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ANDRÓMEDA:    ¿Yo?
FINEO:              Sí.
ANDRÓMEDA:              ¿Qué te debo?
FINEO:                                  Nada.                    
ANDRÓMEDA:     Nada y mucho.  ¿Cómo puede 
               ser?
FINEO:              Como es mucho, señora,
               para que yo...
ANDRÓMEDA:                   Di.
FINEO:                            ...lo aprecie;
               y nada para que tú
               lo agradezcas, que quien quiere                   
               tan rendido como yo,
               tan constante, y tan prudente
               nunca es mucho lo que calla,
               siempre es poco lo que siente.
ANDRÓMEDA:     Huélgome de no saber                    
               la causa porque no quede
               en obligación.
FINEO:                        Y yo
               me huelgo de que te huelgues;
               que no es poca granjería
               de un triste hacer un alegre.                     
ANDRÓMEDA:     No lo estoy yo, que antes sufro
               destemplados accidentes
               de muchas melancolías
               que la tregua que hoy conceden
               sólo es ignorar que haya                   
               que tenga que agradecerte.
FINEO:         Pues ignorarlo no importa;
               que el que una fineza ofrece
               por ganar las gracias, no
               la sirve sino la vende.                           
ANDRÓMEDA:     Eso es decir que la hay,
               y basta para que deje
               de ser fineza.
FINEO:                        No basta;
               que hay unas de tal especie
               que, aunque se dicen, se callan.                  
ANDRÓMEDA:     ¿Cómo?
FINEO:                Como no se pueden
               adivinar y se quedan
               dichas y calladas siempre.
ANDRÓMEDA:     Tan poca curiosidad
               la mía es que no me mueve                  
               a saberla.
FINEO:                     Eso me basta
               para que yo serlo piense.
ANDRÓMEDA:     Y esotro, para que cansen
               groserías tan corteses.
               ¡Hola!
LAURA:                ¿Señora?
ANDRÓMEDA:                    Un venablo                  
               me da, Laura.
LAURA:                      Aquí le tienes.
ANDRÓMEDA:     Ninguna al monte me siga.
               Quieren los cielos que encuentre
               con alguna fiera en quien
               tan necios desaires vengue.                       

Vase [ANDRÓMEDA]
FINEO: ¿Cuándo, Laura, han de tener término las altiveces con que siempre me ha tratado? LAURA: Tarde o nunca me parece; porque tarde o nunca hay quien lo que es natural enmiende. FINEO: Luego, ¿tarde o nunca --¡ay triste!-- será posible que lleguen a enmendarse mis desdichas? Y así habré de vivir siempre diciendo...
[Habla] dentro la DISCORDIA
DISCORDIA: ¡Ay de mí, infelice! FINEO: ¿Qué nuevo lamento es éste? LAURA: Están tan acostumbrados a repetidos desdenes estos montes y estos mares que no hay quien saber intente quien se queja; bien que allí derrotado me parece que ha dado en tierra un pequeño esquife.
[Habla] dentro PERSEO
PERSEO: ¡Cielos, valedme! FINEO: Menos la segunda voz que la primera me mueve porque de mujer aquélla me pareció, y pues no puede a lástimas de mujer noble oreja ensordecerse, seguir tengo el boreal norte de su suspiro.
Vase [FINEO]
LAURA: Crüeles hados, ¿cuándo han de acabarse tantas ansias?
[Sale al paño] la DISCORDIA
DISCORDIA: Cuando llegue la venenosa sed mía en sangre a satisfacerse de Perseo, por quien hoy Mercurio y Palas me ofenden. Y pues que las desatadas Furias su armada acometen de suerte que no hay bajel que por rumbos diferentes no haya arribado, dejando en su amparo solamente un esquife, que a esta playa le ha sacado, en ella intenten perseguirle mis rencores, a cuya causa pretenden darle en Fineo un contrario tan poderoso, tan fuerte, que con sus celos le mate o, por lo menos, le empeñe a que muera despechado. A cuyo fin será este bosque de amor y de celos, teatro en que represente sus tragedias su fortuna. Y para que el acto empiece, --¡ay infelice de mí!-- repetiré tantas veces cuantas muevan a Fineo que, tras mis ecos, se acerque donde vea sus desdichas. Atención, orbes celestes, al mayor de mis engaños.
[Hablan] dentro PERSEO vestido de galán y BATO, de soldado ridículo
PERSEO: ¡Valedme, cielos! BATO: Valedme a mí también, si es que hay piedad para los sirvientes.
Salen [PERSEO y BATO]
PERSEO: ¿Qué intricada selva es ésta, donde las iras crüeles del mar nos han derrotado? BATO: Muy lindo descuido es ése pues, ¿a quién se lo preguntas? ¿Sé yo más de que imprudente después que de aquel infierno, que te he contado otras veces, salí, te hallé de una armada general y, por hacerte lisonja, quise seguirte pasándome neciamente a ser escudero andante? ¿Sé más de que tus bajeles embestidos de las Furias que desatadas te ofenden, apartados unos de otros todos de vista se pierden? ¿Sé más que por tomar tierra en un esquife te metes conmigo? Pues, ¿qué me haces preguntas impertinentes? PERSEO: Mira si acaso descubres población, cabaña o gente por aqueste despoblado. BATO: ¡Muy linda flema te tienes cuando ves que en todo el monte sólo hay riscos con que encuentre. PERSEO: ¿Para qué, deidad injusta, que a cargo mi vida tienes, verdad los sueños hiciste de aquella sombra aparente? ¿Para qué la revelaste por extraños accidentes a Polídites quién era Danae? ¿Para qué, inclemente, le pusiste en que la armada a la conquista me diese de mi patria si al primero paso a mi dicha previenes que para dar con los males sólo acechase los bienes? Dejárasme en mi desdicha sin que de un punto a otro hiciese la cuna de mis pesares sepulcro de mi placeres. Mas, ¿qué temo de los hados ni contrastes, ni vaivenes; que nunca crece a ser grande el que sin desdichas crece? Sígueme por esta parte.
Sale ANDRÓMEDA
ANDRÓMEDA: Allí las hojas se mueven. Sin duda, allí alguna fiera emboscada yace. Muere a la acerada cuchilla de mi venablo. PERSEO: Detente, divino asombro, porque, si es que mi vida te ofende, a menos costa del golpe tienes lograda mi muerte. ANDRÓMEDA: Galán joven es. No en vano vista y acción se suspenden. DISCORDIA: ¡Ay, infelice de mí! ¿No hay quien a amapararme llegue?
Vase [la DISCORDIA] y sale FINEO [al paño]
FINEO: Si llamas huyendo, ¿cómo habrá quien contigo encuentre? Mas, ¡ay infeliz!, ¿qué miro? ¿Cúyo, errado acento, eres que me llamas con piedades y con rigores me ofendes? PERSEO: ¿Para qué segunda vez, hermosa deidad, pretendes que con tus sombras me alumbre y con tus luces me ciegue? Para rendirme a tus plantas no es menester que ensangrientes el asta, que ya tú sabes cuán sin peligro me vences. FINEO: ¿Gallardo joven --¡ay triste!-- a Andrómeda humildemente postrado adora? Estas ramas me oculten hasta que llegue a ver si mienten mis celos; mas, ¿cuándo los celos mienten? ANDRÓMEDA: Extranjero peregrino, enmudecida dos veces me tienes a tus acciones y a tus razones me tienes. ¿Cuándo me viste otra vez? PERSEO: Si importa que yo me deje engañar--porque quizá alguien en tu alcance viene-- yo lo haré; pero no quieras que conmigo no me acuerde de otra vez que vi tus soles para mi menos crüeles. ANDRÓMEDA: ¿Tú me has visto otra vez? PERSEO: Sí. Por señas de que tú eres a quien debo honor y vida. ANDRÓMEDA: Hombre, ¿tú a mí, qué me debes? FINEO: Sin duda que ella me ha visto y disimular pretende. PERSEO: Débote el primer aliento para que imagine y piense que soy más de lo que soy al ver que me favoreces llevándome donde vea de aquél, mi primer oriente, el extraño origen. ANDRÓMEDA: ¿Yo? ¿Dónde, cómo u de qué suerte? BATO: Mas, ¿qué la hace creer él que la ha visto otra veces? PERSEO: Tú lo sabes. ANDRÓMEDA: No sé nada, y déjame. No me fuerces a decirte que te engañas. Y que para que pretendes valerte de otras traiciones si puedes, joven, valerte de tu gala y de tu brío. ¿Pero quién mi aliento mueve? ¿De cuándo acá --¡ay infelice!-- se dieron mis altiveces al partido del agrado? Miente el labio, la voz miente, huya el peligro. PERSEO: Eso no. ANDRÓMEDA: Suelta. PERSEO: Aguarda. ANDRÓMEDA: Aparta. PERSEO: Tente, que no ya como otra vez has de ser sombra aparente que desvanecida huyas. ANDRÓMEDA: Pues, ¿quién podrá detenerme?
Sale FINEO, empuñando la espada
FINEO: Yo podré para que veas, dando a ese joven la muerte a tus ojos... ANDRÓMEDA: ¡Ay de mí! PERSEO: ¿Uno de los dos no es éste que vi en el templo de Acaya? FINEO: Que el duelo de las mujeres está en que ellas nos agravien y en que en los hombres se vengue. Muera un infeliz a manos de un feliz, y quien merece de ti el honor y la vida que confiesa que te debe. PERSEO: Primero será la tuya de mi espíritu valiente trofeo. BATO: Esto nos faltaba. ANDRÓMEDA: Tente, joven. Fineo, tente. FINEO: Deja que quien muere mate. PERSEO: Deja que mate quien muere.
Dice la DISCORDIA dentro
DISCORDIA: Ya que conseguí el principio, conseguir el fin no deje. Llegad todos; que a Fineo dan dos extranjeros muerte. BATO: No da sino solo uno; que yo soy, si bien se advierte, cero veces cero, nada.
Salen el REY [de Trinacria] y soldados
REY: Muera quien mi sangre ofende. PERSEO: ¿Qué es morir? Todos sois pocos como a mí este sol me aliente. BATO: No son, señor, sino muchos. Huye. PERSEO: ¿Qué eso me aconsejes pudiendo morir matando? BATO: Pues si el consejo no quieres, mira cómo yo le tomo.
Vase BATO
ANDRÓMEDA: ¡Quien vio confusión más fuerte! FINEO: Esperad. No le matéis. REY: ¿Pues tú su vida defiendes? FINEO: Sí, porque no ha de morir con tan generosa suerte como a vista de quien ama desesperado y valiente. No quiero que muera airoso a vista de lo que quiere porque el acero y los ojos no le equivoquen la muerte y muriendo de la herida que muere del amor piense. Y, pues que en llegando a celos, no hay pundonor que no cese; pues el que siente más noble es quien más infame siente. Civilmente de los dos mis sinrazones me venguen. Quien me acuse de tirano de ingrato, fiero y aleve, vea sus celos, verá que el más atento y prudente puede callar con desprecios, pero con celos no puede. Quien pierde una dama, menos sensible dolor padece para que muera, que cuando para otro galán la pierde. El Oráculo, que yo callé sacrilegamente, manda que al sañudo, al fiero monstruo, Andrómeda se entregue. No creáis a mis desdichas; creed a todos los que vienen conmigo. Y pues del silencio mi ceguedad os absuelve. Hablad todos, decid todos si es verdad que el cielo quiere que a Venus se satisfaga con la que a Venus ofende. Entregadle si queréis que vuestras desdichas cesen; cesarán también las mías si a la distancia se atiende de la lástima a la envidia; pues menos inconveniente será ver a la que adoro --ya que a perderla me fuercen-- en poder de quien la mate que en poder de quien la aprecie. REY: Oye... ANDRÓMEDA: Aguarda... REY: ...escucha... ANDRÓMEDA: ... espera... REY: ...tirano... ANDRÓMEDA: ...traidor... REY: ...aleve... ANDRÓMEDA: ...que celoso te recuso pues miente tu voz. CELIO: No miente. Esto Júpiter ordena y, pues ya público viene a estar, entregarla trata que sea al fin cuya fuere. Menos importa una vida que tantas como perecen. UNOS: Andrómeda muera. OTROS: Muera. REY: Vasallos y amigos fieles, no un despecho os ocasione a seguirle y a creerle. TODOS: La verdad es la que ha dicho. REY: Dadme plazo en que lo llegue a averiguarlo. CELIO: Una luna por mí el pueblo te concede.
Vanse
REY: Yo lo aceto. ¡Oh, si entre tanto mi fin y no el tuyo viese! ANDRÓMEDA: ¡Suerte injusta! REY: ¡Triste hado! ANDRÓMEDA: ¡Fiera pena! REY: ¡Estrella fuerte! ¡Ay, hija, lo que me cuestas!
Vase [el REY]
ANDRÓMEDA: ¡Ay, joven, lo que me debes!
Vase [ANDRÓMEDA]
PERSEO: ¿Qué es lo que pasa por mí? ¿Quién vio en un espacio breve tantas penas, tantas ansias, como mi vida acometen, como mi discurso asaltan, y mis pensamientos vencen? ¿Para qué le revelaste por extraños accidentes a Polídites, quién era Danae? ¿Para qué, inclemente, le pusiste en que la armada a la conquista viniese de mi patria, si al primero paso a mi dicha previenes que para dar con los males solo acechase los bienes? Dioses, si algún auxiliar de una hermosura se duele, de unos celos se lastima, de un amor se compadece, permitidme que me diga piadoso, humano y clemente, ¿de qué suerte podré yo volver por mí?
Sale MERCURIO, cantando
MERCURIO: "De esta suerte: Ama, espera y confía; porque no puede el que vence sin riesgo decir que vence." PERSEO: ¿Quién eres, hermoso joven, que dulce y veloz dos veces suspendes, no sin asombro, el aire en que te suspendes? ¿Quién eres, que tremolando los alados martinetes del sombrero y del coturno vuelas pájaro celeste? MERCURIO: "Soy quien de tus altos hechos, Perseo, a su cargo tiene; que la Discordia no logre las iras con que te ofende. Mercurio soy, que a animarte vengo, para que no entregues al acaso la esperanza, ni al valor al accidente. No temas, pues, de los hados ni contrastes ni vaivenes; que nunca crece a ser grande quien sin sobresaltos crece."
Llega al suelo
"Ama, espera y confía; porque no puede el que vence sin riesgo decir que vence." PERSEO: Perdóname, que de ociosa a tu persuación moteje, pues el brío a que persuades yo le tengo. MERCURIO: "Pues, ¿qué temes?" PERSEO: Que falten medios al brío con que generoso intente la ejecución. MERCURIO: "Pues, porque lo menos de mí no pienses, quiero de mi caduceo hacerte dueño. Con este cetro de áspides atado los ojos de Argos se aduermen. Aduerme con él los ojos de Medusa, porque llegues vencido un monstruo a vencer otro." PERSEO: Aunque es justo que acepte, humilde puesto a tus plantas, el alto don que me ofreces, ¿de qué suerte podrá el cetro asegurar que me acerque sin que a lo lejos su vista me mate antes?
PALAS, en una apariencia en alto
PALAS: "De esta suerte: Ama, espera y confía; porque no puede el que vence sin riesgo decir que vence. Yo que la deidad de Palas soy, a quien también competen tus triunfos porque no menos que a Mercurio me engrandecen, a su don vengo a añadirte este escudo transparente que de Estérope y de Bronte le dio la fatiga temple. Experiencia es que si el fiero basilisco a sí se viese a sí se mate porque en sí su veneno vierte." PERSEO: Sí, mas ¿cómo recibirle puedo? Porque no es decente pedirte que tú le bajes que si Mercurio desciende a la tierra. No es lo mismo que tú el alto solio dejes de tu epiciclo; que, al fin, deidad de otro sexo eres cuyo respeto me turba, me embaraza y me suspende, para que no te suplique que del orbe que transciendes abatas el vuelo; pues para que se privilegien mujeres que son deidades, no dejan de ser mujeres. PALAS: "Agradecida de oír tus atenciones corteses, quiero, que el camino partan rendimientos y altiveces. Y ansí, porque no descienda yo, ni tú recibir dejes el don, te envío esa nube. Baje ella y yo me quede, para que, puesto tú en ella, subas adonde te entregue el escudo."
Sube PERSEO en la nube
PERSEO: ¡Qué favor! MERCURIO: "Tú, Perseo, le mereces que eres de Júpiter hijo, y pues mi hermana lo quiere, conmigo hasta el cielo sube." PERSEO: Tu caduceo el tridente será con que yo, felice, piélagos de luz navegue. PALAS: "Sube a mi sagrado solio..." MERCURIO: "Sube a los orbes celestes..." PALAS: "...donde mi escudo recibes..." MERCURIO: "...donde mi favor te aliente..." PALAS: "...para que felice triunfes..." MERCURIO: "...para que dichoso reines..." PALAS: "...venciendo dificultades." MERCURIO: "...allanando inconvenientes." PERSEO: Ninguno habrá para mí que no postre, no atropelle como aqueste escudo embrace y este caduceo gobierne. LOS DOS: "Pues en esta confïanza digamos una y mil veces:" "Ama, espera y confía; porque no puede el que vence sin riesgo decir que vence."

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

Las fortunas de Andrómeda y Perseo part 7

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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