LA CRUELDAD POR EL HONOR, part 1 of 9

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LA CRUELDAD POR EL HONOR


Personas que hablan en ella:


ACTO PRIMERO


Sale ZARATÁN de caza, cojeando
ZARATÁN: ¡Ay! ¡Doy al diablo la caza; que él sin duda la inventó! ¡Ay! ¿Que pudiéndola yo cómodamente en la plaza de Zaragoza escoger, sin arriesgar por seguilla un cabello, una rodilla me venga al campo a romper? ¿Que tan a costa y despecho de su descanso, a la sierra se parta un hombre a dar guerra a un gazapo? ¿Qué me han hecho las liebres y los conejos? Como mujer es quien da en cazar, que a misa va siempre a la iglesia más lejos. Pues si la caza se estima por ser viva imitación de la guerra, esa razón la condena; que la esgrima a las pendencias imita, y se ve ordinariamente que en la blanca no es valiente quien más la negra ejercita; y quien más use en la sierra seguir el bruto cobarde, confío menos que aguarde a un enemigo en la guerra; que enseñarse a la conquista de quien no sabe aguardar, es enseñarse a extrañar enemigo que le embista. Dirá alguno, "Esa razón cesa en la caza del oso, que aguarda y es animoso, y mata de un pescozón." Yo digo que es loco error, por sólo gusto, arrojarse donde puede ser ahogarse el más diestro nadador; que si me arriesgo en la sierra a morir por enseñarme, ¿pueden a más condenarme, si voy bisoño a la guerra?
Sale NUÑO, de peregríno, bíen tratado
NUÑO: Dadle por Dios, caballero, a este peregrino... ZARATÁN: Bien manifiesta serlo quien no ve que soy escudero. Mas, decidme, ¿en el olor a un pobre no conocéis? ¿Qué me pedís? Si queréis que con vos parta el dolor de esta pierna, que en el choque de una peña me mostró cuánto con Dios mereció la rodilla de San Roque, tánto de él os puedo dar, que claudicante quedéis; y hacerme merced podéis, pues que no os ha de estorbar, aunque al patrón galiciano os destinéis, peregrino, puesto que anda en su camino tanto el cojo como el sano. NUÑO: ¡Ojalá posible os fuera partir conmigo el dolor, pues fuera en ambos menor, si en los dos se dividiera! Si no tenéis con qué hacer la limosna que he pedido, no importa; que no la pido por haberla menester, sino porque mendigar prometí. ZARATÁN: ¡Gracias a Dios, que he visto un mendigo en vos, que pida sin porfïar! NUÑO: No sólo no os he de ser importuno; mas me atrevo a partir de lo que llevo, si de ello os queréis valer. ZARATÁN: ¿De dónde vino a Aragón tan liberal peregrino? NUÑO: De la Tierra Santa vino a visitar al patrón de España. ZARATÁN: ¿Sois español? NUÑO: En el reino donde el pie estampo agora, gocé la luz primera del sol; y despierta esta ocasión en mí un natural cuidado de escucharos el estado de las cosas de Aragón. ZARATÁN: Todo en discordias se abrasa... Pero mi dueño es aquél, y podréis saberlo de él, porque por sus manos pasa. NUÑO: ¿Y quién es? ZARATÁN: Es quien consagra a la fama en las historias con su valor mil vitorias; es Pedro Ruiz de Aragón, señor de Estela, y señor, si méritos dan justicia, del mundo. NUÑO: Larga noticia tengo de su gran valor. Mas mientras llega, decid, ¿quién florece en la opinión de las armas de Aragón? ZARATÁN: Sancho Aulaga es nuevo Cid. NUÑO: (¡Ay, hijo de mis entrañas!) Aparte ZARATÁN: Y es de suerte, que "el valiente" le llaman públicamente las gentes proprias y extrañas; y a ser por su nacimiento más alto, fuera el mayor de Aragón. NUÑO: (Vuestro valor Aparte anima, Sancho, mi intento. Nuño Aulaga, vuestro padre, hijo, os viene a levantar hoy al cielo, y a vengar la afrenta de vuestra madre.) ¿No es hijo ese Sancho Aulaga de un Nuño Aulaga, a quien muerte, al lado de Alfonso el fuerte, dieron los moros en Fraga? ZARATÁN: Ése mismo. NUÑO: Y, ¿qué se ha hecho su madre? ZARATÁN: Doña Teodora, madre de Sancho, hasta agora, por no haberse satisfecho si su esposo es muerto o no, seglar vive en un convento, en cuyo recogimiento Nuño Aulaga la dejó cuando a la guerra partía. NUÑO: (¿Que aún vives, mujer infame? Aparte Querrá el cielo que derrame tu sangre en venganza mía.)
Sale PEDRO Ruiz, de caza
PEDRO: (El divertirme atormenta Aparte más el alma enamorada, como la cuerda apartada vuelve al arco más violenta.) Zaratán. ZARATÁN: Señor. PEDRO: Rendido de correr dejo el caballo. ZARATÁN: Mientras voy a paseallo, quedarás entretenido con este honrado romero, que desde la Tierra Santa mueve la devota planta a ver al patrón lucero de Galicia; y yo me obligo a que te ha de entretener, porque es viejo sin toser, y sin porfïar mendigo. PEDRO: Su aspecto da a su persona clara recomendación.
Vase ZARATÁN
PEDRO: ¿De dónde sois? NUÑO: De Aragón el reino ilustre corona la ciudad que es patria mía. PEDRO: ¿Cuánto ha que a Jerusalén pasastes? NUÑO: Canas se ven donde juventud lucía cuando de aquí me ausenté. veintiocho inviernos han dado hielo al río y nieve al prado después que al Asia pasé. PEDRO: ¿Luego bien sabréis lo cierto de una dudosa opinión, que divulga en Aragón que está en el Asia encubierto el rey don Alonso, aquél que habrá esos años sitió a Fraga, y que se perdió en la batalla crüel que tuvo allí con el moro? Pues como no pareciese vivo, ni muerto pudiese hallarse, aunque un gran tesoro por él su reino ofreció, se dijo que despechado, corrido y avergonzado, ocultándose, pasó a Jerusalén; y es cierto si esto es verdad, pues ha tanto que estáis en el suelo santo, que no se os habrá encubierto. NUÑO: Yo, señor Pedro Ruiz, sé del caso la verdad, porque con su majestad me hallé en la guerra infeliz de Fraga; y si de sabella os solicita el cuidado, de esta corona el estado me decid, en cambio de ella. Y no os canséis de que intente alcanzar este favor, que de la patria el amor provoca naturalmente. PEDRO: Daros ese gusto quiero; que puesto que me cansara, a mayor precio comprara lo que escucharos espero.

Perdido el rey don Alonso, después de estar desconformes los grandes, se coronó su hermano, Ramiro el monje, que a la sazón era obispo de Barbastro; y por que estorbe las discordias de Aragón con dichosos sucesores, dispensó, a instancia del reino, el Pontífice, y casóse con la hermosa doña Inés, hermana de Guillén, conde de Potiers, viéndose junto en solo un sujeto entonces ser sacerdote y ser rey, obispo, casado y monje. Tuvo una hija heredera, Petronilla, cuyas dotes, siendo gloria de Aragón, son admiración del orbe. Diola, entre mil pretendientes, por esposa a Ramón, conde de Barcelona, y cansado del tumulto de la corte, de las armas y los años, el monje rey, retiróse a la iglesia de San Pedro que en Huesca ilustró, con orden de que a su yerno obedezcan, sabio, si valiente joven. Murió Ramiro; y agora, cuando esperanzas mayores daba que Alejandro al mundo Ramón, al pie de los montes Alpes, pasando a Turín, de la muerte el fiero golpe dio, con el fin de su vida, principio a mil disensiones; que aunque a su hijo, el mayor de tres que dejó varones, la sucesión por derecho de la corona le toque, el ser niño y ser su madre moza y hermosa, corrompe los ánimos más leales con diversas pretensiones; que unos de ambición vencidos, otros heridos de amores de la reina, otros leales a su heredero, se oponen entre sí, y el reino todo, partido en bandos discordes, corre a su fatal rüina si el cielo no le socorre. Éste es, en suma, el estado de Aragón; éste el desorden que ya ambición y ya amor engendra en los pechos nobles; y, ojalá quisiera el cielo que las nuevas que disponen darme vuestros labios, diesen fin a casos tan atroces, viviendo el anciano Alfonso; pues aunque su edad estorbe del brazo los fuertes bríos, trajera a la obscura noche de Aragón sol su prudencia, su valor freno a los nobles, sus canas respeto, y paz su amor a estas disensiones. NUÑO: (La Ocasión me da el cabello. Aparte Comiencen mis invenciones; que si sólo por reinar hay disculpa en ser traidores, no es mucho que una corona y una venganza os provoquen, Nuño, a mayores engaños, si los puede haber mayores. La noticia de secretos de Alfonso, y de sus facciones la semejanza, que a muchos ha engañado, y de los nobles la división, y de Alfonso la memoria, ya en los hombres borrada del tiempo largo, el efeto me disponen. Ánimo, pues; que Fortuna a los osados socorre.) Gran Pedro Ruiz de Azagra, si viviera y a la corte de Aragón volviera Alfonso, cuando divididos rompen, a varios fines atentos, la ley de lealtad los nobles, no solamente recelo que no hallara quien apoye su parte, pero causara más graves alteraciones. PEDRO: Engañáisos; que yo solo, cuando en su defensa tome las armas, basto a enfrenar los ánimos más feroces; y de mi padre heredé de servirle obligaciones, que sus mercedes publican y mi pecho reconoce. NUÑO: Pues, Azagra, Alfonso vive. PEDRO: ¿Qué decís? NUÑO:, Que España esconde su persona; y si ese brazo en su favor se dispone, y me hacéis pleito homenaje de cumplirlo, os diré dónde. PEDRO: Veis aquí mis manos. Hago,

Pone las manos juntas PEDRO Ruíz entre las de NUÑO
como caballero noble, pleito homenaje de ser, si todo el mundo se opone, vasallo leal de Alfonso, y hacer que su reino cobre.

La crueldad por el honor part 2

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham