This file was last updated on June 8, 1998

BUSTO:            Sancho Ortiz de las Roelas...
SANCHO:        ¿Ya no me llamáis cuñado?
BUSTO:         Un caballo desbocado
               me hace correr sin espuelas.  
                  Sabed que el rey me llamó, 
               no sé, por Dios, para qué;
               que, aunque se lo pregunté, 
               jamás me lo declaró.
                  Hacíame general
               de Archidona, sin pedillo, 
               y, a fuerza de resistillo, 
               no me dió el bastón real.  
                  Hízome al fin...
SANCHO:                            Proseguid;
               que todo eso es alegría.
               Decid la melancolía,
               y la tristeza decid.
BUSTO:            De su cámara me ha hecho.
SANCHO:        También es gusto.
BUSTO:                            Al pesar
               vamos.
SANCHO:               Que me ha de costar
               algún cuidado sospecho.
BUSTO:            Díjome que no casara
               a Estrella, porque el quería 
               casalla, y se prefería, 
               cuando yo no la dotara,
                  a hacerlo, y darla marido 
               a su gusto.
SANCHO:                    Tú dijiste
               que estabas alegre y triste;
               mas yo solo el triste he sido,
                  pues tú alcanzas las mercedes,
               y yo los pesares cojo.
               Déjame a mí con tu enojo,
               y tú el gusto tener puedes;
                  que en la cámara del rey, 
               y bien casada tu hermana, 
               el tenerle es cosa llana;
               mas no cumples con la ley 
                  de amistad, porque debías 
               decirle al rey que ya estaba 
               casada tu hermana.
BUSTO:                             Andaba
               entre tantas demasías 
                  turbado mi entendimiento, 
               que lugar no me dió allí 
               a decirlo.
SANCHO:                  Siendo ansí,
               ¿no se hará mi casamiento?
BUSTO:            ¿Volviendo a informar al rey 
               que están hechos los conciertos 
               y escrituras, serán ciertos 
               los contratos; que su ley 
                  no ha de atropellar lo justo?
SANCHO:        Si el rey la quiere torcer, 
               ¿quién fuerza le podrá hacer, 
               habiendo interés o gusto?
BUSTO:            Yo le hablaré, y vos también, 
               pues yo entonces, de turbado, 
               no le dije lo tratado.
SANCHO:        ¡Muerte pesares me den!  
                  Bien decía que en el tiempo 
               no hay instante de firmeza, 
               y que el llanto y la tristeza 
               son sombra del pasatiempo.  
                  Y cuando el rey con violencia 
               quisiere torcer la ley...
BUSTO:         Sancho Ortiz, el rey es rey;
               callar y tener paciencia.

Vase
SANCHO: En ocasión tan triste, ¿quién paciencia tendrá, quién sufrimiento? Tirano, que veniste a perturbar mi dulce casamiento con aplauso a Sevilla, ¡no goces los imperios de Castilla! Bien de don Sancho el Bravo mereces el renomabre que en las obras de conocerte acabo; y, pues por tu crueldad tal nombre cobras y Dios siempre la humilla, ¡no goces los imperios de Castilla! ¡Conjúrese tu gente, y pongan a los hijos de tu hermano la corona en la frente con bulas del pontífice romano! Y dándoles tu silla, ¡no goces los imperios de Castilla! De Sevilla salgamos; vamos a Gibraltar, donde las vidas en su riesgo perdamos. CLARINDO: Sin ir allá las damos por perdidas. SANCHO: Con Estrella tan bella ¿cómo vengo a tener tan mala estrella? Mas ¡ay! que es rigurosa, y en mí son sus efecto desdichados. CLARINDO: Por esta Estrella hermosa morimos como huevos estrellados; mejor fuera en tortilla. SANCHO: ¡No goces los imperios de Castilla!
Vanse. Salen el REY, don ARIAS, y acompañamiento
REY: Decid como estoy aquí. ARIAS: Ua lo saben, y a la puerta a recibirte, señor, sale don Busto Tavera. BUSTO: ¿Tal merced, tanto favor? ¿En mi casa Vuestra Alteza? REY: Por Sevilla así embozado salí, con gusto de verla; y me dijeron, pasando, que eran vuestras casas éstas, y quise verlas; que dicen que son en extremo buenas. BUSTO: Son casas de un escudero. REY: Entremos. BUSTO: Señor, son hechas para mi humildad, y vos no podéis caber en ellas; que, para tan gran señor, se cortaron muy estrechas, y no os vendrán bien sus salas; que son, gran señor, pequeñas, porque su mucha humildad no aspira a tanta soberbia; fuera, señor, de que en casa tengo una hermosa doncella solamente, que la caso ya con escrituras hechas, y no sonará muy bien en Sevilla, cuando sepan que a visitarla venís. REY: No vengo, Busto, por ella; por vos vengo. BUSTO: Gran señor, notable merced es ésta; y, si aquí por mí venís, no es justo que os obedezca; que será descortesía que a visitar su rey venga al vasallo, y que el vasallo lo permita y lo consienta. Crïado y vasallo soy, y es más razón que yo os vea, ya que me queréis honrar, en el Alcázar; que afrentan muchas veces las mercedes, cuando vienen con sospecha. REY: ¿Sospecha? ¿De qué? BUSTO: Dirán, puesto que al contrario sea, que venistes a mi casa por ver a mi hermana; y puesta en opiniones su fama, está a pique de perderla; que el honor es cristal puro, que con un soplo se quiebra. REY: Ya que estoy aquí, un negocio comunicaros quisiera. Entremos. BUSTO: Por el camino será, si me dais licencia; que no tengo apercebida la casa.
Aparte con don ARIAS
REY: Gran resistencia nos hace. ARIAS: Llevarle importa; que yo quedaré con ella, y en tu nombre la hablaré. REY: Habla paso, no te entienda; que tiene todo su honor este necio en las orejas. ARIAS: Arracadas muy pesadas de las orejas se cuelgan: el peso las romperá. REY: Basta, no quiero por fuerza ver vuestra casa. BUSTO: Señor, en casando a doña Estrella, con el adorno que es justo la verá. ARIAS: Esos coches llega. REY: Ocupad, Busto, un estribo. BUSTO: A pie, si me dais licencia, señor, yo iré. REY: El coche es mío, y mando yo en él. ARIAS: Ya esperan los coches. REY: Guíen al Alcázar. BUSTO: (Muchas mercedes son éstas, Aparte y gran favor me hace el rey. ¡Plegue a Dios que por bien sea!)
Vanse, y queda don ARIAS. Salen ESTRELLA, y NATILDE
ESTRELLA: ¿Qué es lo que dices, Natilde? NATILDE: Que era el rey, señora. ARIAS: Él era; y no es mucho que los reyes siguiendo una Estrella vengan. A vuestra casa venía buscando tanta belleza; que, si el rey lo es de Castilla, vos de la beldad sois reina. El rey don Sancho, a quien llaman, por su invicta fortaleza, el Bravo, el vulgo, y los moros, porque de su nombre tiemblan, el Fuerte, y sus altas obras, el Sacro y Augusto César --que los laureles romanos, con sus hazañas, afrenta,-- esa divina hermosura vió en un balcón, competencia de los palacios del alba, cuando, en rosas y azucenas medio dormidas, las aves la madrugan y recuerdan, y, del desvelo llorosa, vierte racimos de perlas. Mandóme que de Castilla las riquezas te ofreciera --aunque son para tus gracias limitadas sus riquezas,-- que su voluntad admitas; que, si la admites y premias, serás de Sevilla el Sol, si hasta aquí has sido la Estrella. Daráte villas, ciudades, de quien serás ricahembra, y a un ricohombre te dará por esposo, con quien seas corona de tus pasados y aumento de tus Taveras. ¿Qué respondes? ESTRELLA: ¿Qué respondo? Lo que ves.
Vuelve la espalda
ARIAS: Aguarda, espera. ESTRELLA: A tan livianos recados da mi espalda la respuesta.
Vase
ARIAS: (¡Notable valor de hermanos! Aparte Los dos suspenso me dejan. La gentilidad romana Sevilla en los dos celebra. Parece cosa imposible que el rey los contraste y venza; pero porfía y poder talan montes, rompen peñas. Hablar quiero a esta crïada; que las dádivas son puertas para conseguir favores de las Porcias y Lucrecias.)
A NATILDE
¿Eres crïada de casa? NATILDE: Crïada soy, mas por fuerza. ARIAS: ¿Cómo por fuerza? NATILDE: Que soy esclava. ARIAS: ¿Esclava? NATILDE: Y sujeta, sin la santa libertad, a muerte y prisión perpetua. ARIAS: Pues yo haré que el rey te libre, y mil ducados de renta con la libertad te dé, si en su servicio te empleas. NATILDE: Por la libertad y el oro no habrá maldad que no emprenda; mira lo que puedo hacer; que lo haré, como yo pueda. ARIAS: Tú has de dar al rey entrada en casa esta noche. NATILDE: Abiertas todas las puertas tendrá, como cumplas la promesa. ARIAS: Una cédula del rey, con su firma y de su letra, antes que entre, te daré. NATILDE: Pues yo le pondré en la mesma cama de Estrella esta noche. ARIAS: ¿A qué hora Busto se acuesta? NATILDE: Al alba viene a acostarse; todas las noches requiebra; que este descuido en los hombres infinitas honras cuesta. ARIAS: ¿Y a qué hora te parece que venga el rey? NATILDE: Señor, venga a las once; que ya entonces estará acostada. ARIAS: Lleva esta esmeralda en memoria de las mercedes que esperas del rey. NATILDE: Que no hay para qué. ARIAS: No quiero que te parezcas a los médicos. NATILDE: Por oro, ¿qué monte tendrá firmeza? El oro ha sido en el mundo el que los males engendra, porque si él faltara, es claro, no hubiera infamias, ni afrentas.
Vanse, y Salen ÍÑIGO Osorio, BUSTO Tavera, y don MANUEL, Con llaves doradas
MANUEL: Goce Vuestra Señoría la llave y cámara, y vea el aumento que desea. BUSTO: Saber pagalle querría a Su Alteza la merced que me hace sin merecella. ÍÑIGO. Mucho merecéis, y en ella que no se engaña, creed, el rey. BUSTO: Su llave me ha dado: pero me hace de su cielo, aunque me amenaza el suelo, viéndome tan levantado; que, como impensadamente tantas mercedes me ha hecho, que se ha de mudar, sospecho, el que honra tan de repente. Mas, conservando mi honor, si a lo que he sido me humilla, vendré a quedarme en Sevilla Veinticuatro, y Regidor. ÍÑIGO: ¿Quién es de guarda? MANUEL: Ninguno de los tres. ÍÑIGO. Pues yo quisiera holgarme. MANUEL: Busto Tavera, si tenéis requiebro alguno, esta noche nos llevad, y la espalda os guardaremos. BUSTO: Si queréis que visitemos lo común de la ciudad, yo os llevaré donde halléis conceptos, y vocería, y dulce filosofía de Amor. MANUEL: Merced nos haréis.
Sale don ARIAS
ARIAS: A recoger, caballeros; que quiere el rey escribir. MANUEL: Vamos, pues, a divertir la noche.
Vanse, y [queda don ARIAS]. Sale el REY
REY: ¿Que sus luceros esta noche he de gozar, don Arias? ARIAS: El esclavilla es estremada. REY: Castilla estatuas la ha de labrar. ARIAS: Una cédula has de hacella. REY: Ven, don Arias, a ordenarla; que no dudaré en firmarla, como mi amor lo atropella. ARIAS: ¡Buena queda la esclavilla, a fe de noble! REY: Recelo que me vende el sol del cielo en la Estrella de Sevilla.

FIN DEL ACTO PRIMERO

La estrella de Sevilla part 4

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham