This file was last updated on June 13, 1997, 9:05 p.m.


EL ALCALDE DE ZALAMEA


Personas que hablan en ella:


JORNADA PRIMERA


Salen REBOLLEDO, la CHISPA, y algunos SOLDADOS

REBOLLEDO:        ¿Cuerpo de Cristo con quien
               de esta suerte hace marchar
               de un lugar a otro lugar
               sin dar un refresco!
TODOS:                                ¡Amén!
REBOLLEDO:        ¿Somo gitanos aquí,                
               para andar de esta manera?
               ¿Una arrollada bandera
               nos ha de llevar tras sí
                  con una caja...
SOLDADO 1:                         ¿Ya empiezas?
REBOLLEDO:     ...que este rato que calló                 
               nos hizo merced de no
               rompernos estas cabezas?
SOLDADO 2:        No muestres de eso pesar,
               si ha de olvidarse, imagino,
               el cansancio del camino                           
               a la entrada del lugar.
REBOLLEDO:        ¿A qué entrada, si voy muerto?
               Y aunque llegue vivo allá
               sabe mi Dios si será
               para alojar; pues es cierto                       
                  llegar luego al comisario
               los alcaldes a decir,
               que si es que se pueden ir,
               que darán lo necesario.
                  Responderle lo primero                         
               que es imposible, que viene
               la gente muerta; y, si tiene
               el concejo algún dinero,
                  decir, "Señores, soldados,
               orden hay que no paremos;                         
               luego al instante marchemos."
               Y nosotros, muy menguados,
                  a obedecer al instante
               orden, que es, en caso tal,
               para él orden monacal,                     
               y para mi mendicante.
                  Pues, ¡voto a Dios!, que si llego
               esta tarde a Zalamea,
               y pasar de allí desea
               por diligencia o por ruego,                       
                  que ha de ser sin mí la ida;
               pues no, con desembarazo
               será el primero tornillazo
               que habré yo dado en mi vida.
SOLDADO 1:        Tampoco será el primero,                
               que haya la vida costado
               a un miserable soldado;
               y más hoy, si considero,
                  que es el cabo de esta gente
               don Lope de Figueroa,                             
               que, si tiene tanta loa
               de animoso y de valiente
                  la tiene también de ser
               el hombre más desalmado,
               jurador y renegado                                
               del mundo, y que sabe hacer
                  justicia del más amigo,
               sin fulminar el proceso.
REBOLLEDO:     ¿Ven ustedes todo eso?
               Pues yo haré lo que yo digo.               
SOLDADO 2:        ¿De eso un soldado blasona?
REBOLLEDO:     Po mí muy poco me inquieta;
               sino por esa pobreta
               que viene tras la persona.
CHISPA:           Seor Rebolledo, por mí                  
               vuecé no se aflija, no;
               que bien se sabe que yo
               barbada el alma nací;
                  y ese temor me deshonra,
               pues no vengo yo a servir                         
               menos, que para sufrir
               trabajos con mucha honra;
                  que para estarme, en rigor,
               regalada, no dejara
               en mi vida, cosa es clara,                        
               la casa del regidor,
                  donde todo sobra, pues
               al mes mil regalos vienen;
               que hay regidores, que tienen
               menos regla con el mes;                           
                  y pues a venir aquí
               a marchar y perecer
               con Rebolledo, sin ser
               postema, me resolví,
                  por mí ¿en qué duda o repara?                                                          
REBOLLEDO:     ¡Viven los cielos, que eres
               corona de las mujeres!
SOLDADO 2:     Aquesa es verdad bien clara.
                  ¡Viva la Chispa!
REBOLLEDO:                         ¡Reviva!
               Y más, si, por divertir                    
               esta fatiga de ir
               cuesta abajo y cuesta arriba,
                  con su voz al aire inquieta
               una jácara o canción.
CHISPA:        Responda a esa petición                    
               citada la castañeta.
REBOLLEDO:        Y yo ayudaré también.
               Sentencien los camaradas
               todas las partes citadas.
SOLDADO 1:     ¡Vive Dios, que han dicho bien!              

Cantan REBOLLEDO y la CHISPA

CHISPA: "Yo soy tiritiritaina, flor de la jacarandana. REBOLLEDO: "Yo soy tiritiritina, flor de la jacarandina. CHISPA: "Vaya a la guerra el alférez, y embárquese el capitán. REBOLLEDO: "Mate moros quien quisiere; que a mí no me han hecho mal. CHISPA: "Vaya y venga la tabla al horno, y a mí no me falte pan. REBOLLEDO: "Huéspeda, máteme una gallina, que el carnero me hace mal."

SOLDADO 1: Aguarda; que ya me pesa --que íbamos entretenidos en nuestros mismos oídos---, caballeros, de ver esa torre, pues es necesario que donde paremos sea. REBOLLEDO: ¿Es aquélla Zalamea? CHISPA: Dígalo su campanario. No sienta tanto vusté, que cese el cantico ya; mil ocasiones habrá en lograrle; porque esto me divierte tanto, que como de otras no ignoran, que a cada cosa lloran, yo a casa cosica canto, y oirá ucé jácaras ciento. REBOLLEDO: Hagamos aquí alto, pues justo, hasta que venga, es con la orden el sargento, por si hemos de entrar marchando o en tropas. SOLDADO 2: Él solo es quien llega ahora. Mas también el capitán esperando está.

Salen don ÁLVARO y el SARGENTO

ÁLVARO: Señores soldados, albricias puedo pedir; de aquí no hemos de salir, y hemos de estar alojados hasta que don Lope venga con la gente, que quedó en Llerena; que hoy llegó orden de que se prevenga toda, y no salga de aquí a Guadalupe, hasta que junto todo el tercio esté, y él vendrá luego; y así del cansancio bien podrán descansar algunos días. REBOLLEDO: Albricias pedir podías. TODOS: ¡Vítor nuestro capitán! ÁLVARO: Ya está hecho el alojamiento. El comisario irá dando boletas, como llegando fueren. CHISPA: Hoy saber intento, por qué dijo, voto a tal, aquella jacarandina; "Huéspeda, máteme una gallina; que el carnero me hace mal."

Vanse todos, y quedan el CAPITÁN y el SARGENTO

ÁLVARO: Señor sargento, ¿ha guardado las boletas para mí que me tocan? SARGENTO: Señor, sí. ÁLVARO: ¿Y dónde estoy alojado? SARGENTO: En la casa de un villano, que el hombre más rico es del lugar, de quien después he oído, que es el más vano hombre del mundo, y que tiene más pompa y más presunción, que un infante de León. ÁLVARO: Bien a un villano conviene rico aquesa vanidad. SARGENTO: Dicen, que esta es la mejor casa del lugar, señor; y si va a decir verdad, yo la escogí para ti, no tanto porque lo sea, como porque en Zalamea no hay tan bella mujer... ÁLVARO: Di. SARGENTO: ...como una hija suya. ÁLVARO: Pues, ¿por muy hermosa y muy vana será más que una villana con malas manos y pies? SARGENTO: ¡Que haya en el mundo quien diga eso! ÁLVARO: ¿Pues no, mentecato? SARGENTO: ¿Hay más bien gastado rato --a quien amor no le obliga, sino ociosidad no más-- que el de una villana, y ver, que no acierta a responder a propósito jamás? ÁLVARO: Cosa es que en toda mi vida, ni aun de paso, me agradó; porque en no mirando yo aseada y bien prendida una mujer, me parece que no es mujer para mí. SARGENTO: Pues para mí, señor, sí, cualquiera que se me ofrece. Vamos allá; que por Dios, que me pienso entretener con ella. ÁLVARO: Quieres saber ¿cuál dice bien de los dos? El que una belleza adora, dijo, viendo a la que amó, "Aquella es mi dama," y no, "Aquella es mi labradora." Luego si dama se llama la que se ama, claro es ya, que en una villana está vendido el nombre de dama.

Mas, ¿qué ruido es ese? SARGENTO: Un hombre, que de un flaco rocinante a la vuelta de esa esquina se apeó, y en rostro y talle parece aquel Don Quijote de quien Miguel de Cervantes escribió las aventuras. ÁLVARO: ¡Qué figura tan notable! SARGENTO: Vamos, señor; que ya es hora. ÁLVARO: Lléveme el sargento antes a la posada la ropa, y vuelva luego a avisarme.

Vanse. Salen don MENDO, hidalgo de figura, y [NUÑO, su] criado

MENDO: ¿Cómo va el rucio? NUÑO: Rodado, pues no puede menearse. MENDO: ¿Dijiste al lacayo, di, que un rato le pasease? NUÑO: ¡Qué lindo pienso! MENDO: No hay cosa que tanto a un bruto descanse. NUÑO: Aténgome a la cebada. MENDO: ¿Y que a los galgos no aten, dijiste? NUÑO: Ellos se holgarán mas no el carnicero. MENDO: Baste; y pues que han dado las tres, cálzome palillo y guantes. NUÑO: ¿Si te prenden el palillo por palillo falso? MENDO: Si alguien, que no he comido un faisán, dentro de sí imaginare, que allá dentro de sí miente, aquí y en cualquiera parte lo sustentaré. NUÑO: ¿Mejor no sería sustentarme a mí que al otro, que en fin te sirvo? MENDO: ¡Que necedades! En efecto, ¿que han entrado soldados aquesta tarde en el pueblo? NUÑO: Sí, señor. MENDO: Lástima da el villanaje con los huéspedes que espera. NUÑO: Más lástima da y más grande con los que no espera... MENDO: ¿Quién? NUÑO: La hidalguez, y no te espante; que, si no alojan, señor, en casa de hidalgos a nadie, ¿por qué piensas que es? MENDO: ¿Por qué? NUÑO: Porque no se mueran de hambre. MENDO: En buen descanso esté el alma de mi buen señor y padre, pues en fin me dejó una ejecutoria tan grande, pintada de oro y azul, exención de mi linaje. NUÑO: Tomáramos que dejara un poco del oro aparte. MENDO: Aunque, si reparo en ello, y si va a decir verdades, no tengo que agradecerle de que hidalgo me engendrase; porque yo no me dejara engendrar, aunque él porfiase, sino fuera de una hidalgo, en el vientre de mi madre. NUÑO: Fuera de saber difícil. MENDO: No fuera, sino muy fácil. NUÑO: ¿Cómo, señor? MENDO: Tú en efecto filosofía no sabes, y así ignoras los principios. NUÑO: Sí, mi señor, y aun los antes y postres, desde que como contigo; y es, que al instante mesa divina es tu mesa, sin medios, postres ni antes. MENDO: Yo no digo esos principios. Has de saber que el que nace sustancia es del alimento, que antes comieron sus padres... NUÑO: ¿Luego tus padres comieron? Esa maña no heredaste. MENDO: ...esto después se convierte en su propia carne y sangre; luego si hubiera comido el mío cebolla, al instante me hubiera dado el olor, y hubiera dicho yo, "Tate, que no me está bien hacerme de excremento semejante."

El alcade de Zalamea part 2

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@ut.arizona.edu