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BUSTO: Echa ese marco.
ESTRELLA: ¿Qué es esto,
que apenas el sol dormido
por los balcones del alba
sale pisando zafiros,
y del lecho me levantas,
solo, triste, y afligido?
¿Confuso y turbado me hablas?
Dime, ¿has visto algún delito
en que cómplice yo sea?
BUSTO: Tú me dirás si lo has sido.
ESTRELLA: ¿Yo? ¿Qué dices? ¿Estás loco?
Dime si has perdido el juicio.
¿Yo delito? Mas ya entiendo
que tú lo has hecho en decirlo,
pues sólo con preguntallo
contra mí lo has cometido.
¿Si he hecho delitos preguntas?
No de ti, de mí me admiro;
mas por decirte que sí,
lo quiero hacer en sufrillo.
¿No me conoces? ¿No sabes
quién soy? ¿En mi boca has visto
palabras desenlazadas
del honor con que las rijo?
¿Has visto alegres mis ojos,
de la cárcel de sus vidrios
desatar rayos al aire,
lisonjeros y lacivos?
¿En las manos de algún hombre
viste algún papel escrito
de la mía? ¿Has visto hablando,
dime, algún hombre conmigo?
Porque, si no has visto nada
de las cosas que te he dicho,
¿qué delito puede haber?
BUSTO: Sin ocasión no lo digo.
ESTRELLA: ¿Sin ocasión?
BUSTO: ¡Ay, Estrella!
que esta noche en casa...
ESTRELLA: Dilo;
que si estuviera culpada,
luego me ofrezco al suplicio.
¿Qué hubo esta noche en mi casa?
BUSTO: Esta noche, fué epiciclo
del sol; que en entrando en ella
se trocó de Estrella el signo.
ESTRELLA: Las llanezas del honor
no con astrólogo estilo
se han de decir; habla claro,
y deja en sus zonas cinco
al sol; que, aunque Estrella soy,
yo por el sol no me rijo;
que son las suyas errantes,
y yo Estrella fija he sido
en el cielo de mi honor,
de quien los rayos recibo.
BUSTO: Cuando partía la noche
con sus destemplados gritos
entre domésticas aves
los gallos olvidadizos,
rompiendo el mudo silencio
en su canoro sonido
la campana de Las Cuevas,
lisonja del cielo impíreo,
entré en casa, y topé en ella,
cerca de tu cuarto mismo,
al rey, solo y embozado.
ESTRELLA: ¿Qué dices?
BUSTO: Verdad te digo.
Mira, Estrella, a aquellas horas
¿a qué pudo haber venido
el rey a mi casa, solo,
si por Estrella no vino?
Que de noche las estrellas
son de los cielos jacintos,
y a estas horas las buscaban
los astrólogos egipcios.
Natilde con él estaba,
que a los pasos y al rüido
se oyó; que, aunque a obscuras
era, la vió el honor lince mío.
Metí mano, y "¿Quién va?" dije;
respondió, "Un hombre," y embisto
con él, y él, de mí apartado,
que era el rey, Estrella, dijo.
Y, aunque le conocí luego,
híceme desentendido
en conocelle; que el cielo
darme sufrimiento quiso.
Embistióme como rey
enojado y ofendido;
que un rey que embiste enojado
se trae su valor consigo.
Salieron pajes con luces,
y entonces, por no ser visto,
volvió la espalda, y no pudo
ser de nadie conocido.
Conjuré a la esclava, y ella,
sin mostralle de Dionisio
los tormentos, confesó
las verdades sin martirio.
Firmada la libertad
le dió en un papel que le hizo
el rey, que ha sido el proceso
en que sus culpas fulmino.
Saquéla de casa luego,
porque su aliento nocivo
no sembrara deshonor
por los nobles edificios;
que es un crïado, si es malo,
en la casa un basilisco;
si con lisonjas y halagos,
engañoso cocodrilo.
Cogíla a la puerta, y luego,
puesta en los hombros, camino
al Alcázar, y en sus rejas
la colgué por el delito;
que quiero que el rey conozca
que hay Brutos contra Tarquinos
en Sevilla, y que hay vasallos
honrados y bien nacidos.
Esto me ha pasado, Estrella;
nuestro honor está en peligro.
Yo he de ausentarme por fuerza,
y es fuerza darte marido.
Sancho Ortiz lo ha de ser tuyo;
que con su amparo te libro
del rigor del rey, y yo
libre me pongo en camino.
Yo le voy a buscar luego,
porque así mi honor redimo,
y el nombre de los Taveras
contra el tiempo resucito.
ESTRELLA: ¡Ay, Busto! Dame esa mano
por el favor recebido
que me has hecho.
BUSTO: Hoy has de serlo,
y ansí, Estrella, te apercibo
su esposa; guarda silencio,
porque importa al honor mío.
Vase
ESTRELLA: ¡Ay, Amor! ¡Y qué ventura!
Ya estás de la venda asido;
no te has de librar. Mas ¿quién
sacó el fin por el principio,
si entre la taza y la boca
un sabio temió el peligro?
Vase. Salen don ARIAS, Y el REY con dos papeles en
las manos
ARIAS: Ya en la antecámara aguarda
Sancho Ortiz de las Roelas.
REY: Ya me parece que tarda;
todo el amor es cautelas:
si la piedad me acobarda,
en este papel sellado
traigo su nombre y su muerte,
y en éste, que yo he mandado
matalle; y de aquesta suerte
él quedará disculpado.
Hazle entrar, y echa a la puerta
la loba, y tú no entres.
ARIAS: ¿No?
REY: No, porque quiero que advierta
que sé este secreto yo
solamente; que concierta
la venganza en mi deseo
más acomodada ansí.
ARIAS: Voy a llamarle.
Vase
REY: Ya veo,
Amor, que no es éste en mí
alto y glorioso trofeo:
mas disculparme podrán
mil prodigiosas historias
que en vivos bronces están;
y este exceso entre mil glorias
los tiempos disculparán.
Sale SANCHO Ortiz
SANCHO: Vuestra Alteza a mis dos labios
les conceda los dos pies.
REY: Alzad; que os hiciera agravios;
alzad.
SANCHO: Señor...
REY: (Galán es.) Aparte
SANCHO: Los filósofos más sabios,
y más dulces oradores,
en la presencia real,
sus retóricas colores
pierden; y en grandeza igual,
y en tan inmensos favores,
no es mucho que yo, señor,
me turbe, no siendo aquí
retórico, ni orador.
REY: Pues decid, ¿qué veis en mí?
SANCHO: La majestad, y el valor,
y, al fin, una imagen veo
de Dios, pues le imita el rey;
y, después dél, en vos creo;
y a vuestra cesárea ley,
gran señor, aquí me empleo.
REY: ¿Cómo estáis?
SANCHO: Nunca me he visto
tan honrado como estoy,
pues a vuestro lado asisto.
REY: Pues, aficionado os soy
por prudente, y por bienquisto,
y por valiente soldado,
y por hombre de secreto,
que es lo que más he estimado.
SANCHO: Señor, de mí tal conceto,
Vuestra Alteza, más me ha honrado,
que las partes que me dais
sin tenellas; sustenellas
tengo, por lo que me honráis.
REY: Son las virtudes Estrellas.
SANCHO: (Si en la Estrella me tocáis, Aparte
ciertas son mis desventuras;
honrándome el rey me ofende;
no son sus honras seguras,
pues sospecho que pretende
dejarme sin ella a escuras.
REY: Porque estaréis con cuidado,
codicioso de saber
para lo que os he llamado,
decíroslo quiero, y ver
que en vos tengo un gran soldado.
A mí me importa matar
en secreto a un hombre, y quiero
este caso confïar
sólo de vos; que os prefiero
a todos los del lugar.
SANCHO: ¿Está culpado?
REY: Sí está.
SANCHO: Pues ¿cómo muerte en secreto
a un culpado se le da?
Poner su muerte en efeto
públicamente podrá
vuestra justicia, sin darle
muerte en secreto; que ansí
vos os culpáis en culparle,
pues dais a entender que aquí
sin culpa mandáis matarle.
Y dalle muerte, señor,
sin culpa, no es justa ley,
sino bábaro rigor;
y un rey, sólo por ser rey,
se ha de respetar mejor;
que, si un brazo poderoso
no se vence en lo que puede,
siempre será riguroso,
y es bien que entrenado quede
con el afecto piadoso.
¿Qué hace un poderoso en dar
muerte a un humilde, despojos
de sus pies, sino triunfar
de las pasiones y enojos
con que le mandó matar?
Si ese humilde os ha ofendido
en leve culpa, señor,
que le perdonéis os pido.
REY: Para su procurador,
Sancho Ortiz, no habéis venido,
sino para darle muerte;
y, pues se la mando dar
escondiendo el brazo fuerte,
debe a mi honor importar
matarle de aquesta suerte.
¿Merece el que ha cometido
crimen lese muerte?
SANCHO: En fuego.
REY: Y ¿si crimen lese ha sido
el de éste?
SANCHO: ¡Que muera luego!
Y a voces, señor, os pido
--aunque él mi hermano sea,
o sea deudo, o amigo
que en el corazón se emplea--
el riguroso castigo
que tu autoridad desea.
Si es así, muerte daré,
señor, a mi mismo hermano,
y en nada repararé.
REY: Dadme esa palabra y mano.
SANCHO: Y en ella el alma y la fe.
REY: Hallándole descuidado
puedes matalle.
SANCHO: Señor,
siendo Roela, y soldado,
¿me quieres hacer traidor?
Yo, ¿muerte en caso pensado?
Cuerpo a cuerpo he de matalle
donde Sevilla lo vea,
en la plaza, o en la calle;
que el que mata y no pelea,
nadie puede disculparle;
y gana más el que muere
a traición, que el que le mata;
que el muerto opinión adquiere,
y el vivo, con cuantos trata,
su alevosía refiere.
REY: Matalde como queráis;
que este papel, para abono,
de mí firmado lleváis,
por donde, Sancho, os perdono
cualquier delito que hagáis;
referildo.
Dale un papel
SANCHO: Dice así:
Lee
"Al que ese papel advierte,
Sancho Ortiz, luego por mí
y en mi nombre dalde muerte;
que yo por vos salgo aquí;
y si os halláis en aprieto,
por este papel firmado
sacaros dél os prometo.
Yo el Rey." Estoy admirado
de que tan poco conceto
tenga de mí Vuestra Alteza.
¿Yo cédula? ¿Yo papel?
Tratadme con más llaneza;
que más en vos que no en él
confía aquí mi nobleza.
Si vuestras palabras cobran
valor que los montes labra,
y ellas cuanto dicen obran,
dándome aquí la palabra,
señor, los papeles sobran.
A la palabra remito
la cédula que me dais,
con que a vengaros me incito,
porque, donde vos estáis,
es escusado lo escrito.
Rompeldo, porque sin él
la muerte le solicita
mejor, señor, que con él;
que en parte desacredita
vuestra palabra el papel.
Rómpele
Sin papel, señor, aquí
nos obligamos los dos,
y prometemos ansí: yo,
de vengaros a vos,
y vos, de librarme a mí.
Y si es así, no hay que hacer
cédulas, que estorbo han sido:
yo os voy luego a obedecer,
y sólo, por premio, os pido
para esposa la mujer
que yo eligiere.
REY: Aunque sea
ricafembra de Castilla,
os la concedo.
SANCHO: Posea
vuestro pie la alarbe silla;
el mar los castillos vea
gloriosos, y dilatados
por sus trópicos ardientes
y por sus climas helados.
REY: Vuestros hechos excelentes,
Sancho, quedarán premiados.
En este papel va el nombre
del hombre que ha de morir.
Dale un papel
cuando le abráis, no os asombre;
mirad que he oído decir
en Sevilla que es muy hombre.
SANCHO: Presto, señor, lo sabremos.
REY: Los dos, Sancho, solamente,
este secreto sabemos;
no hay que advertiros; prudente
sois vos. Obrad, y callemos.
Vase el REY, y sale CLARINDO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham