Last updated February 20, 1998
Vanse los dos
LUZBEL: Logré, a pesar de Francisco, mi intento. Ya será fuerza que el convento desamparen. Pero, ¿qué resplandor ciega mi vista?
Aparecen el NIÑO JESÚS, cubierto el rostro con un velo, y SAN MIGUEL
SAN MIGUEL: Infernal serpiente, yo humillaré tu soberbia. LUZBEL: ¿Miguel? SAN MIGUEL: ¿Cómo imaginaste, no ignorando la promesa que hizo el Criador a Francisco, quitarle el sustento puedan de tu envidia los engaños? LUZBEL: Ninguno, con más certeza que yo, sabe que no puede faltar su palabra inmensa; mas faltar su confïanza puede, y ya su gran fineza, que ya, si aún no les falta, indecisa titubea; pero mi triunfo no estriba en que estos hombres no tengan el alimento preciso sino en los que se le niegan. SAN MIGUEL: Pues tú mismo lo que has hecho deshaz, para que obedezca Ludovico la ley santa. LUZBEL: ¿Yo contra mí mesmo? ¡Pesia mi desdicha! SAN MIGUEL: Y fabricar otro convento en que tenga, a pesar tuyo, Francisco más hijos de su obediencia. LUZBEL: Pues yo, ¿cómo? SAN MIGUEL: No repliques. Lo mismo has de hacer que hiciera Francisco. Ve a su convento, y a sus frailes con prudencia, el querer desampararle reprehende, y por tu cuenta corre desde hoy su alimento, y ha de ser para que puedan sustentar algunos pobres, como lo manda la regla que Dios dictó. Parte luego, y hasta tener orden nueva, lo que te mando ejecuta sin que en nada retrocedas porque otra vez a Francisco en sus frailes no te atrevas.
Va subiendo la apariencia poco a poco mientras LUZBEL dice estos versos
LUZBEL: Preciso es; mas permitidme que de tan crüel sentencia mis sentimientos apelen al alivio de la queja. Vos, ¿no le disteis al hombre porque a lo mejor atienda, dejando aparte los cinco sentidos, las tres potencias? ¿A la voluntad no basta su entendimiento por rienda? También al entendimiento, ¿su memoria no le acuerda la brevedad de la vida, que hay muerte, que hay gloria y pena? Si esto no basta, ¿no tiene celestial inteligencia que le auxilia por instantes? Bien ventajoso pelea que yo no tengo más armas que su natural flaqueza. Si éstas vuestra soberana, absoluta omnipotencia no solamente me quita tantas veces que use de ellas, sino hoy me manda que yo contra mí mismo las vuelva, ¿para qué son permisiones? Sálvense todos, no tenga el hombre voluntad propia. Sólo se cumpla la vuestra; pero, ¿para qué me canso si el ejecutarlo es fuerza? Porque, a mi pesar, los hombres a obedeceros aprendan.
A un tiempo se cubre la apariencia, vase LUZBEL, y salen el GUARDIÁN, fray ANTOLÍN, fray PEDRO, y fray NICOLÁS
ANTOLÍN: A tanto extremo ha llegado. GUARDIÁN: Padre, ¿eso ha sucedido? ANTOLÍN: Milagro patente ha sido el haber vivos llegado. NICOLÁS: Jamás en tan grande aprieto convento nuestro se vio. GUARDIÁN: Limosna tal vez faltó mas perderles el respeto con extremo semejante, tan a cara descubierta, no se ha visto. ANTOLÍN: Hasta la puerta llegó el escuadrón volante de muchachos, disparando piedras, y uno dijo: "Ésta vaya del lego a la testa." Pero no se fue alabando el mancebo, ¡voto a tal!, del intento aunque fue vano; que yo llevaba en la mano como un puño un pedernal, y a darle las gracias fue. GUARDIÁN: Pero, ¿le hizo algún mal? ANTOLÍN: No. Las narices le aplastó. GUARDIÁN: ¿Qué dice, hermano? ANTOLÍN: Sí, a fe. GUARDIÁN: Pero, ¿le hizo sangre? ANTOLÍN: Risa me da; pues, ¿no era forzoso? GUARDIÁN: ¡Jesús! ¡Sangre en un religioso! ANTOLÍN: A bien que no soy de misa. PEDRO: Padre Guardián, ya nos vemos con tan gran necesidad que salir de esta ciudad luego es fuerza. No esperemos a que después no podamos. NICOLÁS: El esperar a mañana, padre, es esperanza vana, y de la suerte que estamos, otro día más pudiera con las vidas acabar. GUARDIÁN: A poderlo remediar con la mía, la perdiera gustoso en esta ocasión por lo que se ha decir y porque lo ha de sentir toda nuestra religión. ANTOLÍN: Sólo por la fe la vida, padre, se debe perder; mas morir de no comer es necedad conocida. Que al derecho natural ningún precepto prefiere; y el primero que yo viere con pan, por bien o por mal, conmigo habrá de partir aunque un obispo le traiga. Y si no, caiga el que caiga. GUARDIÁN: ¿Eso un fraile ha de decir?
ANTOLÍN: Y lo haré. NICOLÁS: Padre Guardián, nuestro padre San Francisco manda que, si no quisieren en algún pueblo admitirnos, pasemos donde seamos con caridad recibidos; sin que prevenir pudiera que donde la ley de Cristo profesan nos maltrataran, ni que hubiera tan impío Gobernador que mandara, pena de bienes perdidos, que nadie nos dé limosna. GUARDIÁN: Padres, ya estoy convencido. En su custodia llevemos el Sacramento Divino descubierto hasta salir de la ciudad, que no fío de esta gente. Las reliquias llevar también es preciso repartidas entre todos. ANTOLÍN: Y el hermano jumentillo las casullas y ornamentos llevará si es que está vivo porque ayer le hallé comiendo de su refectorio mismo la mesa. GUARDIÁN: Vamos.
Sale LUZBEL, vestido de fraile
LUZBEL: Deo gratias, hermanos. (¡Fiero castigo!) Aparte GUARDIÁN: ¡Válgame Dios! ¿Quién es, padre? Que de verle aquí me admiro. ANTOLÍN: ¿Por dónde ha entrado este fraile? NICOLÁS: Por la puerta no ha podido que yo la cerré. LUZBEL: No hay puerta cerrada al poder divino. Él es quien, sin que pudiera excusarme, me ha traído desde tan ignoto clima, que el puesto donde yo asisto en mi vocación constante, el sol, general registro o le perdonó por pobre o dejó por escondido. GUARDIÁN: Dígame, ¿qué nombre tiene? LUZBEL: Mi nombre es y mi apellido fray Obediencia Forzado, de antes Querub... ANTOLÍN: Vizcaíno debe de ser el tal fraile. GUARDIÁN: Parece varón divino. ANTOLÍN: Bien su palidez lo muestra. LUZBEL: Pues jamás tan encendido tuve el espíritu. GUARDIÁN: Padre, díganos pues a qué vino; que nos tienen recelosos sus palabras y el prodigio de entrar cerradas las puertas. (Algún engaño imagino Aparte de nuestro común contrario. ¡Temblando estoy!) ANTOLÍN: Yo apercibo hisopo y agua bendita por si acaso es el maligno. LUZBEL: No temen, y esténme atentos. Orden traigo de Dios mismo a boca de reprehenderles la poca fe que han tenido los que siguen la bandera del gran alférez de Cristo. ¿La plaza que les entrega desamparan fugitivos? No ha dos días naturales que puso en contrario el sitio. ¿Cómo desmaya tan presto de vuestra esperanza el brío? Los que debieran ser rocas, de corazones impíos a los embates, ¿qué oponen, siendo culpa lo indeciso, a riesgos amenazados, temores ejecutivos? Sabiendo que a nuestro padre prometió Dios que a sus hijos no faltaría el sustento, ¿incurren en un delito tan grande como el pensar que pueda lo que Dios dijo faltar? (¡Que yo tal pronuncie!) Aparte Crean...(¡Volcanes respiro!) Aparte ...que cuando de todo el orbe cerraran a un tiempo mismo los vivientes racionales a la piedad los oídos, los ángeles les trajeran el sustento prometido de su Criador, o el demonio porque fuese más prodigio. ANTOLÍN: Con el fervor echa llama por los ojos. GUARDIÁN: Padre mío, bien se ve que es envïado de Dios, pues tanto han podido sus palabras que mil vidas diera primero a los filos de la hambre, que dejar de mi padre San Francisco la casa. PEDRO: No habrá ninguno de sus verdaderos hijos que no dé por Dios la vida. NICOLÁS: Y estarán todos corridos, padre, de haber intentado volver al espalda al peligro. LUZBEL: (Lo que fue natural miedo en mérito han convertido. ¡Qué presto a lo mejor vuelven los que de Dios asistidos están!) ANTOLÍN: Padre, ésta es pregunta. Estándome yo quedito, sin buscar algo que coma, ¿será padecer martirio por Dios el morir de hambre? LUZBEL: Juzgo que no; mas le afirmo que coma muy presto. ANTOLÍN: Luego, fuera mejor, padre mío; que ya se cierra el gaznate. LUZBEL: Hermanos, con sacrificios satisfagan la amorosa queja del Autor Divino. De su alimento me encargo desde luego haciendo oficio de limosnero. ANTOLÍN: ¿Limosnas en esta ciudad? Me río. LUZBEL: Presto saldrá de este engaño; que el hermano ha de ir conmigo. ANTOLÍN: Yo no me atrevo. LUZBEL: No tema, fray Antolín. ANTOLÍN: ¿Quien le dijo mi nombre? LUZBEL: Yo le conozco. Padre Guardián. No dé indicio de temor. Abra esas puertas. GUARDIÁN: (Éste es ángel. No replico.) Aparte ANTOLÍN: Alguna sarna se cura el padre; que el olorcillo es de azufre. GUARDIÁN: (Mas ya el cielo Aparte me da de quién es aviso. ¡Válgame Dios!) LUZBEL: A los frailes anime; que están rendidos. GUARDIÁN: (Encubrir este portento Aparte por los frailes es preciso.) LUZBEL: Váyanse al coro y no teman; que mientras yo les asisto, seguro estará de lobos este redil de Francisco. GUARDIÁN: (Sí, pues ya Dios en triaca Aparte el veneno ha convertido.)
Vanse el GUARDIÁN, fray PEDRO y fray NICOLÁS, y quedan solos fray ANTOLÍN y LUZBEL
LUZBEL: Tome las arguenas, padre, porque traiga lo preciso esta noche; que mañana se llevará el jumentillo. ANTOLÍN: Yo creo que volveremos al convento con lo mismo que llevamos. LUZBEL: Tan cargado ha de volver, sin pedirlo, que ha de llegar al convento muy cansado. ANTOLÍN: Y aun molido si me encuentran los muchachos. LUZBEL: No tema, pues va conmigo; que mientras les asistiere no hay que recelar peligros. ANTOLÍN: Pues, ¿por qué? LUZBEL: Porque ya tiene su mayor contrario amigo.
FIN DE LA PRIMERA JORNADA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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