This file was last updated on February 14, 1998
DANAE: Sabrás, padre, que ya están
nuestros sucesos...
Dentro voces
VOCES: ¡Aparta!
¡Ténganse!
DANAE: ¡Ay de mí!
CARDENIO: Hacia allí
oí ruidos de cuchilladas.
Voy a saber si es Perseo.
Vase [CARDENIO]
DANAE: Tras ti iré.
Sale LIDORO
LIDORO: ¡Detente, aguarda!
Que yo he fingido este ruido
porque su industria me valga
para hablarte.
Salen POLÍDITES y LIBIO al paño
POLÍDITES: Sola el viejo
la dejó. Bien es que salga;
mas otro --¡ay de mí!--- por mano
me ganó.
LIBIO: Pues oye y calla.
DANAE: Lidoro, ¿pues no bastó
la seña de que callaras,
para que la obedecieras?
LIDORO: Con gente, sí, pero...
DANAE: Aparta.
LIDORO: Estando sola, ¿cómo es
posible que mi esperanza
que llora tu muerte, pueda?
DANAE: No prosigas. ¡Basta, basta!
Que importa mucho que nadie
sepa quién soy.
POLÍDITES: Oye y calla.
que aquí, sin duda, algún grave
secreto hay que los dos guardan.
LIDORO: Si por un retrato tuyo,
bella Danae soberana...
POLÍDITES: ¡Danae dijo! ¿Si es aquélla
que es asunto de la fama?
LIDORO: ...vine a verte; si celoso
Acrisio tu padre, a causa
de nuestras enemistades,
te encerró en aquel alcázar
que apenas rompió Favonio,
veloz amante de Laura,
si de él, no sé por qué...
DANAE: ¡Ay triste!
LIDORO: ...transcendiendo su venganza
de crüel a escandalosa,
de terrible a temeraria,
en un derrotado leño
supe que te echó a las aguas,
y sobre tantas fortunas
te hallo en traje de villana.
¿Cómo es posible que deje,
a costa de via y alma,
de socorrer tus desdichas,
de socorrer tus desgracias,
y saber, Danae, en qué puedo
ampararte?
Sale CARDENIO
CARDENIO: No fue nada
el ruido. Ven, Diana bella.
Sale POLÍDITES
POLÍDITES: Detente, Danae, no vayas...
CARDENIO: ¿Qué escucho?
DANAE: ¿Qué oigo?
LIDORO: ¿Qué veo?
POLÍDITES: ...sin que primero mi saña
castigue dos osadías,
contra mi decoro ambas,
bien que la tuya, extranjero,
mandándote que te vayas
y habiendo vuelto, parece
que hay sagrado que la valga,
y así, a precio de que sepa
de ti quién es esta rara
perfección, quiero a la queja
hacer de tu vida gracia.
Vete, pues, y advierte que
si aquí otra vez...
LIDORO: Señor...
POLÍDITES: Nada
me digas.
LIDORO: ¡Ay infelice!
Yo me iré pues mi contraria
suerte, para volver sólo
a perderla, volvió a hallarla.
¡Ah, fortuna de extranjeros,
por cuántos desaires pasan!
Vase [LIDORO]
POLÍDITES: ¿Cómo, bárbaro villano,
cuando tengo puestas guardas
a estos montes y a estos mares
porque nadie entre ni salga
sin que yo lo sepa, vos
ocultáis en vuestra casa
quizá la beldad que espero,
de quien mis reinos aguardan
los trofeos, las victorias
y los aplausos que sabia
anticipa en las estrellas
la luz de la judiciaria?
¡Vive el cielo, que a mis manos
has de morir!
DANAE: ¡Señor...!
POLÍDITES: Nada
ha de valerle tu ruego
porque eres tú a quien agravia.
CARDENIO: Señor, yo...
Sale PERSEO
PERSEO: ¿Qué es lo que miro?
POLÍDITES: ¡Muere, traidor!
PERSEO: Ten la daga,
señor, y emplea...
DANAE: ¡Ay de mí!
PERSEO: ...su cuchilla en mi garganta
que mejor cortará en estos
bríos que en aguellas canas.
POLÍDITES: Levanta, Perseo, del suelo,
que tú y Danae...
PERSEO: (¡Pena rara! Aparte
Danae dijo.)
POLÍDITES: ...desde hoy
habéis de deberme tantas
finezas que la primera
su vida es...
LOS DOS: Beso tus plantas.
POLÍDITES: ....y porque no aquí se quede
el principio a mi esperanza,
¡Libio!
LIBIO: ¿Señor?
POLÍDITES: A la corte
es bien que al instante partas
y que prevenido vuelvas
de carrozas, joyas, galas,
y todos los aparatos
que convienen a una infanta
de Epiro. Y a ti, porque
iguales extremos hagas
con los dos, mi amor te ofrece
darte ejércitos y armadas
con que vengues tus agravios
y restituyas tu patria.
Porque has de saber, Perseo,
que eres de sangre tan alta
que en aquesta obligación
me pone el cielo, venganza
de la tiranía de Acrisio,
tu abuelo, que en una barca
al arbitrio de la espuma
pobre, sola y derrotada
a Danae contigo en brazos
al mar, sin vela ni jarcia
entregó a las fieras ondas.
Paréceme que te extrañas
de que lo sepa; pues no
lo extrañes porque crïadas,
si con oro callan, Danae,
dos días, cuatro no callan.
Y así, pues con tus sucesos
hoy mis sucesos se enlazan,
dándose la mano a un tiempo
tu noticia y mi esperanza,
ven conmigo en tanto que
Libio de la corte traiga
lo que he mandado, y vosotros,
pastores de estas montañas,
venid a pedirme albricias.
TODOS: ¡Vivan Perseo y Dïana!
POLÍDITES: No digáis Dïana, Danae
es el nombre que la ensalza.
PERSEO: ¿Si es que sueño todavía?
Pero sueñe o no, me basta
ser hijo de mis delirios
para emprender cosas altas.
GILOTE: ¡Viva Danae, y tú perdona
a quien se pone a tus plantas!
PERSEO: Alzad, amigos, que todos
habéis de ser en tan raras
fortunas interesados.
DANAE: De confusa y de turbada,
nada a responder acierto.
CARDENIO: Ni yo acierto a decir nada.
DANAE: Padre, adiós.
CARDENIO: En dos pedazos
el corazón me arranca.
POLÍDITES: Venid, y si fue hasta aquí
vuestra fortuna contraria,
ya favorable será.
Vanse [TODOS] y sale la DISCORDIA
DISCORDIA: No será, porque mi rabia
impedir sabrá sus dichas.
Sale MERCURIO y canta
MERCURIO: "Sí será, porque mi instancia
todas sabrá hacer que llegue
a cumplirlas y lograrlas."
DISCORDIA: ¿Qué es esto, traidor Mercurio?
¿No basta--¡ay de mí!--, no basta
que con tan pública nota
me echase del cielo Palas
sino que en la tierra tú
también me persigas?
MERCURIO: "Calla,
y persuádete a que yo
asistirle tengo en cuantas
acciones intente."
DISCORDIA: Pues,
yo tengo de embarazarlas
con mayor poder, y ansí
al arma, Mercurio.
MERCURIO: "Al arma,
Discordia. Y viva quien venza."
Vase la DISCORDIA y sale BATO
BATO: ¡Bravas novedades andan
en estos montes, pardiez!
Que dicen que la arrogancia
de Perseo va saliendo
verdad. Éste de las alas
me lo dirá. Callabero,
¿es verdad el runrún que anda
de que es príncipe Perseo
y que su madre Dïana
es una reina?
[Siempre MERCURIO habla] cantando
MERCURIO: "Verdad
es."
BATO: ¡Ay, Dios, y qué bien canta!
No vi tan buen pajarote
jamás en tronco ni rama.
Vuelva a decirme otra vez
si es verdad.
MERCURIO: "Verdad es clara."
BATO: ¡Ay Dios, y qué gorgoritos
que tiene aquí en la garganta!
¿Es algún ruin-señor?
MERCURIO: "Sí."
BATO: Lo creo en Dios y en mi alma
que aunque lo señor no veo
lo ruin sí.
MERCURIO: "¿Dónde?"
BATO: En la barba.
MERCURIO: "Ya que te agradas de mí,
págame lo que te agradas
de una cosa."
BATO: Sí, haré.
MERCURIO: "Tras esa mujer te anda
por donde quiera que fuere
y sábeme cuanto trata;
que cuando tú me lo digas,
yo te aseguro la paga."
BATO: Yo lo haré, e iré tras ella
por donde quiera que vaya,
a cuyo efeto me quedo
escondido entre estas matas
desde donde alcanzo a verla.
MERCURIO: "Con aquesta vigilancia
sin que se guarde de mí,
vendré a saber cuánto trata
para que anden mis favores
delante de sus venganzas."
Vase [MERCURIO] y vuelve a salir la DISCORDIA por
otra parte, recatándose
DISCORDIA: Hermosa deidad de Juno divina,
dime, pues sola te invoca mi voz,
¿cómo consientes los ojos de Argos
que aduerma Mercurio también al pavón?
Mira que van en tu ofensa y mi ofensa
Palas altiva y Mercurio traidor,
mejorando aquestas fortunas
y que yo no puedo lidiar con los dos.
Escucha mi acento.
Sale JUNO en una tramoya pasando y canta
JUNO: "Ya escucho tu acento,
Discordia, y verás que te amparo y te doy
tales armas que puedas con ellas
lidiar esa diosa y vencer ese dios."
BATO: Otro pájaro canta en el aire
y no menos bien está. ¡Vive ños,
que pienso que andan los dioses en celo!
DISCORDIA: Pues, ¿qué arma ha de ser que esperándola estoy?
JUNO: "Recibe esta vara, y sacude con ella
las duras entrañas de aquese terror;
que expira entre nieve el fuego que guarda
por muerta pavesa de su corazón.
A su golpe el Báratro todo
verás que obedece, y rasgando veloz
sus entrañas en cuyo Cocyto
la Hidra y Cerbero primer guarda son.
A su contacto adormece con ella
el uno y el otro tartárico horror,
y pasa a las Furias y di que dispongan
de Danae y Perseo la persecución.
Con cuya asistencia no dudo, Discordia,
que pueda tu aliento sangriento y atroz
no sólo embotar a Mercurio y a Palas,
en ésta lo fiero, en aquél lo veloz;
pero de Jove, mi adúltero esposo
la publicidad de dorada traición
y si a las luces del sol la sacare
empañe también las luces del sol."
Cruza [JUNO] el teatro y desaparece
DISCORDIA: Pues ya que me dejas la vara en la mano,
verás que al Vesuvio de Acaya feroz
hoy, rasgando las duras entrañas,
penetro lo horrible y descubro lo atroz.
BATO: Bien raras cositas me han sucedido
pero, con todo, tras ella me voy.
DISCORDIA: ¡Oh, tú, duro centro!
BATO: Allí se ha parado.
Bien para echar a este parte estoy.
DISCORDIA: Al precepto de Juno tus senos
franquee al acento infeliz de mi voz
y, en disonante música opuesta
a la de los dioses, oíd mi invocación.
Cantan dentro las tres FURIAS
FURIAS: "¿Qué quieres, Discordia? Que ya a tu obediencia
nos mandan abrir Proserpina y Plutón."
BATO: ¡Ay de mí! ¿Qué demonios es esto?
DISCORDIA: ¿Quién habla a esta parte?
BATO: Un maldito mirón
que se ha metido en garitos del diablo
sin qué, ni por qué, a mirar tal visión.
DISCORDIA: Ya que seguirme quisiste--
y aun a mí este horror me espanta--
ve tú delante; que un miedo
de otro miedo se acompaña.
BATO: ¿Yo delante? Aqueso no;
que a mí el ir detrás me mandan.
DISCORDIA: Pasa adelante.
Aparece la HIDRA de siete cabezas
BATO: ¡Ay de mí!
¡Qué mal manojo de caras!
DISCORDIA: No temas.
BATO: No es fácil eso.
DISCORDIA: Pues a buen lado te apartas.
[Aparece CERBERO] de tres cabezas
BATO: Tres bocas tiene sin ser
pistola, boleta o llaga
este, a un tiempo perro, gozque
y perro braco, y de falda.
DISCORDIA: Toma esta vara y con ella
sacude aquellas gargantas
y esas fauces.
BATO: ¿Qué son frauces?
DISCORDIA: Llega.
BATO: Llegue ella y su alma.
DISCORDIA: En virtud de Juno, duerme,
Hydra, y tú, Cerbero, calla,
y vosotras responded,
oh Furias, que encarceladas
yacéis.
FURIA 1: "¿Qué nos atormentas?"
FURIA 2: "¿Qué nos quieres?"
FURIA 3: "¿Qué nos mandas?"
DISCORDIA: Que de este centro saliendo,
me ayudéis a que deshaga
de Perseo las fortunas
que ya su gran nombre ensalza.
FURIA 1: "Yo ofrezco alterar las ondas
de suerte que sus armadas,
al primer paso que den,
corran en el mar borrasca."
FURIA 2: "Yo, donde fuere perdido,
furias le sembraré tantas
que la menor será amor
con celos, sin esperanza."
FURIA 3: "Yo ese amor y esa tormenta
creceré a penas tan raras
que le pondré en los mayores
riesgos, tormentas y ansias."
DISCORDIA: Pues con esa condición
yo aceto las tres palabras;
y, en fe de que asistiréis
las tres siempre a mi venganza
salid del centro y volved
a cerrar de sus entrañas
el duro horroroso seno.
BATO: Eso no hasta que yo salga,
seor Cancerbero, Hidra adiós;
y veámonos mañana.
Vase [BATO]
LAS TRES: "Ve segura, que a las tres
tendrá siempre tu esperanza
prontas para tu obediencia."
DISCORDIA: Pues, Furias, al arma.
LAS TRES: "Al arma."
DISCORDIA: Que tengo de ver, si el infierno os desata,
qué vale Mercurio ni qué puede Palas.
Vanse y cúbrese todo. Salen FINEO y CELIO
FINEO: A tierra, a tierra, y haciendo
alto todos, nadie llegue
primero que yo a las plantas
de Andrómeda, que la breve
esfera de aquella quinta
hizo su fábrica verde
o bien de su oriento ocaso
o mal de su ocaso oriente.
CELIO: Dicha ha sido que tan presto
saliera a tierra la gente
antes de verse asaltada
de dos contrarios crüeles.
FINEO: ¿Cómo?
CELIO: Como apenas vio
la foca el varado huésped
de sus ondas cuando horrible
las turbadas alas mueve
haciéndole que zozobre
al espolón de su frente
al tiempo que amotinado
de espuma el imperio leve
montes de piélagos hace
que al sol la cerviz encrespen.
FINEO: ¡Oh mar, y de cuántas vidas
eres deudor!
CELIO: ¡Triste suerte
mandó a la armada que vimos
que hecha ciudad de bajeles,
a Epiro iba.
FINEO: Al cielo gracias
que arribé yo, aunque no tiene
mucho de piedad el que
para ser vencido vence.
¿Avisaste, Celio --¡ay triste!--
a cuantos conmigo vienen
que a nadie a decir se atreva
el oráculo inclemente
de Andrómeda?
CELIO: Sí, señor,
bien que inútil me parece.
FINEO: ¿Por qué?
CELIO: Porque no hay secreto
que entre muchos se conserve;
y más cuando de un peligro
están los demás pendientes.
FINEO: Cumpla mi amor con mi amor
que menos inconveniente
es quitar a todos vida
que dar a Andrómeda muerte.
Sale el REY de Trinacria, ANDRÓMEDA y damas
REY: Por las señas del bajel
conocí que el tuyo fuese.
No tanto porque su porte,
velas y jarcias me acuerden,
cuanto porque lo que previne
que otro ninguno pudiese
sulcar estos mares, pues
nadie sin los intereses
particulares, tocara
las amenazas crüeles
de ese bandido pirata
que nunca en mi daño duerme.
FINEO: Mayores riesgos, señor,
es justo que yo desprecie
en tu servicio, y mayores
peligros e inconvenientes
en el de Andrómeda a quien
suplico, después que bese
tus pies, que me dé licencia
para que rendido intente
poner los labios adonde
ella las plantas; pues tienen
tan buenas señas labios
que no es posible que yerren
el sitio, pues al hermoso
contacto de fuego y nieve
cuantos va ajando en jazmines
viene brotando en claveles.
ANDRÓMEDA: Guárdete el cielo. (¡Ay Fortuna! Aparte
¿Dónde dicen que estar suelen
Sirtes y Escilas, si al fin,
sin que unas y otras encuentre
un aborrecido parte,
y un aborrecido vuelve?)
REY: ¿Qué hay, Fineo, del intento
que te ausentó? ¿Ahora enmudeces?
¿Mirando al cielo suspiras?
Y si los ojos no mienten,
¿las lágrimas que recatas
bien, como hurtadas las viertes?
¿Qué es esto?
FINEO: No sé, señor;
mas sí sé. (¡Amor, no me afrentes!)
Júpiter en Venus bella,
por los informes aleves
de las ninfas de Nereo,
ofendido está, de suerte
que con víctimas humanas
desea satisfacerse.
Vírgenes vidas, aun no
de amor las nevadas sienes
domadas al yugo, que
fácil peso y carga débil,
han de ser su sacrificio
si ya de su sed ardiente
la hidropesía no apaga
sangre de Medusa aleve.
Medusa, monstruo africano,
cuyo cabello de sierpes
coronado, es duro asombro
de cuantos desde su albergue
basilisco de las vidas
en duros troncos convierte.
Su sangre, de nuestro monstruo
es el tósigo que puede,
con su veneno postrarle
con su tosigo vencerle.
De suerte que, hasta que haya
quien uno matar intente
no es posible morir otro;
y aún no es el mayor mal éste,
sino alguno que quizá
es fuerza que yo reserve,
porque es tan escandaloso,
tan riguroso, tan fuerte
que aun callado mata. Mira
lo que hará dicho.
REY: Suspende
la voz, Fineo. Y pues no
hay medio que nos consuele,
muramos todos a manos
de esta venenosa peste
hasta que Venus aplaque
tantas cóleras y cesen
las repetidas querellas
de las Nereidas crüeles.
ANDRÓMEDA: Ya extrañaba yo que había
consuelo que tú trajeses.
FINEO: Pues aun, si bien lo supieras,
lo extrañaras de otra suerte.
ANDRÓMEDA: ¿Cómo?
FINEO: Como sólo hay uno
para todos, y no debes
saber tú de él.
ANDRÓMEDA: No me espanto;
que si tú le traes, no puede
ser consuelo para mí.
FINEO: Por más, señora, que esfuerces
de tus aborrecimientos
los no olvidados desdenes,
por lo menos esta vez
no me quitarás que llegue
a saber yo para mí
que es mucho lo que me debes.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu