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PERSEO: "¿A decirlo sin decirlo,
y a saberlo sin saberlo?"
Ahora conozco --¡ay de mí!--
que es ilusión del deseo
la que me persuade a que
hablan conmigo los cielos;
que ellos no usaran confusos
enigmas, y más si atiendo
a que todos los espacios
del aire están tan serenos
que apenas pequeña nube
Empieza a salir una nube
se decubre en todos ellos
que Boreal carro triunfal
sea de sagrado dueño
de la voz, pues una sola,
que allá en el perfil postrero
del horizonte es apenas
fingida garza del viento,
no es capaz trono de hermosa
deidad. Mas con todo eso
preguntar quiero otra vez,
--¡Oh tu sonoroso estruendo,
háblame claro!
Dentro voces [primero] a una parte [y luego] a otra
VOZ: ¡To, to,
Barcino!
LIDORO: ¡A la cumbre!
FINEO: ¡Al puerto!
PERSEO: ¡Qué distinto voces ya
de las que escuché primero
responden! Pequeña tropa
allí, allí bajel pequeño,
el puerto y la población
buscando vienen, a tiempo
que de la parte del monte
cazadores, y monteros
salen también; pero a mí,
¿qué me importa todo esto
sino seguir a mi madre?
Y, pues que del rendimiento
tal vez se vale el rencor
humilde a sus plantas puesto,
solicitar que me diga
mi hado antes que llegue el tiempo.
PERSEO y
MÚSICA: "A decirlo sin decirlo,
y a saberlo sin saberlo."
Vase, y mientas la MÚSICA se repite con las
voces de adentro, viene creciendo la nube hasta la mitad del
tablado donde se ha de abrir. Véese en un trono MERCURIO con alas
en el sombrero y en los pies, y el caduceo en la mano, y PALAS
armada con una asta en la mano, y embrazado un escudo en que ha de
estar un espejo, y bajan a tierra y desaparécese la nube.
Voces suenan dentro
VOCES: ¡To, to! Melampo, Barcino!
POLÍDITES: ¡Al llano!
LIDORO: ¡A la cumbre!
FINEO: ¡Al puerto!
MÚSICA: "A decirlo sin decirlo,
y a saberlo sin saberlo."
PALAS: "Ya, hermoso galán Mercurio,
alado dios del ingenio
que has querido que, dejando
el sacro palacio excelso
de Júpiter nuestro padre,
la fértil tierra pisemos
de Acaya haciendo sus montes
volcanes de nieve y fuego,
dime, ¿qué intento te trae
a sus campos pretendiendo
que yo en ellos te acompañe?"
MERCURIO: "Oye, y sabrás el intento
ya que, porque no le alcance
el siempre sañudo ceño
de nuestra madrastra Juno,
contigo a estos montes vengo.
Ya sabes, hermosa Palas,
cuya beldad, cuyo acero
las almas rinde a su agrado
y las vidas a su esfuerzo,
que de Júpiter divino
hijo el infeliz Perseo,
hermano es nuestro. Y ya sabes
que, por temor de los celos
de Juno no le declara,
obligando sus depechos
a que en rústicos sayales
le deje vivir muriendo.
Yo, compadecido hoy,
de ver su ultraje, atendiendo
a que Júpiter quisiera
responder a sus lamentos
si aquella infausta deidad
de la Discordia, a quien dieron
las altiveces de Juno
en nuestro dosel asiento,
sus soberanas piedades
no embarazara, pretendo
que interesados los dos
solicitemos un medio
que, sin decirle quién es,
le diga quién es, haciendo
que ni le pene el dudarlo
ni le embanezca el saberlo."
PALAS: "¿Qué medio puede ser ése?
Que, como tú le des, quiero
yo ayudarle; que también
su mal, como hermana, siento."
MERCURIO: "Yo le he de representar
en las fantasmas de un sueño
toda su historia, con que
alentado a un mismo tiempo
y desconfïado viva
pues, ignorando y creyendo.
Ni aquello le tendrá humilde
ni estotro le hará soberbio;
que, viendo por una parte
quién es y por otra viendo
que no es, las cercanías
disfrazadas en los lejos,
le harán que intente labrarse
la fortuna, conociendo
que para cierto es engaño
lo que para engaño es cierto.
A este fin le he de llevar
con algún fingido objeto
que le arrebate tras sí
a la gruta de Morfeo
donde, entre confusas sombras,
ha de ver su nacimiento."
PALAS: "Pues si has de fingir alguno,
el más hermoso, el más bello,
que puede para fingido
prestarte lo verdadero
es Andrómeda."
MERCURIO: "En su imagen
transformado hablarle pienso.
Sola la dificultad
que resta es que, Juno viendo
el fin, no intente estorbarlo;
a cuyo advertido afecto
tú, Palas, mañosamente
la has de asistir, pretendiendo
apartarla la Discordia
de su lado aquel momento."
PALAS: Yo te agradezco. No solo
lo piadoso del afecto
pero también lo sutil
de la industria te agradezco.
Y, pues lo que a mí me toca,
para reparar los riesgos
del hado que le amenaza,
es divertir el inquieto
semblante de la Discordia
que a pesar de todo el cielo
conserva en el cielo Juno,
yo desde aquí te lo ofrezco
con ánimo; que, si no
basta mañoso el intento,
baste el valor a arrojarla
del no merecido asiento
a cuyo glorioso fin
sobre las alas del viento
otra vez a los umbrales
de nuestra alcázar me vuelvo."
MERCURIO: "Pues yo en esta confïanza
hoy en la tierra me quedo
a fingir una hermosura
y a representar un sueño."
PALAS: "Pues queda en paz."
MERCURIO: "En paz partes
porque llegue a un mismo tiempo."
LOS DOS: "A decirlo sin decirlo,
y a saberlo sin saberlo."
Vuela PALAS y vase MERCURIO. [Suenan voces]
dentro
VOCES: ¡To, to! Melampo, Barcino.
POLÍDITES: Al valle.
LIDORO: Al campo.
FINEO: Al puerto.
Salen POLÍDITES y CRIADOS
POLÍDITES: Retírese la gente y no prosiga
la caza.
CRIADO: ¿Qué es, señor, lo que te obliga?
POLÍDITES: Habiéndome informado
la desvelada posta del cuidado
que asiste con afectos singulares
en guarda de estos montes y estos mares,
por esperar que un día
--si no miente la docta astrología--
ha de venir una beldad a ellos,
madre de un joven que ha de enriquecellos
de triunfos, de que el sol será testigo.
Habiéndome informado, otra vez digo,
la atenta centinela,
que vela el mar y la campaña vela,
que unos y otros espacios
ocupan de estos rústicos palacios
extranjeras naciones, cuya nueva,
hallándome cazando el que la lleva,
en el monte me dio, saber deseo
quién son.
Sale DANAE
DANAE: (Aquí a Perseo Aparte
en las dudas dejé de mi fortuna.
Vuelvo a buscarle por si acaso alguna
razón puede en mi honor asegurarle,
ya que posible no es desengañarle
porque sellan mis labios,
de Juno celos y de Jove agravios.)
POLÍDITES: Solicita informarte
de alguién.
CRIADO: Una villana hacia esta parte
viene.
POLÍDITES: Al ver perfección tan soberana
de una deidad en traje de villana,
decidme --¡ciego estoy a luz tan pura!--
prodigio de estos montes --¡qué hermosura!--
¿qué gente es la que ve vuestro horizonte
sulcar el golfo y discurrir el monte?
DANAE: Aunque decirlo quiera,
no me es posible, que de la ribera
ni de camino vengo.
POLÍDITES: Esperad.
DANAE: Haré mal si me detengo
porque en alcance voy de otro cuidado.
POLÍDITES: Ya no lo llevaréis pues le habéis dado.
DANAE: Eso es lo que no entiendo.
POLÍDITES: Bien fácil es; pues lo que yo pretendo
decir es, que si os lleva
un cuidado y le dais, será acción nueva
darle y quedar con él.
DANAE: ¿A quién le he dado?
POLÍDITES: A quien le tiene ya de haber mirado
vuestra rara belleza.
DANAE: Es error; que no puede mi tristeza
dar su cuidado a nadie, y bien lo pruebo,
pues no es el que tenéis como el que llevo.
POLÍDITES: ¿No es de amor?
DANAE: Bien podría
ser que lo fuese; pero no sería
posible que lo fuese
tal que mi amor al vuestro pareciese.
Quedad con Dios.
POLÍDITES: Oíd.
Sale PERSEO
PERSEO: ¿Qué es lo que veo?
DANAE: (A mal tiempo--¡ay de mí!--llegó Perseo.) Aparte
PERSEO: Hidalgos cortesanos,
queda la lengua esté, quedas las manos...
(¡Un nuevo fuego en mis entrañas arde!) Aparte
...que tiene la zagala quien la guarde.
POLÍDITES: ¡Qué donairoso brío
de joven!
DANAE: Perdonad, que es hijo mío
y, crïado en aquestas caserías,
no sabe lo que son cortesanías.
POLÍDITES: ¿Hijo es vuestro, o hermano?
PERSEO: ¡Qué lisonjero chiste cortesano!
¡Hijo y muy hijo!
POLÍDITES: ¿Y es de aquesta aldea?
DANAE: Aquí nació.
POLÍDITES: ¡Feliz la patria sea
de una y otra hermosura soberana!
¿Cómo os llamáis?
DANAE: Dïana.
POLÍDITES: ¿Hija de quién?
PERSEO: ¿Quién vio preguntas tantas?
No le respondas más.
Sale CARDENIO, viejo y los villanos
CARDENIO: Dame tus plantas.
TODOS: Y a todos mos las dé.
BATO: No más que a vellas
que su merced se quedara con ellas.
POLÍDITES: Del suelo alzad.
CARDENIO: Habiéndome contado
vuestros monteros como habéis trocado
el bosque por la aldea,
vengo a saber, ¿qué dicha nuestra sea
la que aquí os ha traído?
POLÍDITES: Habiéndome informado que ha venido
por tierra y mar a aqueste puerto gente,
quise saber quién son.
CARDENIO: Pues facilmente
podrá informaros ella,
pues de tierra y de mar llegáis a vella.
DANAE: ¿Quién es, señor, aqueste caballero?
CARDENIO: El rey.
PERSEO: ¿Éste es el rey? Sin duda hoy muero.
Salen por una parte LIDORO y gente, y por otra FINEO
y gente
LIDORO: Rústicos aldeanos,
decid...
FINEO: Decid, ilustres cortesanos...
LIDORO: ...¿por dónde de esta cumbre
antes podré vencer la pesadumbre?
(Pero, ¿qué es lo que miro?) Aparte
DANAE: (Lidoro es éste.) Aparte
LIDORO: (Justamente admiro Aparte
su hermosura y su seña.
Fuerza es callar, pues a callarme enseña.)
FINEO: Lo mismo mi deseo
os preguntara y, pues mi duda veo
en otros labios puesta,
satisfaga a los dos una respuesta.
POLÍDITES: Antes es bien que acuda
a dos dudas mi voz con una duda.
Quién sois saber pretendo
primero que os informe.
LIDORO: Yo siguiendo...
(Fuerza es disimular) ...voy la ventura
de la más infeliz, triste hermosura
que vio el sol, cuya mísera fatiga
a consultar a Júpiter me obliga.
No puedo detenerme ni hablar puedo.
FINEO: Yo tampoco; que pierdo, si me quedo,
el mejor temporal para volverme
al instante, que llegue a responderme
el oráculo a una
pregunta, hija también de otra fortuna.
Perdonad; que hoy sin responder me vaya.
CARDENIO: Ved que es el rey Polidites de Acaya
con quien habláis.
LIDORO: A vuestras plantas pido
me perdonéis.
FINEO: También a ellas rendido
me sirva de disculpa
saber que la ignorancia nunca es culpa.
POLÍDITES: Ya que sabéis quién soy, saber es fuerza
quién sois los dos.
FINEO: Aunque el efecto tuerza
de mi primer intento,
ley el respeto es. Escucha atento.
Casiopea de Trinacria,
hermosa infelice reina
--que las infelicidades
son lunar de las bellezas--
de Cefeo, amante suyo,
una hija tuvo tan bella
que afrentó con su hermosura
toda la naturaleza;
puesto que desconfïada
de hacer otra como ella
en sus excelencias mismas
apuró sus excelencias.
Creció Andrómeda--que éste
es su nombre--tan perfecta...
¿Pensarás que a decir voy
que no hay nadie que la vea
que no le enamore? Pues
tan al contrario lo piensa;
que no hay nadie que la mire
que la ame; que no deja
esperanzas para amarla
a nadie que llegue a verla.
Y ansí, en su primer instante
la voluntad más atenta
no es posible quedar viva
viendo su esperanza muerta.
Dígalo yo; pero eso
no es del caso. Casiopea,
mirando a Andrómeda un día
que a la orilla lisonjera
del Nereo festajada
de las hermosas Nereidas,
ninfas suyas, florecía
el oro de sus arenas
al contacto de sus plantas,
desvanecida y soberbia,
les dijo, "Decid a Venus,
marítima deidad vuestra,
que reina de la hermosura
no se entitule; pues llega
a ver que Andrómeda sola
hay que ese imperio merezca;
pues que ella sola debía
ser de la hermosura reina."
Ofendiéronse las ninfas;
que, en tocando a esta materia
de "más hermosa soy yo,"
no hay deidad que no lo sienta.
Sumergiéronse en las ondas
y, ofendidas por sí mesmas,
en voz de Venus pidieron
satisfacción de la ofensa.
Nereo, sagrado río
que en el mar gozoso entra,
sólo por ver si en el mar
con alguna espuma encuentra
de las que fueron de Venus
cuna, pues amante de ella
son sus lágrimas sus ondas,
sintió de fuerte la afrenta;
que en toda Trinacia quiso
vengarla y satisfacerla.
Marino monstruo escamado,
de cerúleas verdinegras
conchas, con pies y con alas
en sus bóvedas engendra,
de sus entrañas aborta,
y de sus senos revienta,
tan disforme que si nada,
tan tremendo que si vuela,
brama el aire y gime el mar
confundidos de manera
que no se sabe si es
aire o mar adonde llega;
pues escupidas las ondas
hace, cada vez que alienta,
que el mar se suba a las nubes
y el aire a las ondas venga
a ocupar aquel vacío,
haciendo la azul esfera
mil desiguales montañas
de nubes y de cavernas.
Éste, pues, fiero vestigio,
ésta, pues, marina bestia
con su saliva las aguas
de todo el río avenena,
con su anhélito inficiona
del monte plantas y hierbas
y de todos los ganados
el templado ambiente infesta.
A la orilla no es posible
llegar nadie que no sea
pasto suyo. No hay bajel
de cuantos al puerto llegan
que no zozobre a su vista
porque su estatura inmensa,
si se mueve es huracán,
escollo si se está queda.
De suerte que horror y susto
tienen a Trinacia hecha
sepultura de sí misma
en sed, hambre y pesta envuelta.
De varios ritos ha usado,
devota, la piedad nuestra,
sacrificándola a Venus
en sus altares diversas
víctimas pero ninguna
su sacra ojeriza templa.
Yo, que más interesado
que todos soy en su adversa
fortuna porque infelice
primo de Andrómeda bella
espero lograr su mano
siendo en tan gloriosa empresa
el no merecerla medio
de llegar a merecerla,
a Júpiter en su templo
que más antiguo celebra
la anciandidad de los siglos
que es ése, cuya eminencia
sobre la siempre nevada
cerviz de Acaya se asienta,
ofrecí un precioso don
que traigo conmigo en muestra
del voto. Y así te pido,
señor, que me des liciencia
para penetrar su cumbre
y saber de su respuesta
qué sacrificios a Venus
haremos con que se vea
su beldad desagraviada
y mi feliz patria exenta
de este monstruo que le aflige,
este susto que la cerca,
este pasmo que la asombra,
y este horror que la atormenta.
POLÍDITES: ¡Extraño caso!
DANAE: ¡Notable
prodigio!
PERSEO: ¡Rara extrañeza!
No porque haya un monstruo, cuanto
porque no haya quien lo venza.
LOS VILLANOS: ¿Quién de oírlo no se admira?
BATO: ¿Quién de escucharlo no tiembra?
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