Durante casi 40 años, mis recuerdos del periodista Rubén Salazar estuvieron poblados de imágenes de humo, fuego, disturbios, policías y de su muerte prematura en el Este de Los Ángeles el 29 de agosto de 1970. Tengo grabado en mi memoria cómo corría a casa todos los días
para conocer los avances en la investigación sobre su muerte. Lo que
me quedó grabado no fue el hecho de que fuera asesinado por un
proyectil de gas lacrimógeno de nueve pulgadas, disparado dentro del
Silver Dollar Cafe por un oficial del Departamento del Sheriff del
condado de Los Ángeles, sino que nunca nadie fue llevado ante la
justicia por este hecho. Nunca hubo justicia por Angel Diaz o Lyn
Ward, quienes tambien murieron ese dia.
Después de años de recuerdos de injusticia, opté este año por
recordarlo en la fecha de su cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños! --Happy
Birthday, Rubén!
El 3 de marzo, este periodista pionero de Juárez-El Paso debería
haber soplado 80 velas. En vez, el 22 de abril, recibirá un regalo
de cumpleaños atrasado --su propia estampilla de 42 centavos
emitida por el Servicio Postal de Estados Unidos. Tambien le estan
dando el mismo honor a otros Cuatro periodistas: Martha Gellhorn,
John Hersey, George Polk and Eric Sevareid.
La naturaleza histórica de su periodismo se perdió en el torbellino
de su muerte y de la violenta represión de las manifestaciones
contra la Guerra (Moratorio Nacional Chicano) - assistido por mas
de 30,000 personas en el Este de Los Angeles.
Sin dudas, fue un periodista adelantado para su tiempo y lo que
informó en El Paso Herald Post y en Los Ángeles Times, desde 1955 a
1970, todavía parece tener vigencia hoy día. Informó sobre una guerra
poco popular, la Guerra de Vietnam. También escribió sobre Cuba,
República Dominicana y la agitación social en México en la década de
los 60. Escribió sobre el movimiento contra la guerra, las
relaciones entre negros y latinos, la represión de la policía, la
frontera, el trato inhumano de los inmigrantes, las dificultades en
las plantaciones de lechuga y las desigualdades sociales y
educativas. En su última entrevista, se quejó incluso de un
vicepresidente entrometido que intentaba reprimir la libertad de prensa.
Aunque nunca fue un activista, su periodismo ayudó a que el país
dirigiera su atención al incipiente movimiento sobre los derechos
civiles de los chicanos. Definió para todo el país --en un lenguaje
que la mayoría podía entender-- lo que significaba ser chicano. El
6 de febrero de 1970 escribió: "El chicano es un mexicano-americano
sin una imagen anglosajona de sí mismo". Incluso los activistas de
hoy día no comparten esa descripción, ya que para los activistas,
el chicano es un rebelde social y político sin remordimientos.
La emisión de una estampilla del Servicio Postal federal es un
homenaje adecuado, pero metafóricamente, el sello postal no es lo
suficientemente grande para representar el trabajo que realizó a lo
largo de su vida ni para reflejar el impacto que tuvo su muerte en
toda una generación. Su muerte - y la injusticia de que nunca se
castigo a nadie - aceleró lo que el antropólogo Victor Turner describe
como un "proceso primario o una erupción política masiva. En este
caso, los mexicanos se rebelaron contra años de una existencia
deshumanizante. Es semejante al proceso que explotó durante la
Revolución Mexicana de 1910-1920 y también durante el movimiento por
la independencia de México cien años antes contra la brutalidad de
España.
En California, este proceso se remonta a las instancias de abandono
o las huelgas de las escuelas en el Este de Los Ángeles en 1968 e
incluso a las huelgas y boicot del Sindicato de Trabajadores
Agrícolas que tuvieron lugar antes. Sin embargo, fue su muerte la
que terminó de desencadenar por completo este proceso o movimiento en todo el país.
Esas semillas de injusticia crearon un mártir de forma inmediata.
Irónicamente, un proceso primario puede ser al mismo tiempo un
período explosivo y de intensa creatividad. Ése ha sido el caso de
Salazar, aunque esa actividad política y explosión cultural ha sido
representada equívocamente por los historiadores como un impulso
nacionalista y separatista. Mi experiencia me dice que es exactamente
lo contrario, que hubo un proyecto de rehumanización en respuesta al
sentimiento ultranacionalista en el que los mexicanos no siempre
eran bienvenidos o tratados en forma totalmente humana.
Casi 40 años después de su muerte, he comencado a crear una clase
de eriodismo sobre su vida y trabajo. Al estudiar y recuperar
archivos de
Media, Democracy and Policy Initiative, el grupo responsable por fomentar
la emisión de la estampilla de Salazar, me puse en contacto con una
historia muy especial. En los archivos se incluyen sus primeros
trabajos, notas, fotografías, cartas, archivos del FBI, el informe del
forense y lo más especial, la máquina de escribir que usaba para su
trabajo. Sentí que el tiempo se detenía. Pero lo que me resulta más
sorprendente al hablar con su familia, amigos y colegas, es
comprobar que no ha sido olvidado y que su muerte continúa siendo
una herida abierta. Su recuerdo es historia viva.
Si bien muchos de nosotros siempre buscaremos respuestas y
justicia, después de una generación, ahora también es tiempo de
recordarlo por las contribuciones que hizo, tanto a la profesión de
periodismo como al mundo en el que vivimos.
Rodríguez, Ph.D. es periodista-columnista y autor de 'Justice: A
Question of Race' ('Justicia: un asunto relacionado con la raza').
También integra el Centro de Estudios sobre Mexicoamericanos en la
Universidad de Arizona. XColumn@gmail.com: http://web.mac.com/columnoftheamericas/iWeb/Site/Welcome.html
COLUMN OF THE AMERICAS
03/03/08
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