This file was last updated on June 14, 1995, 9:05 p.m.

REBOLLEDO: Con este intento vengo a hablar al capitán, por ver si tengo dicha en algo. CHISPA: Pues háblale de modo que le obliges; que en fin no ha de ser todo desatino y locura. REBOLLEDO: Préstame un poco tú de tu cordura. CHISPA: Poco y mucho pudiera. REBOLLEDO: Mientras hablo con él, aquí me espera.

[Habla REBOLLEDO] a don ÁLVARO

Yo vengo a suplicarte... ÁLVARO: En cuanto puedo ayudaré, por Dios, a Rebolledo, porque me ha aficionado su despejo y su brío. SARGENTO: Es gran soldado. ÁLVARO: Pues, ¿qué hay que se le ofrezca? REBOLLEDO: Yo he perdido cuanto dinero tengo y he tenido y he de tener, porque de pobre juro, en presente, en pretérito y futuro. Hágaseme merced de que por vía de ayudilla de costa aqueste día el alférez me dé... ÁLVARO: Diga, ¿qué intenta? REBOLLEDO: El juego del boliche por mi cuenta; que soy hombre cargado de obligaciones y honbre al fin honrado. ÁLVARO: Digo que eso es muy justo, y el alférez sabrá que este es mi gusto.

[La CHISPA habla aparte]

CHISPA: (Bien le habla el capitán. ¡Oh si me viera llamar de todos ya la bolichera!) REBOLLEDO: Daréle ese recado. ÁLVARO: Oye. Primero que le lleves, de ti fïarme quiero para cierta invención que he imaginado, con que salir intento de un cuidado. REBOLLEDO: Pues, ¿qué es lo que se aguarda? Lo que tarda en saberse, es lo que tarda en hacerse. ÁLVARO: Escúchame. Yo intento subir a ese aposento por ver sien él una persona habita, que de mí hoy esconderse solicita. REBOLLEDO: Pues, ¿por qué no le subes? ÁLVARO: No quisiera, sin que alguna color para esto hubiera, por disculparlo más; y así, fingiendo que yo riño contigo, has de irte huyendo por ahí arriba. Yo entonces enojado la espada sacaré. Tú muy turbado has de entrarte hasta donde esta persona que busque se esconde. REBOLLEDO: Bien informado quedo. CHISPA: (Pues habla el capitán con Rebolledo hoy de aquella manera, desde hoy me llamarán la bolichera.)

[Habla REBOLLEDO]en alta voz

REBOLLEDO: ¡Voto a Dios que han tenido esta ayuda de costa, que he pedido, un ladrón, un gallina y un cuitado, y ahora que la pide un hombre honrado, ¿se la dan? CHISPA: (¡Ya empieza su tronera!) ALVARO: Pues, ¿cómo me habla a mí de esa manera? REBOLLEDO: ¿No tengo de enojarme cuando tengo razón? ÁLVARO: No, ni ha de hablarme; y agradezca que sufro aqueste exceso. REBOLLEDO: Ucé es mi capitán, sólo por eso callaré. Mas, ¡por Dios!, que si yo hubiera la bengala en mi mano... ÁLVARO: ¿Qué me hiciera? CHISPA: ¡Tente, señor! (Su muerte considero.) REBOLLEDO: ...que me hablara mejor. ÁLVARO: ¿Qué es lo que espero, que no doy muerte a un pícaro atrevido? REBOLLEDO: Huyo, por el respeto que he tenido a esa insignia. ÁLVARO: Aunque huyas, te he de matar. CHISPA: (Ya él hizo de las suyas.) SARGENTO: ¡Tente, señor! CHISPA: ¡Escucha! SARGENTO: ¡Aguarda, espera! CHISPA: (Ya no me llamarán la bolichera.)

Éntrale acuchillando y salen JUAN con espada y Pedro CRESPO

JUAN: ¡Acudid todos presto! CRESPO: ¿Qué ha sucedido aquí? JUAN: ¿Qué ha sido aquesto? CHISPA: Que la espada ha sacado el capitán aquí para un soldado, y esa escalera arriba sube tras él. CRESPO: ¿Hay suerte más esquiva? CHISPA: Subid todos tras él. JUAN: Acción fue vana esconder a mi prima y a mi hermana.

Éntranse y salen REBOLLEDO huyendo, e ISABEL e INÉS

REBOLLEDO: Señoras, si siempre ha sido sagradoel que es templo, hoy sea mi sagrado aqueste, pues es templo del Amor. ISABEL: ¿Quién a vos de esa manera os obliga? INÉS: ¿Qué ocasión tenéis de entrar hasta aquí? ISABEL: ¿Quién os sigue o busca?

Salen don ÁLVARO y el SARGENTO

ÁLVARO: Yo; que tengo de dar la muerte al pícaro, ¡vive Dios! Si pensase.... ISABEL: Deteneos, siquiera porque, señor, vino a valerse de mí; que los hombres, como vos, han de amaparar las mujeres, si no por lo que ellas son, porque son mujeres; que esto basta, sindo vos quien sois. ÁLVARO: No pudiera otro sagrado librarle de mi furor, sino vuestra gran belleza; por ella vida le doy. Pero mirad, que no es bbien en tan precisa ocasión hacer vos el homicidio, que no queréis que haga yo. ISABEL: Caballero, si cortés ponéis en obligación nuestras vidas, no zozobre tan presto la intercesión. Que dejéis este soldado os suplico; pero no que cobréis de mí la deuda a que agradecida estoy. ÁLVARO: No sólo vuestra hermosura es derara perfección, pero vuestro entendimiento lo es también; porque hoy en vos alïanza están jurando hermosura y discreción.

Salen Pedro CRESPO y JUAN, las espadas desnudas

CRESPO: ¿Cómo es eso, caballero? ¿Cuando pensó mi temor hallaros matando a un hombre, os hallo... ISABEL: (¡Válgame Dios!) Aparte CRESPO: ...requebrando a una mujer? Muy noble sin duda sois, pues que tan presto se os pasan los enojos. ÁLVARO: Quien nació con obligaciones debe acudir a ellas; y yo al respeto de esta dama suspendí todo el furor. CRESPO: Isabel es hija mía, y es labradora, señor, que no dama. JUAN: (¡Vive el cielo Aparte que todo ha sido invención, para haber entrado aquí! Corrido en el alma estoy de que piensen, que me engañan, y no ha de ser.) Bien, señor capitán, pudierais ver con más segura atención lo que mi padre desea hoy serviros, para no haberle hecho este disgusto. CRESPO: ¿Quién os mete en eso a vos, rapaz? ¿Que disgusto ha habido? Si el soldado le enojó, ¿no había de ir tras él? Mi hija os estima el favor del haberle perdonado, y el de su respeto yo. ÁLVARO: Claro está, que no habrá sido otra causa, y ved mejor lo que decís. JUAN: Yo lo veo muy bien. CRESPO: Pues, ¿cómo habláis vos así? ÁLVARO: Porque estáis delante, más castigo no le doy a este rapaz. CRESPO: Detened, señor capitán; que yo puedo tratar a mi hijo como quisiere, y vos no. JUAN: Y yo sufrirlo a mi padre, mas a otra persona no. ÁLVARO: ¿Qué habíais de hacer? JUAN: Perder la vida por la opinión. ÁLVARO: ¿Qué opinión tiene un villano? JUAN: Aquella misma que vos; que no hubiera un capitán sino hubiera un labrador. ÁLVARO: ¡Vive Dios, que ya es bajeza sufrirlo! CRESPO: Ved que yo estoy de por medio.

Sacan las espadas

REBOLLEDO: ¡Vive Cristo, Chispa, que ha de haber hurgón! CHISPA: ¡Aquí del cuerpo de guardia! REBOLLEDO: ¡Don Lope, ojo avisor!

Sale don LOPE con hábito, muy galán, y bengala

LOPE: ¿Qué es aquesto? ¿La primera cosa que he de encontrar hoy, acabdo de llegar, ha de ser una cuestión? ÁLVARO: (¡A qué mal tiempo don Lope Aparte de Figueroa llegó!) CRESPO: (¡Por Dios, que se las tenía Aparte con todos el rapagón!) LOPE: ¿Qué ha habido? ¿Qué ha sucedido? Hablad, porque, ¡votos a Dios!, que a hombres, mujeres y casa eche por un corredor! ¿No me basta haber subido hasta aquí, con el dolor de esta pierna, que los diablos llevarán, amén, si no no decirme, "Aquesto ha sido"? CRESPO: Todo eso es nada, señor. LOPE: Hablad, decid la verdad. ÁLVARO: Pues es que alojado estoy en esta casa; un soldado... LOPE: Decid. ÁLVARO: ...ocasión me dio a que sacase con él la espada. Hasta aquí se entró huyendo. Entréme tras él donde estaban esas dos labradoras, y su padre o su hermano--o lo que son-- se han disgustado de que entrase hasta aquí. LOPE: Pues yo a tan buen tiempo he llegado, satisfaré a todos hoyt. ¿Quién fue el soldado, decid, que a su capitán le dio ocasión de que sacase la espada? REBOLLEDO: (¡A que pago yo Aparte por todos!) ISABEL: Aquéste fue el que huyendo hasta aquí entró. LOPE: Denle dos tratos de cuerda. REBOLLEDO: Tras... ¿Qué me han de dar, señor? LOPE: Tratos de cuerda. REBOLLEDO: Yo hombre de estos tratos no soy. CHISPA: (De esta vez me lo estropean.) Aparte ÁLVARO: (¡Ah, Rebolledo, por Dios, Aparte que nada digas! Yo haré que te libren.)

[REBOLLEDO habla] aparte a él

REBOLLEDO: (¿Cómo no lo he de decir, pues si callo, los brazos me pondrán hoy atrás, como mal soldado?)

A don LOPE

El capitán me mandó que fingiese la pendencia, para tener ocasión de entrar aquí. CRESPO: Ved ahora, si hemos tenido razón. LOPE: No tuvisteis, para haber así puesto en ocasión de perderse este lugar. ¡Hola! Echa un bando tambor: --Que al cuerpo de guardia vayan los soldados cuantos son, y que no salga ninguno, pena de muerte, en todo hoy-- Y para que no quedéis con aqueste empeño vos, y vos con este disgusto, y satisfechos los dos, buscad otro alojamiento; que yo en esta casa estoy desde hoy alojado, en tanto que a Guadalupe no voy donde está el Rey. ÁLVARO: Tus preceptos, órdenes precisas son para mí.

Vanse los soldados

CRESPO: Entraos allá dentro.

Vanse ISABEL, INÉS y JUAN

Mil gracias, señor, os doy por la merced, que me hicisteis de excusarme una ocasión de perderme. LOPE: ¿Cómo habíais, decid, de perderos vos? CRESPO: Dando muerte a quien pensara ni aun el agravio menor. LOPE: ¿Sabes, ¡voto a Dios!, que es capitán? CRESPO: Sí, ¡voto a Dios!, y aunque fuera él general, en tocando a mi opinión le matara. LOPE: A quien tocara ni aun al soldado menor sólo un pelo de la ropa, ¡por vida del cielo!, yo le ahorcara. CRESPO: A quien se atreviera a un átomo de mi honor, ¡por vida también del cielo!, que también le ahorcara yo. LOPE: ¿Sabéis que estáis olbigado a sufrir, por ser quien sois, estas cargas? CRESPO: Con mi hacienda, pero con mi fama no. Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios. LOPE: ¡Juro a Cristo!, que parece que vais teniendo razón! CRESPO: Sí, ¡juro a Cristo!, porque siempre la he tenido yo. LOPE: Yo vengo cansado, y esta pierna, que el diablo me dio, ha menester descansar. CRESPO: Pues, ¿quién os dice que no? Ahí me dio el diablo una cama, y servirá para vos. LOPE: ¿Y dióle hecha el diablo? CRESPO: Sí. LOPE: Pues a deshacerla voy, que estoy, ¡voto a Dios!, cansado. CRESPO: Pues descansad, ¡voto a Dios! LOPE: (Testarudo es el villano; Aparte también jura como yo.) CRESPO: (Caprichoso es el don Lope Aparte no haremos migas los dos.)

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

El alcalde de Zalamea part 4

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu