UA College of Humanities


En Honor de Rubén Salazar
por ROBERTO DR. CINTLI RODRIGUEZ

Versión en inglés

Durante casi 40 años, mis recuerdos del periodista Rubén Salazar estuvieron poblados de imágenes de humo, fuego, disturbios, policías y de su muerte prematura en el Este de Los Ángeles el 29 de agosto de 1970. Tengo grabado en mi memoria cómo corría a casa todos los días  para conocer los avances en la investigación sobre su muerte. Lo que  me quedó grabado no fue el hecho de que fuera asesinado por un  proyectil de gas lacrimógeno de nueve pulgadas, disparado dentro del  Silver Dollar Cafe por un oficial del Departamento del Sheriff del  condado de Los Ángeles, sino que nunca nadie fue llevado ante la justicia por este hecho. Nunca hubo justicia por Angel Diaz o Lyn  Ward, quienes tambien murieron ese dia.
Después de años de recuerdos de injusticia, opté este año por  recordarlo en la fecha de su cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños! --Happy  Birthday, Rubén!
El 3 de marzo, este periodista pionero de Juárez-El Paso debería haber soplado 80 velas. En vez, el 22 de abril, recibirá un regalo de cumpleaños atrasado --su propia estampilla de 42 centavos emitida por  el Servicio Postal de Estados Unidos. Tambien le estan dando el mismo  honor a otros Cuatro periodistas: Martha Gellhorn, John Hersey, George  Polk and Eric Sevareid.
La naturaleza histórica de su periodismo se perdió en el torbellino de  su muerte y de la violenta represión de las manifestaciones contra la Guerra (Moratorio Nacional Chicano) - assistido por mas de 30,000  personas en el Este de Los Angeles.

Sin dudas, fue un periodista adelantado para su tiempo y lo que  informó en El Paso Herald Post y en Los Ángeles Times, desde 1955 a  1970, todavía parece tener vigencia hoy día. Informó sobre una guerra  poco popular, la Guerra de Vietnam. También escribió sobre Cuba, República Dominicana y la agitación social en México en la década de los 60. Escribió sobre el movimiento contra la guerra, las relaciones  entre negros y latinos, la represión de la policía, la frontera, el  trato inhumano de los inmigrantes, las dificultades en las  plantaciones de lechuga y las desigualdades sociales y educativas. En su última entrevista, se quejó incluso de un vicepresidente  entrometido que intentaba reprimir la libertad de prensa.

Aunque nunca fue un activista, su periodismo ayudó a que el país dirigiera su atención al incipiente movimiento sobre los derechos  civiles de los chicanos. Definió para todo el país --en un lenguaje que  la mayoría podía entender-- lo que significaba ser chicano. El 6 de  febrero de 1970 escribió: "El chicano es un mexicano-americano sin una  imagen anglosajona de sí mismo". Incluso los activistas de hoy día no  comparten esa descripción, ya que para los activistas, el chicano es  un rebelde social y político sin remordimientos.

La emisión de una estampilla del Servicio Postal federal es un  homenaje adecuado, pero metafóricamente, el sello postal no es lo  suficientemente grande para representar el trabajo que realizó a lo  largo de su vida ni para reflejar el impacto que tuvo su muerte en  toda una generación. Su muerte - y la injusticia de que nunca se castigo a nadie - aceleró lo que el antropólogo Victor Turner describe  como un "proceso primario o una erupción política masiva. En este  caso, los mexicanos se rebelaron contra años de una existencia  deshumanizante. Es semejante al proceso que explotó durante la  Revolución Mexicana de 1910-1920 y también durante el movimiento por  la independencia de México cien años antes contra la brutalidad de  España.

En California, este proceso se remonta a las instancias de abandono o las huelgas de las escuelas en el Este de Los Ángeles en 1968 e  incluso a las huelgas y boicot del Sindicato de Trabajadores Agrícolas  que tuvieron lugar antes. Sin embargo, fue su muerte la que terminó de  desencadenar por completo este proceso o movimiento en todo el país.
Esas semillas de injusticia crearon un mártir de forma inmediata. Irónicamente, un proceso primario puede ser al mismo tiempo un período explosivo y de intensa creatividad. Ése ha sido el caso de Salazar,  aunque esa actividad política y explosión cultural ha sido  representada equívocamente por los historiadores como un impulso  nacionalista y separatista. Mi experiencia me dice que es exactamente  lo contrario, que hubo un proyecto de rehumanización en respuesta al  sentimiento ultranacionalista en el que los mexicanos no siempre eran bienvenidos o tratados en forma totalmente humana.

Casi 40 años después de su muerte, he comencado a crear una clase de eriodismo sobre su vida y trabajo. Al estudiar y recuperar archivos de Media, Democracy and Policy Initiative, el grupo responsable por fomentar  la emisión de la estampilla de Salazar, me puse en contacto con una  historia muy especial. En los archivos se incluyen sus primeros trabajos, notas, fotografías, cartas, archivos del FBI, el informe del  forense y lo más especial, la máquina de escribir que usaba para su  trabajo. Sentí que el tiempo se detenía. Pero lo que me resulta más  sorprendente al hablar con su familia, amigos y colegas, es comprobar  que no ha sido olvidado y que su muerte continúa siendo una herida  abierta. Su recuerdo es historia viva. Si bien muchos de nosotros siempre buscaremos respuestas y justicia,  después de una generación, ahora también es tiempo de recordarlo por  las contribuciones que hizo, tanto a la profesión de periodismo como  al mundo en el que vivimos.


Rodríguez, Ph.D. es periodista-columnista y autor de 'Justice: A  Question of Race' ('Justicia: un asunto relacionado con la raza'). También integra el Centro de Estudios sobre Mexicoamericanos en la  Universidad de Arizona. XColumn@gmail.com: http://web.mac.com/columnoftheamericas/iWeb/Site/Welcome.html

COLUMN OF THE AMERICAS                                    
03/03/08
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