This file was last updated on February 23, 2000
IRENE: Lidoro, a la corte voy;
no de la vista me pierdas.
LIDORO: Claro está que he de seguirte,
pues sigo en ti de mi estrella
el nuevo rumbo.
DANTE: (¿Quién vio, Aparte
en unida competencia,
darse las manos jamás
a su próspera y su adversa
fortuna, y que a un mismo tiempo
hoy en maridaje prenda
la ingratitud y el amor?)
Quiere acompañarlas DANTE
AMINTA: ¡Dante!
DANTE: ¿Qué manda tu alteza?
AMINTA: Que os quedéis.
DANTE: Ya sé, señora,
que no es justo que se atreva
quien de su destierro tiene
intimada la sentencia
a ver a persona real;
mas como al destierro atiendas,
es de la corte y, ya ausente
el rey, no es la corte ésta.
AMINTA: Es verdad; mas no es por eso
mandaros que hagáis ausencia.
DANTE: Pues ¿por qué?
AMINTA: Porque va Irene
conmigo, y pretendo hacerla
este primero agasajo
de que ni os hable ni os vea.
Y así, yendo ella conmigo,
no es bien que vais vos con ella.
DANTE: ¡Qué bien dicen que el contagio,
y no la salud, se pega!
AMINTA: ¿Cómo?
DANTE: Como Irene pudo
pegarte a ti su extrañeza
y tú no a ella tu agrado.
IRENE: Ni todo el cielo pudiera;
pues no podrá todo el cielo
hacer que no os aborrezca.
DANTE: Ni hacer que te olvide yo.
Vanse AMINTA, IRENE, CLORI, Y FLORA. [Salen DIANA y VENUS,
en el aire]
[DIANA]: Ya de nuestra competencia
está a la vista el examen.
[VENUS]: Pues la primera experiencia,
siendo en los montes, sea mía.
[Vanse DIANA y VENUS]
DANTE: (¿Quién vio acciones tan opuestas Aparte
y que ni amar ni olvidar
un hombre a su gusto pueda?
Pues se ha de olvidar y amar
sólo al gusto de su estrella.)
LIDORO: (¡Válgame Dios! ¡Qué de cosas Aparte
en un instante me cercan!
Y sobre todo, con ser
tantas hoy y tan diversas,
ninguna se hace --¡ay de mí!--
más lugar en mí que aquella
heredada y adquirida
saña que mi pecho engendra
contra Dante; pues él siempre
es y ha sido en paz y en guerra
el móvil de mis desdichas.
Pues ¿qué aguarda, pues qué espera
mi furor, cuando tan solo
ha quedado en la aspereza
de este monte? Empiece, pues,
mi venganza, sin que sea
infamia sobre seguro
matarle; que no es bajeza
en quien no viene a reñir,
sino a matar, que lo emprenda
como pudiere.
[Va a darle a DANTE, pero] sale MALANDRÍN
MALANDRÍN: ¿Es, señor,
hora de hallarte?
LIDORO: (Suspensa, Aparte
no sin nuevo asombro, el alma,
atrás mis intentos vuelva.)
DANTE: ¿Era hora de parecer
tú?
MALANDRÍN: Pues yo ¿por todas estas
montañas he hecho otra cosa
que buscarte? Y de eso sea
buen testigo el camarada
a quien tú sacaste a tierra,
pues a no mal tiempo el cielo
aquí le ha traído. --Llega,
por tu vida; di a mi amo
cuánto ha que andamos por esta
soledad en busca suya.
LIDORO: (Ya es otra confusión ésta.) Aparte
¿Dante es vuestro dueño?
MALANDRÍN: Sí.
Pues ¿qué maravilla es ésa?
LIDORO: ¿Y es él quien me dio la vida?
MALANDRÍN: Claro está.
LIDORO: (Desdicha fiera, Aparte
¿adónde has de ir a parar,
si a cada paso te aumentas?)
El y yo os hemos buscado,
señor, y así no os parezca
culpa en él, ni en mí omisión
llegar a las plantas vuestras
tan tarde quien de su vida
viene a conocer la deuda.
DANTE: Alzad, y creed que a mí
me doy yo la enhorabuena
de vuestra salud, según
llegó a lastimarme el verla
tan postrada que me hubiese
menester; porque no hay prueba
de un infeliz como ver
que de otro a valerse venga.
Y ya que en tierra y en mar
corremos los dos tormenta
tan a un mismo tiempo, ved
si la semejanza nuestra,
condiscípulos del hado,
algún cariño os engendra
para seguir mi fortuna;
que no quiero que se entienda
que mis puertas cierro a quien
el cielo arrojó a mis puertas.
LIDORO: El os guarde por tan grandes
mercedes y honras. (¡Que quieran Aparte
los dioses que beneficios
a mi enemigo agradezca!)
Pero para no admitirlas
os pido, señor, licencia,
que yo he de seguir la corte;
porque quizá tengo en ella
pretensión que a vos... Mas nada
os digo. (Calle la lengua Aparte
hasta que hable el corazón
con la voz de la experiencia.)
Quedad con Dios.
DANTE: El os guarde.
Vase LIDORO
¿Has visto igual extrañeza
de palabras y de acciones?
Apenas formó su lengua
razón con razón.
MALANDRÍN: Pues agua
había bebido. Aquí espera.
DANTE: ¿Dónde vas?
MALANDRÍN: Tras él.
DANTE: ¿A qué?
MALANDRÍN: A que el vestido me vuelva
quien de desagradecido
ha dado la primer muestra.
DANTE: Déjale y vente conmigo
a disponer cómo pueda
salir de la corte, cuando
sin puesto, estado ni hacienda
de un instante a otro me veo.
MALANDRÍN: Pues, di, señor, ¿qué me dieras
por todas aquestas joyas?
DANTE: Pues ¿quién...?
MALANDRÍN: ¿Quién quieres que sea?
Aminta.
DANTE: No me lo digas;
Deten, Malandrín, la lengua;
que es cargarla de razón
contra mí. Mas muestra, muestra;
que no vienen a mal tiempo,
si yo pudiese con ellas,
sin que sepa que yo soy
el dueño de la fineza,
socorrer a Irene; que,
fuera de su patria, es fuerza
no tener, yendo a la corte,
con que lucirse.
MALANDRÍN: ¿Eso piensas
ahora? Pues dime, ¿es bien
que una lealtad agradezcas
con un agravio, y que pagues
con un favor una ofensa?
¿No basta que, siendo tú
Dante, Irene te aborrezca,
cosa tan nueva en los "dantes";
y que "tomante" te quiera
Aminta, cosa también
en los "tomantes" tan nueva,
para que de agradecido
y quejosa...?
DANTE: Deja, deja
de argüirme; que ya sé
lo que yerra y lo que acierta
mi destino, mas no puedo
hacerle yo resistencia.
Altas deidades, que ignoro
si allá en la sagrada esfera
tiene acaso mi fortuna
superior correspondencia,
declaraos, ¿a qué fin
mis desdichas se conciertan?
Dentro cantan dos COROS de música
CORO 1: "A fin de que venza Amor."
CORO 2: "A fin de que el desdén venza."
DANTE: ¿Qué voces son las que el viento
lisonjeramente lleva?
MALANDRÍN: ¿Voces ahora se te antojan?
DANTE: Oye, a ver si su respuesta
acaso vuelve otra vez.
¿A qué fin, deidades bellas,
en dos contrarios afectos
mi ruina el hado concierta?
CORO 1: "A fin de que venza Amor."
CORO 2: "A fin de que el desdén venza."
DANTE: ¿Y ahora no las oíste?
MALANDRÍN: ¿He de oír lo que tú sueñas?
DANTE: Aplica bien el oído.
MALANDRÍN: Así aplicara mi hacienda.
DANTE: ¿A qué fin, tercera vez
vuelve a pregunta mi lengua,
disponéis...?
Dentro ruido y voces
TODOS: ¡Guarda el león!
UNO: ¡Al monte!
OTRO: ¡Al valle!
OTRO: ¡A la selva!
MALANDRÍN: Aqueste es otro cantar
que oigo bien.
DANTE: ¿Qué voz es ésta?
MALANDRÍN: ¿Qué ha de ser? Pese a mi alma,
sino que el monte atraviesa
un león como un león.
DANTE: Aun la desdicha no es ésa,
sino que Aminta e Irene
Aun no han tomado --¡qué pena!--
la carroza y por el monte,
bien que por contrarias sendas,
desamparadas de todos,
van huyendo.
MALANDRÍN: ¡A Dios pluguiera
fuera mujeriego el dicho
león y, yéndose tras ellas,
a nosotros nos dejara!
DANTE: ¡Oh quién a un tiempo pudiera
seguir a entrambas!
MALANDRÍN: ¡Oh quién
estuviera a dos mil leguas
de cualquiera de las dos!
Dentro
AMINTA: ¿Nadie hay que me favorezca?
DANTE: Aquélla es la voz de Aminta;
fuerza es ir a socorrerla.
Dentro
IRENE: ¿No hay quien ampare mi vida?
DANTE: La voz de Irene es aquélla;
fuerza es que a ampararla vaya.
AMINTA: ¡Piedad, cielos!
DANTE: Pero vuelva
adonde Aminta peligra;
IRENE: ¡Dioses, piedad!
DANTE: Pero atienda
adonde peligra Irene.
MALANDRÍN: No es mala fullería ésa
de dudar, en ocasión
que la duda al riesgo ofrezca.
DANTE: Pues ¿qué he de hacer, si me llaman
a un tiempo?
MALANDRÍN: No responderlas,
sino dudar, hasta ver
cuál, más que a las dos, es fuerza
amparar.
DANTE: ¿A quién?
MALANDRÍN: A mí,
que te sirvo más que ellas.
IRENE: ¡Piedad, cielos!
AMINTA: ¡Favor, dioses!
Dentro
TODOS: ¡Al monte, al valle, a la selva!
Sale AMINTA por una parte, en lo alto de un monte, y en la
otra parte IRENE
AMINTA: ¿En todas estas montañas
no hay quien mi vida defienda?
DANTE: Sí; que yo la mía, señora,
perder sabré en tu defensa.
IRENE: ¿No hay quien defienda mi vida?
Dentro
TODOS: ¡Al monte, al valle, a la selva!
DANTE: Sí; que yo pondré la mía,
primero que a ti te ofenda.
Dentro
TODOS: ¡Guarda el león!
MALANDRÍN: Malo es esto;
que --¡vive Dios!- que se acerca.
AMINTA: Pues ¿qué es esto, Dante? ¿A mí
en el peligro me dejas?
DANTE: Dices bien; tuya es mi vida.
IRENE: ¿Y de mí, Dante, te ausentas?
DANTE: Dices bien; también es tuya,
y ha de estar en tu defensa.
AMINTA: ¿Así a mi obligación faltas?
DANTE: Más te debo a ti que a ella,
es verdad; pierda la vida,
pero la fama no pierda.
IRENE: ¿Lo que quieres desamparas?
DANTE: También es verdad aquélla;
piérdase todo, mas no
lo que se quiere se pierda.
AMINTA: ¿De mí huyes?
DANTE: No; que contigo
me has de hallar.
IRENE: ¿De mí te alejas?
DANTE: No; que contigo has de verme.
MALANDRÍN: Si a propósito se hubiera
buscado un león que diese
lugar a su competencia,
¿se hubiera en el mundo hallado
otro de tanta paciencia?
Mas parece que lo oyó,
que camina con más priesa
hacia acá.
AMINTA: ¿Qué determinas?
IRENE: Di, ¿qué resuelves?
MALANDRÍN: ¿Qué intentas?
DANTE: Cumplir dos obligaciones,
sin que amor ni desdén pueda
decir que venció ninguno.
AMINTA e
IRENE: ¿Cómo?
DANTE: De aquesta manera.--
Bruto rey de estas montañas,
en mí tu saña ensangrienta;
que yo hago en ti sacrificio
de mi vida a dos bellezas;
A AMINTA
a ti, porque te la debo;
A IRENE
a ti, porque me la debas.
Vase
MALANDRÍN: ¡Por Dios, que se va al león,
como si a un lobo se fuera!
AMINTA: ¡Oye, espera, escucha, aguarda!
IRENE: ¡Aguarda, oye, escucha, espera!
AMINTA: Que yo, a riesgo de tu vida,
te perdono la fineza.
Vase
IRENE: Yo no; que sólo tu muerte
será lo que te agradezca.
Vase
MALANDRÍN: ¿No digo yo que el león
es león hechizo? Apenas
se puso mi amo delante
cuando, tomando la vuelta,
a él le deja, y hacia mí
se viene.
Sale un león
Usted se detenga,
señor león; uñas tiene
la dificultad, que empieza
a argüir conmigo, y la arguye
muy bien, aunque es una bestia.
¿Así a tu mejor cofrade,
Baco, en el peligro dejas?
Vuélvese a entrar el león
Apenas le invoqué cuando,
aunque brumado, me deja.
Yo iré luego a darle gracias.
Aparecen en el aire VENUS y DIANA
VENUS: Nada dijo mi experiencia,
Diana, pues quedan iguales
amor y desdén en ella.
Veamos qué dirá la tuya.
DIANA: Pues atiende; que he de hacerla,
si tú en tierra, yo en el aire.
VENUS: ¿Cómo?
DIANA: De aquesta manera.
Suena un terremoto, y desaparecen VENUS y DIANA
MALANDRÍN: ¡Esto solo me faltaba,
que ahora un terremoto venga!
El demonio me metió
en andar por estas selvas.
Vase. Salen el REY y AURELIO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu