This file was last updated on June 8, 1998
ARIAS: Si en vuestra boca tenéis
el descargo, es desconcierto
negarlo.
SANCHO: Yo soy quien soy,
y siendo quien soy, me venzo
a mí mismo con callar,
y a alguno que calla afrento;
quien es quien es, haga obrando
como quien es, y con esto,
de aquesta suerte, los dos
como quien somos haremos.
ARIAS: Eso le diré a Su Alteza.
PEDRO: Vos, Sancho Ortiz, habéis hecho
un caso muy mal pensado,
y anduvistis poco cuerdo.
FARFÁN: Al Cabildo de Sevilla
habéis ofendido, y puesto
a su rigor vuestra vida,
y en su furor vuestro cuello.
Vase
PEDRO: Matasteis a un Regidor
sin culpa, al cielo ofendiendo.
Sevilla castigará
tan locos atrevimientos.
Vase
ARIAS: Y al rey, que es justo, y es santo.
¡Raro valor! ¡Bravo esfuerzo!
Vase
CLARINDO: ¿Es posible que consientas
tantas injurias?
SANCHO: Consiento
que me castiguen los hombres,
y que me confunda el cielo;
y ya, Clarindo, comienza.
¿No oyes un confuso estruendo?
Braman los aires, armados
de relámpagos y truenos.
Uno baja sobre mí
como culebra, esparciendo
círculos de fuego apriesa.
CLARINDO: (Pienso que ha perdido el seso; Aparte
quiero seguirle el humor.)
SANCHO: ¡Que me abraso!
CLARINDO: ¡Que me quemo!
SANCHO: ¿Cogióte el rayo también?
CLARINDO: ¿No me ves cenizas hecho?
SANCHO: ¡Válgame Dios!
CLARINDO: Sí, señor,
ceniza soy de sarmientos.
SANCHO: Dame una poca, Clarindo,
para que diga "memento."
CLARINDO: Y ¿a ti no te ha herido el rayo?
SANCHO: ¿No me ves, Clarindo, vuelto,
como la mujer de Lot,
en piedra sal?
CLARINDO: Quiero verlo.
SANCHO: Tócame.
CLARINDO: Duro y salado
estás.
SANCHO: ¿No lo he de estar, necio,
si soy piedra sal aquí?
CLARINDO: Así te gastarás menos;
mas si eres ya piedra sal,
di, ¿cómo hablas?
SANCHO: Porque tengo
el alma ya encarcelada
en el infierno del cuerpo.
Y tú, si eres ya ceniza,
¿cómo hablas?
CLARINDO: Soy un brasero,
donde entre cenizas pardas
el alma es tizón cubierto.
SANCHO: ¿Alma tizón tienes? Malo.
CLARINDO: Antes, señor, no es muy bueno.
SANCHO: Ya estamos en la otra vida.
CLARINDO: Y pienso que en el infierno.
SANCHO: ¿En el infierno, Clarindo?
¿En qué lo ves?
CLARINDO: En que veo,
señor, en aquel castillo
más de mil sastres mintiendo.
SANCHO: Bien dices que en él estamos;
que la Soberbia está ardiendo
sobre esa torre, formada
de arrogantes y soberbios.
Allí veo a la Ambición
tragando abismos de fuego.
CLARINDO: Y más adelante está
una legión de cocheros.
SANCHO: Si andan coches por acá,
ya destruirán al infierno;
pero si el infierno es,
¿cómo escribanos no vemos?
CLARINDO: No los quieren recibir,
porque acá no inventen pleitos,
SANCHO: Pues si en él pleitos no hay,
bueno es el infierno.
CLARINDO: Bueno.
SANCHO: ¿Qué son aquéllos?
CLARINDO: Tahures
sobre una mesa de fuego.
SANCHO: Y aquéllos ¿qué son?
CLARINDO: Demonios,
que los llevan, señor, presos.
SANCHO: ¿No les basta ser demonios,
sino soplones? ¿Qué es esto?
CLARINDO: Voces de dos mal casados
que se están pidiendo celos.
SANCHO: Infierno es ése dos veces,
acá y allá padeciendo.
¡Bravo penar, fuerte yugo!
Lástima, por Dios, les tengo.
¿De qué te ríes?
CLARINDO: De ver
a un espantado hacer gestos,
señor, a aquellos demonios,
porque le han ajado el cuello
y cortado las melenas.
SANCHO: Ése es notable tormento;
sentirálo mucho.
CLARINDO: Allí
la Necesidad, haciendo
cara de hereje, da voces.
SANCHO: Acá y allá padeciendo,
pobre mujer, disculpados
habían de estar sus yerros,
porque la Necesidad
tiene disculpa en hacerlos,
y no te espantes, Clarindo.
CLARINDO: ¡Válgame Dios! Saber quiero
quién es aquél de la pluma.
SANCHO: Aquél, Clarindo, es Homero,
y aquél, Virgilio, a quien Dido
la lengua le cortó, en premio
del testimonio y mentira
que le levantó. Aquel viejo
es Horacio, aquél, Lucano
y aquél, Ovidio.
CLARINDO: No veo,
señor, entre estos poetas
ninguno de nuestros tiempos:
no veo ahora ninguno
de los sevillanos nuestros.
SANCHO: Si son los mismos demonios,
dime, ¿cómo puedes verlos?
que allá en forma de poetas
andan dándonos tormentos.
CLARINDO: ¿Demonios poetas son?
Por Dios, señor, que lo creo;
que aquel demonio de allí,
arrogante y corninegro,
a un poeta amigo mío
se parece, pero es lego;
que los demonios son sabios,
mas éste será mostrenco.
Allí está el tirano Honor,
cargado de muchos necios
que por la honra padecen.
SANCHO: Quiérome juntar con ellos.
Honor, un necio y honrado
viene a ser crïado vuestro,
por no exceder vuestras leyes.
Mal, amigo, lo habéis hecho,
porque el verdadero honor
consiste ya en no tenerlo.
¡A mí me buscáis allá,
y ha mil siglos que estoy muerto!
Dinero, amigo, buscad;
que el honor es el dinero.
¿Qué hicisteis? Quise cumplir
una palabra. Rïendo
me estoy; ¿palabras cumplís?
Parecéisme majadero;
que es ya el no cumplir palabras
bizarría en este tiempo.
Prometí matar a un hombre,
y le maté airado, siendo
mi mayor amigo. Malo.
CLARINDO: ¿No es muy bueno?
SANCHO. No es muy bueno.
Metelde en un calabozo,
y condénese por necio.
Honor, su hermana perdí,
y ya en su hacienda padezco.
No importa.
CLARINDO: (¡Válgame Dios! Aparte
Si más proseguir le dejo,
ha de perder el jüicio;
inventar quiero un enredo.
Da voces
SANCHO: ¿Quién da voces? ¿Quién da voces?
CLARINDO: Da voces el Cancerbero,
portero de este palacio.
¿No me conocéis?
SANCHO: Sospecho
que sí.
CLARINDO: Y vos ¿quién sois?
SANCHO: ¿Yo?
Un honrado.
CLARINDO: ¿Y acá dentro
estáis? Salid, noramala.
SANCHO: ¿Qué decís?
CLARINDO: Salid de presto;
que este lugar no es de honrado.
Asilde, llevalde preso
al otro mundo, a la cárcel
de Sevilla por el viento.
¿Cómo? Tapados los ojos,
para que vuele sin miedo.
Ya está tapado. En sus hombros
al punto el Diablo Cojuelo
allá le ponga de un salto.
¿De un salto? Yo estoy contento.
Camina, y lleva también
de la mano al compañero.
Da una vuelta, y déjale
Ya estáis en el mundo, amigo.
Quedaos a Dios. Con Dios quedo.
SANCHO: ¿A Dios dijo?
CLARINDO: Sí, señor;
que este demonio, primero
que lo fuese, fué cristiano,
y bautizado, y Gallego
en Cal de Francos.
SANCHO: Parece
que de un éxtasis recuerdo.
(¡Válgame Dios! ¡Ay, Estrella, Aparte
qué desdichada la tengo
sin vos! Mas si yo os perdí,
este castigo merezco.)
Salen el ALCALDE, y ESTRELLA, con manto
ESTRELLA: Luego el preso me entregad.
ALCALDE: Aquí está, señora, el preso;
y, como lo manda el rey,
en vuestras manos le entrego.
Señor Sancho Ortiz, Su Alteza
nos manda que le entreguemos
a esta señora.
Vase
ESTRELLA: Señor,
venid conmigo.
SANCHO: Agradezco
la piedad si es a matarme,
porque la muerte deseo.
ESTRELLA: Dadme la mano, y venid.
CLARINDO: ¿No parece encantamento?
ESTRELLA: Nadie nos sigue.
CLARINDO: Está bien.
(¡Por Dios, que andamos muy buenos, Aparte
desde el infierno a Sevilla,
y de Sevilla al infierno!
Plegue a Dios que aquesta Estrella
se nos vuelva ya un lucero.
Vase
ESTRELLA: Ya os he puesto en libertad.
Idos, Sancho Ortiz, con Dios,
y advertid que uso con vos
de clemencia y de piedad;
Idos con Dios, acabad.
Libre estáis. ¿Qué os detenéis?
¿Qué miráis? ¿Qué os suspendéis?
Tiempo pierde el que se tarda.
Id; que el caballo os aguarda
en que escaparos podéis.
Dineros tiene el crïado
para el camino.
SANCHO: Señora,
dadme esos pies.
ESTRELLA: Id; que ahora
no es tiempo.
SANCHO: Voy con cuidado.
Sepa yo quién me ha librado,
porque sepa agradecer
tal merced.
ESTRELLA: Una mujer,
vuestra aficionada, soy,
que la libertad os doy,
teniéndola en mi poder.
Id con Dios.
SANCHO: No he de pasar
de aquí, si no me decís
quién sois o no os descubrís.
ESTRELLA: No me da el tiempo lugar.
SANCHO: La vida os quiero pagar,
y la libertad también:
yo he de conocer a quién
tanta obligación le debo,
para pagar lo que debo,
reconociendo este bien.
ESTRELLA: Una mujer principal
soy, y, si más lo pondero,
la mujer que más os quiero,
y a quien vos queréis más mal.
Id con Dios.
SANCHO: Yo no haré tal,
si no os descubrís ahora.
ESTRELLA: Porque os vais, yo soy.
Descúbrese
SANCHO: ¡Señora!
¡Estrella del alma mía!
ESTRELLA: Estrella soy que te guía,
de tu vida, precursora.
Véte; que amor atropella
la fuerza así del rigor,
que, como te tengo amor,
te soy favorable Estrella.
SANCHO: ¡Tú, resplandeciente y bella
con el mayor enemigo!
¡Tú, tanta piedad conmigo!
Trátame con más crueldad;
que aquí es rigor la piedad,
porque es piedad el castigo.
Haz que la muerte me den;
no quieras, tan liberal,
con el bien hacerme mal,
cuando está en mi mal el bien.
¡Darle libertad a quien
muerte a su hermano le dió!
No es justo que viva yo,
pues él padeció por mí;
que es bien que te pierda así
quien tal amigo perdió.
En libertad de esta suerte,
me entrego a la muerte fiera,
porque si preso estuviera,
¿qué hacía en pedir la muerte?
ESTRELLA: Mi amor es más firme y fuerte,
y así la vida te doy.
SANCHO: Pues yo a la muerte me voy,
puesto que librarme quieres;
que, si haces como quien eres,
yo he de hacer como quien soy.
ESTRELLA: ¿Por qué mueres?
SANCHO: Por vengarte.
ESTRELLA: ¿De qué?
SANCHO: De mi alevosía.
ESTRELLA: Es crueldad.
SANCHO: Es valentía.
ESTRELLA: Ya no hay parte.
SANCHO: Amor es parte.
ESTRELLA: Es ofenderme.
SANCHO: Es amarte.
ESTRELLA: ¿Cómo me amas?
SANCHO: Muriendo.
ESTRELLA: Antes me ofendes.
SANCHO: Viviendo.
ESTRELLA: Óyeme.
SANCHO: No hay qué decir.
ESTRELLA: ¿Dónde vas?
SANCHO: Voy a morir,
pues con la vida te ofendo.
ESTRELLA: Vete, y déjame.
SANCHO: No es bien.
ESTRELLA: Vive, y líbrate.
SANCHO: No es justo.
ESTRELLA: ¿Por quién mueres?
SANCHO: Por mi gusto.
ESTRELLA: Es crueldad.
SANCHO: Honor también.
ESTRELLA: ¿Quién te acusa?
SANCHO: Tu desdén.
ESTRELLA: No lo tengo.
SANCHO: Piedra soy.
ESTRELLA: ¿Estás en ti?
SANCHO: En mi honra estoy,
y te ofendo con vivir.
ESTRELLA: Pues vete, loco, a morir;
que a morir también me voy.
Vanse cada uno por su puerta. Salen el REY y don
ARIAS
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham