This file was last updated on July 27, 1997
JUANA: ¡Gracias a Dios, que escapé de tan peligroso riesgo con este engaño! Aquí ya no hay que hacer, pues por lo menos estorbé que aquel crïado no llevara de don Diego el recado a mi enemiga; y sé también, que don Pedro, mi hermano, en Arauco está, pues de él me libré. ¿Quién, cielos, se vio en tan gran confusión? Pues me amenazan a un tiempo un amante a quien adoro, y un hermano a quien respeto.
Vase. Sale TUCAPEL
TUCAPEL: Ya el sol, monarca del día, en el mar está acostado; y pues con prisa he llegado hasta aquesta fuente fría, y es fuerza haber de esperar a que salga el español, pues busca descanso el sol, bien podré yo descansar.
Recuéstase
A la margen reclinado de este arroyo esperar quiero, que no seré yo el primero que descanse en el cuidado. Hoy, Fresia ingrata, verás si fue amor trocar tu suerte, y si es querer darle muerte, quien sabe servirte más. ¿Si a salir se atreverá? Sí, que en su honor es forzoso, mas soy tan poco dichoso, que por esto no saldrá.
Sale el MARQUÉS
MARQUÉS: ¡Vive Dios!, que me ha pesado, y que llego a estar corrido de haber el duelo impedido a tan valiente soldado; que aunque lo fundé en razón, pues no le toca al sitiado, es una razón de estado que la siente la opinión. El lugar que señaló el bárbaro loco y ciego, es éste, y hoy por don Diego vengo a castigarle yo. Que atrevido, no quisiera, pues su salida impedí, que este bárbaro de mí y de todos se riera. ¡Disfrazado, aunque imprudente! Mi valor aquesto intenta, que no ha de estar siempre a cuenta de lo cuerdo lo valiente. En la plaza están ajenos de que pueda estar yo aquí. Con tal secreto salí, que nadie me echará menos. Diránme que no es cordura el que yo salga, en rigor; pero démosle al valor un día una travesura.
Sale don DIEGO por otra puerta, y quédase al paño
DIEGO: Por el muro me arrojé, y vengo desesperado a este sitio. ¿Si he tardado? MARQUÉS: Allí en la arena se ve un bulto, llegarme quiero. ¡Ah, hidalgo! TUCAPEL: ¿Decís a mí? DIEGO: Dos hombres están allí. MARQUÉS: Si sois Tucapel, espero saber.
Levántase TUCAPEL
TUCAPEL: Si eres tú el cristiano, mi valor te lo dirá. MARQUÉS: Pues, ¿cómo durmiendo está con tal sosiego, araucano, quien tiene enemigos, di, de tan grande pundonor? TUCAPEL: Porque siempre mi valor está velando por mí. Eres don Diego? MARQUÉS: Sí soy. DIEGO: ¿Qué oigo? ¡Cielos soberanos! MARQUÉS: Hablen, bárbaro, las manos. TUCAPEL: Corrido, por Marte, estoy de haber de reñir contigo, y en mi real me reñirán, que aunque te mate, dirán, que has hecho campo conmigo; pero puesto que el cumplir con mi dama es la fineza, le he de llevar tu cabeza. MARQUÉS: Gana me das de reír, que no es fácil a mi ver, aunque tu arrogancia escucho; porque yo la quiero mucho, y la sabré defender. TUCAPEL: Español, de esta manera esta empresa facilito. MARQUÉS: A las obras me remito.
Sacan las espadas y llega don DIEGO
DIEGO: Aguarda, bárbaro, espera: porque si este duelo hoy con don Diego has aplazado, y a él solo has desafïado, don Diego de Almagro soy.
MARQUÉS: (¿Qué miro? ¡Almagro ha salido, Aparte y el orden ha quebrantado! Que no me conozca intento.) TUCAPEL: Siempre eché de ver, cristiano, que para reñir habíais de salir acompañado. MARQUÉS: Bárbaro, aunque somos dos no emprenden los castellanos reñir con ventaja nunca. TUCAPEL: Pues, ¿cómo podréis negarlo, siendo dos los que salís, y uno solo el que yo aguardo? DIEGO: (¡Vive Dios!, que es el marqués, Aparte que aunque lo haya disimulado, en la voz le he conocido; él ha salido gallardo, porque yo no quede mal. ¡A qué mal tiempo he llegado a decir que soy don Diego!) Caballero disfrazado, bien echo de ver que vos, porque supisteis el bando, con mi nombre habéis salido, y aunque estaba en varias manos mi crédito, hacedme gusto de volveros, que yo alabo vuestro valor, y no es bien, aunque en ello soy quien gano, que mi nombre eche a perder hoy vuestro aliento bizarro. MARQUÉS: Volveos, que no podéis quebrar el orden que ha dado el marqués, antes que sepa que no guardáis su mandato; que se enojará, y no es bueno el marqués para enojado. DIEGO: (¡Por Dios!, que se empeña mucho, Aparte pero yo me he declarado, y no tiene otro remedio.) Yo soy don Diego de Almagro, a mí me desafïó, y yo tengo de matarlo. MARQUÉS: Ya he dicho, que soy don Diego, y he de reñir. TUCAPEL: Castellanos, para dar fin a este duelo, ¿a qué aguardáis? Conformaos, pues si no he muerto a los dos es, porque determinado no está, cuál es de vosotros don Diego porque mi brazo no se equivoque por uno, otro a mi dama llevando. Pero ya que a mi valor dais don Diego duplicados, cumpliré mejor con ella, llevándome las de entrambos. DIEGO: Pues yo soy aquí... MARQUÉS: Teneos.
Va a acometer, y detiénele el MARQUÉS
Yo vine primero al campo, y aunque don Diego no fuera, le he de matar. DIEGO: Este acaso no es duelo de hallarse dos a un tiempo desafïados, para que tenga el que sale primero el campo ganado. A mí me desafïó, y aunque saliste bizarro, ya cesa en vos el intento saliendo el desafïado. MARQUÉS: ¿Quién contra un bando ha salido? ¡Y no es suyo! Que el soldado, como debe obedecer, es solamente del bando; y así, no os toca este duelo, que yo tengo de acabarlo. TUCAPEL: ¡Por Apolo!, que me tiene vuestro duelo ya cansado; pero con esta razón os satisfaréis. ¿Entrambos reñiréis conmigo? LOS DOS: No. TUCAPEL: ¿Y el que es don Diego de Almagro reñirá conmigo? LOS DOS: Sí. TUCAPEL: Pues yo tengo de ajustaros.
A don DIEGO
Y así a ti elijo, puesto que eres don Diego de Almagro porque ya te he conocido; que tú me dijiste osado en el muro que saldrías; y a vos os quedo envidiando, que no entendí que tenían tal valor los castellanos. MARQUÉS: (Acabóse, conocióle. Aparte Y habiéndole el araucano elegido, no me queda acción de reñir, es llano; pues no he de reñir por fuerza, y está muy bien empleado, porque no me meta yo a valiente, por Almagro. Tucapel, con tu elección este duelo está acabado: no te descuides, que a fe que te queda que hacer harto. (¡Vive Dios!, si no temiera Aparte ser conocido, que entrambos me pagaran de esta agencia las costas a cintarazos; porque irme yo sin reñir, lo siento, a fe de soldado. ¿Temoso me es el don Diego? Pues aunque valiente ha andado, me ha de pagar, ¡vive Dios!, haber quebrantado el bando, y no haber guardado el orden.
Vase
DIEGO: (El marqués se va enojado, Aparte mas yo le satisfaré.) Solos, Tucapel, estamos. TUCAPEL: Obre callando el valor.
Riñen
¡Qué valiente! DIEGO: ¡Qué alentado! ¡Raro pulso! TUCAPEL: Fuerte brío. DIEGO: Valiente es el araucano; pero mi valor... TUCAPEL: ¿Qué es esto?
Cáesele la espada
El acero de la mano se me ha caído. ¡Perdido estoy! ¿Cómo, Apolo airado, esto consentís? DIEGO: Levanta el acero, que mi brazo no ha de matarte sin él. TUCAPEL: Agradecido a lo hidalgo de tu corazón, don Diego, pagar quisiera bizarro
Alza el acero
la deuda que te confieso; pero pesa mi amor tanto, que no es posible faltar a la palabra que he dado; y así, perdona, que basta, para que quedes pagado, confesar yo que te debo, y quedar contigo ingrato. Tu cabeza he de llevar.
Riñen
DIEGO: Pues riñamos. TUCAPEL: Pues riñamos.
[Suenan] cajas
RENGO: ¡Arma, arma, que el enemigo, valerosos araucanos, por tres partes nos enviste! TUCAPEL: ¿Qué escucho? ¡Al arma tocaron! DIEGO: Dices bien; y así, ¿qué intentas, Tucapel? TUCAPEL: Que suspendamos por ahora nuestro duelo pues no llama este rebato, hasta mejor ocasión.
Dejan de reñir
Queda en paz. DIEGO: ¿En qué quedamos? TUCAPEL: En que yo te buscaré; que aunque estoy de ti obligado español, me has dado celos, y son los celos villanos.
Vase. Dentro el MARQUÉS
MARQUÉS: ¡A la colina, españoles, que ya van desordenados, huyendo a valerse de ella! DIEGO: Sin orden van los contrarios, por ser oscura la noche, a valerse del sagrado de lo fragoso del monte. Pues, ¿qué espero? Pues, ¿qué aguardo que no socorro a los míos?
Saca la espada, y sale MOSQUETE
MOSQUETE: Huyendo, como diez galgos, vengo a esta parte. ¿Qué escucho? Gente hacia aquí va llegando. DIEGO: ¿Quién es? ¿Quién va? MOSQUETE: (Esto es peor, Aparte aquí me matan a palos.) DIEGO: ¿No responde? MOSQUETE: (Con los huevos Aparte en la ceniza hemos dado.) DIEGO: Ríndite, araucano. MOSQUETE: Tente, hombre de todos los diablos. ¿Qué araucano, ni que haca? DIEGO: Pues quién eres? MOSQUETE: Un sacatrapos de un Mosquete racional, que sirve a un loco, a un menguado a un tronera... DIEGO: ¿Mosquetillo? Pues, ¿qué haces aquí, borracho? MOSQUETE: ¿Don Diego? DIEGO: Sí. MOSQUETE: ¡Voto a Dios!, que si no hablas que te mato. DIEGO: ¿Qué hay de nuevo? MOSQUETE: Señor mío, una de todos los diablos. Cerrada la has hecho. DIEGO: ¿Cómo? MOSQUETE: Porque el socorro ha llegado que esperaban, y al salir te echaron menos, jurando el marqués que ha de ponerte, en Peralvillo hecho cuartos, aunque está lejos de aquí. DIEGO: Yo sabré desenojarlo. Ya es de día, ¡a la batalla!, que el marqués verá en mi brazo su despique.
Al entrar, sale doña JUANA con la espada desnuda y una banda al rostro
JUANA: Caballero, no deis adelante paso. Volveos, porque un batallón viene a esta parte avanzando de indios, y daréis sin duda, si no os volvéis, en sus manos. DIEGO: ¿Quién sois? Esperad. JUANA: No puedo.
Dentro CAUPOLICÁN
CAUPOLICÁN: Valerosos araucanos, pues la Fortuna ha querido que esta batalla perdamos. Por aquí la retirada es más segura. Soldados, seguidme todos. ¿Qué miro?
Salen CAUPOLICÁN, y SOLDADOS indios
¿Aquí estáis, viles cristianos?
Riñen todos
¡En vosotros vengaré la cólera en que me abraso! DIEGO: ¡Traidores, pues vive Dios, que yo he de morir matando! CAUPOLICÁN: Rendíos, villanos.
Riñen
MOSQUETE: Señores, buen cuartel, por San Macario.
Cogen los SOLDADOS por detrás a los dos
CAUPOLICÁN: Soltad las armas. DIEGO: Traidores, primero os haré pedazos. ¿A traición usáis conmigo esta cautela, este engaño? ¡Oh, pese a las ansias mías! Mas no puedo, con los brazos, con las manos, con los dientes... CAUPOLICÁN: Vamos con ellos marchando a Purén. MOSQUETE: Pobre Mosquete, hoy te ponen en un palo.
FIN DE LA SEGUNDA JORNADA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham