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JORNADA TERCERA
Salen BATO y PERSEO, con el escudo y caduceo PERSEO: Si no me mienten las señas, allí del caduco Atlante, allí de noble alquería, allí de intricado parque, éste es el sitio que vengo buscando. BATO: Así Dios te guarde, que, si no es contra etiqueta de caballeros andantes decir a sus escuderos algunos de los dislates que se les ponen en testa, que me digas qué te trae a estos africanos montes con tanta prisa. PERSEO: Si sabes, que desatadas las Furias embravecieron los mares, que derrotado llegué a las discreción del aire a la boca del Nereo que en el mar trinacrio se hace medio mar y medio río, centauro de dos cristales; si sabes que venturoso vi, en su avenenada margen, en luces una hermosura que había visto en sombras antes; que celoso del engaño que padeció loco amante, a despecho de su amor osadamente cobarde, dijo el oráculo que manda que Andrómeda aplaque las iras de Venus, siendo víctima del formidable monstruo cuyas altas peñas que el mar repetido bate, han de ser del sacrificio los sacrílegos altares; si sabes que de su vida mi vida pendiente yace, siendo el término una luna que ya declina al menguante; porque siempre altos deseos se ejecutan mal o tarde; y si sabes finalmente, que el verme en tantos pesares Mercurio y Palas, en quien hierve sin fuego la sangre del gran Júpiter, me adornan de este escudo de diamante y este caduceo con que venciendo el común ultraje de Medusa volver pueda, donde, altivo y arrogante, con un horror venza otro, ¿qué preguntas? BATO: ¿Ahora sales con que a buscar a Merluza vienes? Por ventura, ¿sabes que es una mujer que tiene por moño y por aladares milagros y basiliscos, con licencia del romance? PERSEO: Sí, sé. BATO: Pues, ¿cómo con esa flema vienes en su alcance? PERSEO: Como no hay riesgo que no venza, temor que no allane, peligro que no atropelle, dificultad que no arrastre un amor que lo que adora ve en peligro. Si llegases tú a saber cómo se siente el menos violento achaque de quien gasta a un mismo tiempo su vida y la de su amante, vieras que aun el más difícil remedio parece fácil. Mas tú, ¿por qué has de saberlo; que primores semejantes no caben en pechos viles? Sólo en reales pechos caben. Y pues no veo la hora de conseguir el fin antes que de los contados días el breve término pase, mira si habrá quien nos diga por ese monte, ese valle, del sitio donde esta fiera se alberga. BATO: ¿No es disparate que de la que todos huyen quieras que te diga nadie? PERSEO: Pues sígueme. BATO: ¿Qué papel me he de hacer yo? PERSEO: El de ayudarme a dale muerte. BATO: Para eso mejor es que un doctor llames y a un boticario, que son asesinos familiares. PERSEO: Sígueme digo. BATO: ¿Habrá, cielos, nacido en el mundo alguien menos a los sastres dado y más dado a los desastres? PERSEO: No temas, pues vas conmigo. BATO: Contigo iba, y si no echase a correr, me hubieran dado con algo un poquito antes; y pues ya tengo experiencia que es remedio saludable el huír, déjame huír.[Habla] dentro LIDORO LIDORO: ¡O prendeles o matadles! BATO: Pues que nos dan a escoger, el prendernos es más fácil. PERSEO: ¿Qué gente y armas es ésta?Sale LIDORO con algunos, con arcos y flechas LIDORO: Ignorados caminantes, a quien trae su destino sin saber adonde os trae, daos a prisión. BATO: Yo por mí dado estoy. ¿Dónde es la cárcel? PERSEO: ¿Éste no es el otro joven de Acaya? LIDORO: ¿Qué esperas? Date a prisión. PERSEO: ¿Pues qué delito es que este monte pisase? LIDORO: Ninguno; mas sin ninguno hay hados inexorables que dan la muerte sin culpa de quien muera ni quien mate. Y, porque con el consuelo mueras de que ellos te hacen la sinrazón y no yo, infelice joven, sabe que este monte de Medusa teatro es en cuyo boscaje no hay verde tronco que no sea un humano cadáver. No han bastado contra ella sacrificios, hasta darle a Júpiter en Acaya humos, que ardieron en balde. De su sangre, respondió, que habían de fabricarse los remedios de otras ruinas; y así hoy los naturales hemos elegido un medio para derramar su sangre. Éste es que todos, armados de arcos y flechas, se amparen de las sombras de los troncos y, poniendo a sus umbrales condenado a muerte a uno, sea el reclamo que la saque para que, mientras él muere, todos los demás disparen y corone amor de plumas a la flecha que la alcance. Sobre cuál había de ser al que la suerte tocase fue voto ser el primero que por esta senda pase. A los dos cupo la suerte; y, pues en desdichas tales podéis quejaros de todos sin ofenderos de nadie y uno es el que ha de morir, agora entre los dos echarse podrá otra suerte. UNO: Es en vano supuesto que hay ley que mande que cuando de dos el uno muera y el otro se salve, sea el que muera el de peor cara; y así ése se ate de pies y manos.Cogen a BATO BATO: ¿Pues yo, cuando esa ley se guardase, soy el de peor cara? UNO: Sí, y mucho peor. BATO: No se engañen. Facción por facción me miren; verán que soy como un ángel. Miren ¡qué rostro si lloro! Si río, ¡miren qué semblante! Al mesurarme, ¡qué tez! Y ¡qué ceño! al enojarme. UNO: Éste ha de ser el que muera. BATO: Miren que soy como un ángel sino que no caen el ello. PERSEO: Si la novedad os place de que haya quien morir quiera, haced cuenta que me cabe la suerte. Yo me prefiero ser quien a Medusa llame. Y, como espada ni escudo me quitéis, a sus umbrales iré delante de todos. LIDORO: Si a aquesto te atreves, parte; que aquel edificio que a tierra en ruinas se abate es su albergue. PERSEO: Retiraos todos, y solo dejadme. LIDORO: Retiraos y cada uno detrás de su tronco aguarde. UNO: Tengamos aquéste preso por si esotro se escapare. BATO: Sayón de capa y espada, ¿qué os va a vos en que me maten? LIDORO: ¿Quién será este joven, cielos, tan soberbio y arrogante? BATO: Es un joven cosicosa, que se sabe y no se sabe.Vanse [todos y queda PERSEO] PERSEO: ¿Qué es aquesto, corazón? ¿Agora con pavor lates? Mas, ¡ay!, que el primer recelo no es de ánimo cobarde porque una cosa es temerle y otra cosa es despreciarle. Sus dos hermanas, sin duda, son las que a la puerta salen. Hasta mejor ocasión estas ruinas me recaten.Salen SIRENE y LIBIA. [Escóndese PERSEO] LIBIA: Mientras que Medusa duerme porque no nos sabresalte ningún temor, la campaña reconozcamos. SIRENE: De nadie pisada se mira. LIBIA: En tanto que nuestros desvelos guarden su sueño, para engañar la posta, el cuidado cante.Canten LIBIA: "Pisa, pisa con tiento las flores quedito, pasito, amor, que no sabes en cual de ellas se esconden los celos." SIRENE: "Y puesto que son de tus flores el áspid..." LOS DOS: "...no, no los despiertes; duerman y callen." PERSEO: Quien, al tomar uno y otra vuelta, a una y a otra tocase con aqueste caduceo introduciendo el süave sueño de Argos en sus ojos porque, ellas dormidas, paseToca con el caduceo a LIBIA y después a SIRENE yo adonde duerme Medusa. Mercurio, mi intento ampare. LIBIA: "Pisa, pisa, [con tiento] las flores, quedito, pasito, amor, que no sabes..." ¿Qué es esto? ¿Qué ardiente hielo hay que en mis venas se esparce? ¿Qué me extremece? SIRENE: ¿Qué tienes? LIBIA: No sé. Pasa tú adelante. SIRENE: "...en cual de ellas se esconden los celos, y puesto que son de sus flores el áspid..." Mas, ¡ay triste! A mí también hay letargo que me embargue los sentidos. LIBIA: ¿Qué te turba? SIRENE: Tampoco lo sé. PERSEO: Ya hace su efecto el sueño. LIBIA: A pesar velamos, de efectos tales.Cantan LAS DOS: "No, no los despiertes; duermen y callen." SIRENE: En vano yo me resisto. LIBIA: También yo me animo en balde. SIRENE: Vela tú, mientras yo duermo. LIBIA: No a mí el cuidado me encargues, mejor velarás que yo. SIRENE: Pues venzámonos iguales diciendo una y otra vez para que el sueño se engañe.Cantan LAS DOS: "Pisa, pisa con tiento las flores quedito, pasito, amor, que no sabes en cual de ellas se esconden los celos, y puesto que son de tus flores el áspid... No, no los despiertes; duerman y callen."Duérmense PERSEO: Ya al sueño las dos rendidas, no hay quien la entrada me guarde. Por medio pasaré de ellas. Mas, ¡ay, que al paso me sale Medusa! ¿Qué haré después de verme si helado, antes que me vea, me ha dejado el ver monstruo semejante?Sale MEDUSA vestida de pieles y la cabeza llena de culebras MEDUSA: ¿Cómo de mis dos hermanas hoy el siempre vigilante cuidado fallece? ¿Cuándo fue posible que me falte de una la asistencia el tiempo que el venenoso coraje de mis nunca muertas iras rendido al sueño descanse? ¿Qué hubiera sido si alguno, de tantos como combaten mi vida, hubieran gozado de esta ocasión y, al hallarme sin ojos que me defiendan, hubieran podido darme la muerte? ¡Libia! ¡Sirene! ¡En profundo sueño yacen! PERSEO: Cobrado el primer asombro que el verla me dio, acercarme puedo ya en fe de este escudo. MEDUSA: ¡Sirene! ¡Livia! No trate despertarlas; que no es sueño sino letargo el que hace tan no usado efecto en ellas. ¡Oh, vengativas deidades, en cuya ojeriza vivo para horror de los mortales, racional fiera en los montes, humano monstruo en los valles! ¿Qué novedad será ésta de que hoy me desamparen las que me velan? PERSEO: ¡Medusa! MEDUSA: ¿Quién puede haber que a nombrarme se atreva, siendo mi nombre tan escándalo en el aire que aun a los ecos, tal vez, cayeron muertas las aves? PERSEO: ¡Medusa! MEDUSA: ¿Cúya eres, voz tan osada que me llames cuando otras me huyeron? PERSEO: Vuelve los ojos. MEDUSA: Y en ellos tales iras que ellas te escarmienten de osadía semejante...Enseñale el espejo mas, ¡ay infeliz de mí! ¿Qué es lo que miro? PERSEO: Tu imagen. MEDUSA: ¿Ésta soy yo? PERSEO: Sí, ésta eres. MEDUSA: ¿Qué mucho que a todos mate si aún me da la muerte a mí el horror de mi semblante? ¡Qué horrible forma! ¡Qué fea! ¡Qué asombrosa! ¡Qué espantable! Quita, o tú quien quiera que eres, ese cristal de delante de mis ojos. No cometas en mí barbarismos tales como hacer la que padece de la persona que hace. PERSEO: Si das la muerte a quien miras, mírate a ti. MEDUSA: Que me espante de mí es fuerza, y que de mí huya.Entra MEDUSA huyendo y PERSEO detrás de ella PERSEO: Seguiré tu alcance. MEDUSA: ¡Sirene, Libia, acudidme a valerme, y ampararme que me dan muerte! SIRENE: Las voces de Medusa el viento trae. LIBIA: Si ha despertado, a asistirla las dos acudamos, antes que sepa el descuido.[Habla] dentro MEDUSA MEDUSA: ¡Ay triste! SIRENE: Pues, ¿de cuándo acá sus ayes lastimosamente suenan? LIBIA: Vamos a ver qué lo cause.Vanse [LIBIA y SIRENE]. Salen MEDUSA y PERSEO PERSEO: A tu vista muere. MEDUSA: No me aflijas más. Baste, baste el saber que mi veneno ya por mis venas se esparce y que cebado en mi mismo corazón tan sin mí late que neutral de fuego y nieve ni bien hiela ni bien arde. PERSEO: Hasta que tu mismo aliento te ahogue, te deje y te falte, te ha de estar dando en los ojos la luz de aquestos cristales. MEDUSA: Cerraré los ojos yo; mas, ¡ay de mí que ya es tarde! Pues ya mi ponzoña ha hecho su efecto en mí; que cobarde no hay ira que no fallezca. No hay rencor que no desmaye; mas con todo huiré de ti porque yo conmigo acabe respirando Etnas de fuego, Mongibelos y volcanes sólo porque no blasones, sólo porque no te alabes que tú me diste la muerte. PERSEO: Por más que de mí huir trates, te he de seguir hasta que vierta mi acero tu sangre.Éntrase huyendo y salen las dos [SIRENE y LIBIA] LIBIA: De un hombre huyendo, vencida, aquí tropieza allí cae. SIRENE: Huyamos, Libia, pues fuimos de desdicha semejante causa, no a las dos también su venganza nos alcance. LIBIA: Dices bien, aquestos montes nos favorezcan y amparen.Salen LIDORO y gente LIDORO: Deteneos. ¿Dónde vais? SIRENE: Huyendo por no ver darle la muerte a Medusa un joven.Vanse [SIRENE y LIBIA] LIDORO: Vamos todos a ayudarle; que es vergonzosa omisión que un extranjero nos gane el aplauso. BATO: ¿Para qué hemos de ir si ya ella sale huyendo de él?[Salen MEDUSA seguida de PERSEO] PERSEO: Aunque intentes huir al monte, he de alcanzarte. MEDUSA: ¿Qué más pretendes de mí si ya me resisto en balde, y tropezando en mi sombra soy de mi misma cadáver? PERSEO: Agora, que ya en la tierra muerta a tu veneno yaces, este acero será bien que con tu púrpura esmalte las flores de África, adonde nazca en cada gota un áspid.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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