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Personas que hablan en ella:
Salen El REY, Don ARIAS, Don PEDRO DE Guzmán, y FARFÁN de Ribera REY: Muy agradecido estoy al cuidado de Sevilla, y conozco que en Castilla soberano rey ya soy. Desde hoy reino, pues desde hoy Sevilla me honra y ampara; que es cosa evidente y clara, y es averiguada ley, que en ella no fuera rey si en Sevilla no reinara. Del gasto y recebimiento, del aparato en mi entrada, si no la dejo pagada, no puedo quedar contento. Mi Corte tendrá su asiento en ella, y no es maravilla que la Corte de Castilla de asiento en Sevilla esté; que en Castilla reinaré mientras reinare en Sevilla. PEDRO: Hoy sus Alcaldes Mayores agradecidos pedimos tus pies, porque recebimos en su nombre tus favores. jurados y regidores ofrecen con voluntad, su riqueza y su lealtad, y el Cabildo lo desea, con condición que no sea en daño de tu ciudad. REY: Yo quedo muy satisfecho. PEDRO: Las manos nos da a besar. REY: Id, Sevilla, a descansar; que con mi gozo habéis hecho como quien sois, y sospecho que vuestro amparo ha de hacerme rey de Gibraltar, que duerme descuidado en las colunas, y con prósperas fortunas haré que de mí se acuerde. FARFÁN: Con su lealtad y su gente Sevilla en tan alta empresa le servirá a Vuestra Alteza, ofreciendo juntamente las vidas. ARIAS: Así lo siente su Majestad, de los dos; y satisfecho de vos queda, de vuestro deseo. REY: Todo, Sevilla, lo creo y lo conozco. Id con Dios.Vanse [don PEDRO y FARFÁN] ARIAS: ¿Qué te parece, señor, de Sevilla? REY: Parecido me ha tan bien, que hoy he sido sólo rey. ARIAS: Mucho mejor, mereciendo tu favor, señor, te parecerá cada día. REY: Claro está; que ciudad tan rica y bella, viviendo de espacio en ella, más de espacio admirará. ARIAS: El adorno y las grandezas de las calles, no sé yo si Augusto en Roma las vio, ni tuvo tantas riquezas. REY: Y las divinas bellezas, ¿por qué en silencio las pasas? ¿Cómo limitas y tasas sus celajes y arreboles? Y di, ¿cómo en tantos soles, como Faetón, no te abrasas? ARIAS: Doña Leonor de Ribera todo un cielo parecía; que de su rostro nacía el sol de la primavera. REY: Sol es, si blanca no fuera; y a un sol con rayos de nieve poca alabanza se debe, si, en vez de abrasar, enfría. Sol que abrasase querría, no sol que helado se bebe. ARIAS: Doña Elvira de Guzmán, que es la que a su lado estaba, ¿qué te pareció? REY: Que andaba muy prolijo el alemán; pues de en dos en dos están juntas las blancas ansí. ARIAS: Un maravedí vi allí. REY: Aunque Amor anda tan franco, por maravedí tan blanco no diera un maravedí. ARIAS: Doña Teodora de Castro es la que viste de verde. REY: Bien en su rostro se pierde el marfil, y el alabastro. ARIAS: Sacárala Amor de rastro, si se la quisiera dar, porque en un buen verdemar engorda como en favor. REY: A veces es bestia Amor, y el verde suele tomar. ARIAS: La que te arrojó las rosas, doña Mencía, se llama, Coronel. REY: Hermosa dama, mas otras vi más hermosas. ARIAS: Las dos morenas brïosas que en la siguiente ventana estaban, eran doña Ana y doña Beatriz Mejía, hermanas, con que aun el día nuevos resplandores gana. REY: Por Ana es común la una, y por Beatriz la otra es sola como el fénix, pues jamás le igualó ninguna. ARIAS: ¿La buena o mala fortuna también se atribuye al nombre? REY: En amor, y no te asombre, los nombres con estrañeza dan calidad y nobleza al apetito del hombre. ARIAS: La blanca y rubia... REY: No digas quién es ésa. La mujer blanca y rubia vendrá a ser mármol y azófar; y obligas, como adelante prosigas, a oír la que me da pena. Una vi de gracias llena, y en silencio la has dejado; que en sola la blanca has dado, y no has dado en la morena. ¿Quién es la que en un balcón yo con atención miré, y la gorra le quité con alguna suspensión? ¿Quién es la que rayos son sus dos ojos fulminantes, en abrasar semejantes a los de Júpiter fuerte, que están dándome la muerte, de su rigor ignorantes? Una que, de negro, hacía fuerte competencia al sol, y al horizonte español entre ébano amanecía una noche, horror del día, pues, de negro luz le daba; y él, eclipsado, quedaba un borrón de la luz pura del sol, pues con su hermosura sus puras líneas borraba. ARIAS: Ya caigo, señor, en ella. REY: En la mujer más hermosa repara; que es justa cosa. ARIAS: ésa la llaman la Estrella de Sevilla. REY: Si es más bella que el sol, ¿cómo así la ofende? Mas Sevilla no se entiende, mereciendo su arrebol llamarse Sol, pues es sol que vivifica y enciende. ARIAS: Es doña Estrella Tavera su nombre, y por maravilla la llama Estrella Sevilla. REY: Y Sol llamarla pudiera. ARIAS: Casarla su hermano espera en Sevilla, como es justo. REY: ¿Llámase su hermano...? ARIAS: Busto Tavera, y es Regidor de Sevilla, cuyo honor a su calidad ajusto. REY: ¿Y es casado? ARIAS: No es casado; que en la esfera sevillana es sol, si Estrella es su hermana; que Estrella y sol se han juntado. REY: En buena Estrella he llegado a Sevilla; tendré en ella suerte y favor si es tan bella como la deseo ya. Todo me sucederá muy bien con tan buena Estrella. Si tal Estrella me guía, ¿cómo me puedo perder? Rey soy, y he venido a ver estrellas a medio día. Don Arias, verla quería; que me ha parecido bien. ARIAS: Si es Estrella que a Belén te guía, señor, ¿no es justo que hagas a su hermano Busto bestia del portal también? REY: ¿Qué orden, don Arias, darás para que la vea y hable? ARIAS: Esta Estrella favorable a pesar del sol verás; a su hermano honrar podrás; que los más fuertes honores baten tiros de favores. Favorécele; que el dar, deshacer y conquistar puede imposibles mayores. Si tú le das y él recibe, se obliga; y si está obligado, pagará lo que le has dado; que al que dan, en bronce escribe. REY: A llamarle te apercibe, y dar orden juntamente como la noche siguiente vea yo a Estrella en su casa, epiciclo que me abrasa con fuego que el alma siente. Parte, y llámame al hermano. ARIAS: En el Alcázar le vi; veré, señor, si está allí. REY: Si hoy este imposible allano, mi reino pondré en su mano. ARIAS: Yo esta Estrella te daré.Vase REY: Cielo estrellado seré en noche apacible y bella; y, sólo con una Estrella, más que el sol alumbraré.Sale Don GONZALO, con luto GONZALO: Déme los pies Vuestra Alteza. REY: Levantad, por vida mía; día de tanta alegría ¿venís con tanta tristeza? GONZALO: Murió mi padre. REY: Perdí un valiente capitán. GONZALO: Y las fronteras están sin quien las defienda. REY: Sí. Faltó una heroica persona, y enternecido os escucho. GONZALO: Señor, ha perdido mucho la frontera de Archidona; y puesto, señor, que igual no ha de haber a su valor, y que he heredado el honor de tan fuerte general, Vuestra Alteza no permita que no se me dé el oficio que ha vacado. REY: Es claro indicio que en vos siempre se acredita. Pero la muerte llorad de vuestro padre; y, en tanto que estáis con luto y con llanto, en mi Corte descansad. GONZALO: Con la misma pretensión Fernán Pérez de Medina viene, y llevar imagina por servicios el bastón; que, en fin, adalid ha sido diez años, y con la espada los nácares de Granada de granates ha teñido; y por eso adelantarme quise. REY: Yo me veré en ello; que, supuesto que he de hacello, quiero en ello consultarme.Sale FERNÁN Pérez de Medina FERNÁN: Pienso, gran señor, que llego tarde a vuestros altos pies; besarlos quiero, y después ... REY: Fernán Pérez, con sosiego los pies me podéis besar; que aun en mis manos está el oficio, y no se da tal plaza sin consultar primero vuestra persona, y otras del reino importantes, que, siendo en él los Atlantes, serán rayos de Archidona. Id, y descansad. GONZALO: Señor, este memorial os dejo. FERNÁN: Y yo el mío, que es espejo del cristal de mi valor, donde se verá mi cara limpia, perfecta, y leal. GONZALO: También el mío es cristal, que hace mi justicia clara.Vanse y salen don ARIAS y BUSTO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham