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CLARINDO: ¿Había de encontrarte,
cuando nuevas tan dulces vengo a darte?
Dame, señor, albricias
de las glorias mayores que codicias.
SANCHO: ¿Agora de humor vienes?
CLARINDO: ¿Cómo el alma en los brazos no previenes.
Dale un papel
SANCHO: ¿Cúyo es éste?
CLARINDO: De Estrella,
que estaba más que el sol hermosa y bella,
cuando por la mañana
forma círculos de oro en leche y grana.
Mandóme que te diera
ese papel, y albricias te pidiera.
SANCHO: ¿De qué?
CLARINDO: Del casamiento,
que se ha de efetüar luego al momento.
SANCHO: Abrázame, Clarindo;
que no he visto jamás hombre tan lindo.
Lee el papel
CLARINDO: Tengo, señor, buen rostro
con buenas nuevas, pero fuera un monstruo
si malas las trajera;
que hermosea el placer de esta manera.
No vi que hermoso fuese
hombre jamás que deuda me pidiese,
ni vi que feo hallase
hombre jamás que deuda me pagase.
¡Los mortales deseos,
que hacéis hermosos los que espantan feos,
y feos, los hermosos!
SANCHO: ¡Ay, renglones divinos y amorosos!
Beberos quiero a besos,
para dejaros en el alma impresos,
donde, pues os adoro,
más eternos seréis que plantas de
oro.
Abrázame, Clarindo;
que no he visto jamás hombre tan lindo.
CLARINDO: Soy como un alpargate.
SANCHO: Leeréle otra vez, aunque me mate
la impensada alegría.
¿Quién tal Estrella vió al nacer del día?
¿El hermoso lucero
del alba es para mí ya el sol? Espero
en los dorados rayos
en abismos de luz pintar dos mayos.
Lee
"Esposo, ya ha llegado
el venturoso plazo deseado;
mi hermano va a buscarte,
sólo por darme vida y por premiarte.
Si del tiempo te acuerdas,
búscale luego, y la ocasión no pierdas.
Tu Estrella." ¡Ay, forma bella!
¿Qué bien no he de alcanzar con tal Estrella?
¡Ay, bulto soberano,
de este Pólux divino soy humano!
A CLARINDO
¡Vivas eternidades,
siendo a tus pies momentos las edades!
Si amares, en amores
trueques las esperanzas, en favores,
y en batallas y ofensas
siempre glorioso tus contrarios venzas
y no salgas vencido;
que ésta la suerte más dichosa ha sido.
Avisa al mayordomo
de la dichosa sujeción que tomo;
y que saque al momento
las libreas que están para este intento
en casa reservadas;
y saquen las cabezas coronadas
mis lacayos y pajes
de hermosas pesadumbres de plumajes.
Y si albricias codicias,
toma aqueste jacinto por albricias;
que el sol también te diera,
cuando la piedra del anillo fuera.
CLARINDO: ¡Vivas más que la piedra,
a tu esposa enlazado como yedra!
Y, pues tanto te precio,
¡vivas, señor, más años que no un necio!
Vase
SANCHO: Buscar a Busto quiero;
que entre deseos y esperanzas muero.
¡Cómo el amor porfía!
¡Quién tal Estrella vió al nacer del día!
Mas con el nudo y gusto
me olvidaba del rey, y no era justo;
ya está el papel abierto:
quiero saber quién ha de ser el muerto.
Lee
"Al que muerte habéis de dar,
es, Sancho, a Busto Tavera."
¡Válgame Dios! ¡Que esto quiera!
¡Tras una suerte un azar!
Toda esta vida es jugar
una carteta imperfecta,
mal barajada, y sujeta
a desdichas y a pesares;
que es toda en cientos y azares
como juego de carteta.
Pintada la suerte vi;
mas luego se despintó,
y el naipe se barajó
para darme muerte a mí.
Miraré si dice así,
pero yo no lo leyera
si el papel no lo dijera;
quiérole otra vez mirar.
Lee
"Al que muerte habéis de dar,
es, Sancho, a Busto Tavera."
Perdido soy. ¿Qué he de hacer?
Que al rey la palabra he dado
de matar a mi cuñado,
y a su hermana he de perder.
Sancho Ortiz, no puede ser.
Viva Busto. Mas no es justo
que al honor contraste el gusto;
muera Busto, Busto muera.
Mas deténte, mano fiera;
viva Busto, viva Busto.
Mas no puedo con mi honor
cumplir, si a mi amor acudo;
mas ¿ quién resistirse pudo
de la fuerza del amor
Morir me será mejor,
o ausentarme, de manera
que sirva al rey, y él no muera.
Mas quiero al rey agradar.
Lee
"Al que muerte habéis de dar,
es, Sancho, a Busto Tavera."
¡0h, nunca yo me obligara
a ejecutar el rigor
del rey, y nunca el amor
mis potencias contrastara!
¡Nunca yo a Estrella mirara,
causa de tanto disgusto!
Si servir al rey es justo,
Busto muera, Busto muera;
pero estraño rigor fuera:
viva Busto, viva Busto.
¿Si le mata por Estrella
el rey, que servirla trata?
Si por Estrella le mata,
pues no muera aquí por ella.
Ofendelle y defendella
quiero. Mas soy caballero,
y no he de hacer lo que quiero,
sino lo que debo hacer.
Pues que debo obedecer
la ley que fuere primero.
Mas no hay ley que a aquesto obligue
mas sí hay; que, aunque injusto el rey,
debo obedecer su ley,
y a él, después, Dios le castigue.
Mi loco amor se mitigue;
que, aunque me cueste disgusto,
acudir al rey es justo;
Busto muera, Busto muera;
que ya no hay quien decir quiera:
viva Busto, viva Busto.
Perdóname, Estrella hermosa;
que no es pequeño castigo
perderte, y ser tu enemigo.
¿Qué he de hacer? ¿Puedo otra cosa?
Sale BUSTO Tavera
BUSTO: Cuñado, suerte dichosa
he tenido en encontraros.
SANCHO: (Y yo desdicha en hallaros, Aparte
porque me buscáis aquí
para darme vida a mí;
pero yo, para mataros.)
BUSTO: Ya, hermano, el plazo llegó
de vuestras dichosas bodas.
SANCHO: (Más de mis desdichas todas Aparte
decirte pudiera yo.
¡Válgame Dios! ¿Quién se vió
jamás en tanto pesar?
¡Que aquí tengo de matar
al que más bien he querido.
¡Que a su hermana haya perdido!
¡Que con todo he de acabar!)
BUSTO: ¿De esa suerte os suspendéis,
cuando a mi hermana os ofrezco?
SANCHO: Como yo no la merezco
callo.
BUSTO: ¿No la merecéis?
¿Callando me respondéis?
¿Qué dudáis, que estáis turbado
y con el rostro mudado
miráis al suelo, y al cielo?
Decid, ¿qué pálido hielo
de silencio os ha bañado?
¿Por escrituras no estáis
casado con doña Estrella?
SANCHO: Casarme quise con ella,
mas ya no, aunque me la dais.
BUSTO: ¿Conocéisme? ¿Así me habláis?
SANCHO: Por conocernos, aquí
os hablo, Tavera, así.
BUSTO: Si me conocéis Tavera,
¿cómo habláis de esa manera?
SANCHO: Hablo, porque os conocí.
BUSTO: Habréis en mí conocido
sangre, nobleza y valor,
y virtud, que es el honor;
que sin ella honor no ha habido;
y estoy, Sancho Ortiz, corrido.
SANCHO: Más lo estoy yo.
BUSTO: ¿Vos? ¿De qué?
SANCHO: De hablaros.
BUSTO: Si en mi honra y fe
algún defeto advertís,
como villano mentís,
y aquí os lo sustentaré.
Meten mano
SANCHO: ¿Qué has de sustentar, villano?
(Perdone amor; que el exceso Aparte
del rey me ha quitado el seso,
y es el resistirme en vano.)
BUSTO: Muerto soy; detén la mano.
SANCHO: ¡Ay, que estoy fuera de mí,
y sin sentido te herí!
Mas aquí, hermano, te pido,
ya que he cobrado el sentido,
que tu me mates a mí.
quede tu espada envainada
en mi pecho; abre con ella
puerta al alma.
BUSTO: A doña Estrella
os dejo, hermano, encargada.
Adiós.
Muere
SANCHO: Rigurosa espada,
sangrienta y fiera homicida,
si me has quitado la vida,
acábame de matar,
porque le pueda pagar
el alma por otra herida.
Salen [don PEDRO y FARFÁN,] los alcaldes
mayores
PEDRO: ¿Qué es esto? ¡Detén la mano!
SANCHO: ¿Cómo, si a mi vida he muerto?
FARFÁN: ¿Hay tan grande desconcierto?
PEDRO: ¿Qué es esto?
SANCHO: ¡He muerto a mi hermano!
Soy un Caín sevillano;
que, vengativo y crüel,
maté un inocente Abel.
Veisle aquí, matadme aquí;
que, pues él muere por mí,
yo quiero morir por él.
Sale don ARIAS
ARIAS: ¿Qué es esto?
SANCHO: Un fiero rigor;
que tanto en los nobles labra
una cumplida palabra,
y un acrisolado honor.
Decilde al rey mi señor,
que tienen los Sevillanos
las palabras en las manos,
como lo veis, pues por ellas
atropellan las Estrellas,
y no hacen caso de hermanos.
PEDRO: ¡Dió muerte a Busto Tavera!
ARIAS: ¡Hay tan temerario exceso!
SANCHO: Prendedme, llevadme preso;
que es bien que el que mata muera.
Mirad qué hazaña tan fiera
me hizo el Amor intentar,
pues me ha obligado a matar,
y me ha obligado a morir,
pues por él vengo a pedir
la muerte que él me ha de dar.
PEDRO: Llevalde a Trïana preso,
porque la ciudad se altera.
SANCHO: Amigo Busto Tavera...
FARFÁN: Este hombre ha perdido el seso.
SANCHO: Dejadme llevar en peso,
señores, el cuerpo helado
en noble sangre bañado;
que así su Atlante seré,
y entre tanto le daré
la vida que le he quitado.
PEDRO: Loco está.
SANCHO; Yo, si atropello
mi gusto, guardo la ley.
Esto, señor, es ser rey,
y esto, señor, es no sello.
Entendello, y no entendello,
importa, pues yo lo callo;
yo lo maté, no hay negallo,
mas el porqué no diré:
otro confiese el porqué,
pues yo confieso el matallo.
Llévanle, y vanse. Salen ESTRELLA, y
TEODORA
ESTRELLA: No sé si me vestí bien,
como me vestí de prisa;
dame, Teodora, el espejo.
TEODORA: Verte, señora, en ti misma
puedes; que no hay cristal
que tantas verdades diga,
ni de hermosura tan grande
haga verdadera cifra.
ESTRELLA: Alterado tengo el rostro,
y la color encendida.
TEODORA: Es, señora, que la sangre
se ha asomado a las mejillas,
entre temor y vergüenza,
sólo a celebrar tus dichas.
ESTRELLA: Ya me parece que llega,
bañado el rostro de risa,
mi esposo a darme la mano
entre mil tiernas caricias.
Ya me parece que dice
mil ternezas, y que, oídas,
sale el alma por los ojos,
desestimando sus niñas.
¡Ay, venturoso día!
ésta, Teodora, ha sido estrella mía.
TEODORA: Parece que suena gente.
Todo el espejo, de envidia,
el cristal, dentro la hoja,
de una luna hizo infinitas.
ESTRELLA: ¿Quebróse?
TEODORA: Señora, sí.
ESTRELLA: Bien hizo, porque imagina
que aguardo el cristal, Teodora,
en que mis ojos se miran.
Y pues tal espejo aguardo,
quiébrese el espejo, amiga;
que no quiero que con él
éste de espejo me sirva.
Sale CLARINDO, muy galán
CLARINDO: Ya, señora, aquesto suena
a gusto y volatería;
que las plumas del sombrero
los casamientos publican.
¿No vengo galán? ¿No vengo
como Dios hizo una guinda,
hecho un jarao por de fuera,
y por de dentro una pipa?
A mi dueño di el papel,
y dióme aquesta sortija
en albricias.
ESTRELLA: Pues yo quiero
feriarte aquesas albricias;
dámela, y toma por ella
este diamante.
CLARINDO: Partida
está por medio la piedra.
Será de melancolía;
que, los jacintos padecen
de ese mal, aunque le quitan;
partida por medio está.
ESTRELLA: No importa que esté partida;
que es bien que las piedras
sientan mis contentos y alegrías.
¡Ay, venturoso día!
ésta, amigos, ha sido estrella mía.
TEODORA: Gran tropel suena en los patios.
CLARINDO: Y ya el escalera arriba
parece que sube gente.
ESTRELLA: ¿Qué valor hay que resista
el placer? Pero, ¿qué es esto?
Salen los [don PEDRO y FARFÁN,] los alcaldes
mayores con BUSTO, muerto
PEDRO: Los desastres y desdichas
se hicieron para los hombres;
que es mar de llanto esta vida.
El señor Busto Tavera
es muerto, y sus plantas pisan
ramos de estrellas--el cielo
lisonjea argentería--.
El consuelo que aquí os queda
es que está el fiero homicida,
Sancho Ortiz de las Roelas,
preso, y dél se hará justicia
mañana sin falta.
ESTRELLA: ¡Ay, Dios!
Dejadme, gente enemiga;
que en vuestras lenguas traéis
de los infiernos las iras.
¡Mi hermano es muerto, y le ha muerto
Sancho Ortiz! Y ¿hay quien lo diga,
y hay quien lo escuche, y no muera?
Piedra soy, pues estoy viva.
¡Ay, riguroso día!
ésta, amigos, ha sido estrella mía.
¿No hay cuchillos? ¿No hay espadas?
¿No hay cordel? ¿No hay encendidas
brasas? ¿No hay áspides fieros,
muertes de reinas egipcias?
Pero si hay piedad humana,
matadme.
PEDRO: El dolor la priva
de la razón.
ESTRELLA: ¡Desdichada
ha sido la estrella mía!
¡Mi hermano es muerto, y le ha muerto
Sancho Ortiz! ¿él, quien divida
tres almas de un corazón?
Dejadme; que estoy perdida.
PEDRO: Ella está desesperada.
FARFÁN: Infeliz beldad!
Vase
PEDRO: Seguilda.
Vase
CLARINDO: Señora...
Vase
ESTRELLA: Déjame, ingrato,
sangre de aquel fratricida.
Y pues acabo con todo,
quiero acabar con la vida.
¡Ay, riguroso día!
Ésta, Tcodora, ha sido estrella mia.
FIN DEL ACTO SEGUNDO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham