This file was last updated on June 8, 1998

CLARINDO:         ¿Había de encontrarte,
               cuando nuevas tan dulces vengo a darte?
               Dame, señor, albricias
               de las glorias mayores que codicias.
SANCHO:        ¿Agora de humor vienes?
CLARINDO:      ¿Cómo el alma en los brazos no previenes.

Dale un papel
SANCHO: ¿Cúyo es éste? CLARINDO: De Estrella, que estaba más que el sol hermosa y bella, cuando por la mañana forma círculos de oro en leche y grana. Mandóme que te diera ese papel, y albricias te pidiera. SANCHO: ¿De qué? CLARINDO: Del casamiento, que se ha de efetüar luego al momento. SANCHO: Abrázame, Clarindo; que no he visto jamás hombre tan lindo.
Lee el papel
CLARINDO: Tengo, señor, buen rostro con buenas nuevas, pero fuera un monstruo si malas las trajera; que hermosea el placer de esta manera. No vi que hermoso fuese hombre jamás que deuda me pidiese, ni vi que feo hallase hombre jamás que deuda me pagase. ¡Los mortales deseos, que hacéis hermosos los que espantan feos, y feos, los hermosos! SANCHO: ¡Ay, renglones divinos y amorosos! Beberos quiero a besos, para dejaros en el alma impresos, donde, pues os adoro, más eternos seréis que plantas de oro. Abrázame, Clarindo; que no he visto jamás hombre tan lindo. CLARINDO: Soy como un alpargate. SANCHO: Leeréle otra vez, aunque me mate la impensada alegría. ¿Quién tal Estrella vió al nacer del día? ¿El hermoso lucero del alba es para mí ya el sol? Espero en los dorados rayos en abismos de luz pintar dos mayos.
Lee
"Esposo, ya ha llegado el venturoso plazo deseado; mi hermano va a buscarte, sólo por darme vida y por premiarte. Si del tiempo te acuerdas, búscale luego, y la ocasión no pierdas. Tu Estrella." ¡Ay, forma bella! ¿Qué bien no he de alcanzar con tal Estrella? ¡Ay, bulto soberano, de este Pólux divino soy humano!
A CLARINDO
¡Vivas eternidades, siendo a tus pies momentos las edades! Si amares, en amores trueques las esperanzas, en favores, y en batallas y ofensas siempre glorioso tus contrarios venzas y no salgas vencido; que ésta la suerte más dichosa ha sido. Avisa al mayordomo de la dichosa sujeción que tomo; y que saque al momento las libreas que están para este intento en casa reservadas; y saquen las cabezas coronadas mis lacayos y pajes de hermosas pesadumbres de plumajes. Y si albricias codicias, toma aqueste jacinto por albricias; que el sol también te diera, cuando la piedra del anillo fuera. CLARINDO: ¡Vivas más que la piedra, a tu esposa enlazado como yedra! Y, pues tanto te precio, ¡vivas, señor, más años que no un necio!
Vase
SANCHO: Buscar a Busto quiero; que entre deseos y esperanzas muero. ¡Cómo el amor porfía! ¡Quién tal Estrella vió al nacer del día! Mas con el nudo y gusto me olvidaba del rey, y no era justo; ya está el papel abierto: quiero saber quién ha de ser el muerto.
Lee
"Al que muerte habéis de dar, es, Sancho, a Busto Tavera." ¡Válgame Dios! ¡Que esto quiera! ¡Tras una suerte un azar! Toda esta vida es jugar una carteta imperfecta, mal barajada, y sujeta a desdichas y a pesares; que es toda en cientos y azares como juego de carteta. Pintada la suerte vi; mas luego se despintó, y el naipe se barajó para darme muerte a mí. Miraré si dice así, pero yo no lo leyera si el papel no lo dijera; quiérole otra vez mirar.
Lee
"Al que muerte habéis de dar, es, Sancho, a Busto Tavera." Perdido soy. ¿Qué he de hacer? Que al rey la palabra he dado de matar a mi cuñado, y a su hermana he de perder. Sancho Ortiz, no puede ser. Viva Busto. Mas no es justo que al honor contraste el gusto; muera Busto, Busto muera. Mas deténte, mano fiera; viva Busto, viva Busto. Mas no puedo con mi honor cumplir, si a mi amor acudo; mas ¿ quién resistirse pudo de la fuerza del amor Morir me será mejor, o ausentarme, de manera que sirva al rey, y él no muera. Mas quiero al rey agradar.
Lee
"Al que muerte habéis de dar, es, Sancho, a Busto Tavera." ¡0h, nunca yo me obligara a ejecutar el rigor del rey, y nunca el amor mis potencias contrastara! ¡Nunca yo a Estrella mirara, causa de tanto disgusto! Si servir al rey es justo, Busto muera, Busto muera; pero estraño rigor fuera: viva Busto, viva Busto. ¿Si le mata por Estrella el rey, que servirla trata? Si por Estrella le mata, pues no muera aquí por ella. Ofendelle y defendella quiero. Mas soy caballero, y no he de hacer lo que quiero, sino lo que debo hacer. Pues que debo obedecer la ley que fuere primero. Mas no hay ley que a aquesto obligue mas sí hay; que, aunque injusto el rey, debo obedecer su ley, y a él, después, Dios le castigue. Mi loco amor se mitigue; que, aunque me cueste disgusto, acudir al rey es justo; Busto muera, Busto muera; que ya no hay quien decir quiera: viva Busto, viva Busto. Perdóname, Estrella hermosa; que no es pequeño castigo perderte, y ser tu enemigo. ¿Qué he de hacer? ¿Puedo otra cosa?
Sale BUSTO Tavera
BUSTO: Cuñado, suerte dichosa he tenido en encontraros. SANCHO: (Y yo desdicha en hallaros, Aparte porque me buscáis aquí para darme vida a mí; pero yo, para mataros.) BUSTO: Ya, hermano, el plazo llegó de vuestras dichosas bodas. SANCHO: (Más de mis desdichas todas Aparte decirte pudiera yo. ¡Válgame Dios! ¿Quién se vió jamás en tanto pesar? ¡Que aquí tengo de matar al que más bien he querido. ¡Que a su hermana haya perdido! ¡Que con todo he de acabar!) BUSTO: ¿De esa suerte os suspendéis, cuando a mi hermana os ofrezco? SANCHO: Como yo no la merezco callo. BUSTO: ¿No la merecéis? ¿Callando me respondéis? ¿Qué dudáis, que estáis turbado y con el rostro mudado miráis al suelo, y al cielo? Decid, ¿qué pálido hielo de silencio os ha bañado? ¿Por escrituras no estáis casado con doña Estrella? SANCHO: Casarme quise con ella, mas ya no, aunque me la dais. BUSTO: ¿Conocéisme? ¿Así me habláis? SANCHO: Por conocernos, aquí os hablo, Tavera, así. BUSTO: Si me conocéis Tavera, ¿cómo habláis de esa manera? SANCHO: Hablo, porque os conocí. BUSTO: Habréis en mí conocido sangre, nobleza y valor, y virtud, que es el honor; que sin ella honor no ha habido; y estoy, Sancho Ortiz, corrido. SANCHO: Más lo estoy yo. BUSTO: ¿Vos? ¿De qué? SANCHO: De hablaros. BUSTO: Si en mi honra y fe algún defeto advertís, como villano mentís, y aquí os lo sustentaré.
Meten mano
SANCHO: ¿Qué has de sustentar, villano? (Perdone amor; que el exceso Aparte del rey me ha quitado el seso, y es el resistirme en vano.) BUSTO: Muerto soy; detén la mano. SANCHO: ¡Ay, que estoy fuera de mí, y sin sentido te herí! Mas aquí, hermano, te pido, ya que he cobrado el sentido, que tu me mates a mí. quede tu espada envainada en mi pecho; abre con ella puerta al alma. BUSTO: A doña Estrella os dejo, hermano, encargada. Adiós.
Muere
SANCHO: Rigurosa espada, sangrienta y fiera homicida, si me has quitado la vida, acábame de matar, porque le pueda pagar el alma por otra herida.
Salen [don PEDRO y FARFÁN,] los alcaldes mayores
PEDRO: ¿Qué es esto? ¡Detén la mano! SANCHO: ¿Cómo, si a mi vida he muerto? FARFÁN: ¿Hay tan grande desconcierto? PEDRO: ¿Qué es esto? SANCHO: ¡He muerto a mi hermano! Soy un Caín sevillano; que, vengativo y crüel, maté un inocente Abel. Veisle aquí, matadme aquí; que, pues él muere por mí, yo quiero morir por él.
Sale don ARIAS
ARIAS: ¿Qué es esto? SANCHO: Un fiero rigor; que tanto en los nobles labra una cumplida palabra, y un acrisolado honor. Decilde al rey mi señor, que tienen los Sevillanos las palabras en las manos, como lo veis, pues por ellas atropellan las Estrellas, y no hacen caso de hermanos. PEDRO: ¡Dió muerte a Busto Tavera! ARIAS: ¡Hay tan temerario exceso! SANCHO: Prendedme, llevadme preso; que es bien que el que mata muera. Mirad qué hazaña tan fiera me hizo el Amor intentar, pues me ha obligado a matar, y me ha obligado a morir, pues por él vengo a pedir la muerte que él me ha de dar. PEDRO: Llevalde a Trïana preso, porque la ciudad se altera. SANCHO: Amigo Busto Tavera... FARFÁN: Este hombre ha perdido el seso. SANCHO: Dejadme llevar en peso, señores, el cuerpo helado en noble sangre bañado; que así su Atlante seré, y entre tanto le daré la vida que le he quitado. PEDRO: Loco está. SANCHO; Yo, si atropello mi gusto, guardo la ley. Esto, señor, es ser rey, y esto, señor, es no sello. Entendello, y no entendello, importa, pues yo lo callo; yo lo maté, no hay negallo, mas el porqué no diré: otro confiese el porqué, pues yo confieso el matallo.
Llévanle, y vanse. Salen ESTRELLA, y TEODORA
ESTRELLA: No sé si me vestí bien, como me vestí de prisa; dame, Teodora, el espejo. TEODORA: Verte, señora, en ti misma puedes; que no hay cristal que tantas verdades diga, ni de hermosura tan grande haga verdadera cifra. ESTRELLA: Alterado tengo el rostro, y la color encendida. TEODORA: Es, señora, que la sangre se ha asomado a las mejillas, entre temor y vergüenza, sólo a celebrar tus dichas. ESTRELLA: Ya me parece que llega, bañado el rostro de risa, mi esposo a darme la mano entre mil tiernas caricias. Ya me parece que dice mil ternezas, y que, oídas, sale el alma por los ojos, desestimando sus niñas. ¡Ay, venturoso día! ésta, Teodora, ha sido estrella mía. TEODORA: Parece que suena gente. Todo el espejo, de envidia, el cristal, dentro la hoja, de una luna hizo infinitas. ESTRELLA: ¿Quebróse? TEODORA: Señora, sí. ESTRELLA: Bien hizo, porque imagina que aguardo el cristal, Teodora, en que mis ojos se miran. Y pues tal espejo aguardo, quiébrese el espejo, amiga; que no quiero que con él éste de espejo me sirva.
Sale CLARINDO, muy galán
CLARINDO: Ya, señora, aquesto suena a gusto y volatería; que las plumas del sombrero los casamientos publican. ¿No vengo galán? ¿No vengo como Dios hizo una guinda, hecho un jarao por de fuera, y por de dentro una pipa? A mi dueño di el papel, y dióme aquesta sortija en albricias. ESTRELLA: Pues yo quiero feriarte aquesas albricias; dámela, y toma por ella este diamante. CLARINDO: Partida está por medio la piedra. Será de melancolía; que, los jacintos padecen de ese mal, aunque le quitan; partida por medio está. ESTRELLA: No importa que esté partida; que es bien que las piedras sientan mis contentos y alegrías. ¡Ay, venturoso día! ésta, amigos, ha sido estrella mía. TEODORA: Gran tropel suena en los patios. CLARINDO: Y ya el escalera arriba parece que sube gente. ESTRELLA: ¿Qué valor hay que resista el placer? Pero, ¿qué es esto?
Salen los [don PEDRO y FARFÁN,] los alcaldes mayores con BUSTO, muerto
PEDRO: Los desastres y desdichas se hicieron para los hombres; que es mar de llanto esta vida. El señor Busto Tavera es muerto, y sus plantas pisan ramos de estrellas--el cielo lisonjea argentería--. El consuelo que aquí os queda es que está el fiero homicida, Sancho Ortiz de las Roelas, preso, y dél se hará justicia mañana sin falta. ESTRELLA: ¡Ay, Dios! Dejadme, gente enemiga; que en vuestras lenguas traéis de los infiernos las iras. ¡Mi hermano es muerto, y le ha muerto Sancho Ortiz! Y ¿hay quien lo diga, y hay quien lo escuche, y no muera? Piedra soy, pues estoy viva. ¡Ay, riguroso día! ésta, amigos, ha sido estrella mía. ¿No hay cuchillos? ¿No hay espadas? ¿No hay cordel? ¿No hay encendidas brasas? ¿No hay áspides fieros, muertes de reinas egipcias? Pero si hay piedad humana, matadme. PEDRO: El dolor la priva de la razón. ESTRELLA: ¡Desdichada ha sido la estrella mía! ¡Mi hermano es muerto, y le ha muerto Sancho Ortiz! ¿él, quien divida tres almas de un corazón? Dejadme; que estoy perdida. PEDRO: Ella está desesperada. FARFÁN: Infeliz beldad!
Vase
PEDRO: Seguilda.
Vase
CLARINDO: Señora...
Vase
ESTRELLA: Déjame, ingrato, sangre de aquel fratricida. Y pues acabo con todo, quiero acabar con la vida. ¡Ay, riguroso día! Ésta, Tcodora, ha sido estrella mia.

FIN DEL ACTO SEGUNDO

La estrella de Sevilla part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham