This file was last updated on July 19, 1997
Salen el MARQUÉS de Cañete, barba, con bastón de general, don DIEGO de Almagro con béngala, don PEDRO de Rojas y SOLDADOS españoles de acompañamiento
MARQUÉS: Españoles valientes, cuyos hechos altivos y eminentes un mundo y otro aclama, aun no cabiendo en ellos vuestra fama: y veis en el estado que el bárbaro rebelde, levantado, después de tantas glorias, ha intentado postrar vuestras victorias; pues loco y atrevido --de pensarlo, por Dios, estoy corrido-- olvidado --sin duda, que es aquesto-- de quien sois, a esta plaza sitio ha puesto y es mengua, que la acción les he envidiado que un marqués de Cañete esté sitiado. DIEGO: Dos convoyes han rato. MARQUÉS: Tienen traza, según los miro, de asaltar la plaza. DIEGO: A tu sombra, señor, hoy en los muros defendidos estamos y seguros. MARQUÉS: Buen don Diego Almagro, vuestro brío no tan solo averigua el valor mío; pues dando a España glorias, le servís de muralla y de victorias. DIEGO: Vuecelencia en honrarme... MARQUÉS: Poco digo que esto mejor lo sabe el enemigo. Don Diego, hablemos claro, yo deseo, aunque el inconveniente grande veo, cuando somos tan pocos, dar castigo a estos bárbaros, que locos hoy me tienen sitiado; y no es para un endose lo Mencerrado; y aunque hay más de quinientos para cada español, hoy mis intentos se han de lograr. ¡Por vida de los dos, que he de hacer una salida! ¿Qué os parece? DIEGO: Señor, que acometamos, que alentándonos vos, menos bastamos, aunque para cualquiera cien mil mundos de bárbaros hubiera. MARQUÉS: Vos, don Pedro de Rojas, que valiente siempre unís lo bizarro y lo prudente, cuál vuestro voto es? PEDRO: Seguir osado, pues Vuecelencia lo ha determinado. MARQUÉS: ¡Por vida mía!, Don Pedro, en este intento decid desnudo vuestro sentimiento. PEDRO: Estando de por medio vuestra vida, (Ya negarle no puedo esta salida, Aparte aunque el valor heroico lo ha dictado.) me parece, según en el estado que está el socorro que esperamos, era mucho mejor, señor, que no se hiciera; porque juntos con él, si el cerco dura, está nuestra victoria más segura. MARQUÉS: Andad, señor, y ¿a mí qué me debiera si con ese partido acometiera? ¿Sufrir un cerco yo? ¿quién tal ha dicho? No sufre tanta flema mi capricho. Salir, señor, intenta mi denuedo, que pensarán, por Dios, que tengo miedo. Si el socorro llegare, ¿es mal partido que al enemigo encuentro ya vencido? PEDRO: Éste mi sentir es, mas al suceso no ha de faltar mi espada. MARQUÉS: Bueno es eso, ella sola ha de darme la victoria. PEDRO: De tu valor se espera mayor gloria. DIEGO: Mirad, don Pedro, vos habéis llegado poco habrá del Perú, sois gran soldado, bien lo dice el valor que en vos se halla, pero no conocéis a esta canalla; porque son tan valientes, y de esotros de allá tan diferentes, que porque todos sus hazañas vean, con disciplina militar pelean. Y es mengua de soldados, ver que nos tengan hoy acorralados, sin opósito suyo, pues parece, que de nuestra omisión su orgullo crece; y así, para su estrago, no hay sino darles hoy un Santïago, MARQUÉS: ¡Y como que lo creo de vuestro gran valor! DIEGO: Ya mi deseo quisiera verlo todo ejecutado.
Sale MOSQUETE
MOSQUETE: Gracias le doy al cielo que he llegado. DIEGO: ¿Mosquete? MOSQUETE: ¿Señor? DIEGO: ¿De dónde vienes con tanta prisa? MOSQUETE: ¡Buena flema tienes! Prisionero me vi del enemigo. DIEGO: Qué dices? es verdad? MOSQUETE: Lo que te digo; y tú has sido mi norte y aun mi estrella, porque en oyendo una araucana bella tu nombre, libertad me dio al instante, y me dijo... DIEGO: No pases adelante, que está el marqués aquí. MOSQUETE: (Pues oye aparte. Aparte Mira que traigo mucho que contarte.) DIEGO: Luego me lo dirás. MARQUÉS: Ese soldado, [dime,] ¿quién es? DIEGO: Mosquete, mi crïado. Llega, Mosquete a que el marqués te vea. Mosquete, acaba.
Llega al MARQUÉS
MOSQUETE: (Lo que mosquetea.) Aparte MARQUÉS: Tiene buena presencia. MOSQUETE: Menor mosquete soy de Vuecelencia. MARQUÉS: Hoy es el día, españoles míos, que necesito más de vuestros bríos; y pues lo deseamos, éste el orden será. MOSQUETE: Ya le aguardamos. MARQUÉS: Por la parte del río importa mucho, Don Diego, que salgáis... pero, ¿qué escucho?
Suena dentro un clarín
DIEGO: Llamada han hecho. MARQUÉS: Ya me da cuidado. ¿Qué puede ser?
Sale un SOLDADO
SOLDADO: Señor, es un soldado del real del enemigo, que a boca quiere hablarte. MARQUÉS: Que entre, digo. SOLDADO: Ya licencia tenéis, entrad, soldado.
Sale CAUPOLICÁN, disfrazado
CAUPOLICÁN: (No he querido fïar de otro cuidado, Aparte aunque es hacer a mi decoro ultraje, esta acción; y así, vengo en este traje solo, no porque vengo yo conmigo, a saber la intención del enemigo.)
Llega
¡Apolo os salve, soldados! ¿Cuál es aquí de vosotros el gran marqués de Cañete? MARQUÉS: Di, araucano, ya te oigo. MOSQUETE: (Parece, si no me engaño, Aparte que aqueste galgo conozco.) CAUPOLICÁN: El grande Caupolicán, del orbe terror y asombro, General de Arauco y Chile, reino a su grandeza corto, a ti el marqués de Cañete, salud envía en Apolo, para que conozcas yerros [que te han de ser tan costosos], si sabéis que ya la hambre [con torcedores ahogos] os debilita, y los días os va consumiendo sordos. Lo que a decirte me envía es, que a saber vengo sólo de vuestra altiva porfía, si el medio os ha vuelto locos; porque si sabéis que está su ejército numeroso sobre esta plaza, y que sois para su defensa pocos; si sabéis que es imposible que os venga ningún socorro, y aunque os viniera, españoles, el de Marte, fuera ocioso, ¿a qué aguardáis castellanos? ¿Cómo, altivos ciegos, cómo queréis ser vosotros mismos enemigos de vosotros? Rendíos al punto, que un día tenéis de plazo; y si locos, en este término, os tiene la ceguedad perezosos, por esa divina antorcha que el cielo devana a tornos, y ese encendido cometa de ese cristalino globo, que no ha de quedar almena que no se convierta en polvo. Mi vida, que de su saña no sea indigno despojo, esto me envía a decirte, tu respuesta aguardo sólo. DIEGO: ¡Esto escucho! ¡Voto a Dios...! Aparte MARQUÉS: Aunque tu gran desahogo, araucano, merecía más respuesta que mi enojo; y aunque no te vale el fuero de embajador que es impropio en ti porque de traidores embajador no conozco; porque vuelvas la respuesta, aquesta vez te perdono. A Caupolicán le di que ahora no le respondo de palabra, porque quiero ir en persona yo propio a castigarle en campaña. Habláis mucho y obráis poco. DIEGO: (Yo he de reventar, sin duda Aparte si los cascos no le rompo.) Descomunal araucano, altivo y presuntuoso, que fundas tu bizarría en lo adusto y en lo bronco; el marqués no ha de salir, porque fuera empeño corto a su valor. Yo saldré, que soy el menor de todos los que ves, y voto a Dios, que si en campaña le cojo --sin llegar mi espada a él, que es un bárbaro asqueroso-- le he de enviar al infierno tan solamente de un soplo; y si acaso --que sí harán-- no le quieren los demonios, volverá carbón, con que nos calentemos nosotros. CAUPOLICÁN: De tus soberbias palabras, castellano, no me corro, cuando habláis como mujeres encerrados, y propongo decirle a Caupolicán que os envíe sin enojos alguna labor que hagáis, porque no estéis tan ociosos. DIEGO: Bárbaro, ¡viven los Cielos!, que has de ver...
Acomete y detiénele el MARQUÉS
MARQUÉS: Don Diego, ¿cómo estando presente yo? DIEGO: Por ti, señor, me reporto. MARQUÉS: Dile a ese bárbaro ciego, que luego al punto dispongo sacar mi gente en campaña. CAUPOLICÁN: Esa palabra le tomo. MARQUÉS: Presto la verás cumplida. CAUPOLICÁN: Desdichados de vosotros si intentáis esta locura! MARQUÉS: Vete en paz. CAUPOLICÁN: Guárdeos Apolo.
Vase
DIEGO: ¡Vive Dios!, señor, que es mengua de españoles valerosos que de un bárbaro suframos esta befa y este oprobio! MARQUÉS: Bien decís; y así, don Diego, como os he dicho, dispongo, que por la parte del río salga vuestro pecho heroico a darles el Santïago. DIEGO: De lo que tardo me corro. MARQUÉS: Vos, don Pedro, por la parte que mira al real, animoso habéis de salir con orden de hacer al bárbaro rostro, y retiraos si acaso empeña su resto todo, que yo en Santa Fe quedo para iros dando socorro. Ea, españoles, partíos luego, y vaya Dios con vosotros. DIEGO: Toca al arma. PEDRO: Al arma toca. MARQUÉS: Ea, españoles famosos, Santïago y cierra España.
Éntranse sacando las espadas
MOSQUETE: Allá vais con mil demonios: solo Mosquete se queda, que Mosquete no está loco para que ahora dispare, que es un hombre escrupuloso, y no sale, que no quiere que le sacudan el polvo. Ve aquí que salgo, y un indio me apunta y me saca un ojo, porque tira muy derecho, aunque tiene el arco corvo. Ve aquí, que con una cuerda remangado hasta los codos, hecho verdugo de mártir, hacia mí se viene otro. Saco la cruz, y le digo --tente, que no estoy de modo que me despaches a ser vecino del Flos Sanctorum. Ya han salido. Ya se traba la escaramuza, y el plomo reparte sus peladillas.
Disparan. Dentro CAUPOLICÁN
CAUPOLICÁN: ¡Araucanos valerosos, hacia el río, que nos cortan!
Dentro DIEGO
DIEGO: ¡Todos para mí sois pocos! MOSQUETE: Aquí estoy mal; ahora bien, yo me voy a aquel rastrojo a decir que he peleado más que ninguno de todos.
Vase. Dentro ruido de batalla, y sale don DIEGO retirando algunos indios, y mételos a cuchillados
DIEGO: ¡A ellos, fuertes castellanos! IINDIOS: ¡Huyamos, que son demonios!
Vanse, y salen dos SOLDADOS españoles retirando a FRESIA
SOLDADO 1: Ríndete, araucana. FRESIA: Infames, mal mi orgullo valeroso conocéis; de aquesta suerte me rindo yo. ¡Vive Apolo, que se me cayó el acero!
Cáesele
SOLDADO 2: Date a prisión. FRESIA: Cielos, ¿cómo consentís aquesta injuria?
Sale don DIEGO
DIEGO: Hacia aquí las voces oigo. ¿Qué es aquesto? SOLDADO 1: Gran don Diego de Almagro... FRESIA: ¿Qué escucho? SOLDADO 2: Sólo haber hecho prisionera esta araucana. DIEGO: (¡Mis ojos Aparte no han visto tal hermosura!) FRESIA: (Ya por mi mal le conozco, Aparte y hallo en él cuanto la idea me propuso.) DIEGO: Oíd vosotros. Idos. LOS DOS: Ya te obedecemos.
Vanse
DIEGO: ¿Quién eres, divino monstruo? ¿Quién eres, que como diosa, hoy a tus plantas me postro?
Levanta el acero y se lo da
Vuelva el acero a tu mano, vibra en mi pecho tu odio; pero no, que ya me has muerto con los rayos de tus ojos. Y porque sepas que yo soy tu prisionero solo --por que tu vista a mi gente no cause algún alboroto-- en ese bruto, que miras atado a ese verde tronco, te pon, y vete a tu real. FRESIA: A tu valor reconozco la libertad y la vida.
Dentro TUCAPEL
TUCAPEL: Araucanos animosos, Fresia no parece. FRESIA: (¡Cielos, Aparte mi gente es ésta. ¿Qué oigo?)
Salen TUCAPEL, RENGO, y SOLDADOS indios
TUCAPEL: ¡Ah, traidores! ¿Cómo así queréis robar el tesoro de Arauco cuando el sol mismo no le merece en su solio? RENGO: Muera, qué aguardo? FRESIA: Teneos. DIEGO: Los traidores sois vosotros.
Riñe don DIEGO con todos y FRESIA le defiende poniéndose delante, y sale doña JUANA de hombre, con la cara cubierta, y pónese al lado de don DIEGO con la espada [desnuda]
JUANA: Caballero, a vuestro lado me tenéis, ánimo. FRESIA: ¿Cómo, villanos, si le defiendo, osáis altivos y locos ofenderle? TUCAPEL: ¿Qué razón moverte puede? FRESIA: Oídme todos: A este castellano debo la libertad, pues su heroico pecho libre me envïaba, cuando llegasteis vosotros; y puesto que se le ofrece a mi aliento generoso ocasión en que le pague la deuda del mismo modo, nadie le ofenda, soldados, venid siguiéndome todos: y tú, castellano al punto en ese bruto fogoso que me ofrecías, te parte al fuerte, advirtiendo sólo, que no solamente son los de Arauco valerosos, sino que hasta las mujeres tiene este aliento propio. JUANA: (Y yo de que le defienda, Aparte me abraso en celos rabiosos.) TUCAPEL: Solo porque quedes bien, templa Tucapel su enojo. FRESIA: Seguidme pues. (¡Ay, don Diego, Aparte dueño del alma te nombro!)
Vanse
DIEGO: ¡Ay, araucana divina, cautivo quedo en tus ojos! JUANA: (¡Ah falso! Pero no es tiempo Aparte de descubrirme.) Animoso caballero, montad luego, y poned la vida en cobro, que yo os aseguro el campo. DIEGO: A vuestro aliento brïoso, caballero, agradecido estoy. ¿Quién sois? JUANA: Eso sólo es imposible deciros. DIEGO: Pues si no os declaráis, ¿cómo podrá mi pecho pagaros la deuda que reconozco? JUANA: Mas me debéis que pensáis. DIEGO: Pues, ¿por qué encubrís el rostro? JUANA: Porque me importa encubrirme. DIEGO: Conoceisme? JUANA: Ya os conozco, y algún día os pediré la paga. DIEGO: Seré dichoso.
Tocan
A recoger han tocado. JUANA: Pues, caballero brïoso, idos al fuerte, que yo al real de Arauco me torno. DIEGO: Apartarme de vos siento. JUANA: Yo evitaré los estorbos para estar siempre con vos.
Tocan
DIEGO: No os entiendo. JUANA: Yo tampoco. DIEGO: Segunda vez han llamado. JUANA: Adiós. DIEGO: Adiós. Yo voy loco de ver un hombre tan raro.
Vase
JUANA: Fementido y alevoso, yo haré que pagues mi amor, que aunque te abrasan los ojos de Fresia, estorbar sabré tus intentos cautelosos.
FIN DE LA PRIMERA JORNADA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham