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IRENE:         Lidoro, a la corte voy;
               no de la vista me pierdas.
LIDORO:        Claro está que he de seguirte,
               pues sigo en ti de mi estrella
               el nuevo rumbo.
DANTE:                          (¿Quién vio,          Aparte
               en unida competencia,
               darse las manos jamás
               a su próspera y su adversa
               fortuna, y que a un mismo tiempo
               hoy en maridaje prenda
               la ingratitud y el amor?)

Quiere acompañarlas DANTE
AMINTA: ¡Dante! DANTE: ¿Qué manda tu alteza? AMINTA: Que os quedéis. DANTE: Ya sé, señora, que no es justo que se atreva quien de su destierro tiene intimada la sentencia a ver a persona real; mas como al destierro atiendas, es de la corte y, ya ausente el rey, no es la corte ésta. AMINTA: Es verdad; mas no es por eso mandaros que hagáis ausencia. DANTE: Pues ¿por qué? AMINTA: Porque va Irene conmigo, y pretendo hacerla este primero agasajo de que ni os hable ni os vea. Y así, yendo ella conmigo, no es bien que vais vos con ella. DANTE: ¡Qué bien dicen que el contagio, y no la salud, se pega! AMINTA: ¿Cómo? DANTE: Como Irene pudo pegarte a ti su extrañeza y tú no a ella tu agrado. IRENE: Ni todo el cielo pudiera; pues no podrá todo el cielo hacer que no os aborrezca. DANTE: Ni hacer que te olvide yo.
Vanse AMINTA, IRENE, CLORI, Y FLORA. [Salen DIANA y VENUS, en el aire]
[DIANA]: Ya de nuestra competencia está a la vista el examen. [VENUS]: Pues la primera experiencia, siendo en los montes, sea mía.
[Vanse DIANA y VENUS]
DANTE: (¿Quién vio acciones tan opuestas Aparte y que ni amar ni olvidar un hombre a su gusto pueda? Pues se ha de olvidar y amar sólo al gusto de su estrella.) LIDORO: (¡Válgame Dios! ¡Qué de cosas Aparte en un instante me cercan! Y sobre todo, con ser tantas hoy y tan diversas, ninguna se hace --¡ay de mí!-- más lugar en mí que aquella heredada y adquirida saña que mi pecho engendra contra Dante; pues él siempre es y ha sido en paz y en guerra el móvil de mis desdichas. Pues ¿qué aguarda, pues qué espera mi furor, cuando tan solo ha quedado en la aspereza de este monte? Empiece, pues, mi venganza, sin que sea infamia sobre seguro matarle; que no es bajeza en quien no viene a reñir, sino a matar, que lo emprenda como pudiere.
[Va a darle a DANTE, pero] sale MALANDRÍN
MALANDRÍN: ¿Es, señor, hora de hallarte? LIDORO: (Suspensa, Aparte no sin nuevo asombro, el alma, atrás mis intentos vuelva.) DANTE: ¿Era hora de parecer tú? MALANDRÍN: Pues yo ¿por todas estas montañas he hecho otra cosa que buscarte? Y de eso sea buen testigo el camarada a quien tú sacaste a tierra, pues a no mal tiempo el cielo aquí le ha traído. --Llega, por tu vida; di a mi amo cuánto ha que andamos por esta soledad en busca suya. LIDORO: (Ya es otra confusión ésta.) Aparte ¿Dante es vuestro dueño? MALANDRÍN: Sí. Pues ¿qué maravilla es ésa? LIDORO: ¿Y es él quien me dio la vida? MALANDRÍN: Claro está. LIDORO: (Desdicha fiera, Aparte ¿adónde has de ir a parar, si a cada paso te aumentas?) El y yo os hemos buscado, señor, y así no os parezca culpa en él, ni en mí omisión llegar a las plantas vuestras tan tarde quien de su vida viene a conocer la deuda. DANTE: Alzad, y creed que a mí me doy yo la enhorabuena de vuestra salud, según llegó a lastimarme el verla tan postrada que me hubiese menester; porque no hay prueba de un infeliz como ver que de otro a valerse venga. Y ya que en tierra y en mar corremos los dos tormenta tan a un mismo tiempo, ved si la semejanza nuestra, condiscípulos del hado, algún cariño os engendra para seguir mi fortuna; que no quiero que se entienda que mis puertas cierro a quien el cielo arrojó a mis puertas. LIDORO: El os guarde por tan grandes mercedes y honras. (¡Que quieran Aparte los dioses que beneficios a mi enemigo agradezca!) Pero para no admitirlas os pido, señor, licencia, que yo he de seguir la corte; porque quizá tengo en ella pretensión que a vos... Mas nada os digo. (Calle la lengua Aparte hasta que hable el corazón con la voz de la experiencia.) Quedad con Dios. DANTE: El os guarde.
Vase LIDORO
¿Has visto igual extrañeza de palabras y de acciones? Apenas formó su lengua razón con razón. MALANDRÍN: Pues agua había bebido. Aquí espera. DANTE: ¿Dónde vas? MALANDRÍN: Tras él. DANTE: ¿A qué? MALANDRÍN: A que el vestido me vuelva quien de desagradecido ha dado la primer muestra. DANTE: Déjale y vente conmigo a disponer cómo pueda salir de la corte, cuando sin puesto, estado ni hacienda de un instante a otro me veo. MALANDRÍN: Pues, di, señor, ¿qué me dieras por todas aquestas joyas? DANTE: Pues ¿quién...? MALANDRÍN: ¿Quién quieres que sea? Aminta. DANTE: No me lo digas; Deten, Malandrín, la lengua; que es cargarla de razón contra mí. Mas muestra, muestra; que no vienen a mal tiempo, si yo pudiese con ellas, sin que sepa que yo soy el dueño de la fineza, socorrer a Irene; que, fuera de su patria, es fuerza no tener, yendo a la corte, con que lucirse. MALANDRÍN: ¿Eso piensas ahora? Pues dime, ¿es bien que una lealtad agradezcas con un agravio, y que pagues con un favor una ofensa? ¿No basta que, siendo tú Dante, Irene te aborrezca, cosa tan nueva en los "dantes"; y que "tomante" te quiera Aminta, cosa también en los "tomantes" tan nueva, para que de agradecido y quejosa...? DANTE: Deja, deja de argüirme; que ya sé lo que yerra y lo que acierta mi destino, mas no puedo hacerle yo resistencia. Altas deidades, que ignoro si allá en la sagrada esfera tiene acaso mi fortuna superior correspondencia, declaraos, ¿a qué fin mis desdichas se conciertan?
Dentro cantan dos COROS de música
CORO 1: "A fin de que venza Amor." CORO 2: "A fin de que el desdén venza." DANTE: ¿Qué voces son las que el viento lisonjeramente lleva? MALANDRÍN: ¿Voces ahora se te antojan? DANTE: Oye, a ver si su respuesta acaso vuelve otra vez. ¿A qué fin, deidades bellas, en dos contrarios afectos mi ruina el hado concierta? CORO 1: "A fin de que venza Amor." CORO 2: "A fin de que el desdén venza." DANTE: ¿Y ahora no las oíste? MALANDRÍN: ¿He de oír lo que tú sueñas? DANTE: Aplica bien el oído. MALANDRÍN: Así aplicara mi hacienda. DANTE: ¿A qué fin, tercera vez vuelve a pregunta mi lengua, disponéis...?
Dentro ruido y voces
TODOS: ¡Guarda el león! UNO: ¡Al monte! OTRO: ¡Al valle! OTRO: ¡A la selva! MALANDRÍN: Aqueste es otro cantar que oigo bien. DANTE: ¿Qué voz es ésta? MALANDRÍN: ¿Qué ha de ser? Pese a mi alma, sino que el monte atraviesa un león como un león. DANTE: Aun la desdicha no es ésa, sino que Aminta e Irene Aun no han tomado --¡qué pena!-- la carroza y por el monte, bien que por contrarias sendas, desamparadas de todos, van huyendo. MALANDRÍN: ¡A Dios pluguiera fuera mujeriego el dicho león y, yéndose tras ellas, a nosotros nos dejara! DANTE: ¡Oh quién a un tiempo pudiera seguir a entrambas! MALANDRÍN: ¡Oh quién estuviera a dos mil leguas de cualquiera de las dos!
Dentro
AMINTA: ¿Nadie hay que me favorezca? DANTE: Aquélla es la voz de Aminta; fuerza es ir a socorrerla.
Dentro
IRENE: ¿No hay quien ampare mi vida? DANTE: La voz de Irene es aquélla; fuerza es que a ampararla vaya. AMINTA: ¡Piedad, cielos! DANTE: Pero vuelva adonde Aminta peligra; IRENE: ¡Dioses, piedad! DANTE: Pero atienda adonde peligra Irene. MALANDRÍN: No es mala fullería ésa de dudar, en ocasión que la duda al riesgo ofrezca. DANTE: Pues ¿qué he de hacer, si me llaman a un tiempo? MALANDRÍN: No responderlas, sino dudar, hasta ver cuál, más que a las dos, es fuerza amparar. DANTE: ¿A quién? MALANDRÍN: A mí, que te sirvo más que ellas. IRENE: ¡Piedad, cielos! AMINTA: ¡Favor, dioses!
Dentro
TODOS: ¡Al monte, al valle, a la selva!
Sale AMINTA por una parte, en lo alto de un monte, y en la otra parte IRENE
AMINTA: ¿En todas estas montañas no hay quien mi vida defienda? DANTE: Sí; que yo la mía, señora, perder sabré en tu defensa. IRENE: ¿No hay quien defienda mi vida?
Dentro
TODOS: ¡Al monte, al valle, a la selva! DANTE: Sí; que yo pondré la mía, primero que a ti te ofenda.
Dentro
TODOS: ¡Guarda el león! MALANDRÍN: Malo es esto; que --¡vive Dios!- que se acerca. AMINTA: Pues ¿qué es esto, Dante? ¿A mí en el peligro me dejas? DANTE: Dices bien; tuya es mi vida. IRENE: ¿Y de mí, Dante, te ausentas? DANTE: Dices bien; también es tuya, y ha de estar en tu defensa. AMINTA: ¿Así a mi obligación faltas? DANTE: Más te debo a ti que a ella, es verdad; pierda la vida, pero la fama no pierda. IRENE: ¿Lo que quieres desamparas? DANTE: También es verdad aquélla; piérdase todo, mas no lo que se quiere se pierda. AMINTA: ¿De mí huyes? DANTE: No; que contigo me has de hallar. IRENE: ¿De mí te alejas? DANTE: No; que contigo has de verme. MALANDRÍN: Si a propósito se hubiera buscado un león que diese lugar a su competencia, ¿se hubiera en el mundo hallado otro de tanta paciencia? Mas parece que lo oyó, que camina con más priesa hacia acá. AMINTA: ¿Qué determinas? IRENE: Di, ¿qué resuelves? MALANDRÍN: ¿Qué intentas? DANTE: Cumplir dos obligaciones, sin que amor ni desdén pueda decir que venció ninguno. AMINTA e IRENE: ¿Cómo? DANTE: De aquesta manera.-- Bruto rey de estas montañas, en mí tu saña ensangrienta; que yo hago en ti sacrificio de mi vida a dos bellezas;
A AMINTA
a ti, porque te la debo;
A IRENE
a ti, porque me la debas.
Vase
MALANDRÍN: ¡Por Dios, que se va al león, como si a un lobo se fuera! AMINTA: ¡Oye, espera, escucha, aguarda! IRENE: ¡Aguarda, oye, escucha, espera! AMINTA: Que yo, a riesgo de tu vida, te perdono la fineza.
Vase
IRENE: Yo no; que sólo tu muerte será lo que te agradezca.
Vase
MALANDRÍN: ¿No digo yo que el león es león hechizo? Apenas se puso mi amo delante cuando, tomando la vuelta, a él le deja, y hacia mí se viene.
Sale un león
Usted se detenga, señor león; uñas tiene la dificultad, que empieza a argüir conmigo, y la arguye muy bien, aunque es una bestia. ¿Así a tu mejor cofrade, Baco, en el peligro dejas?
Vuélvese a entrar el león
Apenas le invoqué cuando, aunque brumado, me deja. Yo iré luego a darle gracias.
Aparecen en el aire VENUS y DIANA
VENUS: Nada dijo mi experiencia, Diana, pues quedan iguales amor y desdén en ella. Veamos qué dirá la tuya. DIANA: Pues atiende; que he de hacerla, si tú en tierra, yo en el aire. VENUS: ¿Cómo? DIANA: De aquesta manera.
Suena un terremoto, y desaparecen VENUS y DIANA
MALANDRÍN: ¡Esto solo me faltaba, que ahora un terremoto venga! El demonio me metió en andar por estas selvas.
Vase. Salen el REY y AURELIO

Amado y aborrecido part 6

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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