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JORNADA SEGUNDA


Salen LIDORO y MALANDRÍN
MALANDRÍN: Será para mi señor vuestra salud linda nueva, según quedó lastimado de vuestra infeliz tragedia. Y así, a que me dé en albricias algún vestido que pueda suplir el que yo os he dado, a buscarle iré; pues cierta cosa será que uno y otro me lo estime y agradezca. Pues no dudo que, a no estar obligado a la asistencia del rey que, como ya os dije, anda a caza, él mismo fuera quien os trajera en sus brazos. LIDORO: Su vida el cielo y la vuestra guarde, para que la mía en igual fortuna pueda desempeñar generosa la obligación y la deuda. MALANDRÍN: ¿Cómo igual fortuna? Eso es lo mismo que se cuenta de un hombre que estaba malo; y, viendo la gran fineza con que le asistía un amigo, le dijo en voz lastimera: "Plegue a Dios que me veáis sano, amigo, y que yo os vea morir a vos, para que conozcáis de mi asistencia lo agradecido que estoy a la mucha piedad vuestra." Vos así... LIDORO: No la malicia apliquéis; que bien se deja ver adónde va a parar. Y, aunque es fácil la respuesta, con que no sólo en los mares corren los hombres tormenta, no la he de dar; mas supuesto que vais a buscarle, es fuerza acompañaros, porqué mi vida a sus pies ofrezca. MALANDRÍN: Pues venid conmigo. LIDORO: En tanto que damos con él, quisiera que me dijerais quién es, par que advertido sepa la estimación con que debo llegar a hablarle. MALANDRÍN: Bien se echa de ver que sois extranjero, pues no os han dicho las señas de su casa y su familia, que es...
Dentro voces y ruido
UNOS: ¡Qué desdicha! OTROS: ¡Qué pena! AMINTA: ¡Socorro, cielos, piedad! LIDORO: ¿Qué ruido y qué voz es ésta? MALANDRÍN: Un caballo que del monte desbocado se despeña con una mujer. LIDORO: ¿Qué aguarda el valor que en mí se engendra que no socorre su vida? Pues basta que mujer sea para que la suya un hombre aventure en su defensa.
Vase
MALANDRÍN: ¡Qué veloz el extranjero por lo intrincado atraviesa del bosque para salirle al paso! ¡Qué airoso llega y, poniéndose delante con la espada, pasar deja al bruto a distancia que, cortándole entrambas piernas, convierte en fácil caída su desbocada violencia! ¡Famosa suerte! El caballo le den, pues le desjarreta. Ya en sus brazos la recibe. ¡Oh qué acción! ¡Que no supiera yo que hacerla no tenía más dificultad que hacerla!
Sale LIDORO con AMINTA en los brazos
LIDORO: Perdonad, divino asombro, que a vuestra deidad me atreva; que no se aja en el peligro el respeto, ni se cuenta en número de dichoso el que es dichoso por fuerza; y alentad, que ya segura estáis. AMINTA: A tanta fineza deudora soy de la vida. LIDORO: Si errar vuestra voz pudiera, vuestra voz, señora, errara en reconocer la deuda, que no sois vos quien la debe. AMINTA: Pues ¿quién? LIDORO: Toda la luz bella del sol que, sin vos, estaba ya en vuestro desmayo muerta; y mal pudiera yo...
Salen el REY, NISE y criados
REY: Aminta, mil veces en hora buena te hallen mi vista y mis brazos con la vida que desean. AMINTA: Para que a tus pies, señor, una y mil veces la ofrezca. REY: Retírate a aquesa torre; que, aunque es prisión de una fiera, el acaso nunca elige. AMINTA: No hay para qué; yo estoy buena. NISE: A todas nos da, señora, tu mano a besar. FLORA: Y sea tan dichosa la desdicha que, quebrando el ceño en ella de la fortuna, se quede en el amago suspensa. AMINTA: Dios os guarde; que a no ser por el brío o la destreza de ese joven que atajó del caballo la soberbia, a más pasara el peligro. MALANDRÍN: Guarde Dios a Vuestra Alteza, por las honras que me hace. REY: ¿Fuisteis vos? MALANDRÍN: No, mas pudiera haber sido. Y por sí o no, es justo que lo agradezca. Fuera de que si a priori el argumento se empieza, yo fui quien le dio la vida. REY: ¿Cómo? MALANDRÍN: Como llevé a cuestas a quien a ella se la dio, después que de la tormenta mi amo le entregó en mis brazos. Y es precisa consecuencia que él no diera vida a Aminta si yo a él no se la diera. Y así, si ella por él vive, por mí viven él y ella. REY: ¿Vos derrotado del mar salisteis a aquestas selvas? LIDORO: Sí, señor; que no hay desdicha que para dicha no venga. REY: ¿De dónde era aquella nave? LIDORO: (Desmentir de dónde es fuerza.) Aparte De Abido, que a Alejandría de Egipto pasaba, llena de riquezas y esperanzas. Mas ¿quién a agua y viento entrega a menos costa, señor, esperanzas y riquezas? Pues, de la náutica hablando, dijo un cuerdo que no era maravilla que los hombres en la mar hallasen senda, sino que osasen hallarla para no más que perderla. REY: Y ¿qué érades de la nave: mercader o patrón de ella? LIDORO: Ni uno ni otro; que lo más a que se extendió mi estrella fue, señor, a ser un pobre marinero; de manera que, con escapar la vida, escapé toda mi hacienda. REY: Poned los ojos en qué haceros mercedes pueda; que a más de la obligación vuestras fortunas me dejan compadecido. LIDORO: Tus plantas beso humilde, aunque por esta acción, para no pedir merced, me has de dar licencia. REY: ¿Por qué? LIDORO: Porque, si grosero la pongo, señor, en venta, será desairar la dicha de haber merecido hacerla. En otra ocasión podrás honrarme; que es acción necia que a vista de tal servicio pida el premio. MALANDRÍN: Pues lo yerras; que si en la ocasión un hombre que sirve no se aprovecha, en pasándose, maldito de Dios el que dél se acuerda. Y yo conozco a quien tiene muerto de hambre esta modestia. NISE: No es muy necio el extranjero. FLORA: Más que su voz dice muestra su traje y su estilo. MALANDRÍN: Ya querrán ustedes que sea algún príncipe encubierto que viene de lejas tierras, enamorado de alguna de ustedes; pues evidencia tengo de que es hombre ruin, de vil y baja ralea. NISE y FLORA: Y ¿qué es? MALANDRÍN: Que le viene bien el vestido que le presta un hombre de mi pretina, y no hay mayor experiencia de pobretón que ver que vestido de otro le venga. Sea chico o grande su talle, dél se ajusta de manera que con los gordos engorde, con los flacos enflaquezca, con los enanos enane y con los crecidos crezca. REY: Yo con este azar, Aminta, dejar la caza quisiera; si bien me embaraza Irene a hacer de este monte ausencia. AMINTA: ¿Por qué? REY: Porque, viendo ya frustrada la diligencia del cuidado que la asiste y pública la sospecha del hado que la amenaza, no es bien que libre ni presa quede, y más cuando segunda vez en la torre se encierra, a no casar en mi estado determinada y resuelta. Dime tú, ¿qué haré? AMINTA: Señor, no en un instante se aciertan motivos que traen consigo tantas razones opuestas. Y, pues que dar tiempo al tiempo fue siempre la acción más cuerda, para darle, me parece (¡Oh Amor, mi discurso alienta!) Aparte que estará mejor conmigo, puesto que, con mi asistencia tenerla a la vista es ni librarla ni prenderla. REY: Dices bien; y porque al fin favor mío no parezca, disponlo a tu gusto tú; que, para que mejor puedas, yo me adelanto a la quinta.--
A LIDORO
Y tú, marinero, piensa en qué el servicio de hoy podrá tener recompensa. LIDORO: Yo gozaré de esa dicha cuando otra ocasión se ofrezca. REY: Pues yo te ofrezco la gracia que me pidieres.
Vase. A AMINTA
NISE: ¿Qué intentas llevando contigo a Irene? AMINTA: Nise, asegurarme de ella; pues dicen que hacen los celos menos mal desde más cerca. MALANDRÍN: Habéis de venir conmigo; que buscar a mi amo es fuerza. LIDORO: Claro está; pero un instante esperad. MALANDRÍN: ¿Qué hay que os detenga? LIDORO: Sucesos de mi fortuna. (Y es verdad, que, si no fueran Aparte ellos tales, no llegara con tanto temor a verla.) FLORA: ¿Y has de llegar a la torre? AMINTA: No; que temo que parezca poca autoridad o mucho deseo. Y así quisiera que alguno de parte mía la llamara. NISE: No hay quien pueda ir; que con el rey, señora, todos o los más se ausentan, creyendo que tú le sigues, y aquí solamente quedan el marinero y crïado de Dante. AMINTA: Nadie pudiera Más al propósito mío. ¿Traes, Flora, contigo aquellas joyas que te dije? FLORA: Sí. AMINTA: Pues con una diligencia dos cosas haré, que son que el uno vaya por ella y poder hablar al otro. ¡Hola! LIDORO y MALANDRÍN: ¿A quién llama tu alteza?
A LIDORO
AMINTA: A vos. Llegad a esa torre, y decid a una belleza infeliz, que en ella vive, que a la margen lisonjera de aqueste arroyo la aguardo, que con vos a verme venga. LIDORO: A servirte iré. (¡No vi Aparte más soberana belleza!)
Vase
MALANDRÍN: ¡Cuerpo de Apolo! Pues ¿no estaba yo aquí, que fuera tan presto como él? ¿A mí tal desaire? Bien se echa de ver que no está mi dueño en tu gracia. AMINTA: Porque veas que antes ha sido favor, dale a Malandrín aquesas joyas, Flora. MALANDRÍN: ¡Plegue a Dios que vivas cuatro mil dueñas, unas sobre otras, y luego te den la supervivencia de otros cuatrocientos mil cuñados, suegros y suegras! Si bien para mí excusada estaba aquesta fineza, porque, con eso y sin eso, dijera lo que supiera de mi amo, desde el día que vino. AMINTA: Ya no desea mi cuidado saber más de lo que sé. MALANDRÍN: Pues ¿qué intentas? AMINTA: Que le digas que una dama, viendo que pobre se ausenta, tan en desgracia del rey, sin puesto, estado ni hacienda, este pequeño socorro ahora le envía; y que crea que, dondequiera que él fuere, tendrá su correspondencia. MALANDRÍN: Luego ¿no son para mí? NISE: ¿Para ti habían de ser, bestia? MALANDRÍN: Pues ¿para quién son las dichas, sino sólo para ellas? AMINTA: Búscale presto, y adiós; que no quiero, ya que llega el marinero a la torre, que con él Irene venga y te halle aquí. MALANDRÍN: Yo iré, pero a mi pesar, con tal nueva. AMINTA: ¿Por qué? MALANDRÍN: Porque no merece un ingrato estas finezas. AMINTA: ¿Ahora sabes que es lograrlas razón de no merecerlas?
A sus damas
Venid conmigo [las] dos; hagamos tiempo por esta verde estancia.
Vanse. Sale LIDORO
LIDORO: ¡Ah de la torre!
Dentro
CLORI: ¿Quién es quien llama a esta puerta?
Salen CLORI y LAURA, y detrás IRENE
LIDORO: Decidle a una deidad que vive aquí que hay quien desea de parte de Aminta hablarla. IRENE: ¿A mí? LIDORO: A vos, si sois aquélla que aquí... (Mas ¿qué es lo que miro?) Aparte IRENE: (¡Cielos! ¿Qué ilusión es ésta?) Aparte LIDORO: (¿Si es fantasía del deseo?) Aparte IRENE: (¿Si es delirio de la idea?) Aparte LIDORO: ...infeliz vive. IRENE: Yo soy; que, si infeliz traéis por señas, mal podré yo desmentirlas; si bien más duda a ser llega traer vos recado de Aminta que no el enviaros ella. CLORI: ¿De qué turbada has quedado? LAURA: ¿De qué has quedado suspensa? IRENE: No sé...de oír de Aminta el nombre, y ver que de mí se acuerda; y así otra vez y otras mil es bien que a informarme vuelva. (Mejor a desengañarme Aparte diré.) Pues ¿qué es lo que intenta? LIDORO: Que vais a hablarla, que al margen de aquese arroyo os espera. Y no os admiréis de que yo con el aviso venga, puesto --¡ay de mí!-- que no es novedad tan grande ésta que no haya la fortuna, señora, podido hacerla. IRENE: No lo dudo; pero extraño que la dicha me suceda de que vos me dais aviso. LIDORO: Pues no lo extranéis, si es ésa la causa; porque no es dicha el venir yo que no tenga de desdicha mucha parte. IRENE: ¿Cómo? LIDORO: Como a esa ribera derrotado me echó el mar, sólo para que merezca serviros a vos y a Aminta.
Aparte a IRENE
Y si es que tengo licencia, hablaré más claro. IRENE: No; que no hay nadie que no sea guarda mía. LIDORO: Pues dejemos esta plática suspensa para mejor ocasión. IRENE: El dejarla será fuerza, y más al ver que llegamos ya de Aminta a la presencia.
Salen AMINTA, NISE, y FLORA
AMINTA: Dame los brazos, Irene. IRENE: Admirada, Aminta bella, de que te acuerdes de mí, he extrañado de manera el favor, que aún hasta ahora estoy dudosa y suspensa sobre si le debo dar crédito a lo que me cuenta. AMINTA: Yo, Irene, siempre he estimado tu persona, y si pudiera decirte cuánto me tiene lastimada tus tragedias, te admiraras; pues sin duda es mucho lo que me cuestan de cuidado tus desdichas y de envidia tu belleza. Mas nunca tuve ocasión de mostrarlo; y porque veas, hoy que puedo, cuánto siento de tu prisión la extrañeza, quiero que a vivir, Irene, conmigo a la corte vengas; que, aunque mi hermano no dé para esta piedad licencia, yo la he de tomar. IRENE: Tu mano beso humilde, pero deja, si por mi bien solicitas esta mudanza, que muera en aquestas soledades antes que en la corte sea objeto de los agüeros del rey, y darme pretenda estado a que no me inclino; y más si es que, atento a aquella primera palabra suya, de ganarme el que le pierda, más desenojado vuelve a que Dante... AMINTA: Espera, espera; que yo te doy la palabra, cuando en eso a hablarte vuelva, de ser la primera yo que esto estorbe y que esto sienta. IRENE: Será la merced mayor que hacerme en tu vida puedas; pues de sólo ver que es él quien está al paso, quisiera que me dieras de volverme a aquella prisión licencia.
Sale DANTE a la puerta, y viéndola, se detiene
AMINTA: (Él es el que al paso está. Aparte El alma al mirarle tiembla. Si es su homicida, ¿qué mucho que sangre la herida vierta?)
Danse las manos AMINTA e IRENE
Eso no; conmigo ven, y de sus enojos piensa que vas conmigo segura.--
A NISE
A la gente que me espera manda llegar las carrozas a la falda de la cuesta.
Vase NISE. Hablan aparte IRENE y LIDORO

Amado y aborrecido part 5

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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