This file was last updated on June 8, 1998

BUSTO:            Echa ese marco.
ESTRELLA:                        ¿Qué es esto,
               que apenas el sol dormido 
               por los balcones del alba 
               sale pisando zafiros,
               y del lecho me levantas, 
               solo, triste, y afligido? 
               ¿Confuso y turbado me hablas?
               Dime, ¿has visto algún delito 
               en que cómplice yo sea?  
BUSTO:         Tú me dirás si lo has sido.
ESTRELLA:      ¿Yo? ¿Qué dices? ¿Estás loco?  
               Dime si has perdido el juicio.
               ¿Yo delito?  Mas ya entiendo
               que tú lo has hecho en decirlo,
               pues sólo con preguntallo
               contra mí lo has cometido.
               ¿Si he hecho delitos preguntas?
               No de ti, de mí me admiro;
               mas por decirte que sí,
               lo quiero hacer en sufrillo.
               ¿No me conoces? ¿No sabes 
               quién soy?  ¿En mi boca has visto 
               palabras desenlazadas
               del honor con que las rijo?
               ¿Has visto alegres mis ojos,
               de la cárcel de sus vidrios
               desatar rayos al aire,
               lisonjeros y lacivos?
               ¿En las manos de algún hombre 
               viste algún papel escrito
               de la mía? ¿Has visto hablando, 
               dime, algún hombre conmigo?
               Porque, si no has visto nada
               de las cosas que te he dicho,
               ¿qué delito puede haber?
BUSTO:         Sin ocasión no lo digo.
ESTRELLA:      ¿Sin ocasión?
BUSTO:                        ¡Ay, Estrella!
               que esta noche en casa...
ESTRELLA:                                Dilo;
               que si estuviera culpada,
               luego me ofrezco al suplicio.
               ¿Qué hubo esta noche en mi casa?
BUSTO:         Esta noche, fué epiciclo
               del sol; que en entrando en ella
               se trocó de Estrella el signo.
ESTRELLA:      Las llanezas del honor
               no con astrólogo estilo
               se han de decir; habla claro,
               y deja en sus zonas cinco
               al sol; que, aunque Estrella soy,
               yo por el sol no me rijo;
               que son las suyas errantes,
               y yo Estrella fija he sido
               en el cielo de mi honor,
               de quien los rayos recibo.
BUSTO:         Cuando partía la noche
               con sus destemplados gritos
               entre domésticas aves
               los gallos olvidadizos,
               rompiendo el mudo silencio
               en su canoro sonido
               la campana de Las Cuevas,
               lisonja del cielo impíreo,
               entré en casa, y topé en ella,
               cerca de tu cuarto mismo,
               al rey, solo y embozado.
ESTRELLA:      ¿Qué dices?
BUSTO:                      Verdad te digo.
               Mira, Estrella, a aquellas horas 
               ¿a qué pudo haber venido 
               el rey a mi casa, solo, 
               si por Estrella no vino?
               Que de noche las estrellas 
               son de los cielos jacintos, 
               y a estas horas las buscaban 
               los astrólogos egipcios.
               Natilde con él estaba, 
               que a los pasos y al rüido 
               se oyó; que, aunque a obscuras 
               era, la vió el honor lince mío.
               Metí mano, y  "¿Quién va?" dije; 
               respondió, "Un hombre," y embisto 
               con él, y él, de mí apartado,
               que era el rey, Estrella, dijo.  
               Y, aunque le conocí luego, 
               híceme desentendido 
               en conocelle; que el cielo 
               darme sufrimiento quiso.
               Embistióme como rey 
               enojado y ofendido; 
               que un rey que embiste enojado 
               se trae su valor consigo.
               Salieron pajes con luces,
               y entonces, por no ser visto, 
               volvió la espalda, y no pudo 
               ser de nadie conocido.
               Conjuré a la esclava, y ella, 
               sin mostralle de Dionisio 
               los tormentos, confesó 
               las verdades sin martirio.  
               Firmada la libertad 
               le dió en un papel que le hizo 
               el rey, que ha sido el proceso 
               en que sus culpas fulmino.  
               Saquéla de casa luego, 
               porque su aliento nocivo 
               no sembrara deshonor 
               por los nobles edificios; 
               que es un crïado, si es malo, 
               en la casa un basilisco; 
               si con lisonjas y halagos, 
               engañoso cocodrilo.
               Cogíla a la puerta, y luego, 
               puesta en los hombros, camino 
               al Alcázar, y en sus rejas 
               la colgué por el delito; 
               que quiero que el rey conozca 
               que hay Brutos contra Tarquinos 
               en Sevilla, y que hay vasallos 
               honrados y bien nacidos. 
               Esto me ha pasado, Estrella; 
               nuestro honor está en peligro. 
               Yo he de ausentarme por fuerza, 
               y es fuerza darte marido.  
               Sancho Ortiz lo ha de ser tuyo;
               que con su amparo te libro
               del rigor del rey, y yo
               libre me pongo en camino.
               Yo le voy a buscar luego,
               porque así mi honor redimo,
               y el nombre de los Taveras
               contra el tiempo resucito.
ESTRELLA:      ¡Ay, Busto! Dame esa mano
               por el favor recebido
               que me has hecho.
BUSTO:                          Hoy has de serlo,
               y ansí, Estrella, te apercibo
               su esposa; guarda silencio,
               porque importa al honor mío. 

Vase
ESTRELLA: ¡Ay, Amor! ¡Y qué ventura! Ya estás de la venda asido; no te has de librar. Mas ¿quién sacó el fin por el principio, si entre la taza y la boca un sabio temió el peligro?
Vase. Salen don ARIAS, Y el REY con dos papeles en las manos
ARIAS: Ya en la antecámara aguarda Sancho Ortiz de las Roelas. REY: Ya me parece que tarda; todo el amor es cautelas: si la piedad me acobarda, en este papel sellado traigo su nombre y su muerte, y en éste, que yo he mandado matalle; y de aquesta suerte él quedará disculpado. Hazle entrar, y echa a la puerta la loba, y tú no entres. ARIAS: ¿No? REY: No, porque quiero que advierta que sé este secreto yo solamente; que concierta la venganza en mi deseo más acomodada ansí. ARIAS: Voy a llamarle.
Vase
REY: Ya veo, Amor, que no es éste en mí alto y glorioso trofeo: mas disculparme podrán mil prodigiosas historias que en vivos bronces están; y este exceso entre mil glorias los tiempos disculparán.
Sale SANCHO Ortiz
SANCHO: Vuestra Alteza a mis dos labios les conceda los dos pies. REY: Alzad; que os hiciera agravios; alzad. SANCHO: Señor... REY: (Galán es.) Aparte SANCHO: Los filósofos más sabios, y más dulces oradores, en la presencia real, sus retóricas colores pierden; y en grandeza igual, y en tan inmensos favores, no es mucho que yo, señor, me turbe, no siendo aquí retórico, ni orador. REY: Pues decid, ¿qué veis en mí? SANCHO: La majestad, y el valor, y, al fin, una imagen veo de Dios, pues le imita el rey; y, después dél, en vos creo; y a vuestra cesárea ley, gran señor, aquí me empleo. REY: ¿Cómo estáis? SANCHO: Nunca me he visto tan honrado como estoy, pues a vuestro lado asisto. REY: Pues, aficionado os soy por prudente, y por bienquisto, y por valiente soldado, y por hombre de secreto, que es lo que más he estimado. SANCHO: Señor, de mí tal conceto, Vuestra Alteza, más me ha honrado, que las partes que me dais sin tenellas; sustenellas tengo, por lo que me honráis. REY: Son las virtudes Estrellas. SANCHO: (Si en la Estrella me tocáis, Aparte ciertas son mis desventuras; honrándome el rey me ofende; no son sus honras seguras, pues sospecho que pretende dejarme sin ella a escuras. REY: Porque estaréis con cuidado, codicioso de saber para lo que os he llamado, decíroslo quiero, y ver que en vos tengo un gran soldado. A mí me importa matar en secreto a un hombre, y quiero este caso confïar sólo de vos; que os prefiero a todos los del lugar. SANCHO: ¿Está culpado? REY: Sí está. SANCHO: Pues ¿cómo muerte en secreto a un culpado se le da? Poner su muerte en efeto públicamente podrá vuestra justicia, sin darle muerte en secreto; que ansí vos os culpáis en culparle, pues dais a entender que aquí sin culpa mandáis matarle. Y dalle muerte, señor, sin culpa, no es justa ley, sino bábaro rigor; y un rey, sólo por ser rey, se ha de respetar mejor; que, si un brazo poderoso no se vence en lo que puede, siempre será riguroso, y es bien que entrenado quede con el afecto piadoso. ¿Qué hace un poderoso en dar muerte a un humilde, despojos de sus pies, sino triunfar de las pasiones y enojos con que le mandó matar? Si ese humilde os ha ofendido en leve culpa, señor, que le perdonéis os pido. REY: Para su procurador, Sancho Ortiz, no habéis venido, sino para darle muerte; y, pues se la mando dar escondiendo el brazo fuerte, debe a mi honor importar matarle de aquesta suerte. ¿Merece el que ha cometido crimen lese muerte? SANCHO: En fuego. REY: Y ¿si crimen lese ha sido el de éste? SANCHO: ¡Que muera luego! Y a voces, señor, os pido --aunque él mi hermano sea, o sea deudo, o amigo que en el corazón se emplea-- el riguroso castigo que tu autoridad desea. Si es así, muerte daré, señor, a mi mismo hermano, y en nada repararé. REY: Dadme esa palabra y mano. SANCHO: Y en ella el alma y la fe. REY: Hallándole descuidado puedes matalle. SANCHO: Señor, siendo Roela, y soldado, ¿me quieres hacer traidor? Yo, ¿muerte en caso pensado? Cuerpo a cuerpo he de matalle donde Sevilla lo vea, en la plaza, o en la calle; que el que mata y no pelea, nadie puede disculparle; y gana más el que muere a traición, que el que le mata; que el muerto opinión adquiere, y el vivo, con cuantos trata, su alevosía refiere. REY: Matalde como queráis; que este papel, para abono, de mí firmado lleváis, por donde, Sancho, os perdono cualquier delito que hagáis; referildo.
Dale un papel
SANCHO: Dice así:
Lee
"Al que ese papel advierte, Sancho Ortiz, luego por mí y en mi nombre dalde muerte; que yo por vos salgo aquí; y si os halláis en aprieto, por este papel firmado sacaros dél os prometo. Yo el Rey." Estoy admirado de que tan poco conceto tenga de mí Vuestra Alteza. ¿Yo cédula? ¿Yo papel? Tratadme con más llaneza; que más en vos que no en él confía aquí mi nobleza. Si vuestras palabras cobran valor que los montes labra, y ellas cuanto dicen obran, dándome aquí la palabra, señor, los papeles sobran. A la palabra remito la cédula que me dais, con que a vengaros me incito, porque, donde vos estáis, es escusado lo escrito. Rompeldo, porque sin él la muerte le solicita mejor, señor, que con él; que en parte desacredita vuestra palabra el papel.
Rómpele
Sin papel, señor, aquí nos obligamos los dos, y prometemos ansí: yo, de vengaros a vos, y vos, de librarme a mí. Y si es así, no hay que hacer cédulas, que estorbo han sido: yo os voy luego a obedecer, y sólo, por premio, os pido para esposa la mujer que yo eligiere. REY: Aunque sea ricafembra de Castilla, os la concedo. SANCHO: Posea vuestro pie la alarbe silla; el mar los castillos vea gloriosos, y dilatados por sus trópicos ardientes y por sus climas helados. REY: Vuestros hechos excelentes, Sancho, quedarán premiados. En este papel va el nombre del hombre que ha de morir.
Dale un papel
cuando le abráis, no os asombre; mirad que he oído decir en Sevilla que es muy hombre. SANCHO: Presto, señor, lo sabremos. REY: Los dos, Sancho, solamente, este secreto sabemos; no hay que advertiros; prudente sois vos. Obrad, y callemos.
Vase el REY, y sale CLARINDO

La estrella de Sevilla part 6

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham