This file was last updated on July 27, 1997
Vanse, y salen don DIEGO y MOSQUETE con cadenas en la prisión
DIEGO: ¡Qué largas que son las horas que con cuidado se pasan, Mosquete! MOSQUETE: Más largas son, que las leguas de la mancha. DIEGO: No he podido sosegar un instante. MOSQUETE: Pese a mi alma, ¿eso dices? Pues es paso éste en que no vemos para sosegar, cuando no menos que una horca nos aguarda. ¡Vive Dios!, que estando yo despierto, ya me soñaba con tanta lengua de fuera. DIEGO: No es la muerte sola causa de mis cuidados, Mosquete, que perdiendo a doña Juana, antes me sirve de alivio. MOSQUETE: Aliviada sea tu alma en los infiernos. ¿Qué dices, hombre, que el cuerpo me rallas? ¿La muerte no te da miedo? DIEGO: Deja las burlas, acaba. MOSQUETE: Pues sólo de imaginarme hecho racimo con patas, me estoy ahorcando yo. DIEGO: ¡Que siempre me hables de chanza! Di, ¿qué hora será? MOSQUETE: La una dará presto en la campaña, con los cuatro cuartos míos. DIEGO: ¡Vive Dios!, que es cosa rara tu humor. MOSQUETE: A mí me parece, que serán las doce dadas, si no mienten las cabrillas. DIEGO: Con tus simplezas me matas. ¿Ves tú el cielo? MOSQUETE: No te espante, que mi turbación es tanta, que me hace ver las estrellas.
Dentro ruido como que abren la puerta
DIEGO: ¿Mosquete? MOSQUETE: ¿Señor? DIEGO: Aguarda, que en la cerradura escucho meter una llave. MOSQUETE: Ascuas, las guardas son, que la llave abre siempre con las guardas. Llegó mi hora.
Sale doña JUANA de hombre, como a oscuras, con la espada en la mano
JUANA: Don Diego, ¿a dónde estáis? DIEGO: ¿Quién me llama? JUANA: Quien vuestra vida procura, y quien pretende librarla a todo trance. Seguidme. DIEGO: Deja que os rinda las gracias. (Éste es Tucapel, que él solo Aparte hiciera acción tan bizarra.) JUANA: No os detengáis, Caballero, que hay peligro en la tardanza. Seguidme. DIEGO: La vida os debo. (Envidia la acción me causa.) Aparte ¿Y el crïado? JUANA: Mi cuidado de su libertad se encarga.
Llévase Doña JUANA a don DIEGO, dejando abierta la puerta de la prisión, y MOSQUETE se queda como tentando
MOSQUETE: ¡Vive Dios!, que si no miento, que ha sido alguna fantasma la que vino, pues oí hacia esta parte que hablaban. Y ya, si yo no me engaño, las han [susurado] o callan. Ah, señor, ¿estás ahí? ¿No responde? Cosa es clara que él se libró, y que me deja echo espantajo en la jaula.
Sale TUCAPEL por la puerta de la prisión
TUCAPEL: Abierta está la prisión, y por si acaso eran guardas, a dos hombres que encontré, no les quise hablar palabra. ¿Si habrán librado a don Diego? ¡Por Marte, que me pesara que fuera por otra mano! MOSQUETE: O el miedo me da matraca, o hablan aquí. TUCAPEL: Pasos siento. ¿Es don Diego? MOSQUETE: (Andallo, pavas, Aparte yo quiero decir que sí; pues que no aventuro nada en decirlo, y puede ser que sea un alma cristiana devota de los Mosquetes, que a sacarme venga.) TUCAPEL: ¿Calla? ¿No responde? MOSQUETE: Sí, yo soy. TUCAPEL: (Él respondió, albricias, alma.) Aparte Seguidme pues. MOSQUETE: Ya te sigo. TUCAPEL: (Pague yo acción tan hidalga Aparte ahora, que después pienso darle la muerte en campaña.) MOSQUETE: (Salga una por una, y luego Aparte más que me tundan la lana.)
Llévase TUCAPEL a MOSQUETE, y sale doña JUANA y don DIEGO del mismo modo que se fueron
JUANA: Pisad quedo. DIEGO: ¿No sabré a quién he debido tantas finezas? JUANA: De este peligro salgamos, que os doy palabra de decíroslo muy presto. No hay que replicarme nada, sino callar. DIEGO: Llena, cielos, llevo de dudas el alma.
Éntranse, y sale TUCAPEL, con dos espadas, y traerá a MOSQUETE
TUCAPEL: Ea. don Diego, ya estáis en salvo, y para que caiga vuestra atención, en quien hizo aquesta acción tan bizarra, Tucapel soy, y si vos me distéis vida y espada, espada y vida os doy, puesto que la ofrezco a vuestras plantas.
Échale la espada a los pies
Y pues ya con esta acción os quedo deudor en nada, el desafío aplazado se concluya, porque salga mi valor airoso en todo, que una cosa es, que mi fama cumpla con mi obligación, y otra es el duelo; y ved cuánta diferencia hay en las dos, pues allí con mano franca os di la vida, y aquí os vengo a sacar el alma. Sacad la espada. MOSQUETE: (¡Dios mío, Aparte quién me metió en esta danza? el diablo me hizo don Diego.) TUCAPEL: ¿No me respondes? ¿Qué aguardas? MOSQUETE: Señor, por amor de Dios, yo tengo buenas entrañas, y no he de reñir con quien me ha dado la vida. TUCAPEL: Acaba, riñe, o te daré la muerte. MOSQUETE: Digo que no tengo gana. TUCAPEL: ¿Eso dice un hombre noble? MOSQUETE: Ya sabe usted mi prosapia. TUCAPEL: Sé que eres hombre valiente. MOSQUETE: Eso pienso que me falta. TUCAPEL: Riñe, acaba, o vive Apolo, que he de cumplir mi palabra llevándola tu cabeza. MOSQUETE: ¿A quién, señor? TUCAPEL: A mi dama. MOSQUETE: (Eso me faltaba solo.) Aparte Usted llevará una alhaja muy vacía, porque son mis cascos de calabaza. TUCAPEL: Pues, don Diego, o defenderte o he de matarte. MOSQUETE: (¡Caramba, Aparte aquí no hay otro remedio.) ¿Qué don Diego ni qué haca? ¿Cómo he de ser yo don Diego, si usted la pidió trocada? TUCAPEL: Pues, ¿quién eres? MOSQUETE: Su crïado. TUCAPEL: ¡Por Marte, que te matara, a no ensuciar el acero, villano, en cosa tan baja!
Dentro el MARQUÉS
MARQUÉS: ¡Ea, españoles valientes!, pues ya va viniendo el alba, ¿a qué aguardáis? Envistamos.
Tocan. Dentro voces
VOCES: ¡Santïago, cierra España!
Dentro CAUPOLICÁN
CAUPOLICÁN: Araucanos valerosos, si perdéis esta batalla, nos perdemos todos.
Disparan
TUCAPEL: ¿Qué oigo? La escaramuza trabada está ya. Pues, ¿a qué espero, cuando mi gente me llama?
Vase. Tocan cajas y clarines como a batalla
MOSQUETE: Vaya usted con mil demonios. Ya se zurran, ya se cascan; mas cásquense en hora buena, que yo detrás de estas ramas he de mirar esta fiesta.
Escóndese, y salen tres SOLDADOS retirando a CAUPOLICÁN, que viene herido y la cara ensangrentada
CAUPOLICÁN: ¡Ah, fementida canalla! De aquesta suerte veréis... mas la sangre que me falta me quita las fuerzas! SOLDADO 1: Perro, ríndete al punto. TUCAPEL: ¡Qué rabia! Ah, villanos, no es posible defenderme.
átanle las manos
SOLDADO 2: El galgo vaya a donde luego le pongan en un palo. MOSQUETE: Santas pascuas, eso pido. CAUPOLICÁN: ¡Ay, Colocolo! Cierta ha salido tu magia; pues todas estas desdichas por no creerte me asaltan.
Llévanle
MOSQUETE: Este perro, por lo menos, ya lleva en la cola maza; mas acá viene un tropel, escondite, y venga o vaya.
Escóndese, y salen algunos INDIOS y RENGO acuchillando al MARQUÉS
RENGO: Ríndete cristiano. MARQUÉS: ¡Perros, acabadlo con mi espada!
Sale don DIEGO con la espada en la mano y pónese al lado del MARQUÉS
DIEGO: Ea, gran Marqués, a ellos, que a vuestro lado se halla don Diego de Almagro. MARQUÉS: (Cielos, Aparte o cuánto se alegra el alma!) DIEGO: Invierto marqués, a ellos, y muerta aquesta canalla.
Métenlos a cuchilladas, y dicen RENGO y los SOLDADOS dentro
RENGO: Muerto soy. MOSQUETE: Adiós, vaya un Rengo. UNO: ¡Que me muero! OTRO: ¡Que me matan! MOSQUETE: ¡Dos, tres! ¡Oh, qué linda cosa! Por Dios, que los perros rabian; pero aquí viene un soldado, vuelvo a esconderme.
Escóndese. Sale doña JUANA, de hombre
JUANA: Mis ansias, después que perdí a don Diego, un instante no se hallan sin él.
Sale don PEDRO
PEDRO: Buscando al marqués, a quien perdí en la batalla, que con don Diego de Almagro, que ya está libre, quedaba Rengo; mas aquel soldado de él me dirá. Ah, camarada, ¿habéis visto...? (Mas, ¿qué veo? Aparte ¿No es el rostro de mi hermana?) JUANA: (¡Ay de mí! Aquéste es mi hermano.) Aparte PEDRO: ¿Habéis visto...? JUANA: No sé nada.
Vase
PEDRO: Seguiréle, y dejaré mi sospecha averguada.
Vase. Dentro cajas y clarines
TODOS: ¡Victoria por el marqués!
Salen el MARQUÉS y sus SOLDADOS
MARQUÉS: Al cielo le doy las gracias de tan feliz victoria. Gran día le he dado a España.
Sale don DIEGO
DIEGO: Señor, los bárbaros todos a tu yugo se avasallan, entregándote las fuerzas de todas estas comarcas. Ya en Caupolicán se hizo la justicia que tú mandas: puesto en un palo murió, y con la mayor constancia, que humanos ojos han visto.
Dentro ruido y dice un SOLDADO
SOLDADO: Porque han rompido la guarda, dadles la muerte. MARQUÉS: ¿Qué es esto?
Salen TUCAPEL, RENGO, FRESIA, GUALEVA y demás damas INDIAS, y todos los SOLDADOS
TUCAPEL: Yo soy, señor, que a tus plantas vengo a pedirte perdón, con estos que me acompañan, rendidos a tu clemencia, de la ceguedad pasada; y el bautismo, que en la ley, que ya adoramos cristiana, vasallos queremos ser del grande león de España. TODOS: ¡Bautismo, señor, bautismo! MARQUÉS: ¡Oh, cuánto se alegra el alma! Llegad, llegad a mis brazos, que aquese fervor os salva, que yo en el nombre del rey os perdono, que es monarca en quien, sobre su poder, siempre la piedad se halla.
Sale doña JUANA, de hombre, huyendo, y tras ella don PEDRO, con la daga desnuda
PEDRO: Con tu sangre, hermana aleve, he de lavar hoy la mancha de mi honor. JUANA: ¡Señor invicto, vuestra presencia me valga! MARQUÉS: Don Pedro, pues ¿cómo así delante de mí la daga contra un soldado? ¿Qué es esto? PEDRO: Señor, oyendo la causa, no me culparéis, porque el que vuecelencia ampara no es hombre, no. MARQUÉS: Pues, ¿quién es? Decid. PEDRO: Una vil hermana, que en ese traje mentido mi ilustre nobleza agravia, y con su sangre alevosa he de borrar esta infamia; y así, señor, perdonad. DIEGO: [¡Cielos, esta es doña Juana] Aparte Tened, don Pedro, tened los rigores de esa daga; porque si sus filos quedan matizados con el nácar depositado en las venas de doña Juana tu hermana, has de ver cortado el hilo de tu vida sin tardanza, siendo la parca mi brazo, y mi espada la guadaña.
Echa mano a la espada
MARQUÉS: Advertid, que en mi presencia esa acción es muy extraña; y agradeced, que se funda en defensa de una dama. DIEGO: Y de una dama, a quien debo finezas tales y tantas, que si puedo agradecerlas, no es atención divulgarlas. Sólo, sí, quiero que sepas, que de mi deuda obligada, mudando el traje, se vino de Arauco y Chile a las playas: que animada del valor o del amor alentada, de mi prisión noticiosa, con estratagema rara quiso librarme, y lo logra de las sombras amparada; mas fue con tanta cautela, que aunque yo solicitaba saber el dueño a quien debo libertad tan deseada, entre piélagos de dudas la imaginación naufraga, hasta la ocasión presente, que viendo la verdad clara, ya salí de mi sospecha, que no en vano adivinaba el alma tan alta dicha, y con ser dicha tan alta, es la menor, pues le debo finezas más encumbradas. Y así valor de los Rojas, Don Pedro, ya vuestra hermana no corre por vuestra cuenta, pues cumpliendo mi palabra, y dándole yo la mano de su esposo, es casa llana, que quedáis fuera del duelo sin que más os satisfaga; y pues yo estoy satisfecho, no haya que replicar en nada. MARQUÉS: Ello está bien sentenciado. PEDRO: Y yo contento, pues gana con tal esposo tal dicha. DIEGO: Esta es mi mano, y el alma os doy con ella.
Danse las manos don DIEGO y doña JUANA
JUANA: Fineza es, que la merecen mis ansias. MARQUÉS: Aquesto está ya ajustado, Dios bien casados os haga; [y agradecedla, don Diego] que yo no me satisfaga] del bando que quebrantasteis. JUANA: Beso, gran señor, tus plantas. DIEGO: Tucapel le dé la mano a Fresia, con que se acaba nuestro duelo, que no es bien mi cabeza satisfaga el amor que la he tenido. FRESIA: Tuyas serán nuestras almas. TUCAPEL: Procedes como quien eres. FRESIA: Así se alivian mis ansias.
Danse las manos TUCAPEL y FRESIA
TUCAPEL: Así sosiegan mis celos.
Sale MOSQUETE
MOSQUETE: Bravos casamientos andan. JUANA: Rengo a Gualeva también, sin mis celos, puede darla. RENO: Soy tu esclavo.
Danse las manos GUALEVA y RENGO
GUALEVA: Dicha es mía. MARQUÉS: Pues porque mejor se haga, yo he de ser vuestro padrino en el bautismo mañana. MOSQUETE: Todos se casan aquí, y a mí solo no me casan. DIEGO: No hay con quien. MOSQUETE: ¿Falta una china con quien darme una pedrada? En fin, es cosa sensible: pero si bien se repara yo no soy para casado, ni quiera Dios que yo caiga en semejante flaqueza, en el mundo tan usada; porque yo por mi presencia, por mis rentas, por mis galas, no puedo aspirar a esposa hermosa, rica ni hidalga: solo tocarme podía una famosa tarasca, que pareciera una bruja a dos meses de casada. ¿Yo vender mi libertad por una fea? ¡Necuacuam! Mas vale vivir soltero, corriendo las caravanas, que dejar armas de Marte, y empuñar las de Jarama. MARQUÉS: Vamos de lo sucedido al templo a dar a Dios gracias. MOSQUETE: Eso es primero que todo. TODOS: Con que la comedia acaba los Españoles en Chile; perdonad sus muchas faltas.
FIN DE LA COMEDIA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham