tan heroica acción. PERSEO: El premio me le ha de dar aquesta sangre y, pues he de cobrar de ella, no es bien que tú me lo pagues. LIDORO: Pues, ¿qué premio de ella aguardas? PERSEO: No sé más de que es constante, si a aquel oráculo creo de Acaya, que ella ha de darle. LIDORO: ¿Eres tú de Acaya? PERSEO: Estaba en ella cuando llegaste tú a su gran templo. LIDORO: Bien dices, porque si vuelvo a acordarme de la sangre de Medusa dijo que había de formarse el remedio de otras ruinas. Mas, aunque el creerlo es fácil, no es fácil el verlo, pues aunque su sangre derrames, ¿adónde el remedio está que de ella puede esperarse? PERSEO: Para responder, la tierra pienso que en bocas se abre.
Ábrese la tierra y sale el caballo Pegaso
LIDORO: ¡Horrible bostezo! Es una grieta, y de ella nace, si no me miente el asombro, un bruto. PERSEO: No es sino una ave pues las alas en el viento es lo primero que bate. LIDORO: Monstruo es de dos especies pues hijo es de tierra y aire. PERSEO: Sobre la cumbre del monte Parnaso, émulo de Atlante, ha parado el primero vuelo. LIDORO: No aquí la admiración pare, pues hiriendo con la uña el fuego a sus pedernales, en vez de brotar centellas brotan líquidos cristales. BATO: La fuente de los poetas será. UNO: ¿Qué hay de que lo saques? BATO: De que quitará la sed y no quitará el hambre. PERSEO: ¿Bato? BATO: ¿Qué quieres? PERSEO: Que al monte subas al punto y me bajes aquel caballo en que pueda volver volando. BATO: No es fácil que suba yo y que él se deje coger de mí. PERSEO: Yo a alcanzarle subiré, pues para mí la tierra le aborta. Tráete tú esa cabeza y conmigo ven. BATO: ¿Qué cabeza? PERSEO: Ignorante, ésa de Medusa. BATO: ¿Yo? PERSEO: ¿Pues quién? BATO: El turco. PERSEO: No tardes. Ázale del suelo y ven.
[BATO] vala a coger y ella salta
BATO: Lleve el diablo quien tal hace. PERSEO: ¡Vive Júpiter, villano! Si no la traes que te mate porque ella ha de ser blasón de mis hechos inmortales. BATO: ¿Por dónde tengo de asirla? PERSEO: Por cualquier truncado áspid. BATO: Buenas señas para mí. ¡Ay, que muerden! PERSEO: No te espanten; que muertos están BATO: Sepamos cuando yo con ella cargue y te siga, ¿en qué he de ir yo si tú volando te partes? PERSEO: A las ancas del Pegaso irás. BATO: Pues, ¿y de qué sabes que sufre ancas? PERSEO: Tráela, pues. BATO: Yo llevo para librarme de los peligros del vuelo linda cabeza de mártir. PERSEO: Vosotros quedad en paz que el volverme es importante. LIDORO: ¿No admitirás de nosotros las gracias de semejante acción? PERSEO: No, que las que espero amor me ha de dar triunfante de otra fiera. LIDORO: Oye, PERSEO: Es en vano. LIDORO: Pues, dinos ya que te partes, ¿quién eres? PERSEO: Perseo, hijo de Júpiter y de Danae.
Vanse [PERSEO y BATO]
LIDORO: ¿Danae y Júpiter? ¡Cielos! Sin duda éste es de sus graves fortunas causa en los celos del rey Acrisio su padre; y, aunque me acuerden los míos, tanto me obliguen sus partes que he de seguirle a saber si puedo en algo pagarle esta fineza, inquiriendo en qué las fortunas paren de Perseo, ilustre hijo de Júpiter y Danae.
Vase LIDORO. Sale la DISCORDIA
DISCORDIA: Ya en Trinacria ninguno hay que esta vara trágica de Juno no le haya tocado; porque atento a las cóleras del Hado contra Andrómeda pida que salve tantas vidas una vida. Ya que cumplió la luna, sombra condicional de la Fortuna, su término, Perseo, no has de lograr el fin de tu deseo, por más que honrar te pudo de Palas bella el cristalino escudo, de Mercurio el dorado caduceo. Y, puesto que ya veo el pueblo conmovido, sea el tumulto música a mi oído; porque no me baldone la ignorancia de bastarda deidad, cuando veloces vea mi idioma en acordadas voces, que suenan con más dulce consonancia, repitiendo la instancia de mi cólera altiva y de mi envidia fiera.
[Hablan] dentro.
VOCES: Muera Andrómeda. TODOS: ¡Muera! VOCES: ¡Viva Trinacria! TODOS: ¡Viva! DISCORDIA: Aquésta sí que es cláusula festiva para la vanidad de mi deseo, y más cuando ya veo lograrse de mis cóleras el fruto; pues vestida de luto, al funesto compás de destempladas cajas, de triste canto acompañadas, Adrómeda camina al teatro fatal de la marina, donde ha de ser de mi rencor indicio, verla de unmonstruo humano sacrificio, antes que volver pueda del África Perseo donde queda imaginando que esta ruina es culpa la derramada sangre de Medusa. Pero, por más que su favor aguarde, ha de llegar o mal o nunca o tarde, pues ya llegan veloces, al compás de las cajas y las voces, al mar, los que publican que esta víctima a Venus sacrifican. Y, aunque tan triste su lamento ha sido, dulce linsonja es para mi oído cada vez que le escucho y a ella veo sin que darla favor pueda Perseo, diciendo con severa lástima a un tiempo crüel y compasiva. UNOS: ¡Viva Trinacria! TODOS: ¡Viva! UNOS: ¡Muera Andrómeda! TODOS: ¡Muera! DISCORDIA: Mal de Perseo su favor espera, aunque el Pegaso ya le dé sus alas, Mercurio el cetro y el escudo Palas.
Vase [la DISCORDIA]. Sale una tropa de MÚSICOS y detrás ANDRÓMEDA, vestida de luto, llorando, y delante CELIO. Cantan
MÚSICOS: "La que nace para ser estrago de la fortuna, supla, calle, llore y sufra, y consolada con que la que es desdicha no es culpa, supla, calle, llore y sufra." ANDRÓMEDA: "La que nace para ser estrago de la fortuna, supla, calle, llore y sufra, y consolada con que la que es desdicha no es culpa, supla, calle, llore y sufra." Miente la alevosa voz que consolarme procura inútilemnte, asentando en los ecos que pronuncia; que, porque culpa no es la que a este fin me reduzca, no es desdicha porque antes, si bien lo advierte y lo juzga, es ser desdicha dos veces; que el que culpado se angustia en la culpa que comete, halla honestada la injuria. Mas quien la padece,--¡ay triste!-- sin cometerla, es locura persuadirse a que es consuelo el fracaso a que se ajusta. Y así, miente, otra vez digo, la voz que aleve articula; que es disculpa de su hado no siendo el hado disculpa. MÚSICOS: "La que nace para ser estrago de la fortuna, supla, calle, llore y sufra." ANDRÓMEDA: ¿Cuánto le fuera mejor a mi fatal desventura morir culpada que no inocente? Estrella injusta, ¿por qué a mí no me dictaste la vanidad, que perjura me condena? Fuera mía pues es mía la fortuna la causa de ella, que yo me holgara, en pena tan dura, de ser la culpada siempre porque no llorara nunca. MÚSICOS: "Que consolada con que la que es desdicha no es culpa, supla, calle, llore y sufra." CELIO: Andrómeda, ya es en vano el llanto. Esta peña dura,
Enseña una peña
que dentro del mar permite que en sus golfos se descubra tan a todas partes, que por todas partes la inundan, cerrando el paso a que puedas desde ella ponerte en fuga, es donde hemos de dejarte entregada a la sañuda cólera de las Nereidas, sacras enmigas tuyas. Ellas han de recibirte para que la ofensa suya en Venus se satisfaga pues Venus es en quien dura. Retiraos todas. Sagradas deidades justas o injustas, ahí os queda vuestra ofensa, ahí os queda vuestra injuria. O remitidla o vengadla que a nuestra obediencia suma toca el ponérosla donde gima ciega y diga muda.
Cantan
TODOS: "La que nace para ser estrago de la fortuna, supla, calle, llore y sufra."
Vanse [todos, dejando a ANDRÓMEDA]
ANDRÓMEDA: ¡Oíd, esperad! Mas--¡ay triste!-- en vano un infeliz busca piedad en orejas que oyen cuando oyen lo que no escuchan. Altos montes de Trinacia, que al cielo elevan las puntas, siendo el cóncavo palacio del alcázar de la luna, rocas rústicas, pilastras de sus dóricas columna, abrid en el centro vuestro la más horrorosa gruta para que a un vivo cadáver le sirva de sepultura antes que siendo este golfo de sus verdes años tumba, la dé un monstruo en sus entrañas pira, monumento y urna. Viva estatua soy de hielo, y como a otra pena acuda..., miento, de fuego la soy, sintiendo dos iras juntas; sin que aquésta aquélla aplaque, ni aquélla a esotra consuma. ¿Quién creerá que en tanta pena, desconsuelo, ansia y angustia, hacerse sepa lugar otra ira, rabia y furia, dando paso la primera a que quepa la segunda? ¿Es posible que aquel joven, después que ciego aventura mi vida y mi honor, se ausente, sin que de mis desventuras sea testigo? Siquiera consolara mis injurias su lástima; que el ver que otro siente, si no alivia, ayuda a hacer más tratable el daño. Mas--¡ay de mí, qué locura! y más cuando dulces ecos
Música dentro
la esfera del aire turban, porque mi llanto y su acento uno en el otro confunda.
Salen seis NEREIDAS vestidas de azul y oro, cantando y bailando todas
TODAS: "¡Albricias hermosa deidad de la espuma, que ya es sacrificio la que antes fue injuria!" NEREIDA 1: "Ya la que soberbia..." NEREIDA 2: "...quiso que presuman,..." NEREIDA 3: "...que reina podía..." NEREIDA 4: "...ser de la hermosura,..." NEREIDA 5: "...víctima es sagrada..." NEREIDA 6: "...a las aras tuyas." TODAS: "¡Albricias hermosa deidad de la espuma, que ya es sacrificio la que antes fue injuria!" ANDRÓMEDA: Bellas ninfas de Nereo, sagrado río, que inunda los imperios de Trinacria, patria mía y patria suya, desde el alto Lilibeo que fue su cuna y mi cuna hasta esta funesta boca, donde con el mar se junta, si sois, como sois, deidades, a quien toda esta cerúlea república no hay escollo en que no os labre y construya templos de coral y nácar en sus bóvedas profundas, mostrad que lo sois en ser piadosas; que no hay ninguna acción en que más se muestre la deidad, que a un dios ilustra, que en la piedad. Y más, cuando a la cuchilla que empuña, el ruego le embota el filo, le mella el llanto a punta. A vuestra plantas postrada yace una pompa caduca que sólo para morir infausta, amaneció augusta. Si mi madre apasionada con amor y sin cordura me alabó, sobradamente el afecto la disculpa. ¿Cuándo el amor de los padres hizo fe? ¿Qué sierpe astuta sus viboreznos no cría con cariño y con blandura pareciéndole que son, llenos de escamas y arrugas, más hermosos que las aves que ramilletes de plumas cuando ellos la tierra arrastran, esotras el aire surcan? Y cuando fuese indecoro que con los dioses presuma competir, ¿fue culpa mía la que fue vanidad suya? Duélaos la flor de mis años. Mirad que el prado os acusa, que cuando floridas todas ésta sola dejéis mustia. Acordaos de que fuimos amigas cuando estas rubias arenas a nuestros bailes la escena dieron, de cuyas mudanzas el viento agora no sin ocasión murmura, viendo que de extremo a extremo pasan; pues siendo las unas festivas, queréis contra arte que a trágicas se reduzcan. Más airosas quedaréis en pasión tan absoluta, como el decir que yo era más hermosa, bella y pura que Venus y que vosotras en hacer, como seguras, desperdicio del baldón y de la arrogancia burla. Contra la enseñanza, no hay silogismo que concluya sin que él mismo a su primera consecuencia se confunda. Dígalo el sol. ¿Qué importara a sus bellas luces rubias que hubiera uno que dijera que le parecían oscuras? ¿Ofendiérase por eso? No, que la venganza suya fuera al que su luz disfama, ver que a su luz se deslumbra. Pues, siendo así, ¿qué más noble, más piadosa, ni más justa satisfacción puedo daros que absorta, elevada y muda arrojarme a vuestras plantas? Pues no puede haber ninguna que más claramente diga quién obedece y quién triunfa. Y pues como allá en el sol, nada a su esplendor perturba y yo confieso que el vuestro a mí, a su sombra me ilustra, no vengativas, no fieras, no crüeles, no sañudas... UNAS: No prosigáis. OTRAS: Calla, calla. NEREIDA 1: No con piedad nos arguya. NEREIDA 2: Sin tiempo nos lisonjeas. NEREIDA 3: Sin ocasión nos adulas. NEREIDA 4: Y pues ya echada la suerte a vista de la Fortuna, humildades afectadas, más que virtud, son industria. De tus ropas te despoja. TODAS: De ti adorno te desnuda.
Desnúdanla
ANDRÓMEDA: ¡Amigas! NEREIDA 5: En competencia de discreción y hermosura, no hay amigas que no sean enemigas. ANDRÓMEDA: ¡Suerte injusta! NEREIDA 6: En este elevado escollo están las cadenas duras que han de atarla. ANDRÓMEDA: ¡Ay infelice! TODAS: En él arrastrando suba.
Átanla a un escollo con unas cadenas
ANDRÓMEDA: ¿Para qué? Soltad; que yo, corrida de que la angustia úsase del rendimiento, quiero apelar a la furia. Falsas, mentidas deidades, de vuestro rencor se induzca, pues no puede serlo, en quien, rogada, la saña dura. Ya no quiero que piadosas conmigo estéis, pues ninguna desdicha puede ya serlo para mí más importuna que ver desaprovechada de las lágrimas la astucia en quien usa tan mal de ellas que de ellas con fieras usa. Y así por echarle a mal, ya el llanto de afecto muda que ninguna piedad vuestra será mejor que ninguna. Y supuesto que el despecho mejor que yo lo divulga, voluntariamente doble la cerviz a la coyunda. Este destinado escollo, cátedra de mi fortuna, el peso de mis desdichas sobre sus espaldas sufra. Y habiendo de llorar a alguien llore a aquesta peña ruda, antes que a vosotras; pues menos toscas, menos brutas son las que ostentan el serlo que las que lo disimulan. NEREIDA 1: Llega esas argollas, ata. NEREIDA 2: Ve, y esa cadena añuda. NEREIDA 3: Sí haré. NEREIDA 4: Y yo también. NEREIDA 5: Agora, verás si el viento te escucha. TODAS: ¿Quién merece ser, tú o Venus, la reina de la hermosura?
Vanse, dejándola atada al escollo
ANDRÓMEDA: ¿Cuál de vosotras, estrellas, de cuantas la arquitectura celeste esmaltáis, a quien es dado que ansias influyan, la mía es? No es porque quiere darla quejas, lo pregunta la voz, que antes para darla gracias, en saberlo estudia, el ver que tan liberal en mí su influjo ejecuta, que haga que quepan en mí todas las desdichas juntas. ¿Habrá, dime, ¡o tú entre tantas la más pobre, más oscura, más trémula, más infausta más apagada y más turbia! ¿Habrá, digo, en este estado, porque digas que no apura mi voz tu poder, algún consuelo, esperanza alguna?
[Con estos versos va saliendo en la mar un monstruo que viene acercándose al escollo. Cantan dentro los Ecos
ECO: "Una..." ANDRÓMEDA: Una el eco me responde; mas, ¡ay! que no es piedad suya sino delito; pues siempre algo de lo que oye hurta. Y así por mi desconsuelo volver pretendo a la duda. ¿Qué más puede ser que sea mi infelice desventura? ECO: "...ventura..." ANDRÓMEDA: Segunda vez, ladrón eco, la postrer sílaba usurpas de mi última razón. Mas no por eso, segunda causa, creeré que te trae. ECO: "...hay..." ANDRÓMEDA: Pues nada en ti me asegura. ECO: "...segura." ANDRÓMEDA: ¿Qué fuera--¡ay de mí!-- que el eco algo en mi favor pronuncia? Pues a mis preguntas dice, si sus respuestas se aúnan, que en el estado que estoy "una ventura hay segura." Mas, ¿qué ventura--¡ay de mí!-- puede ser si ya se enturbian las ondas a la batida que al disforme estatura de un vivo escollo que, ya
Saliendo fuera la fiera toda de escamas
bajel animado, surca al mar encrespa la tez de su verdinegra bruma, de sus presas y sus garras viene aguzando las puntas contra mí?
[Hablan dentro PERSEO y BATO]
PERSEO: En aquesta peña te apea. BATO: Es cosa muy justa.
Aparece PERSEO en el caballo, en lo alto, con lanza y escudo

Las fortunas de Andrómeda y Perseo part 9

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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