This file was last updated on February 23, 2000


 

JORNADA TERCERA


Salen por una parte DANTE y por otra LIDORO
LIDORO: (¡Que nunca tenga ocasión Aparte mi venganza de lograrse!) DANTE: (¡Que nunca le deba darse Aparte a partido mi pasión!) LIDORO: (Mas cuando yo la tuviera, Aparte aun no sé si la lograra...) DANTE: (Pero cuando me llegara, Aparte aun no sé si la admitiera...) LIDORO: (...porque, si de mi venganza Aparte se me ha de seguir mi ausencia...) DANTE: (...porque, si de su violencia Aparte se alimenta mi esperanza...) LIDORO: (...¿cómo ausentarme podré Aparte sin llevar conmigo a Irene...?) DANTE: (...¿cómo sin Irene tiene Aparte tan vil afecto mi fe...?) LIDORO: (...¿y cómo podré vivir Aparte ausente de Aminta bella...?) DANTE: (...¿y cómo podrá mi estrella Aparte del amor de Aminta huir...?) LIDORO: (...¿y más cuando ya informado Aparte estoy que a Dante ha querido?) DANTE: (...¿y más cuando aborrecido Aparte lo siento menos que amado?) LIDORO: (Cuando más causa no hubiera, Aparte por mis celos le matara.) DANTE: (Cuando dos causas no hallara, Aparte con una sola muriera.) LIDORO: (Amor, celos y venganza Aparte de imposibles me mantienen.) DANTE: (¡En qué confusión me tienen Aparte amor, desdén y esperanza!) ¡Celio! LIDORO: ¿Señor? DANTE: A ventura tengo el hallaros aquí. LIDORO: Siempre será para mí la mejor y más segura el estar a vuestros pies. DANTE: Confieso que un forastero, a quien el hado severo a tierra arrojó, después que echó su hacienda en el mar, fuera de su patria y pobre, no hay razón que no le sobre para vivir con pesar. Pero, advirtiendo también que a quien la vida le queda no hay fortuna que no pueda vencer viviendo, y más quien tiene las partes que vos, siento veros afligido siempre y siempre suspendido. Habladme claro, por Dios, ¿qué habéis menester? ¿Queréis a vuestra patria volveros? Que embarcación y dineros todo de mí lo tendréis. ¿Queréis quedaros aquí? Pues sabed que en este día de ese puerto la alcaidía vacó y que me toca a mí su provisión, y he querido, pues hoy en mi cargo estoy por vos, que sepáis que os doy premisas de agradecido. Si la admitís, bien con ella lo podréis aquí pasar, y con tiempo al tiempo dar vado a vuestra injusta estrella. Advertid, si os está bien, que ando, cierto, deseoso de que viváis más gustoso de lo que parece. LIDORO: ¿Quién satisfaceros podrá ese afecto, esa merced, sino callando? DANTE: Creed que es cuidado el que me da vuestra persona. Y pasando al cargo, ¿qué respondéis? LIDORO: Digo, señor, que me hacéis notables favores cuando, siendo extranjero, fiáis de mí de la corte el puerto. Yo le acepto; y estad cierto de que servido seáis en él de la atención mía. (Bueno es darme la ocasión Aparte envuelta en la obligación.)
Sale MALANDRÍN
MALANDRÍN: ¡Señor! DANTE: ¿Qué hay, loco? MALANDRÍN: ¡Gran día! DANTE: ¿Qué ha sucedido? MALANDRÍN: Sintiendo el rey la extraña tristeza que padece la belleza de su hermana, y pretendiendo aliviarla, ya has sabido las diligencias que ha hecho. Y, aunque no son de provecho las más de ellas, ha querido que aquesos jardines bellos sean teatros del día, y de música y poesía haya un gran festín en ellos. DANTE: ¿Y eso te alegra? MALANDRÍN: Pues ¿no? Si los premios han de dar las damas, ¿no he de lograr el mejor de todos yo? DANTE: ¿Por qué? MALANDRÍN: Porque, aunque discretas, nunca yerran su elección, y sabe su discreción que de todos los poetas ninguno de mejor gana las sirve. DANTE: ¿Es memorial? MALANDRÍN: Ya se ve, y más hoy, que quizá las he menester mañana. DANTE: Calla, loco.--Acudid vos por los despachos después; que ahora forzoso es asistir al rey. (Si en dos Aparte afectos mi vida tiene hoy lo que olvida y desea, ¿qué importa que a Aminta vea, a precio de ver a Irene?) LIDORO: (¿Quién --¡ay infeliz!-- creerá Aparte de mi confusa pasión que me quita la ocasión cuando la ocasión me da?) MALANDRÍN: ¿Por qué despachos habéis de acudir, Celio? LIDORO: Hame hecho, de mi lealtad satisfecho, del puerto alcaide. MALANDRÍN: Gocéis tan gran merced. ¡Que sea cierta cosa que, en siendo extranjero, ha de hallar uno portero, y puerto, portada y puerta! ¡Y que, habiéndome portado yo en mi porte bien, por cierto, no aporte a puerta ni a puerto que no le encuentre cerrado!

Pero aquesto no es de aquí. Ya el rey a la alegre vista del jardín baja, con toda la gala y la bizarría de la corte.

Dentro instrumentos
LIDORO: Retirado será forzoso que asista; que, aunque soy quien soy, no tengo lugar. DANTE: Deidades divinas, acabad de declararos por Irene o por Aminta.
Salen la MÚSICA con instrumentos, el REY, AURELIO, AMINTA, IRENE, NISE, FLORA, LAURA y CLORI
AURELIO: (Aquí está Dante. Perdí Aparte la esperanza que traía de lucir, porque me tiene siempre ganada la dicha.) REY: No hay cosa que no imaginen por ti las finezas mías, ni cosa que sienta tanto como tu melancolía. AMINTA: Ya, señor, con experiencias siempre amantes, siempre finas, sé que de galán y hermano te debo entrambas caricias. REY: ¿Es posible que no sepa yo lo que te da alegría? AMINTA: Nada, pues de mis pesares tus cariños no me alivian. IRENE: Desde que de aquella fiera y aquel incendio en un día padeció los sustos, no es mucho, señor, la aflija de ellos la memoria. AMINTA: Es verdad, que a los dos rendida, se apoderaron de suerte del corazón ambas iras que hasta ahora dudando estoy si fue muerte o si fue vida la que, crüel o piadoso, me dio el que de ellos me libra. REY: Dante, dueño de esa acción, lo dirá. DANTE: ¿Yo, qué hay que diga, sino que en doblados riesgos fueron dobladas las dichas? AMINTA: Ya sé que fueron dobladas, pues también a Irene obligan. IRENE: Eso es querer que a mi parte me muestre yo agradecida. AMINTA: No es, porque una dama, Irene, públicamente servida, como tú lo estás de Dante, [b]asta que el servicio admita sin que lo agradezca. AURELIO: (¡Cielos, Aparte muriéndome estoy de envidia!) LIDORO: (Sufra este desaire el alma, Aparte pues es fuerza quien soy finja.)
Siéntanse el REY en medio, a su mano derecha AMINTA, y a la otra IRENE, FLORA y LAURA al izquierdo suyo, y NISE y CLORI donde AMINTA; AURELIO y DANTE apartados, la MÚSICA al paño
REY: Ponga la música paz a vuestras cortesanías. CLORI: ¿Por qué tono empezaremos? FLORA: Sea el de aquella letrilla que, por grave o triste, suele ser de más agrado a Aminta. MÚSICA: "¿Cuál más infelice estado de amor y desdén ha sido; amar, siendo aborrecido, o aborrecer, siendo amado?" REY: La música da ocasión, pues que pregunta entendida para responder; y así volvamos todos a oírla. MÚSICA: "¿Cuál más infelice estado de amor y desdén ha sido; amar, siendo aborrecido, o aborrecer, siendo amado?"
Dentro un clarín
REY: Esperad; ¿qué salva es ésta?
Sale un CRIADO
CRIADO: Un bajel, que a nuestra isla de paz llega a tomar puerto. REY: Pues salga quien le reciba, y sepa de dónde viene, qué gente y qué mercancía trae. DANTE: Id, Celio, pues os toca hacer de todo pesquisa. REY: ¿Por qué a Celio? DANTE: Porque yo, atento al favor de Aminta más que al mío, con licencia tuya, le di el alcaidía del puerto y su atarazana. REY: Ha sido elección muy digna. LIDORO: Beso tus pies. IRENE: (¿Quién creyera Aparte que a esto Lidoro venía?) AMINTA: Ésta es la primera acción que os debo de agradecida. REY: Id, pues, y con la respuesta volved; y en tanto repita la letra la duda, puesto que da ocasión a argüirla.
Vanse LIDORO y el CRIADO
MÚSICA: "¿Cuál más infeliz estado de amor y desdén ha sido, amar siendo aborrecido, o aborrecer siendo amado?" REY: Diga la primera Irene. IRENE: Aunque excusarme podía de cuestiones amorosas mi inclinación, más bien vista que del ocio de la paz del furor de la milicia, con todo eso la cuestión tanto se me facilita que me atrevo a entrar en ella; y digo que es la desdicha mayor, el más infeliz estado en su monarquía aborrecer siendo amado. REY: ¿Y tú qué dices, Aminta? AMINTA: Yo no sé de amor tampoco; pero, a saberlo, diría que amar siendo aborrecido es la mayor tiranía de sus imperios. REY: ¿Tú, Flora? FLORA: La opinión de Irene tira mi afecto al aborrecer. REY: ¿Nise? NISE: Al ser aborrecido. REY: ¿Tú, Laura? LAURA: Yo sigo a Irene. REY: ¿Tú, Clori? CLORI: Yo sigo a Aminta. MALANDRÍN: (¡Gran cosa es ser rey de Chipre! Aparte ¡Con qué llaneza platica las cosas de amor y celos, casero con su familia!) REY: ¿Y tú, Aurelio, qué eligieras? AURELIO: Siendo forzoso que elija, amar siendo aborrecido, dijo su alteza, y sería, sabiendo yo su opinión, poca atención no seguirla. REY: ¿Y tú, Dante? DANTE: En el ingenio nunca la atención peligra; y así, con aquesta salva, no importa que la otra siga; aborrecer siendo amado, no hay cosa que tanto aflija. MALANDRÍN: Pues a hombres de placer ningún lugar se les priva, esperad, que mi humor falta decir a lo que se inclina. Aborrecer siendo amado es una ruindad indigna; amar siendo aborrecido, grandísima bobería. Y así es mi opinión, guardando a toda dama justicia, que se aborrezca y se ame, tratándolas cada día, a la fea como a fea, y a la linda como a linda. AURELIO: ¡Quita, loco! DANTE: ¡Aparta, necio! REY: Para la cuestión repitan la copla toda, y estén los coros siempre a la mira, para que a las opiniones las glosas a un tiempo sigan. M&Uaccute;SICA: "¿Cuál más infeliz estado de amor y desdén ha sido, amar siendo aborrecido, o aborrecer siendo amado?"

IRENE: Entre amar y aborrecer no hay comparado ejemplar, pues trae dentro de su ser, quien aborrece, al pesar; pero quien ama, al placer; luego, si el que ama está hallado, y el que aborrece penado, bien de ambos, no sólo infiero cuál sea el estado, pero cuál más infeliz estado. MÚSICA: "Desdichado del que aborrece, si infiero, no sólo a otro comparado, cuál sea el estado, pero cuál más infeliz estado." AMINTA: Quien, siendo amado, aborrece ya el ser amado le aplace; mas quien ama y no merece de amor la persona es que hace, del desdén la que padece; luego, si aquél ha tenido un mal, el aborrecido dos, pues sin despique siente, y maltratado igualmente de amor y desdén ha sido. MÚSICA: "¡Ay del perdido que sin dicha alguna siente verse postrado y rendido, y maltratado igualmente de amor y desdén ha sido!""Afligido viva entre desdén y amor el que aborrece querido, pues le estuviera mejor amar siendo aborrecido." AURELIO: Supuesto que el deber no es culpa, en que desmerece mi amor, y mi amor faltó, siéntalo quien lo padece, que no he de sentirlo yo; y pues es rigor del hado aborrecer obligado, digo que es mejor partido, entre amar aborrecido o aborrecer siendo amado. MÚSICA: "Culpe al hado quien infelice ha nacido y se ve en el peor estado entre amar aborrecido o aborrecer siendo amado." AMINTA: "¡Culpe al hado quien infelice ha nacido y se ve en el peor estado entre amar aborrecido o aborrecer siendo amado."

Levántase AMINTA, como furiosa
REY: ¿Qué es esto, Aminta? AMINTA: No sé. En mis penas divertida, me arrebató un sentimiento, una pasión, una ira. Dejad, dejad las canciones; que si a divertirme miran, más me matan que divierten. REY: ¡Hermana! TODOS: ¡Señora! IRENE: ¡Aminta! AMINTA: Dejadme todos, dejadme; nadie --¡ay infeliz!-- me siga; mejor estoy a mi solas, pues mi mejor compañía sólo puede ser mi pena. REY: Seguidla todos, seguidla. ¿Qué mortal pasión, Irene, es ésta? IRENE: No sé qué diga, si no es que a quien está triste poco la música alivia, pues antes dicen que aumenta más la pasión. REY: Por su vida no sé, Irene, lo que diera.
Sale LIDORO
LIDORO: Bien puedo pedirte albricias. REY: ¿De qué? LIDORO: De que ese bajel, nao marchante de la India oriental, cargado viene de plata, oro y piedras ricas, a hacer empleo en los frutos que esta tierra fertilizan, con que ha de exceder tu reino a las comarcanas islas. REY: Yo las albricias te mando, que llega a ocasión que es dicha, pues puedo hacer, con su empleo, que a la de Egnido se siga la guerra; que he de morir o acabar de destruirla.
Vase
LIDORO: (¡Qué al contrario ha de salirle Aparte el empleo que imagina!) AURELIO: Aunque de paso, no puedo dejar, Irene divina, de decir que mi esperanza aun vive. IRENE: Mucho me admira que aun para decirme eso al rey le perdáis de vista. Id tras él, que importa más que mi amor. AURELIO: Bien me castigas.
Vase
IRENE: No mucho, pues que te dejo aquesa esperanza viva. (Allí Lidoro ha quedado. Aparte ¡Oh, si las ferias del día diesen ocasión de hablarle!) LIDORO: (Allí quedó Irene. Dicha Aparte fuera que hablarla pudiera, porque pudiera decirla de dónde la nao viene. MALANDRÍN: ¿Ves estas penas de Aminta? Pues tú, señor... DANTE: Ya lo sé, ya lo sé, no me lo digas; que pues nada me remedia, no es bien que todo me aflija. ¿Ves aquel afecto? ¿Ves aquella pasión que obliga a sentimiento a las piedras? Pues menos tras sí me tira que aquel helado desdén; tanto que, en una acción misma, quiero oír más aquí rigores que allí ponderar caricias-- Bellísima Irene, ¿cuándo, cuándo, apacible homicida, has de acabar de pagar con una muerte dos vidas? ¿Cuándo podrá el rendimiento de un triste...? IRENE: No, no prosigas; que para saber que nunca han de ser menos mis iras no es menester que me tome más tiempo en que te lo diga. DANTE: ¿Es posible que no puedan hallar tantas ansias mías lugar en tu pecho? IRENE: No. DANTE: Pues ¿qué haré yo en que te sirva? IRENE: Irte, sin decirme nada.
Hace DANTE una reverencia y se va a hablar con LIDORO
MALANDRÍN: (¡Qué obediencia tan rendida! Aparte No hiciera un novicio más.) DANTE: ¡Celio! LIDORO: ¿Qué me mandas? DANTE: Mira, amigos somos los dos, tus fortunas me lastiman, lastímente mis fortunas. A esa fiera, a esa enemiga, a esa esfinge, a esa sirena, áspid de esta nueva Libia, ya que me cierra los labios, la dirás de parte mía que no me agradezca tanto el mirarse obedecida, a vista de su desdén, cuanto del amor de Aminta.
Vase
MALANDRÍN: Y yo ¿puedo decir algo? IRENE: Menos vos; idos aprisa.
Hace MALANDRÍN una reverencia y se va hacia LIDORO

Amado y aborrecido part 8

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu