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SOLDADO 1: Señor, aqueste cristiano le hizo Rengo prisionero, y yo le cogí el primero. MOSQUETE: (Borracho está este araucano.) Aparte SOLDADO 2: A aqueste le hizo señor, en un encuentro crüel, prisionero Tucapel. JUANA: (Mejor dijeras mi amor.) Aparte CAUPOLICÁN: Desatadlos.

Quítanles las prisiones

MOSQUETE: (¡Pese a mí! Aparte Ya con vista a verme llego.) JUANA: (¿Ay inconstante don Diego, Aparte lo que padezco por ti!) GUALEVA: No tiene mala presencia, prima, aquel mozo español. CAUPOLICÁN: Cristianos, si veis el sol, ¿cómo no hacéis reverencia? MOSQUETE: Dónde está, que no le veo? CAUPOLICÁN: Fresia divina lo es. JUANA: Dame, señora, tus pies.

Arrodíllase a FRESIA

GUALEVA: (No te despeñes, deseo.) Aparte FRESIA: Levantad, que en vos alabo lo atento con lo brïoso. JUANA: Ya me confieso dichoso, con ser, señora, tu esclavo. FRESIA: El español, prima, sabe ser discreto. GUALEVA: (¡Santos cielos, Aparte no es bueno que tenga celos de que mi prima le alabe?) CAUPOLICÁN: Qué aguardas? Llega, español. MOSQUETE: Dale, señora, a Mosquete de tu pie el mejor juanete, si tiene juanete el sol. (Oigan, qué tiesa se está Aparte la perra guardando el hato, y en cada pie por zapato una maleta tendrá.) FRESIA: ¿De dónde sois? MOSQUETE: Antes era de junto a Carabanchel; mas ahora soy de Argel, mas acá de Talavera. FRESIA: ¿Sois soldado? MOSQUETE: Y muy valiente. FRESIA: No es mala la presunción. MOSQUETE: Soy un pobre motilón, no quitando lo presente. FRESIA: (Su humor me causa alegría.) Aparte MOSQUETE: Hoy he muerto por mis manos veinte carros de araucanos. CAUPOLICÁN: ¡Este es loco! Fresia mía, el cuidado a recorrer las centinelas me lleva. Tú con tu prima Gualeva te puedes entretener. Perdónenme soberanos esta ausencia tus luceros, y de las dos prisioneros queden estos dos cristianos; que yo, ¡ah, Fortuna crüel!, no el cuidado he divertido. Voy a ver qué ha sucedido con Rengo y con Tucapel.

Vanse CAUPOLICÁN y los SOLDADOS

FRESIA: Pues Caupolicán nos da estos cautivos, Gualeva, escoge uno de los dos. GUALEVA: Eso a ti te toca, Fresia. (Temiendo estoy que se incline Aparte a este español.) FRESIA: Pues me dejas la elección, aquéste elijo. GUALEVA: (Y yo a mi la enhorabuena Aparte me doy, de que mi cuidado libre esté de la sospecha que tuvo de Fresia. El alma me leyó.)

A MOSQUETE

FRESIA: Conmigo, quedas, español.

A doña JUANA

GUALEVA: Y tú conmigo. JUANA: Ya se postra mi obediencia a tus pies. (¡Sin alma estoy! Aparte Fortuna, dónde me llevas?)

Sale un SOLDADO

SOLDADO: Ya, señora, se ajustó la pasada competencia de Rengo y de Tucapel. A darte esta buena nueva Caupolicán me ha envïado, y a las dos llama. FRESIA: Gualeva, ve tú que yo te sigo. GUALEVA: (De mala gana se ausentan Aparte mis ojos de este español, mas obedecer es fuerza.)

Vanse GUALEVA y el SOLDADO

MOSQUETE: Usté en escoger no sabe cual es su mano derecha. FRESIA: Por qué lo dices? MOSQUETE: Lo digo, porque soy la peor bestia y de más horribles tachas del mundo. FRESIA: ¿De qué manera? MOSQUETE: Porque tengo hambre canina, y tengo sarna perpetua, un lobanillo en un lado, y huelo de ochenta leguas a hombre bajo, que los bajos como tienen los pies cerca de lo amargo del pepino, no hay demonios que los huela. Tengo mataduras, pujos, almorranas, hipo, reuma, y no me pongo escarpines: con que según la propuesta, puede usted quedar ufana de ver la ganga que lleva. FRESIA: Tantas faltas tienes? MOSQUETE: Tantas, y esto mejor lo dijera un amo que Dios me dio. FRESIA: A quién sirves? MOSQUETE: Ésa es buena. FRESIA: Dilo, pues yo te lo mando. MOSQUETE: (Mucho pregunta esta perra.) Aparte Sirvo a don Diego de Almagro, maestre de campo en esta conquista de Arauco. JUANA: (Y quien Aparte me hace andar de esta manera.) FRESIA: De este español muchas veces el nombre oí, y las proezas; y como a Marte inclinada nació mi naturaleza, confieso que me han debido inclinación, que en la guerra el valor aun del contrario estimaciones granjea. JUANA: (Esto le faltaba solo Aparte a mis celos y mis penas.) FRESIA: ¿Es galán? MOSQUETE: Como un Adonis. FRESIA: ¿Blando? MOSQUETE: Como una manteca. FRESIA: ¿Cortés? MOSQUETE: Perra, que te clavas. FRESIA: ¿Y callado? MOSQUETE: Ay, qué jalea, sal quiere este huevo, andallo. JUANA: Ya no puedo más. No creas estas locuras, señora, porque en don Diego no hay prendas dignas de tu estimación: no crió naturaleza hombre tan mudable y falso con las damas, y aun pudiera decirte de alguna, que con engaño y cautelas ha burlado; pero solo quiero, señora, que sepas, que en él se hallará el engaño, si el engaño se perdiera. FRESIA: ¿Quién os mete en eso a vos, que así habláis en mi presencia? JUANA: Yo, señora... MOSQUETE: Este capón, ¿cómo habla de esta manera? JUANA: (¡Sin alma estoy!) Aparte FRESIA: Tú prosigue. MOSQUETE: Digo, en fin, que si le vieras! conocieras un prodigio. ¡Qué talle! ¡Qué pies! ¡Qué piernas! ¡Qué osadía! ¡Qué valor! ¡Qué gala! ¡Qué gentileza! No ha llegado a tus oídos en un refrán de mi tierra, lo de, "¡Oh, qué lindo don Diego!," pues este don Diego era. FRESIA: ¿Quién creerá que tantas partes bien al corazón le suenan? Y dime, (¡Ay, Amor, que ya Aparte al alma suspiros cuestas!) ¿tiene Dama? MOSQUETE: Señora... JUANA: Señora... FRESIA: ¿Quién os lo pregunta? ¿Hay tema semejante? ¿Vos queréis apurarme la paciencia? JUANA: Yo, señora... FRESIA: Sois un necio. MOSQUETE: Póngase una bigotera, o váyase luego al rollo. JUANA: (Denme mis celos paciencia. Aparte FRESIA: Español, porque conozcas mi piedad y mi clemencia, libre estás. MOSQUETE: Pléguete Cristo, vivas más que veinte suegras. FRESIA: Mas con una condición ha de ser. MOSQUETE: Dila, ¿qué esperas? FRESIA: Que has de decirle a don Diego, que una araucana desea conocerle; y que si tanto de ser valiente se precia, y galante con las damas, que venga una noche de éstas a mi real, con el seguro, que mi palabra le empeña de su peligro. MOSQUETE: A mi amo le diré letra por letra lo que dices. FRESIA: Pues mañana te aguardo con la respuesta: vete en paz. MOSQUETE: Eso. (Vendré Aparte como ahora llueven camuesas. FRESIA: ¿No te vas? MOSQUETE: Ya te obedezco. (¡Por Dios, que escapé de buena!) Aparte

Vase

JUANA: (Cierto es su amor. ¡Ay de mí!) Aparte FRESIA: ¿Quién pensara, altiva Fresia, de oír unas alabanzas, que quizás serán inciertas, que tu pecho de diamante a un español se rindiera?

Vase

JUANA: ¡Buena he quedado! ¡Ay aleve don Diego! ¡Que aun en las tierras más remotas y apartadas sea tu nombre la primera cosa que escuche! ¿No basta con engaños y cautelas haber triunfado, ¡ay de mi!, de mi honor? Pero mi lengua, ¿cómo, hasta tomar venganza, puede articular mi afrenta? ¿No basta que por tu causa dejé en el Perú mi hacienda, mis padres, y lo que es más, mi honra infelice, pues queda con mi venida, del vulgo a la calumnia sujeta; y que a don Pedro de Rojas mi hermano su infamia sepa, que hoy en el Perú se halla sirviendo, para que tengan este borrón sus hazañas y su valor esta afrenta? ¿No basta, ingrato, no basta, que yo siguiéndote venga, porque tuve allá noticia, que estabas en las fronteras de Arauco, y en este trago a los rigores expuesta de la Fortuna, me entregue a las ráfagas inquietas del mar, que compadecido tuvo de mí más clemencia que tú; pues en fin, me puso en la arenosa ribera de Arauco? ¿No basta, ingrato, que noticia de ti tenga, que te busque mi cariño, que en un encuentro me prendan, que prisionera me traigan, que esclava por ti me vea, que te solicite amante, ¡ay Dios!, para que agradezcas de mi constante cariño tan repetidas finezas? ¡Ay infeliz doña Juana de Rojas! ¡Que buena cuenta has dado de tu recato! Pero en llegando a mi ofensa, loca me vuelve el dolor, áspid me irrita la pena. ¡Para cuándo son los rayos, para cuándo las centellas, si de un traidor no castigo la más injusta fiereza? ¡Venganza, cielos, venganza! Pero pudiendo yo misma tomarla, ¿para qué canso a los cielos con mis quejas? ¿Rayos no son mis suspiros? ¿Mi pecho no aborta un Etna? Pues muera...mas no, que nada con su muerte se remedia. ¡Cielos, piedad, que me abraso! ¡Clemencia, cielos, clemencia! Reducid a este tirano, que toda el alma me lleva.

Sale GUALEVA

GUALEVA: Español? JUANA: (¿Si me ha escuchado?) Aparte GUALEVA: ¿De qué a los cielos te quejas? JUANA: (Disimular me conviene.) Aparte No es mucho, araucana bella, que se queje un infeliz que la libertad desea, de verse esclavo. GUALEVA: ¿También hablando estás tú con ella? JUANA: Siempre ha sido apetecida la libertad. GUALEVA: (Yo estoy ciega.) Aparte Pues yo sé de un alma, ¡Ay triste!, que se halla ufana y contenta sin libertad. JUANA: Singular debe de ser, pues no hay regla que no tenga una excepción. GUALEVA: ¡Qué discreto! O soy muy necia, o algún cuidado te arrastra. JUANA: Aunque es mi razón grosera, porque estando en tu poder, no hay cuidado que lo sea, no sé qué tiene este nombre de esclavo. GUALEVA: Español, cesa. ¿Tú mi esclavo? Es desvarío. (¡Ay amor, que te despeñas!) Aparte Ciega me abraso en tus ojos; y porque mejor lo veas, ya estás libre. JUANA: Tus pies beso.

Va a arrodillarse, y detiénela GUALEVA

GUALEVA: Levanta, que esta fineza que hago contigo, conmigo más de un cuidado me cuesta. ¿son todos los españoles como tú? Dime, ¿en la guerra se usan estas blancas manos? ¿tienen todos tu belleza? JUANA: (Sólo que me enamorase Aparte faltaba ahora a mi pena: pero aquí importa un engaño; que, pues yo me hallo de Fresia celosa, fingiendo que quiero a esta mujer, con ella me he de quedar, pues con esto averiguo mis ofensas.) GUALEVA: ¿Qué respondes? JUANA: (Buena estoy Aparte para enamorar de veras; pero esto ha de ser.) Señora, el respeto no me deja... GUALEVA: Habla, ¿de qué te suspendes? JUANA: Digo, divina Gualeva, que en tus ojos... GUALEVA: ¿Qué? ¿Qué dices? JUANA: (Ella me da mucha priesa, Aparte y yo a enamorar no acierto.) Digo, que si tú quisieras, mi amor rendido... GUALEVA: Prosigue. JUANA: A tu divina belleza está ya... GUALEVA: Pues, español, hablemos claro. La mesma inclinación me has debido. Desde hoy el alma se emplea en amarte. JUANA: Soy tu esclavo. GUALEVA: (¡Qué gloria, cielos!) Aparte JUANA: (¡Qué pena!) Aparte GUALEVA: ¿Cómo te llamas? JUANA: Don Juan. GUALEVA: Pues, don Juan, una advertencia tiene que hacerte mi amor. JUANA: ¿Cuál es? GUALEVA: Que aunque libre quedas, en Arauco has de quedarte. JUANA: Me agravia que esto me adviertas. (Cuando solo por quedarme Aparte he fingido esta cautela.) GUALEVA: ¿Serás firme? JUANA: Soy tu amante, GUALEVA: ¿Iráste? JUANA: Eres mi cadena. GUALEVA: Ven, mi don Juan. JUANA: Ya te sigo. GUALEVA: ¡Qué alegría! JUANA: ¡Qué tristeza! GUALEVA: (Venciste, Amor, pues lograste Aparte de este español las finezas.

Vase

Los españoles en Chile part 3

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham