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DANTE: (¿Lidoro dijo? ¿Qué escucho?) Aparte
IRENE: No hay sino que el valor nuestro,
a pesar de la fortuna,
apele al último esfuerzo,
y lo que ha de ser mañana,
mejor será que sea luego.
Y pues el esquife está
en la playa, y en el puerto
el bajel, no hay que esperar,
sino dar la vela al viento.
LIDORO: Dices bien; y porque nada
los dos por hacer dejemos,
Aminta ha de ir con nosotros.
AMINTA: ¿No hay quien me socorra, cielos?
DANTE: Sí; que aquí está quien defienda
tantos traidores intentos.
LIDORO: ¿De dónde, Dante, has salido
a estorbar mi dicha?
DANTE: El centro
de la tierra me ha arrojado
para ser castigo vuestro.
Sale LIBIO
LIBIO: Fiado el esquife a la arena,
a hallarme a tu lado vengo.
LIDORO: Entre tú e Irene, Libio,
mientras yo el paso defiendo
a Dante, llevad a Aminta
al esquife.
AMINTA: ¡Piedad, cielos!
IRENE: Ven, ingrata; que has de ser
mi prisionera otro tiempo.
AMINTA: ¡Flora, Nise, Clori, Laura!
IRENE: Pondréte en la boca el lienzo
que te pusiste en los ojos;
sirva de algo en mi provecho,
pues tanto sirvió en mi daño.
Llevan IRENE y LIBIO a AMINTA
DANTE: Hoy verás, Lidoro o Celio,
castigadas tus traiciones.
Riñen los dos. Dentro dicen
IRENE
y AMINTA: ¡Piedad, dioses!
LIDORO: ¿Qué es aquello?
Sale LIBIO
LIBIO: Que el esquife, desasido
del cabo que le di a tiento,
se ha alejado de la orilla,
e Irene y Aminta dentro
solas, corriendo fortuna,
fluctúan sin vela y remo.
Dentro
IRENE
y AMINTA: ¡Socorro, dioses!
UNOS: ¡Traición!
OTROS: ¡Acudid, acudid presto!
DANTE: ¿Cómo a socorrer sus vidas
yo no me arrojo, supuesto
que, donde ellas son lo más,
todo lo demás es menos?
A LIDORO
No huyo de tu riesgo, pues
voy a buscar mayor riesgo.
Vase. Salen el REY, AURELIO, CLORI, NISE, LAURA, FLORA y
criados con hachas
LIBIO: Al mar se arroja.
LIDORO: Tras él
me echaré.
LIBIO: Tente.
REY: ¿Qué es esto?
LIDORO: No lo sé, señor; que yo,
al ruido también saliendo
a correr las centinelas
del balüarte del puerto,
hasta aquí llegué, y lo más
que haber terminado puedo
es que Aminta, Irene y Dante
en un esquife pequeño
se han echado al mar.
AURELIO: Yo de estas
embarcaciones me atrevo
a tomar una y seguirlos.
Vase
LIDORO: Yo también haré lo mesmo.
Ven, Libio; que si una vez
el bajel cobro, y del puerto
salgo, cobraré el esquife.
Vanse LIDORO y LIBIO
REY: No en vano, no en vano, cielos,
en sus estatuas me dijo
el oráculo de Venus
que vendría a ser Irene
escándalo de mis reinos.
Ya lo vi, pues que ya vi
fieras, diluvios e incendios
contra Aminta conjurados,
y ahora los elementos;
Ruido de tempestad
pues, embravecido el mar,
reconociéndola dentro,
el cielo a escalar se atreve,
montes sobre montes puestos.
¿Qué es esto, hermosas deidades?
¿Hermosas luces, qué es esto?
Hablan en lo alto DIANA y VENUS
DIANA y VENUS: Nada las dos experiencias
dijeron de tierra y fuego,
y queremos ver si dicen
más las del agua y del viento.
REY: Ecos --¡ay cielo!-- en el aire
oigo; y pues no los entiendo,
los sacrificios alcancen
qué quiere decirme el cielo;
que pues nada la experiencia
ha dicho de tierra y fuego,
solicito que me diga
más la del agua y del viento.
Vanse. Descúbrese un bajel, y en él
IRENE, AMINTA y DANTE
IRENE: ¡Piedad, dioses soberanos!
AMINTA: ¡Socorro, dioses inmensos!
IRENE: ¡Que, embravecidos los aires...
AMINTA: ¡Que, sañudo el mar soberbio...
IRENE: ...de este mísero bajel...
AMINTA: ...de este errado frágil leño...
IRENE: ...la quilla toca a la arena!
AMINTA: ...y la gavia al firmamento!
DANTE: Sola esta vez vino bien
encarecido el proverbio,
puesto que por las dos anda
el que anda el mar por los cielos.
Ni por ti pude hacer más,
Irene, ni por ti menos,
Aminta, que despechado
arrojarme a socorreros.
Y pues al borde del barco
llegué --¡ay infelice!-- a tiempo
que, amotinadas las ondas,
una es nube y otra es centro,
ya que no puedo vencer,
ya que contrastar no puedo
ni los embates del mar
ni las ráfagas del viento,
con morir entre las dos
habrá cumplido mi afecto.
IRENE: Por más, Dante, que te mueva
en mi favor ese aliento,
y, a pesar de mis traiciones,
tu fineza haga ese esfuerzo,
no has de obligarme; y no tanto
de esta tormenta me alegro
porque amenaza mi vida,
que más que a ti la aborrezco,
cuanto porque sé que, ya
que muero a su desdén, muero
no dejándote a ti vivo.
AMINTA: Yo, Dante, al contrario siento,
pues el riesgo de mi vida
ni le estimo ni le temo.
¡Pluguiera al cielo que en mí
quebrara la suerte el ceño
y vivieras tú, por quien
gustosa mi vida ofrezco
en humano sacrificio
a la gran deidad de Venus.
IRENE: Yo a la deidad de Diana,
porque muramos a un tiempo,
y sea el mar de mí y de Dante
sacrílego monumento.
AMINTA: ¡Piedad, dioses!
IRENE: ¡Iras, dioses!
AMINTA: ¡Piedad, cielos!
IRENE: ¡Iras, cielos!
Suenan instrumentos y terremoto
DANTE: Iras pedís y piedades,
y a ambas parece que oyeron
dioses y cielos, pues, cuando
brama el mar y gime el viento,
dulces instrumentos suenan.
¿Quién vio en un instante mesmo
cláusulas tan desiguales
como dulzura y lamento?
MÚSICA: "Dante, si quieres que el mar
mitigue el furor soberbio,
una de aquesas dos vidas
has de arrojar a su centro.
Resuélvete, y sea presto,
para que el mar serene y calme el viento."
DANTE: Voz que, entre tormenta y calma,
oráculo eres tan nuevo
que nunca se vio de dos
contrariedades compuesto,
si de humano sacrificio
está Neptuno sediento,
y ha de ser víctima humana
su culto, la mía te ofrezco.
Viva Irene y viva Aminta;
muera yo, que librar pienso
a la una porque me quiere,
a la otra porque la quiero.
MÚSICA: "Una ha de ser de las dos
la que elijas, por decreto
de los hados destinada."
DANTE: ¿No hay remedio?
MÚSICA: "No hay remedio.
Resuélvete, y sea presto,
para que el mar serene y calme el viento."
DANTE: ¡Ay infelice de mí!
¡En qué confusión me veo,
entre aquel desdén que adoro
y aquel amor que aborrezco!
IRENE: ¿En qué confusión te ves,
si es tan fácil la elección,
cuando de mi inclinación
sabes el afecto? Y, pues
tanto te aborrezco que es
quererte dolor más fuerte
que la muerte, dame muerte
y cúmplase en mí el destino,
porque no te quiero fino
a trueco de no quererte.
AMINTA: ¿En qué confusión estás,
si la elección facilitas
cuando ves que en mí te quitas
lo que tú aborreces más?
Dame a mí muerte y verás
que, cuando me mates, trato
quererte, sin que el contrato
altere mi amor; pues fiel
¿qué hará en querete cruel
la que te ha querido ingrato?
DANTE: De dos afectos [no] infiero,
cielo, cuál a cuál prefiere.
Dar muerte a la que me quiere
es un desaire grosero;
pues dar muerte a la que quiero
es un tirano rigor.
¿Qué harán mi amor y mi honor
cuando en tal duda se ven?
Dilo, amor.
MÚSICA: Viva el desdén.
DANTE: Dilo, honor.
MÚSICA: Viva el amor.
IRENE: Darme a mí la vida es
tan baja y tan vil acción
como ver la obligación
al lado del interés.
El tuyo es mi vida, pues
la quieres y, siendo así,
nada recibo de ti,
aunque la vida reciba,
pues el querer que yo viva
no es hacer nada por mí.
AMINTA: ¿Quién, cuando pudo obligar
de lo que quiso el rigor,
tuvo en su mano el amor
y echó su amor en el mar?
Decir que te pude dar
nota de infamia en tu fama
es error; porque a quien ama
todos airoso le ven,
pues sólo está airoso quien
está airoso con su dama.
DANTE: En dos mitades partido
siempre el corazón ha estado,
de un desdén enamorado,
de un amor agradecido;
mas nunca --¡ay de mí!-- ha tenido
las dudas en que hoy le ven
los hados. ¿Quién, cielos, quién
me dirá, en tanto rigor,
qué elija...?
MÚSICA: "Viva el amor."
DANTE: ¿...qué escoja?
MÚSICA: "Viva el desdén."
IRENE: Si es que a obligarme te mueves,
¿quieres templar mi fineza?
AMINTA: ¿Quieres con una fineza
pagarme lo que me debes?
DANTE: Sí.
IRENE: Pues, en discursos breves,
dame la muerte.
DANTE: Eso no;
que amor tu ira me debió.
AMINTA: Dámela a mí, si a ella quieres.
DANTE: Eso no; porque tú eres
a quien se le debo yo.
IRENE: Poco en mí vas a lograr.
AMINTA: Nada en mí vas a perder.
IRENE: Siempre te he de aborrecer.
AMINTA: Nunca yo te he de olvidar.
IRENE: Tu honor se ofende en dudar.
AMINTA: En dudar tu amor también.
IRENE: Muerte tus ansias me den.
AMINTA: Muerte me dé tu rigor.
Muera yo, y viva el amor.
IRENE: Muera yo, y viva el desdén.
AMINTA e
IRENE: "Y para que estén
cielo y tierra suspensos..."
AMINTA, IRENE y
MÚSICA: "Resuélvete, y sea presto,
para que el mar serene y calme el viento."
DANTE: ¿A qué me he de resolver,
partido entre dos extremos,
si la que más razón tiene,
la que tiene más derecho,
es la postrera que escucho
y la primera que veo?
¿Puedo yo arrojar a Irene,
que es la vida en quien aliento?
No. Perdona, Aminta hermosa.
Mas no perdones tan presto;
que, aunque resuelvo ser fino,
ser ingrato no resuelvo.
¿Puedo yo arrojar a Aminta,
a quien tantas ansias cuesto?
No. Perdona, Irene bella.
Pero tú tampoco --¡ay cielos!--
me perdones; que, por ser
cortés, no he de ser sangriento.
Perder a Irene es venganza;
perder a Aminta es desprecio.
Amor, desdén, de una vida
os doled, dadme consejo.
MÚSICA: "Resuélvete, y sea presto,
para que el mar serene y calme el viento."
IRENE: ¿Qué esperas, Dante?
AMINTA: ¿Qué aguardas?
IRENE: Si estás notando...
AMINTA: ....estás viendo...
AMINTA e
IRENE: ...que, porque una no se pierda,
pierdes a las dos a un tiempo.
DANTE: Pues, ya que he de resolverme,
aquí piadoso, allí fiero,
muera yo de enamorado
y no viva de grosero.
Perdóname, Irene; que antes
es mi honor que mi tormento.
IRENE: ¿Esto es lo que me has querido?
Llora
DANTE: ¿Tú no me aconsejas esto?
IRENE: Sí; pero hay consejos que
no los dan los sentimientos
para que se tomen; y una
cosa es, contingente el riesgo,
aconsejar yo, y es otra
que tú tomes el consejo.
DANTE: Ésta es la primera vez
que vi terneza en tu pecho.
¿Llorar sabes? Mucho sabes,
pues lo guardaste a este tiempo.
Perdona, Aminta, que llora
Irene.
AMINTA: Yo te agradezco
que, aun para matarme, vuelvas
a mí. Y pues no me arrepiento
del consejo que te he dado,
échame al mar; que más quiero
morir alegre que ver
a Irene triste, supuesto
que tú has de sentir su llanto.
DANTE: ¿Quién vio tan trocado afecto
como ver, en un instante
pasando de extremo a extremo,
quien por mí riyó llorando,
quien por mí lloró riyendo?
Mucho supo la hermosura
que supo llorar a tiempo,
y aun la que supo reír,
a fe que no supo menos.
De amado y aborrecido
las dos pasiones padezco.
Aborrecido de muchas
puedo ser, ¿quién duda? Pero
pocas hallaré que me amen.
Y así al amor me resuelvo
a coronar, no al desdén;
y digan de mí los tiempos
que falté a mi conveniencia,
mas no a mi agradecimiento.
Admite, pues, en tu espuma,
o sacra deidad de Venus,
la ingrata víctima humana
de Irene; sepulte el centro
en ella la ingratitud,
porque no haya humano pecho
que juzque a mejor vivir
amando que aborreciendo.
Al ir a arrojarla, salen VENUS y DIANA en lo alto
VENUS: ¡Oye!
DIANA: ¡Aguarda!
VENUS: ¡Escucha!
DIANA: ¡Espera!
DANTE: ¿Qué quiere decirme el viento?
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!"
VENUS: Como no ha querido más
de nuestra cuestión el duelo
que llegar a la experiencia
de si es el más noble afecto
de una hermosura el amor,
pues que es suyo el vencimiento.
Y así, serenado el mar,
vuelve al abrigo del puerto,
donde mi oráculo ya
ha prevenido el suceso,
para que, en vez de castigo,
el rey, al perdón atento,
de Aminta esposo te haga
festivos recibimientos,
que ya desde aquí se escuchan,
diciendo a voces el eco:
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!"
DANTE: Felice mil veces yo,
que no solamente veo
tranquilo el mar, de su espuma
bellísima deidad, pero
el mar de mis confusiones
también tranquilo y sereno.
AMINTA: La felicidad es mía.
IRENE: Y mío sólo el tormento.
DANTE: ¡A tierra, a tierra! Y digamos
todos con la voz a un tiempo:
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!"
Ocúltase el bajel con los tres y descienden de lo alto VENUS
y DIANA
DIANA: Confieso que me has vencido;
pero no, Venus, confieso
de una errada elección
la razón del vencimiento.
Y para que no imagines
que por desaire lo tengo,
yo la primera he de ser
que guíe de estos festejos,
con que el rey recibe a Dante,
la máscara que han dispuesto
para las bodas de Aminta
las damas, mientras prevengo
otra experiencia, en que quede
victoriosa.
VENUS: Yo te acepto
la lisonja ahora, y después
la competencia; y, supuesto
que ayudar quieres, empieza
con la música diciendo:
Salen dos damas con máscara y hachas, tómanlas también VENUS
y DIANA, y mientras danzan y cantan la copla que se sigue,
salen por una parte el REY, AURELIO, MALANDRÍN, LIDORO y
LIBIO, y por otra IRENE, AMINTA Y DANTE
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!
Aves, fuentes, plantas, flores,
decidme en los ecos de vuestros amores,
para triunfar más segura
una divina hermosura
¿qué afecto será mejor?
Amor;
pues él es el superior
y el que al fin le está más bien.
¡Viva el amor y muera el desdén;
muera el desdén y viva el amor!"
DANTE: A tus plantas...
REY: No me digas
nada; ya de todo tengo
noticia, favorecido
del oráculo de Venus;
y pues ella favorable
te es, ya en mí es fuerza el serlo.
A Aminta le da la mano.
AMINTA: Logró mi fineza el cielo.
DANTE: Dichoso yo.
MALANDRÍN: ¿Que ésa es dicha?
¿Casar con quien quieres menos?
DANTE: Sí; que para dama es buena,
Malandrín, la que yo quiero;
para esposa, la que a mí
me quiere.
A IRENE
REY: Y tú, hermoso bello
prodigio de ingratitud,
con quien, prisionera, tengo
la paz de Egnido segura,
pues ves que de tus intentos
las traiciones no consigues,
y Lidoro, a mis pies puesto,
impedido de la diosa,
no pudo salir del puerto,
A Aurelio le da la mano;
que has de vivir en mi reino
siempre prisionera.
IRENE: ¿A quien
tuvo mi favor en menos
que su fortuna he de dar
la mano? Pero ¿qué temo,
si quien a desprecios mata,
es bien que muera a desprecios?
LIDORO: Malogré de mi intención
y de mi amor el efecto.
DIANA: Pues para que se prosigan
las músicas y los versos,
a que de embozo asistimos,
a aplazarte otra lid vuelvo
de ingratitud y de amor.
VENUS: Venceréte también. Pero
¿dónde ha de ser?
DIANA: En la Arcadia.
VENUS: ¿Quién ha de ser el sujeto?
DIANA: Amarilis, ninfa mía.
VENUS: ¿Adónde?
DIANA: A este sitio mesmo.
VENUS: ¿Juez?
DIANA: Este mismo auditorio.
VENUS: ¿Pluma?
DIANA: La de tres ingenios.
VENUS: Pues yo acepto el desafío,
fïada en que también tengo
en Arcadia un Pastor Fido
que ha de dar nombre a ese ejemplo.
DIANA: Pues en tanto que se llega
de aquella experiencia el tiempo,
pidamos perdón ahora,
con la música diciendo:
MÚSICA: "¡Victoria por el amor!
¡Viva la deidad de Venus!"
FIN DE LA COMEDIA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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