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DANAE:            Sabrás, padre, que ya están
               nuestros sucesos...

Dentro voces
VOCES: ¡Aparta! ¡Ténganse! DANAE: ¡Ay de mí! CARDENIO: Hacia allí oí ruidos de cuchilladas. Voy a saber si es Perseo.
Vase [CARDENIO]
DANAE: Tras ti iré.
Sale LIDORO
LIDORO: ¡Detente, aguarda! Que yo he fingido este ruido porque su industria me valga para hablarte.
Salen POLÍDITES y LIBIO al paño
POLÍDITES: Sola el viejo la dejó. Bien es que salga; mas otro --¡ay de mí!--- por mano me ganó. LIBIO: Pues oye y calla. DANAE: Lidoro, ¿pues no bastó la seña de que callaras, para que la obedecieras? LIDORO: Con gente, sí, pero... DANAE: Aparta. LIDORO: Estando sola, ¿cómo es posible que mi esperanza que llora tu muerte, pueda? DANAE: No prosigas. ¡Basta, basta! Que importa mucho que nadie sepa quién soy. POLÍDITES: Oye y calla. que aquí, sin duda, algún grave secreto hay que los dos guardan. LIDORO: Si por un retrato tuyo, bella Danae soberana... POLÍDITES: ¡Danae dijo! ¿Si es aquélla que es asunto de la fama? LIDORO: ...vine a verte; si celoso Acrisio tu padre, a causa de nuestras enemistades, te encerró en aquel alcázar que apenas rompió Favonio, veloz amante de Laura, si de él, no sé por qué... DANAE: ¡Ay triste! LIDORO: ...transcendiendo su venganza de crüel a escandalosa, de terrible a temeraria, en un derrotado leño supe que te echó a las aguas, y sobre tantas fortunas te hallo en traje de villana. ¿Cómo es posible que deje, a costa de via y alma, de socorrer tus desdichas, de socorrer tus desgracias, y saber, Danae, en qué puedo ampararte?
Sale CARDENIO
CARDENIO: No fue nada el ruido. Ven, Diana bella.
Sale POLÍDITES
POLÍDITES: Detente, Danae, no vayas... CARDENIO: ¿Qué escucho? DANAE: ¿Qué oigo? LIDORO: ¿Qué veo? POLÍDITES: ...sin que primero mi saña castigue dos osadías, contra mi decoro ambas, bien que la tuya, extranjero, mandándote que te vayas y habiendo vuelto, parece que hay sagrado que la valga, y así, a precio de que sepa de ti quién es esta rara perfección, quiero a la queja hacer de tu vida gracia. Vete, pues, y advierte que si aquí otra vez... LIDORO: Señor... POLÍDITES: Nada me digas. LIDORO: ¡Ay infelice! Yo me iré pues mi contraria suerte, para volver sólo a perderla, volvió a hallarla. ¡Ah, fortuna de extranjeros, por cuántos desaires pasan!
Vase [LIDORO]
POLÍDITES: ¿Cómo, bárbaro villano, cuando tengo puestas guardas a estos montes y a estos mares porque nadie entre ni salga sin que yo lo sepa, vos ocultáis en vuestra casa quizá la beldad que espero, de quien mis reinos aguardan los trofeos, las victorias y los aplausos que sabia anticipa en las estrellas la luz de la judiciaria? ¡Vive el cielo, que a mis manos has de morir! DANAE: ¡Señor...! POLÍDITES: Nada ha de valerle tu ruego porque eres tú a quien agravia. CARDENIO: Señor, yo...
Sale PERSEO
PERSEO: ¿Qué es lo que miro? POLÍDITES: ¡Muere, traidor! PERSEO: Ten la daga, señor, y emplea... DANAE: ¡Ay de mí! PERSEO: ...su cuchilla en mi garganta que mejor cortará en estos bríos que en aguellas canas. POLÍDITES: Levanta, Perseo, del suelo, que tú y Danae... PERSEO: (¡Pena rara! Aparte Danae dijo.) POLÍDITES: ...desde hoy habéis de deberme tantas finezas que la primera su vida es... LOS DOS: Beso tus plantas. POLÍDITES: ....y porque no aquí se quede el principio a mi esperanza, ¡Libio! LIBIO: ¿Señor? POLÍDITES: A la corte es bien que al instante partas y que prevenido vuelvas de carrozas, joyas, galas, y todos los aparatos que convienen a una infanta de Epiro. Y a ti, porque iguales extremos hagas con los dos, mi amor te ofrece darte ejércitos y armadas con que vengues tus agravios y restituyas tu patria. Porque has de saber, Perseo, que eres de sangre tan alta que en aquesta obligación me pone el cielo, venganza de la tiranía de Acrisio, tu abuelo, que en una barca al arbitrio de la espuma pobre, sola y derrotada a Danae contigo en brazos al mar, sin vela ni jarcia entregó a las fieras ondas. Paréceme que te extrañas de que lo sepa; pues no lo extrañes porque crïadas, si con oro callan, Danae, dos días, cuatro no callan. Y así, pues con tus sucesos hoy mis sucesos se enlazan, dándose la mano a un tiempo tu noticia y mi esperanza, ven conmigo en tanto que Libio de la corte traiga lo que he mandado, y vosotros, pastores de estas montañas, venid a pedirme albricias. TODOS: ¡Vivan Perseo y Dïana! POLÍDITES: No digáis Dïana, Danae es el nombre que la ensalza. PERSEO: ¿Si es que sueño todavía? Pero sueñe o no, me basta ser hijo de mis delirios para emprender cosas altas. GILOTE: ¡Viva Danae, y tú perdona a quien se pone a tus plantas! PERSEO: Alzad, amigos, que todos habéis de ser en tan raras fortunas interesados. DANAE: De confusa y de turbada, nada a responder acierto. CARDENIO: Ni yo acierto a decir nada. DANAE: Padre, adiós. CARDENIO: En dos pedazos el corazón me arranca. POLÍDITES: Venid, y si fue hasta aquí vuestra fortuna contraria, ya favorable será.
Vanse [TODOS] y sale la DISCORDIA
DISCORDIA: No será, porque mi rabia impedir sabrá sus dichas.
Sale MERCURIO y canta
MERCURIO: "Sí será, porque mi instancia todas sabrá hacer que llegue a cumplirlas y lograrlas." DISCORDIA: ¿Qué es esto, traidor Mercurio? ¿No basta--¡ay de mí!--, no basta que con tan pública nota me echase del cielo Palas sino que en la tierra tú también me persigas? MERCURIO: "Calla, y persuádete a que yo asistirle tengo en cuantas acciones intente." DISCORDIA: Pues, yo tengo de embarazarlas con mayor poder, y ansí al arma, Mercurio. MERCURIO: "Al arma, Discordia. Y viva quien venza."
Vase la DISCORDIA y sale BATO
BATO: ¡Bravas novedades andan en estos montes, pardiez! Que dicen que la arrogancia de Perseo va saliendo verdad. Éste de las alas me lo dirá. Callabero, ¿es verdad el runrún que anda de que es príncipe Perseo y que su madre Dïana es una reina?
[Siempre MERCURIO habla] cantando
MERCURIO: "Verdad es." BATO: ¡Ay, Dios, y qué bien canta! No vi tan buen pajarote jamás en tronco ni rama. Vuelva a decirme otra vez si es verdad. MERCURIO: "Verdad es clara." BATO: ¡Ay Dios, y qué gorgoritos que tiene aquí en la garganta! ¿Es algún ruin-señor? MERCURIO: "Sí." BATO: Lo creo en Dios y en mi alma que aunque lo señor no veo lo ruin sí. MERCURIO: "¿Dónde?" BATO: En la barba. MERCURIO: "Ya que te agradas de mí, págame lo que te agradas de una cosa." BATO: Sí, haré. MERCURIO: "Tras esa mujer te anda por donde quiera que fuere y sábeme cuanto trata; que cuando tú me lo digas, yo te aseguro la paga." BATO: Yo lo haré, e iré tras ella por donde quiera que vaya, a cuyo efeto me quedo escondido entre estas matas desde donde alcanzo a verla. MERCURIO: "Con aquesta vigilancia sin que se guarde de mí, vendré a saber cuánto trata para que anden mis favores delante de sus venganzas."
Vase [MERCURIO] y vuelve a salir la DISCORDIA por otra parte, recatándose
DISCORDIA: Hermosa deidad de Juno divina, dime, pues sola te invoca mi voz, ¿cómo consientes los ojos de Argos que aduerma Mercurio también al pavón? Mira que van en tu ofensa y mi ofensa Palas altiva y Mercurio traidor, mejorando aquestas fortunas y que yo no puedo lidiar con los dos. Escucha mi acento.
Sale JUNO en una tramoya pasando y canta
JUNO: "Ya escucho tu acento, Discordia, y verás que te amparo y te doy tales armas que puedas con ellas lidiar esa diosa y vencer ese dios." BATO: Otro pájaro canta en el aire y no menos bien está. ¡Vive ños, que pienso que andan los dioses en celo! DISCORDIA: Pues, ¿qué arma ha de ser que esperándola estoy? JUNO: "Recibe esta vara, y sacude con ella las duras entrañas de aquese terror; que expira entre nieve el fuego que guarda por muerta pavesa de su corazón. A su golpe el Báratro todo verás que obedece, y rasgando veloz sus entrañas en cuyo Cocyto la Hidra y Cerbero primer guarda son. A su contacto adormece con ella el uno y el otro tartárico horror, y pasa a las Furias y di que dispongan de Danae y Perseo la persecución. Con cuya asistencia no dudo, Discordia, que pueda tu aliento sangriento y atroz no sólo embotar a Mercurio y a Palas, en ésta lo fiero, en aquél lo veloz; pero de Jove, mi adúltero esposo la publicidad de dorada traición y si a las luces del sol la sacare empañe también las luces del sol."
Cruza [JUNO] el teatro y desaparece
DISCORDIA: Pues ya que me dejas la vara en la mano, verás que al Vesuvio de Acaya feroz hoy, rasgando las duras entrañas, penetro lo horrible y descubro lo atroz. BATO: Bien raras cositas me han sucedido pero, con todo, tras ella me voy. DISCORDIA: ¡Oh, tú, duro centro! BATO: Allí se ha parado. Bien para echar a este parte estoy. DISCORDIA: Al precepto de Juno tus senos franquee al acento infeliz de mi voz y, en disonante música opuesta a la de los dioses, oíd mi invocación.
Cantan dentro las tres FURIAS
FURIAS: "¿Qué quieres, Discordia? Que ya a tu obediencia nos mandan abrir Proserpina y Plutón." BATO: ¡Ay de mí! ¿Qué demonios es esto? DISCORDIA: ¿Quién habla a esta parte? BATO: Un maldito mirón que se ha metido en garitos del diablo sin qué, ni por qué, a mirar tal visión.

DISCORDIA: Ya que seguirme quisiste-- y aun a mí este horror me espanta-- ve tú delante; que un miedo de otro miedo se acompaña. BATO: ¿Yo delante? Aqueso no; que a mí el ir detrás me mandan. DISCORDIA: Pasa adelante.

Aparece la HIDRA de siete cabezas
BATO: ¡Ay de mí! ¡Qué mal manojo de caras! DISCORDIA: No temas. BATO: No es fácil eso. DISCORDIA: Pues a buen lado te apartas.
[Aparece CERBERO] de tres cabezas
BATO: Tres bocas tiene sin ser pistola, boleta o llaga este, a un tiempo perro, gozque y perro braco, y de falda. DISCORDIA: Toma esta vara y con ella sacude aquellas gargantas y esas fauces. BATO: ¿Qué son frauces? DISCORDIA: Llega. BATO: Llegue ella y su alma. DISCORDIA: En virtud de Juno, duerme, Hydra, y tú, Cerbero, calla, y vosotras responded, oh Furias, que encarceladas yacéis. FURIA 1: "¿Qué nos atormentas?" FURIA 2: "¿Qué nos quieres?" FURIA 3: "¿Qué nos mandas?" DISCORDIA: Que de este centro saliendo, me ayudéis a que deshaga de Perseo las fortunas que ya su gran nombre ensalza. FURIA 1: "Yo ofrezco alterar las ondas de suerte que sus armadas, al primer paso que den, corran en el mar borrasca." FURIA 2: "Yo, donde fuere perdido, furias le sembraré tantas que la menor será amor con celos, sin esperanza." FURIA 3: "Yo ese amor y esa tormenta creceré a penas tan raras que le pondré en los mayores riesgos, tormentas y ansias." DISCORDIA: Pues con esa condición yo aceto las tres palabras; y, en fe de que asistiréis las tres siempre a mi venganza salid del centro y volved a cerrar de sus entrañas el duro horroroso seno. BATO: Eso no hasta que yo salga, seor Cancerbero, Hidra adiós; y veámonos mañana.
Vase [BATO]
LAS TRES: "Ve segura, que a las tres tendrá siempre tu esperanza prontas para tu obediencia." DISCORDIA: Pues, Furias, al arma. LAS TRES: "Al arma." DISCORDIA: Que tengo de ver, si el infierno os desata, qué vale Mercurio ni qué puede Palas.
Vanse y cúbrese todo. Salen FINEO y CELIO
FINEO: A tierra, a tierra, y haciendo alto todos, nadie llegue primero que yo a las plantas de Andrómeda, que la breve esfera de aquella quinta hizo su fábrica verde o bien de su oriento ocaso o mal de su ocaso oriente. CELIO: Dicha ha sido que tan presto saliera a tierra la gente antes de verse asaltada de dos contrarios crüeles. FINEO: ¿Cómo? CELIO: Como apenas vio la foca el varado huésped de sus ondas cuando horrible las turbadas alas mueve haciéndole que zozobre al espolón de su frente al tiempo que amotinado de espuma el imperio leve montes de piélagos hace que al sol la cerviz encrespen. FINEO: ¡Oh mar, y de cuántas vidas eres deudor! CELIO: ¡Triste suerte mandó a la armada que vimos que hecha ciudad de bajeles, a Epiro iba. FINEO: Al cielo gracias que arribé yo, aunque no tiene mucho de piedad el que para ser vencido vence. ¿Avisaste, Celio --¡ay triste!-- a cuantos conmigo vienen que a nadie a decir se atreva el oráculo inclemente de Andrómeda? CELIO: Sí, señor, bien que inútil me parece. FINEO: ¿Por qué? CELIO: Porque no hay secreto que entre muchos se conserve; y más cuando de un peligro están los demás pendientes. FINEO: Cumpla mi amor con mi amor que menos inconveniente es quitar a todos vida que dar a Andrómeda muerte.
Sale el REY de Trinacria, ANDRÓMEDA y damas
REY: Por las señas del bajel conocí que el tuyo fuese. No tanto porque su porte, velas y jarcias me acuerden, cuanto porque lo que previne que otro ninguno pudiese sulcar estos mares, pues nadie sin los intereses particulares, tocara las amenazas crüeles de ese bandido pirata que nunca en mi daño duerme. FINEO: Mayores riesgos, señor, es justo que yo desprecie en tu servicio, y mayores peligros e inconvenientes en el de Andrómeda a quien suplico, después que bese tus pies, que me dé licencia para que rendido intente poner los labios adonde ella las plantas; pues tienen tan buenas señas labios que no es posible que yerren el sitio, pues al hermoso contacto de fuego y nieve cuantos va ajando en jazmines viene brotando en claveles. ANDRÓMEDA: Guárdete el cielo. (¡Ay Fortuna! Aparte ¿Dónde dicen que estar suelen Sirtes y Escilas, si al fin, sin que unas y otras encuentre un aborrecido parte, y un aborrecido vuelve?) REY: ¿Qué hay, Fineo, del intento que te ausentó? ¿Ahora enmudeces? ¿Mirando al cielo suspiras? Y si los ojos no mienten, ¿las lágrimas que recatas bien, como hurtadas las viertes? ¿Qué es esto? FINEO: No sé, señor; mas sí sé. (¡Amor, no me afrentes!) Júpiter en Venus bella, por los informes aleves de las ninfas de Nereo, ofendido está, de suerte que con víctimas humanas desea satisfacerse. Vírgenes vidas, aun no de amor las nevadas sienes domadas al yugo, que fácil peso y carga débil, han de ser su sacrificio si ya de su sed ardiente la hidropesía no apaga sangre de Medusa aleve. Medusa, monstruo africano, cuyo cabello de sierpes coronado, es duro asombro de cuantos desde su albergue basilisco de las vidas en duros troncos convierte. Su sangre, de nuestro monstruo es el tósigo que puede, con su veneno postrarle con su tosigo vencerle. De suerte que, hasta que haya quien uno matar intente no es posible morir otro; y aún no es el mayor mal éste, sino alguno que quizá es fuerza que yo reserve, porque es tan escandaloso, tan riguroso, tan fuerte que aun callado mata. Mira lo que hará dicho. REY: Suspende la voz, Fineo. Y pues no hay medio que nos consuele, muramos todos a manos de esta venenosa peste hasta que Venus aplaque tantas cóleras y cesen las repetidas querellas de las Nereidas crüeles. ANDRÓMEDA: Ya extrañaba yo que había consuelo que tú trajeses. FINEO: Pues aun, si bien lo supieras, lo extrañaras de otra suerte. ANDRÓMEDA: ¿Cómo? FINEO: Como sólo hay uno para todos, y no debes saber tú de él. ANDRÓMEDA: No me espanto; que si tú le traes, no puede ser consuelo para mí. FINEO: Por más, señora, que esfuerces de tus aborrecimientos los no olvidados desdenes, por lo menos esta vez no me quitarás que llegue a saber yo para mí que es mucho lo que me debes.

Las fortunas de Andrómeda y Perseo part 6

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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